La Habana. Año X.
20 al 26 de AGOSTO de 2011

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         estrenan filme de eduardo moya

Sumbe, día de gloria

Pedro de la Hoz • La Habana

Fotos: Cortesía del ICAIC

El 26 de marzo de 1984 Sumbe se convirtió definitivamente en un pedazo de la geografía sentimental del pueblo cubano. A 300 kilómetros al sur de Luanda, capital de la República Popular de Angola, trabajaban 176 colaboradores procedentes de nuestro país que se habían separado momentáneamente de los suyos para aportar conocimientos y energías a la reconstrucción de un territorio devastado por el saqueo colonial y una guerra estimulada por las apetencias imperiales.

Esos colaboradores eran maestros, constructores, médicos, enfermeros y técnicos de la salud. Entre ellos era muy notable la presencia de la mujer. Conocían los riesgos de su misión, derivados de la persistencia de las bandas de la UNITA, que trataban de derrocar al gobierno legítimamente constituido con el apoyo de las fuerzas del régimen sudafricano del apartheid y la aquiescencia de la administración norteamericana en manos de los halcones de la ultraderecha y del complejo militar industrial en la era de Ronald Reagan. Pero se hallaban imbuidos de la nobleza de su misión, de los valores del internacionalismo socialista.

No podían suponer, sin embargo, que ese día, antes de romper el alba serían víctima de un ataque despiadado por parte de efectivos fuertemente armados, cuyo objetivo era tomar la ciudad y, de manera muy especial, secuestrar al mayor número posible de cooperantes, sobre todo cubanos. Las huestes de Jonas Savimbi y sus sostenedores en Pretoria contaban con un triunfo arrollador.

Estoy seguro de que no contaron con el temple, la resistencia y la irrevocable decisión de victoria de las cubanas y los cubanos, emparentados en alma y sangre con los heroicos combatientes angolanos. No imaginaron que las mujeres y los hombres que enseñaban en las aulas, curaban en los hospitales, vencían epidemias, levantaban paredes y transformaban el paisaje de la ciudad defenderían palmo a palmo sus posiciones y no retrocederían siquiera un milímetro hasta rechazar la agresión, operación coronada exitosamente por la intervención de la aviación y las tropas de desembarco y asalto de la Misión Militar cubana.

En Sumbe se escribió una de las páginas más tremendas y extraordinarias de la historia internacionalista cubana en tierras africanas.

Los protagonistas de aquella hazaña, y en primerísimo lugar, los siete colaboradores civiles y los dos militares de las fuerzas de apoyo caídos en la gesta, son la razón de ser de la película Sumbe, producción conjunta del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, que en esta etapa de rescate de las páginas épicas más significativas de la saga internacionalista en tierras angolanas concretó en 2008 Kangamba (Rogelio París) y aspira a completar una trilogía con Cuito Cuanavale, recreación de la batalla que puso final a la  injerencia del régimen sudafricano y a la estrategia imperial norteamericana en el cono sur africano, posibilitó la independencia de Namibia e hirió de muerte al mismísimo apartheid.

Con absoluta convicción, su director, Eduardo Moya, ha dicho que Sumbe es una obra coral. Y lo es por la multiplicidad de caracteres y voces que en ella confluyen, única manera de corresponder al heroísmo colectivo que allí emergió. Pero también por la conjunción de talentos y voluntades que hicieron posible su materialización, desde la etapa de investigación y preparación del guion hasta la posproducción.

Nadie busque en Sumbe un filme espectacular de guerra. La objetividad del pulso narrativo, la contención de sus imágenes y la linealidad de su desarrollo dramático se corresponden con el tono de una canción de gesta donde lo épico nace de la compulsión ética y los arraigados principios que animaron a los verdaderos protagonistas de la proeza. La primera cualidad esencial de Sumbe es reflejar desde la ficción una dimensión humana. Otra podrá advertirse en el tiempo: la voluntad de preservar para los espectadores de hoy y de mañana el legado de una actitud heroica.

También, y es bueno subrayarlo, en Sumbe se revela una vez más el largo y fecundo hermanamiento entre la cinematografía cubana de la Revolución y las Fuerzas Armadas Revolucionarias, nacido desde los días en que en el seno del triunfante Ejército Rebelde se creó un departamento de cine que nutrió en buena medida al núcleo fundacional del ICAIC.   

 
 
 
 


galerÍa de imágenes

Sumbe, de Eduardo Moya

   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
Información sobre el resultado del Debate
(.pdf, 394 Kb)
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.