Tanto como el circo
criollo argentino se
enorgullece de haber
tenido a la actriz y
cantante Margarita
Palacios, el circo
cubano reseña en sus
páginas más cimeras la
vida de Eluvina Chang,
estrella de una célebre
familia de cirqueros de
la Isla. En el Montalvo
(circo itinerante nacido
en Matanzas en 1908),
Eluvina, como lo hiciera
la Palacios en su país
más o menos por la misma
época, interpretaba un
número impresionante y
único en las carpas
cubanas: el mítico truco
de “Fuerza capilar”. La
esposa de un heredero de
la tradición de los
hermanos Montalvo, el
equilibrista Reynaldo
Chang, realizaba un acto
de altura colgada
solamente de su cabello.
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Con Eluvina el número de
“Fuerza capilar” quedó
registrado como una
hazaña excepcional, que
no habría de repetirse
en largo tiempo sobre la
arena cubana. Sin
embargo, para la 10ma.
edición del Festival
Internacional Circuba,
la Compañía Havana quiso
atreverse a romper el
“récord”. Su director,
Germán Muñoz, había
detectado la necesidad
de que el circo cubano
recuperara a sus
clásicos perdidos, una
realidad que
afortunadamente han
notado también otros
profesionales del medio.
Fue así como hace más de
18 meses la Compañía
Havana emprendió
la preparación de una
parte de su elenco para
retomar el mito de Eluvina. Preocupado
también por la
autenticidad de una
nueva puesta, Muñoz
decidió duplicar a la
Chang. En lugar de una
artista tendría sobre la
pista un dúo, las
hermanas Daylis y
Daramis.
“Teníamos el referente
de Eluvina —comenta
Daramis— y también
analizamos un número de
este tipo defendido por
un dúo norteamericano.
Hemos buscado y
estudiado, pero también
quisimos enriquecer el
trabajo desde nuestra
perspectiva de artistas
formadas en Cuba hoy.
Nos propusimos que no
fuera idéntico a los
demás, sobre todo porque
ya habíamos empezado a
preparar el acto cuando
tuvimos la oportunidad
de apreciar algunos
videos. Al principio no
sabíamos en qué
consistía el número, no
teníamos idea de cómo
enfrentarlo. Empezamos a
prepararnos físicamente,
a resistir el dolor, a
colgarnos y a fortalecer
el cuero cabelludo.”
Cuando suben colgadas
desde sus cabellos y
comienzan a hacer
acrobacias en el aire,
las hermanas se saben
las únicas intérpretes
de un acto de este tipo
en Cuba, y una de las
pocas que lo realizan en
el mundo. “Fuerza
capilar”, un número casi
exclusivo de mujeres
hasta hoy, se ha
mantenido en los
escenarios de circo
porque fundamentalmente
se ha transmitido de una
generación a otra de las
familias cirqueras. Sin
embargo, Daylis
considera que “puede
hacerlo cualquier
persona con voluntad de
sacrificarse, porque se
requiere de mucha
dedicación para
realizarlo”.
La confección del moño
argollado de las
artistas requiere de
gran precisión, para que
todo el cabello realice
la misma fuerza en el
momento de la subida.
“En cada actuación hay
que mojarse el pelo para
hacer el peinado, cuya
confección tarda
alrededor de una hora
—explica Daylis—. Hay
que aguantar dolor y la
incomodidad. Se debe
tener buena preparación
física, fundamentalmente
en la zona del cuello,
porque todo recae en la
cervical, aunque se es
menos riguroso con los
músculos del abdomen y
las extremidades. Sin
embargo, no descuidamos
la preparación integral,
porque combinamos los
elementos del número con
zafadas en tela, con
colgadas de las puntas,
splits, etc., para lo
cual son importantes la
fuerza y la
resistencia”.
Las exclamaciones del
público cuando ven
alzarse sobre la pista a
estas muchachas pasan
generalmente por la
pregunta: “¿Y el
dolor?”. Daylis y
Daramis son ajenas a la
cefalea y a cualquier
otro tipo de
padecimiento
neurológico. “Muchas
personas dicen que tiene
que haber algún truco en
lo que hacemos, pero no
lo hay en lo absoluto:
dos argollas se amarran
con hilo pita a nuestro
cabello, de donde
colgamos totalmente. Es
un número de pura
adrenalina: solo cuando
salimos a trabajar no
sentimos nada”, revela
una de ellas.
El dúo de “Fuerza
capilar” interpreta una rutina
coreográfica donde todos
los elementos se
ejecutan en el aire,
mientras las muchachas
penden de su pelo
estirado hacia arriba y
amarrado en la corona de
la cabeza. Para ellas,
mostrar destreza y
habilidad técnica es tan
importante como que el
acto logre también
transmitir una
especialización desde el
punto de vista
artístico, a partir de
una conjunción apropiada
de los elementos de la
escena. “El director de
la compañía y el
coreógrafo se han
encargado de la
dirección artística,
incluyendo elementos
coreográficos al número
que se hacía antes en el
circo en esta modalidad.
Nosotras hemos hecho
sugerencias, sobre todo
en el plano de la
expresión”, añade Daramis.
Con la resurrección del
número legendario de la
Chang, las hermanas
—proveniente de la
gimnástica una y la otra
con siete años de
experiencia en el circo—
actuaron por primera vez
en un Festival Circuba
en este 2011. “Para
nosotras es un orgullo
haber participado en
este Circuba y defender
un número que se ha
rescatado dentro del
circo cubano. A partir
de nuestra presencia en
el Festival, nos hemos
dado cuenta de que
queremos mucho más,
debemos enriquecer el
trabajo y luchar por
defenderlo tanto en
Cuba, como en el
extranjero. Podemos
demostrar que en Cuba se
hace muy buen circo, y
que el trabajo del
artista cubano es
admirable”. |