La Habana. Año X.
20 al 26 de AGOSTO de 2011

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

Don José de la Luz y Caballero:

Un intento de comprensión

Guillermo Rodríguez Rivera • La Habana

Qué difícil es comprender la historia y darnos realmente cuenta de que las cosas fueron como fueron, del modo complicado, difícil de entender que tantas veces tiene lo real y no del modo manso, domesticado, en que los maestros simplificadores organizan las cosas para que todo se vuelva más coherente, más fácil de asimilar y, claro, de explicar. Y también sea más sencillo distinguir el mal del bien.

Don José de la Luz y Caballero es un hombre colocado en un entramado, difícil momento de la historia cubana, cuando ha aparecido el hondo pensamiento de una clase de criollos ricos que vive de la vergonzosa esclavitud. Es hombre de fortuna, maestro y fue beneficiario de la esclavitud.

En los Papeles de Maceo, publicados en La Habana, en 1946, se incluye una carta dirigida por el Lugarteniente General del Ejército Libertador a Eusebio Hernández, fechada en 1885, en la que enjuicia el proceder de Don José de la Luz y Caballero.  El juicio del héroe de Mal Tiempo es terminante:

La esclavitud del hombre por el hombre fue sostenida por él, don Pepe de la Luz y Caballero; tan desinteresado como aparece hoy por nuestros historiadores, testó sus esclavos cuando desaparecía de esta babel de miserias humanas, para confundirse en la otra vida con los impíos; no hubo grandeza en Don José de la Luz y Caballero.

[…]

Pepe de la Luz fue el “educador” del privilegio cubano.

La carta de Maceo es incluida por la investigadora María Poumier en su compilación La cuestión tabú1 y hará unos meses, el boletín Desde La Ceiba  que prepara el amigo Tato Quiñones con mensajes de la Cofradía de la Negritud, la incluía en una de sus entregas.

Si uno consulta el importante y polémico ensayo que es Cómo surgió la cultura nacional, de Walterio Carbonell, encontrará a Luz caracterizado como un intelectual 

                 Que además de pensar en forma reaccionaria,                  cobraba puntualmente los dividendos que le producía el trabajo de sus esclavos en el ingenio “La Luisa”.2

Carbonell no precisa en qué consistía el pensamiento reaccionario de Luz, porque Luz, en la cercana tradición del padre Caballero y de Varela, es de los que echan abajo en nuestra enseñanza, la subordinación a todo señorío intelectual y el apego a la investigación de la realidad que, como deriva Vitier siguiendo a Martí,

                    estaban echando las bases en su enseñanza

                    para la rebeldía frente al señorío político.

No se puede negar que entre los alumnos de Luz figuran hombres como Ignacio Agramonte, Zenea, Manuel Sanguily, Enrique Piñeyro, hasta Rafael María de Mendive, de quien recibe el adolescente José Martí las primeras lecciones de patriotismo.

Cintio Vitier cita una página del estamento de Luz que contradice la afirmación del general Antonio, y que acaso Maceo no conociera. Escribe Vitier que, en la cláusula novena de su testamento, otorgado el 2 de junio de 1862, Luz incluía este párrafo:

Habiendo repugnado siempre a mis principios apropiarme del trabajo ajeno y después de haberme ocupado del modo más justo de proceder, para que                    no forme parte de mi haber materno lo que pudiera haberme correspondido por valor de esclavos, señalo tres mil pesos para que se liberten a los que se puedan de los que formaron parte de la dotación del ingenio                 La Luisa en la época de su enajenación, nombrando para cumplir ese encargo en primer lugar a mi amigo D. Gonzalo Alfonso y en segundo a Don José Ricardo O’Farrill, quienes procurarán rescatar al mayor número                 posible.3

Unos años después de la carta de Maceo, en el número de Patria del 17 de noviembre de 1894, José Martí escribía, a propósito de Luz:

Él, el padre; él, el silencioso fundador; él, que a solas ardía y centelleaba, y se sofocó el corazón con mano heroica, para dar tiempo a que se criase de él la juventud con quien se habría de ganar la libertad que solo brillaría sobre sus huesos.

Cuando Cintio Vitier escribe esa honda —y polémica— reflexión sobre la eticidad cubana que es Ese sol del mundo moral, refiere la reacción de Luz cuando un capitán de policía vino a pedirle su firma para obsequiar una espada de honor al general Leopoldo O’Donnell. Según testifica Enrique Piñeyro, respondió indignado don Pepe

           que jamás prestaría su nombre para que adquiriese

           el honor que le faltaba, un hombre que había forjado

           una conspiración de negros en Cuba para saciar su

           rapacidad y que había atado sobre una escalera y

           hecho morir a latigazos a centenares de negros y

           mulatos libres de la Isla para confiscar sus bienes

           y hacer perecer de hambre a sus familias.4

Son apreciaciones diferentes y hasta enfrentadas a veces, hechas por figuras de la jerarquía de José Martí y Antonio Maceo.

Maceo define a Luz como educador “del privilegio cubano” y tiene razón en buena medida. No eran los pobres los que podían asistir a las aulas de El Salvador, el extraordinario colegio que don José de la Luz dirigiera. De él emerge un puñado de jóvenes que es rebelde contra el señorío de sus mayores. Nadie elige su cuna pero no me parece legítimo colocar el nacimiento o el ámbito familiar que al hombre le ha correspondido, por encima de las virtudes que ha sabido mostrar en su vida.

Entre los criollos que iniciaron la Guerra de los Diez Años, ninguno más rico, más privilegiado que Francisco Vicente Aguilera. Dedicó toda su fortuna a la causa de la independencia: murió en Nueva York sin un centavo y con los zapatos rotos.

La historia es complicada y a veces cada uno tiene una parte de la verdad. Pero solo una parte.

 

Notas:

1- Poumer María: La cuestión tabú. El pensamiento negro cubano de 1840 a 1959, Ediciones Idea, Santa Cruz de Tenerife, 2007, p. 108

2- Carbonell, Walterio: Cómo surgió la cultura nacional, Biblioteca Nacional José Martí, La Habana, 2005, pp. 41-42.

3- Vitier, Cintio: Ese sol del mundo moral, Siglo XXI editores, México, 1975, p. 35

4- Vitier, Cintio: Ídem.

 
 
 
 
   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
Información sobre el resultado del Debate
(.pdf, 394 Kb)
.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.