|
No cabe duda de
que uno de los jóvenes
pianistas cubanos de
jazz que más impacto ha
causado
internacionalmente en
los últimos tiempos, es
el habanero Harold
López-Nussa Torres.
Procedente de una
familia donde la música
ha desempeñado un rol
protagónico, él recibió
una muy sólida formación
en nuestros
conservatorios, capaz de
permitirle proyectarse
con idéntico rigor en
los ámbitos de la
llamada música
académica, la popular
bailable o el jazz.
Su nueva producción
discográfica lleva por
título El país de las
maravillas y es un
álbum grabado en
compañía de su hermano
Ruy Adrián López-Nussa
Torres a la batería,
Felipe Cabrera en el
bajo y con la figura del
cada vez más popular
saxofonista
puertorriqueño David
Sánchez como invitado
especial.
Desde la primera
audición del material,
uno se percata de que
estamos ante un
fonograma en el que, sin
perder la cubanía que ha
caracterizado el
quehacer de este novel
pianista, hay una
búsqueda particular en
códigos del lenguaje
jazzístico
internacional, expresión
de un interesantísimo
proceso dado en la
actualidad mediante el
cual las fronteras entre
los llamados jazz
straight y latino o
afrocubano se están
disolviendo o
integrando.
A diferencia de su
trabajo anterior,
el disco titulado
Canciones, en el que
uno siente que hay mucho
escrito, a tono con la
intención de vincular la
propuesta a los aires
del jazz cameral, en
El país de las
maravillas hallamos
que hay mayor presencia
de la improvisación, sin
la menor discusión la
gran esencia del jazz.
Con una portada
concebida especialmente
para el álbum por el
pintor Roberto Fabelo,
un rasgo significativo
de la producción es el
equilibrio interno que
en ella se respira. En
dicho sentido, por una
parte disfrutamos de
piezas enraizadas en la
música cubana, como
sucede en los cortes “El
país de las maravillas”,
“La fiesta va” y
“Bailando Suiza”, una
composición de Harold
que ya había incluido
con anterioridad en su
disco Canciones.
Como una segunda arista,
escuchamos piezas que
destacan por su belleza
melódica y delicadeza.
Son los casos de
“Interludio” y “A
Camilín”.
Entre los temas que más
me han impactado de todo
el CD, mencionaría la
extraordinaria versión
que realizan de ese
clásico de la trova
tradicional que es
“Perla marina”, original
de Sindo Garay; “E cha”,
que transcurre dentro de
los parámetros del jazz
latino; y “Guajira”, con
destaque especial para
Ruy Adrián López-Nussa,
que aquí demuestra sus
posibilidades como un
percusionista integral,
que no solo toca batería
sino que también puede
ejecutar con igual
brillo el vibráfono y el
cajón.
No quiero soslayar el
rol del soporte rítmico
en un fonograma como
este, a cargo del ya
aludido Ruy Adrián desde
la batería y Felipe
Cabrera como bajista, el
mismo que conociéramos
en los años 80 como
integrante del Grupo
Proyecto y que, en el
periodo que lleva
radicado en Francia, ha
seguido creciendo como
músico. Igualmente,
pienso que en el
fonograma hay que
resaltar la intervención
del saxofonista boricua
David Sánchez como
invitado especial. Él
demostró aquí nuevamente
su tremenda capacidad de
adaptabilidad para saber
integrarse a esta
formación, como si
siempre hubiese tocado
con ella.
Así pues, en resumen
cabe afirmar que El
país de las maravillas,
disco protagonizado por
Harold López-Nussa
Torres como figura
frontal, es una
grabación muy
recomendable para
aquellos que se
interesen por estar al
tanto de lo nuevo que
hoy acontece en el jazz
hecho por cubanos. |