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Hay tres formas de
actuar: interpretar,
representar y ser. La
interpretación es la que
realiza el actor:
aprende a interpretar
vidas ajenas escritas
por otros. La
representación es una
especie de actuación
menor: la hacen los
chicos y los payasos. Un
tipo que hace malabares
con tres pelotitas no
está actuando. El tipo
es un malabarista. Si
además genera un montón
de escenas, usa el
teatro para mostrar su
ser. Al circo le sirve
el teatro para reafirmar
lo que quiere contar.
Cachovachi, Argentina
(en entrevista para
Página 12)
Mientras que en muchos
países de Latinoamérica
cientos de carpas se
mantienen en pie, en
Argentina los circos
tradicionales van camino
a desaparecer. El
principal motivo: las
enormes compañías
nómadas que plantaban
tiendas de pueblo en
pueblo no pueden
sustentarse sin el apoyo
del estado. La
situación, agravada
durante la crisis
económica de los
primeros 2000 ha dado
paso a la consolidación
de un arte que se
apropia de la movilidad
del teatro y la danza
callejeros, una
flexibilización de
formatos que deja, para
algunos, difusas las
fronteras entre el circo
y el resto de las artes.
Ausencia de animales,
incorporación de video y
Djs, locaciones
innovadoras, esculturas
ambientales, son algunos
de los elementos que
distinguen al escenario
circense argentino,
quizá uno de los más
avanzados de América
Latina en cuanto a la
apropiación del estilo
contemporáneo
desarrollado con fuerza
en Europa y
Norteamérica.
Sin embargo, no debe
hablarse de una
“extranjerización” del
circo en un país que por
más de una década (entre
los años 70 y 80) tuvo
que desarrollarse hacia
lo interno, sin
mostrarse e intercambiar
prácticamente en la
escena internacional. Lo
cierto es que la
concepción del
espectáculo circense
tiene hoy en Argentina
mucho de complejidad
dramatúrgica y rigor
estético, pero escaso
respaldo económico,
detalle que ha obligado
a desarrollar elementos
propios, completamente
distintivos.
En tanto el debate
fundamental sobre el
circo se enrumba desde
el cambio de formatos y
de las tensiones
generadas por el binomio
hazaña-poesía, muchos
grupos, compañías y
artistas en ese país
defienden también el
arte circense como
herramienta para generar
la participación y
desarrollo social, y
como forma alternativa
de reivindicar los
derechos de los sectores
más vulnerables.
Con este espíritu
trabajan Federico Placco
y María Eugenia Porcel,
quienes concursaron en
el Festival Circuba 2011
en representación de la
compañía argentina
Barrilete. En el evento,
el dúo no se destacó con
premios ni arrebató
demasiados aplausos al
público. “Extrañas”, más
bien, resultaron sus
acrobacias bajo la carpa
cubana: audaces, pero
carentes de brillos;
expresivos, pero más
melancólicos que
alegres.
María Eugenia, experta
bailarina y artista
circense, conversó con
La Jiribilla
sobre las
particularidades del
Adagio acrobático que
interpreta junto a
Federico, y las
diferencias de la puesta
en Cuba con respecto a
lo recogido en países
como Francia y España y
en la propia Argentina,
donde suelen
presentarse.
¿Por qué seleccionan
esta modalidad dentro de
las variedades del
circo?
Trabajamos con técnicas
contemporáneas y con
técnicas circenses de
dúo acrobático. Nos
parece que estas
técnicas hablan del
momento actual que
vivimos, donde se
incorporan otros
lenguajes que cobran
tanto protagonismo como
la técnica circense
misma y pura, que sería
la acrobacia de dúo.
Consideramos que la
danza tiene que cobrar
protagonismo dentro del
circo, y que el teatro
también debe fusionarse
para que el resultado
sea más rico. En eso
consiste nuestra
búsqueda.
En el circo
contemporáneo prima la
capacidad que tengan los
directores artísticos
para concebir un
espectáculo que incluya
orgánicamente la
escenografía, el diseño,
con los elementos de la
música, la propia
técnica y el desempeño
escénico de los
artistas. ¿Cómo
encaminan la dirección
de arte en ese sentido,
en lugares donde el
público no acepta
completamente los
códigos más
contemporáneos del
circo?
En Cuba, por ejemplo,
ese es uno de los retos.
Aquí sentimos que hay
una gran tendencia del
circo tradicional y lo
nuestro es un poco
extraño en este
ambiente; pero que nos
hayan invitado habla de
una apertura mental en
el Circuba, en el
sentido de otras
técnicas, otras
modalidades. Para
nosotros forma parte de
la investigación y la
experimentación como
dúo, en este caso para
generar algo singular,
no solamente con una
técnica que puede hacer
mucha gente, sino algo
con códigos y
personalidad propios.
¿Cómo se inserta este
número dentro de la
escena actual del circo
en Argentina?
En Argentina se inserta
bien porque hay toda una
tendencia al nuevo
circo, del circo
contemporáneo, donde lo
que hacemos entra
fácilmente, a partir de
códigos que sí se
conocen. En Europa
también hemos tenido
buena repercusión porque
se trabaja también con
este tipo de tendencias.
En América es un poco
más difícil porque, si
bien hay un nivel
excelentísimo, todavía
está muy fuertemente
instaurado el circo
tradicional. Pero hay
una evolución que se
está dando y nosotros
queremos enrumbar
nuestro trabajo en ese
sentido.
Específicamente en
Circuba, al intercambiar
con otras tendencias,
¿cómo ha sido la
experiencia?
La verdad es que es muy
enriquecedor. Es
maravilloso ver un nivel
tan alto como el que
existe en Cuba, con un
circo tradicional que le
permite a uno remontarse
a tiempos antiguos. Los
artistas son muy buenos.
Hemos encontrado
reticencias por algunas
partes, hay gente que
nos propone ideas para
“lucir más”, mientras
que nosotros queremos
proponer otras cosas.
Recibimos las
sugerencias como parte
del intercambio, las
debatimos, pensamos lo
que se puede tomar de
ello y también
recomendamos lo nuevo
que desde aquí se puede
probar.
¿Qué opinión les merece
el trabajo en la carpa,
en relación con el
trabajo en los teatros
que va permeando el
estilo del circo en la
actualidad?
El encanto de la carpa
es algo que no se pierde
con el paso del tiempo.
Me parece mágica una
carpa tan linda como
esta en la que hemos
actuado durante el
Circuba, con los
artistas, los músicos y
toda la gente, que la
convierte en un lugar de
cordialidad y mucha
alegría. Estamos
contentos porque nos
hemos dado cuenta de que
el teatro es más chic y
nuevo, pero la carpa
forma parte del espíritu
del circo, es lo que más
nos gusta. |