La Habana. Año X.
20 al 26 de AGOSTO de 2011

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

Metebulla y Cantaleta
Ser payasos es cosa seria
Dainerys Machado • La Habana
Foto: Nancy Reyes


Dos payasos, de narices rojas y ropas coloridas, irrumpen entre el público. La diversión se anuncia con su sola presencia. Por eso pequeños y grandes comienzan a sonreír mientras los clowns colocan entre los asientos una cámara cinematográfica, tan rimbombante y absurda como sus trajes.
 

Las carcajadas llegan después, cuando Metebulla y Cantaleta, los dos personajes flacuchos y ligeros, parodian los números de más fuerza del circo. La confusión entre ambos se torna dramática riña —pistola de agua por medio— hasta que asumen el valor de perdonar, y el número termina en prolongado abrazo de amistad.

“El payaso siempre debe transmitir un mensaje positivo, que como el de cualquier artista tiene su centro en ese sentimiento que es la alegría de vivir”. Eduardo Ceballos es un muchacho serio, pero no para de sonreír mientras cuenta las tribulaciones de su personaje Metebulla en el número “Una película de circo”. Él y su compañero de oficios, Cantaleta (Joan Fernández), prepararon esa diversión especialmente para el 4to. Concurso de Payasos Edwin Fernández In Memorian, y ganaron el primer premio entre exponentes de varios países.

Ceballos habla de la importancia de que el público reflexione desde la cordialidad, y se descubre a sí mismo como un joven de 23 años que ha asumido su trabajo “con mucha responsabilidad”. Fernández, su pareja en el dúo, recientemente cumplió los 24. La juventud de ambos impresiona aún más cuando se conoce que llevan ya cuatro años metidos en los zapatos de los clowns que crearon siendo estudiantes de preuniversitario.

“En el tiempo que llevamos trabajando en el circo, habíamos participado en el Festival Circuba, pero como parte de la muestra —rememora Eduardo—, no en la competencia. En el Festival Trompoloco, participamos en el 2009 y, aunque en aquella oportunidad ganamos premio, el evento no tuvo el rigor de esta edición. Este año marcó una pauta en todos los aspectos.

“He visto cuatro ediciones de Circuba y cuatro del Trompoloco como parte del circo, y en esta ocasión ambos eventos tuvieron un nivel increíble. Vinieron asiáticos que plantearon números interesantísimos, participaron artistas de Rusia y de toda Latinoamérica ante un jurado de mucha calidad, de vasta experiencia. La organización del Festival también fue un salto de nivel.”

Para estos artistas, el reto ahora es conservar las exigencias, origen de los buenos resultados. Por eso aplaudieron la decisión de incluir el Festival de Payasos dentro del evento circense: “Siempre en Cienfuegos se hacía un encuentro entre clowns que era muy provechoso. Joan fue alguna vez a esa competencia y trajo buenas experiencias, porque conoció el trabajo de mucha gente de todo el país. Después ese encuentro se trajo a La Habana, poco a poco fue tomando fuerza y este año la diferencia estuvo en que el Circo Nacional de Cuba se lo apropió y lo incluyó como parte competitiva del Circuba”.

Con repertorio diverso y en constante renovación, Eduardo y Joan han asumido algunos de los números clásicos del circo, “como el de La Abejita”. Y aunque la mayoría de los que hacen sobre la alfombra son de su propia creación, se autodefinen también como continuadores de un legado que no ha sido lo suficientemente valorado en las artes escénicas.

“Para mucha gente el clown es denigrante; para los actores, es algo difícil, los payasos son personajes complicados. Tomamos ese como nuestro primer reto porque nos sentimos muy cómodos en la cuerda del absurdo. Cuba es una excelente plaza circense, donde se dan muy buenos acróbatas, buenos números de piso y números aéreos, pero hay un déficit de payasos.”

Mano a mano

Conocidos también como el proyecto Diverticlown, los personajes de Metebulla y Cantaleta nacieron bajo el pretexto de un dúo musical. Pero, cuenta Eduardo, que nombres tan escandalosos tienen más historia: “Siempre me ha gustado mucho la música, y pasaba haciendo escándalos por las aulas de mi escuela con una guitarra. Por otro lado, Joan siempre ha sido muy activo, y cuando empieza a hablar no puede parar. El típico Cantaleta”.

A la hora de plantearse los números y recursos del clown hay una diferencia entre el personaje del circo y el personaje en otros espacios. ¿Cómo la manejan ustedes?

Como Diverticlown hemos hecho mucho teatro. Es un proyecto que originalmente surgió con cuatro payasos, los cuatro jóvenes, pero que se disolvió por intereses de trabajo. Joan y yo continuamos con esta idea que tenía un interés actoral.

Casi todos los payasos de ese espacio escénico se desempeñan fundamentalmente como animadores con juegos de participación. Nosotros tratamos de llevar el payaso de pista, más activo, al plano teatral, con algunas variedades a petición del público, pero conservando esa poética de Diverticlown.

¿Cuáles son los referentes de esta poética? ¿O es empírica su formación?

Diría que parte y parte. Nos pareció interesante fusionar los cánones y métodos que se emplean en los diferentes idiomas, como son el teatro y el circo. Al payaso de circo, muy dinámico, con recursos de malabarismo o equilibrio, le agregamos personajes lo mejor perfilados posible. Ese elemento actoral bien definido les falta a algunos payasos del circo.

Siempre se asocia mucho al clown con el público infantil, sin embargo, los adultos que presenciamos los números nos damos cuenta de que con frecuencia hay una diversificación en el fondo de la propuesta. ¿Trabajan ustedes pensando en los niños?

Donde hay un niño también hay un adulto, por eso en los mismos números tratamos de tener gags que puedan resultarles interesantes a ambos públicos. Quizá el adulto se lleve más la problemática y el niño se fije más en los movimientos, los colores, por eso siempre tratamos de llevar el espectáculo de una manera homogénea. De hecho, en el circo, el público es disímil, puede tener cualquier edad, y no debes desentenderte de eso.

Los numerosos espectáculos con payasos avalan un crecimiento del movimiento. ¿A qué crees que se deba?

No sé, pero me alegro. Las carpas se han rescatado y se seguirán rescatando. Eso fomenta más el trabajo circense en general, pero también el de los payasos, porque no hay carpa sin ellos. La Trompoloco lleva poco más de cinco años, es aún una carpa joven.

La comercialización de las artes en el mundo moderno es un hecho. ¿Cómo se enfrentan a ella sus creaciones?

Es un tema bastante conflictivo. Necesitas vivir de lo que sabes hacer y el circo no es bien pagado, lo que te obliga a llevar tu trabajo a otros espacios. Lo que sí creo es que todo lo que hagamos como artistas debemos hacerlo lo mejor posible. Cuando tenemos temporada en el circo no queda tiempo para hacer mucho más. Ojalá pudiéramos vivir solo de eso.

¿Han sentido la ausencia de la crítica, de las investigaciones, sobre la historia y el movimiento del circo en Cuba?

La calidad del circo cubano es reconocida a nivel internacional, sin embargo, aquí mismo no se echa a ver. El movimiento está apartado del fuerte de las artes escénicas, a pesar de que tenemos una Academia —a diferencia de muchos lugares de Latinoamérica— donde se forma gente de todo el mundo, y desde donde se salen muchos números.

A pesar de todo, ¿sienten que han evolucionado en sus tres años de trabajo en el circo?

Muchísimo. Primero hemos logrado una relación excelente entre Metebulla y Cantaleta. Estamos muy bien empastados y hemos pulido eso con el tiempo. Y en segunda, hemos aprendido más del circo, lo que nos ha permitido incorporar recursos nuevos a nuestro trabajo. Hemos tenido maestros extracurriculares. Lo principal es la disposición de aprender porque en el circo a la gente le gusta enseñar.

Y el premio en el Festival de Payasos Edwin Fernández, ¿qué ha significado dentro de esa evolución?

Ha representado una pauta. Trabajamos todos los días y nos ponemos a prueba, pero no todos los días tenemos la oportunidad de que nos valore un jurado especializado, que ha visto números en el mundo entero. Los últimos cuatro años han sido de sol a sol, y el premio fue como la señal de que estamos en el camino acertado.
 
 
 
 


galerÍa de imágenes

CIRCUBA 2011

 

LA JIRIBILLA Nro. 486
El circo, siete letras que apasionan
(9no. Festival Circuba)

 

LA JIRIBILLA Nro. 327
Pasen, señores pasen
(Presentación del Circo Nacional de Cuba)
   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
Información sobre el resultado del Debate
(.pdf, 394 Kb)
.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.