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El circo mexicano va
despuntando entre los
mejores del continente.
Así lo demostraron los
participantes de ese
país en el 10mo.
Festival Internacional
Circuba 2011 al llevarse
a la tierra de Juárez
cuatro galardones.
Estafanie Guzmán Badillo
y Abraham
Hernández Rivera
deslumbraron con el acto
“Bambú aéreo”, gracias
al cual obtuvieron el
Premio del Circo Teatro
Price de Madrid. Por su
parte,
los jóvenes Javier
Hernández y Sally Mara,
también acróbatas del
aire, fueron reconocidos
por
el Circo Tihany gracias
a su desempeño en el
número “Estampa
mexicana”.
Parrampin, nombre del
clown interpretado
por Juan Carlos García
Santón, ganó el segundo
lugar en el 4to.
Concurso de Payasos
Erwin Fernández In Memorian y el
malabarista Kevin Flores
se alzó en el apartado
Crítica e Imagen.
A excepción de Flores,
el resto de los
mexicanos concursantes
estudian la Licenciatura
en Artes Circenses de la
Universidad
Mesoamericana de Puebla
(UMA), fundada hace poco
más de tres años y
dirigida por el
especialista mexicano en
circo
Julio Alberto Rebolledo.
Se trata de la primera
intención de
profesionalizar el circo
en la nación
norteamericana, una
iniciativa sin
precedentes en el
contexto
latinoamericano.
En cuarto año de la
especialidad se
encuentran Estefanie y
Abraham, quienes
realizaron una
interesante demostración
técnica en la Carpa
Trompoloco. Durante
“Bambú aéreo”, Abraham
se cuelga de un pie y
con la boca, cuello o
manos sostiene los
complejos giros
acrobáticos de su
compañera.
Según declaró la
muchacha, forman parte
de la primera generación
de la facultad de circo
de la UMA. El plan de
estudio consta de diez
cuatrimestres
conformados a partir de
las escuelas rusa,
francesa y cubana.
Además de preparar las
habilidades físicas y
técnicas de los
estudiantes, el
propósito de este centro
es incorporar a la
enseñanza el estudio
científico, el concepto
artístico de los actos y
el trabajo en equipo,
además de la formación
gerencial necesaria para
esta profesión. Con ello
se busca preparar
artistas en toda la
dimensión de la palabra,
que logren incorporar a
sus trucos elementos de
la dramaturgia
contemporánea.
“Primero tenemos un
tronco común que nos
lleva a probar en todas
las especialidades del
circo, y luego uno se va
especializando en un
tipo de acto con el que
nos graduamos”, ilustró
Guzmán.
La joven de 23 años se
unió a Abraham hace más
o menos un año para
desarrollar un número
con un nivel técnico que
les permitiera
participar en festivales
y competencias. Aunque
reconoce que casi el 80
por ciento del circo se
basa en la preparación
física, también pone
empeño en el rigor
artístico.
“No solo vale la fuerza,
hay que preparar la
coreografía, el montaje
teatral, el maquillaje,
el vestuario y la
música”, explicó.
Participar en Circuba y
llevarse algo más que
los aplausos fue un
sueño cumplido, pues se
trata de la primera
incursión internacional
del dúo, que ha
trabajado además para el
Circo Francisco Atayde
de Juan Esqueda, para el
Teatro de la Ciudad de
Puebla y el Festival
Internacional
Palafoxiano, de México.
“En Cuba la gente tiene
la cultura circense,
algo diferente a otros
países. Valoran el
esfuerzo y con el
aplauso justifican todo
lo que uno está haciendo
para ellos, los riesgos
que asumimos.
“El festival llenó mis
expectativas desde que
llegué. Esto de que
vengan tantos países a
competir y a
relacionarse, es lo
mejor que nos puede
pasar como artistas. Nos
ofrece la posibilidad de
convivir y de
relacionarnos con
personas de nuestro
mismo mundo y aprender
de ellos”, concluyó.
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