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Cuando el sábado trece
de agosto de este año se
supo que Ileana había
dejado de existir
físicamente, muchos no
dábamos crédito.
A pesar de conocer la
enfermedad contra la
cual batalló durante
mucho tiempo, era tanta
la fuerza vital de esta
mujer, tan grande y
permanente su alegría,
tan enormes su carisma
personal y su afán de
cultivar amistades, que
la muerte no parecía una
posibilidad real en
ella.
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Óleo
de una mujer... |
Resulta difícil
presentar a Ileana
Alonso a quienes no
tuvieron el privilegio
de conocerla:
¿Era la ilustradora de
libros que trabajaba por
el puro placer de
complacer a sus amigas
escritoras? ¿Era la
grabadora tenaz que
logró insertarse en el
taller de la gráfica?
¿Acaso su obra de
artista plástica se ciñe
a las maravillosas
piezas de artesanía
salidas de sus manos?
¿Era sólo la dueña y
señora del único carro
que circulaba por la
ciudad absolutamente
convertido en una
galería ambulante? ¿El
evento feminista Brujas
y mariposas fundado y
mantenido gracias a su
ingenio y a su
constancia contra
cualquier escollo es lo
que dará perpetuidad a
su nombre?
Somos muchísimos sus
amigos y amigas, y
también a nosotros (as)
nos cuesta definirla
como creadora, al no
existir una palabra
exacta para tanto
talento reunido en una
sola persona. Cultivó a
lo largo de su vida el
delicado encaje de
relacionarse con seres
de todo tipo, de
cualquier credo,
filiación, edad o
condición social, y ello
explica la cantidad de
huérfanos que ha dejado
desperdigados por el
mundo entero.
Uno de sus mayores
regocijos fue la música.
Reunía a los trovadores
en el portal de su casa,
los acompañaba a las
peñas, a los parques,
estaba junto a sus
favoritos hasta que el
sol indicaba que el
jolgorio llegaba a su
fin.
Gracias a Ileana,
además, se dieron a
conocer públicamente las
canciones de sus amigos
y amigas al ayudar en la
confección de
grabaciones que más
tarde cobraron forma de
discos. Era usual verla
en lanzamientos de
libros, en recitales de
poesía, en conciertos,
exposiciones, charlas y
eventos sobre el tema de
la violencia, género y
luchas a favor de la
mujer.
Ileana era, sin dudas,
la artista más completa
de nuestra generación.
Su paso por la vida fue
breve, es cierto, pero
lo hizo con la
intensidad de los
grandes talentos y la
sencillez de los genios
de verdad. La
autenticidad de su
conducta desborda
cualquier intento de
admirarla desde lejos.
Solo existe una manera
de rendirle el homenaje
sin llanto al que ella
aspiraba; y se me ocurre
rememorar un verso
majestuoso, que de
seguro ella compartiría:
…”recuérdenme alguna
vez, con alegría…”
19 de agosto, de 2011. |