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A mediados del año 1820
moría en la ciudad de
México —era sepultado
“de limosna”— el Alcalde
del Crimen de la
Audiencia, Don Francisco
José de Heredia, padre
de quien, años después,
escribiría el “Himno del
desterrado”: José María
de Heredia y Heredia.
Por entonces, este ya no
era un mero
principiante, pues al
menos dos composiciones
suyas habían aparecido
en periódicos de la
propia capital mexicana:
“España Libre” y el
“Himno patriótico al
restablecimiento de la
Constitución”, en las
cuales exaltaba el
restablecimiento del
régimen constitucional
en la metrópoli.
Pero la poesía poco le
servía para dar
subsistencia a su madre,
Mercedes, y a sus cuatro
hermanas. Decidieron
embarcar para La Habana,
a donde llegaron en
febrero de 1821. Aquí
Heredia continuó sus
estudios de Derecho,
iniciados en la Isla en
1817, los había
proseguido en México y
ahora los culminaba con
la entrega del título,
ocurrida el 12 de abril
de 1821. En ese momento,
La Habana bullía con
fiestas y no pocos
motines debidos a las
mismas circunstancias
cantadas por el poeta en
sus dos composiciones
antes citadas. Los
criollos ricos
respiraban aliviados por
la sustitución del ya
viejo, achacoso y poco
enérgico Capitán General
Juan Manuel Cagigal,
relevado, en marzo de
1821, por Don Nicolás
Mahy. Las circunstancias
fueron propicias,
gracias a la efímera
libertad de prensa
decretada, para la
aparición de periódicos
—El Sábelo Todo o El
Robespierre Habanero
y El Indicador
Constitucional
fueron dos de los más
explosivos—cuyos excesos
el nuevo representante
real supo pronto
contener.
Gracias a la aludida
libertad de prensa se
permitió la aparición,
además de periódicos
satíricos —la mayoría—
otros de mayor alcance
en los cuales se aludía
a la necesidad de
independizar a la Isla.
El Revisor Político y
Literario, fundado
en 1823, y dirigido por
varios alumnos de Félix
Varela en el Seminario
de San Carlos,
constituye una de las
muestras más sólidas.
Por ello en su número
del 6 de agosto de dicho
año publicó el atrevido
poema de Heredia “A la
insurrección de Grecia
en 1820”, donde
encontramos, por primera
vez en su obra, una
alusión explícita y
pública al
independentismo, tomando
como ejemplo la
insurrección del pueblo
griego.
Vivo en el porvenir:
como un espectro
del sepulcro en el borde
suspendido
dirijo al Cielo mis
postreros votos
por el alma Libertad:
miro a mi patria,
a la risueña Cuba, que
la frente
eleva al mar de palmas
coronada,
por los mares de América
tendiendo
su gloria y su poder:
miro a la Grecia
lanzar a sus tiranos
indignada,
y a la alma Libertad
servir de templo
y al Orbe escucho que
gozoso aplaude
victoria tal y tan
glorioso ejemplo.
Desde ese momento estaba
precisado el carácter de
su poesía, adscripta
plenamente al movimiento
romántico, en el cual
volcó, a través de
muchas de sus
composiciones, el
sentimiento emancipador
ya albergado en su
espíritu. Desde entonces
Heredia sería,
esencialmente, el poeta
de la libertad, de la
libertad todavía para él
en abstracto, contra la
evocada tiranía griega,
aunque por entonces la
implantada por España en
Cuba enconaba el
espíritu de la
juventud.
Como las circunstancias
eran favorables, un
hombre de letras como
Heredia, de quien ya se
anunciaba la pronta
aparición de un tomo con
sus poesías, no podía
desperdiciarlas y
decidió fundar en 1821
una revista,
Biblioteca de Damas,
de la cual solamente se
tienen noticias a través
de eruditos como Antonio
Bachiller y
Morales(1812-1889),
entre otros pocos, pues,
como bien aclaró en su
momento el reconocido
herediano José María
Chacón y Calvo, es
“publicación tan rara
hoy, que no se conserva
ningún ejemplar en
nuestras bibliotecas
públicas”, afirmación
ratificada en los días
actuales y corroborada
su no existencia,
gracias a los modernos
medios de
informatización, en
sitios como la
Biblioteca del Congreso
de Washington y en el
Worldcat, base de datos
que agrupa los fondos
bibliográficos de todas
las universidades
norteamericanas. ¿Estará
en alguna biblioteca
europea, latinoamericana
o en manos privadas?
Ojalá alguien tenga una
respuesta afirmativa.
Dos cubanos han dado
noticias de esta
publicación: el ya
citado bibliógrafo
Antonio Bachiller y
Morales quien, por lo
que expresa, la pudo
ver, tocar y, hasta
cierto punto, evaluar; y
el herediano Francisco
González del Valle
(1881-1942). El primero
dice en sus
inapreciables Apuntes
para la historia de las
letras y de la
instrucción pública en
la isla de Cuba
(1859-1861) que
era un periódico semanal
editado en la Imprenta
Fraternal de los Díaz de
Castro y la redactaba
José María Heredia. “A
pesar de que el
proyectado Correo de
Damas se le unió, no
pasó del número 5,
correspondiéndose el
cuaderno de 64 páginas”.
Sigue diciendo el
ilustrado cubano que “no
obstante su corta
extensión, lo compacto
de su impresión permitió
que además de otras
composiciones y
artículos en prosa,
saliera entero el poema
‘El mérito de las
mujeres’, más imitado
que traducido, de
Legouvé”, aparecido en
1801 y que gozó en su
momento de más de 40
ediciones. Valga aclarar
que el Correo de
Damas citado por
Bachiller en su
mencionada obra no debe
confundirse con el
“periódico” que había
aparecido en La Habana
en 1811, con un título
ligeramente diferente:
Correo de las Damas,
a la cual hicimos
alusión en nuestra
primera entrega. Por su
parte, González del
Valle, en su
Cronología herediana
(1803-1839) (1938)
ofrece otras dos
noticias sobre
Biblioteca de Damas:
vio la luz entre los
meses de mayo y junio
del citado año y además
de Heredia, colaboró en
sus páginas Blas Osés,
más tarde participante,
con discretos trabajos
de crítica, en la
primera etapa de la
Revista Bimestre Cubana
(1831-1834).
¿Se habrá debido la
interrupción de la
revista a los ajetreos
propios de la
organización de la
sociedad secreta “Soles
y Rayos de Bolívar”,
fundada a mediados de
1821, con la cual
Heredia estuvo
comprometido y le valió
se dictara contra él
auto de prisión en
noviembre de 1823,
evadido gracias a su
rápida huida de Cuba
hacia Boston el 14 del
propio mes en un barco
entonces surto en la
bahía de Matanzas, donde
por entonces residía el
poeta? Duda a despejar.
Pero José María Heredia,
como otros tantos
intelectuales cubanos,
era hombre de la prensa.
Asentado en México en
1825, al año siguiente
fungía como coeditor
literario de la revista
El Iris. En 1829,
en Tlalpan, fundó una
pequeña revista mensual
que cabe en la palma de
la mano:
Miscelánea.
Periódico crítico y
literario fue su
primer título, cambiado
a Miscelánea a
partir de 1831, cuando
comenzó a editarla en
Toluca, ciudad a la cual
pasó a residir para
atender a sus funciones
como juez. Este pertinaz
empeño personal de
Heredia ha sido
considerado su mayor
logro en el campo de las
publicaciones
literarias, aparecida y
mantenida más por su
perseverante vocación en
este campo que por las
posibles ganancias por
obtener. En la
“Introducción” al número
inicial, correspondiente
a septiembre de 1829, se
decía —o mejor, era
Heredia quien decía,
aunque no se dijera— lo
siguiente: “Al empezar
la publicación de la
Miscelánea, conoce
su editor las
dificultades y peligros
de una empresa en que no
osa esperar provecho ni
gloria. Solo el deseo de
dar a la República
[mexicana] un periódico
literario, siquiera en
ensayo, y reanimar el
gusto de las letras, le
pone en las manos la
pluma”. Quiso cifrar en
esta revista sus empeños
por mejorar el gusto del
público, de educarlo en
“las dulzuras de la
vida”, y de “recoger
algunas flores de los
campos inmensos de la
historia, y las regiones
estrelladas de la
poesía”. Al parecer, los
suscriptores de la
publicación fueron
pocos, pues el dinero,
dice el editor Heredia,
“apenas alcanza a cubrir
los gastos
indispensables, aún en
la forma actual del
periódico”. Residiendo
ya en Toluca, reanuda su
revista en 1831 con el
título más abreviado de
Miscelánea. Al
dirigirse al público
lector en el número de
junio, que fue el de la
reapertura, reconoce que
ha emprendido de nuevo
su “agradable tarea” y
le agradece al
gobernador del estado la
protección brindada para
su realización. Promete
cumplir el mismo plan
que la anterior y
“espera proporcionar una
lectura variada,
instructiva a toda clase
de personas, estando
pronto a ensanchar los
límites de la obra,
siempre que el aumento
de los suscriptores se
lo permita”.
Miscelánea
fue una revista de
contenido variado.
Publicó artículos
morales, filosóficos e
históricos, noticias
literarias, críticas
literarias y extractos
de obras diversas,
además de cuentos y
poesías. En sus páginas
apareció la pieza
teatral de Heredia
Los últimos romanos,
probablemente adaptación
de otra, pero donde
están presentes muchos
más elementos propios de
su creación. Asimismo
dio a conocer textos de
carácter biográfico,
comentarios sobre
política mexicana e
internacional y crónicas
teatrales. Allí publicó
Heredia en 1832, su
famoso “Ensayo sobre la
novela”, el cual provocó
que dos reconocidos
críticos
hispanoamericanos, Amado
Alonso y Julio Caillet
Bois, expresaran —quizá
exageradamente, como ha
hecho notar Cintio
Vitier— que con este
trabajo Heredia se
convertía en “el primer
crítico de nuestra
lengua en el siglo
xix hasta la
aparición de Marcelino
Menéndez y Pelayo”. Si
bien la afirmación de
Vitier es justa, este
ensayo de Heredia
constituye uno de los
aportes más sólidos al
establecimiento de la
aún por entonces en
ciernes teoría sobre la
novela, en particular la
de carácter histórico,
tan en boga en aquellos
años y cultivada por
figuras muy apreciadas
por el propio poeta.
Figuran también en la
revista composiciones de
poetas españoles
neoclásicos como Juan
Meléndez Valdés y Manuel
J. Quintana. Heredia,
muy atento a la
literatura de otros
países y de otras
lenguas, conocedor él
mismo de varias,
reprodujo trabajos
tomados de revistas
inglesas y francesas
versados en literatura,
economía política,
artículos sobre
educación, bellas artes
y preceptiva literaria.
Sin embargo, sus
esfuerzos no fueron
suficientes para
mantener la
Miscelánea. En el
número de junio de 1832
expresaba: “Motivos cuya
enumeración sería inútil
y fastidiosa, obligan al
editor a suspender su
publicación, y al
despedirse del
respetable público,
cumple gustoso con un
deber, manifestando su
gratitud por la acogida
favorable que ha
dispensado a esta
obrilla. Si variaren las
circunstancias, tendrá
la satisfacción de
continuar sus tareas
bajo un plan más vasto;
y se esforzará en dar a
la República Mexicana un
periódico literario
digno de su
civilización”.
En 1834, en la propia
Toluca, pero con menos
fuerzas debido a su
frágil salud —murió en
1839— aún sacó fuerzas
para dar a la luz la
efímera revista
Minerva, además de
colaborar en diversos
periódicos y revistas
mexicanos y cubanos.
Entre estos últimos,
figuran el Diario de
la Habana, La
Moda o Recreo Semanal
del Bello Sexo, la
conocida revista
delmontina, y
Aguinaldo Habanero,
editado por Ramón de
Palma y José Antonio
Echeverría.
Otras revistas
anteriores o
contemporáneas a la
Miscelánea, de
Heredia se publicaron
por entonces en Cuba con
título similar. Así,
antes de la del poeta
del “Niágara”, hubo, en
1813, en Santiago de
Cuba, La Miscelánea
de Santiago de Cuba;
1821, la Miscelánea
Liberal de Santiago de
Cuba, fundada por
uno de los tres Manueles
de la literatura cubana:
el poeta neoclásico
Manuel María Pérez y
Ramírez, iniciador en
años anteriores, y en la
misma ciudad, de
Ramillete de Cuba,
El Eco Cubense y
El Canastillo, y
en La Habana, en 1827
una Miscelánea de
Literatura, que, al
parecer, fue un
periódico semanal. Nunca
se ha visto ninguno de
los ocho números que
presumiblemente editó,
pero de ella da noticias
el bibliógrafo Antonio
Bachiller y Morales en
sus ya citados
Apuntes..., quien
afirma que fue dirigida
por Antonio Franchi
Alfaro, figura poco
conocida de la
literatura cubana —fue
discreto poeta—, pero
muy vinculado a revistas
y periódicos. En 1837 se
fundó por Luis Caso y
Sola la Miscelánea de
útil y agradable recreo,
pero, por su importancia
para el movimiento
romántico cubano, bien
merece un capítulo
aparte, que prometemos.
Mientras, Diario de
Damas, la primera
revista fundada por José
María Heredia y
aparecida durante su más
larga estancia en Cuba,
espera por ser
redescubierta en algún
paraje del planeta. |