|
Volver a encontrar sobre
la pista de circo a
talentosos artistas
rusos es una de las
buenas noticias que ha
traído el Circuba en sus
últimas ediciones. Un
país con una tradición
circense que data del
siglo XI, y que ha
desarrollado una línea
propia reconocida como
la escuela rusa —al
nivel de países como
Canadá, Francia y
Alemania— había sentado
un precedente de lujo
desde sus primeras
intervenciones en la
arena cubana en los años
fundacionales del
Festival.
|
 |
Durante el Circuba 2011,
el público que alcanzó
un espacio en las gradas
de la Carpa Azul —una de
las sedes del Festival—
pudo apreciar la
actuación de la familia
Markin en dos números
que hicieron gala del
rigor profesional del
circo en Rusia.
Calificadas como
actuaciones de altísima
complejidad, los
artistas realizan en
escena trucos como el
doppio bilancha, la
pértiga en la rola-rola
y el columpio en tres
—donde un artista en
rola sostiene en la
frente una pértiga sobre
la que se balancean
otros dos. Actos de este
tipo, a los que los
propios intérpretes
reconocen como “muy
difíciles” no abundan en
los circos actuales, por
lo agresivos que
resultan el peso para la
columna del artista que
sostiene la pértiga y la
elevada altura en la
cual los otros dos
actores realizan los
trucos.
Para lograr
concentración y calidad
en el acto, Roman Markin
y su troupe
ensayan infatigablemente
antes de las funciones.
Aun con varios años de
experiencia sobre la
rola-rola y 20 en total
dedicados al circo, el
artista ruso reconoce
que actuar bajo las
carpas requiere de
consagración casi
absoluta y mucho
esfuerzo, sobre todo en
un país donde el entorno
circense es muy
competitivo. Solo su
compañía, Rosgoscirk
(Compañía Estatal de
Circo Ruso), emplea a
más de ocho millares de
personas en 41 circos
permanentes y 11
itinerantes.
Cuando se le pregunta a
Markin cuáles, a su
juicio, deben ser las
características
fundamentales de las
presentaciones para que
puedan trascender en un
entorno rico en
expresiones circenses
como el suyo, el artista
explica: “un
programa de circo
necesita la
participación de muchos
acróbatas, trapecistas
volantes, combinaciones
con báscula y pértiga y
otros números complejos,
para que el público
pueda ver la maestría y
el coraje de los
artistas, para que logre
sorprenderse. Es
importante también
fomentar la
participación del
público en el acto de
circo y recuperar la
presencia de los
animales”.
|
 |
Exceptuando solamente al
Gran Circo de Moscú, el
Circo de Nikulin, el de
San Petersburgo y el
Estatal de Kazán, el
Rosgoscirk es la
instancia estatal a la
cual se deben las
compañías circenses de
la Federación.
Rebautizado a partir de
la desintegración de la
URSS con su nombre
actual, el antiguo
Soyuzgoscirk
(desde 1957) regulaba la
actividad circense en
territorio soviético,
como continuidad del
espíritu inicial de la
Revolución de Octubre,
que ordenó la
nacionalización y
control de todos los
circos.
Con una notable
trayectoria a la que se
suman giras por los
cinco continentes y
contratos con los circos
más famosos del mundo,
el Rosgoscirk ha sido
reconocido en
renombrados festivales
de países como Francia,
Italia y Bélgica.
Inserto en una corriente
que no se desmarca del
resto en su país, el
Circo Estatal defiende
una mirada contemporánea
al arte circense. En
conversación con La
Jiribilla, Markin
valora las tendencias
actuales del circo en
Rusia, una realidad de
la cual el público
cubano ha conocido solo
flashazos luego del
derrumbe del campo
socialista:
“Uno
de los problemas que
enfrenta el circo en
nuestra región es que la
juventud no quiere
incorporarse a él,
porque es un arte
fatigoso, que demanda un
trabajo fuerte desde la
mañana hasta la noche.
“Sin embargo, el circo
ruso se desarrolla por
un camino en el cual los
directores artísticos
tratan de mostrar no
solamente el truco, sino
también relatar un
cuento al público en
cada número. Antes,
hemos hecho muchos
espectáculos de
divertimentos: un número
tras otro demostrando
dificultad técnica.
Ahora incluimos la
historia para enriquecer
el trabajo”.
En correspondencia con
esta última
característica señalada
por Markin, la troupe
rusa que participó en
Cuba en 2011 armó un
número como tributo al
cineasta italiano
Federico Fellini,
protagonizado por los
personajes Augusto y
Carablanca, donde se
conjugan destreza
técnica y recursos de
escena.
“La música, la
exquisitez escenográfica
y de vestuario son muy
importantes ahora en el
mundo del circo
—advierte Roman Markin.
Nuestro número para el
Circuba mantiene de
principio a fin una
historia que los
artistas cuentan al
público a través del
truco y su capacidad
histriónica. En ese
sentido el número logra
que los detalles sean
muy precisos para
recrear un homenaje a
Fellini. El vestuario y
el maquillaje de los
payasos y la bailarina
forman parte de la
historia y se han
seleccionado
cuidadosamente en
función del desarrollo
del tema”.
Al tiempo que para el
público la presencia de
Rusia en las carpas
nacionales, luego de la
reanimación del
Festival, permite el
contacto con un tipo de
circo diferente al que
se desarrolla en la
Isla, para los artistas
rusos, la participación
en el Circuba deja
también una impronta de
gran valor. Según Markin,
“en Cuba se puede
encontrar a una
audiencia y
profesionales entrenados
que están al tanto de
todos los detalles y
ofrecen siempre su
disposición para
intercambiar opiniones.
Nos gusta mucho estar
entre gente tan
simpática como la que
reúne el Festival y
recibir la sinceridad de
sus valoraciones”.
Si después de la visita
del malabarista Denis
Chindyaskin y del
pulsador Makxim Minasov
en ediciones recientes
del Circuba, hemos
recibido esta vez a la
troupe de Markin,
puede esperarse quizá
que las estrellas rusas
vuelvan a irradiar la
pista cubana, como
anhelan muchos
nostálgicos seguidores
del circo. |