La Habana. Año X.
20 al 26 de AGOSTO de 2011

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El revistero José María Heredia: Biblioteca de Damas,
su revista habanera, y sus revistas mexicanas

Cira Romero • La Habana

A mediados del año 1820 moría en la ciudad de México —era sepultado “de limosna”— el Alcalde del Crimen de la Audiencia, Don Francisco José de Heredia, padre de quien, años después, escribiría el “Himno del desterrado”: José María de Heredia y Heredia. Por entonces, este ya no era un mero principiante, pues al menos dos composiciones suyas habían aparecido en periódicos de la propia capital mexicana: “España Libre” y el “Himno patriótico al restablecimiento de la Constitución”, en las cuales exaltaba el restablecimiento del régimen constitucional en la metrópoli.

Pero la poesía poco le servía para dar subsistencia a su madre, Mercedes, y a sus cuatro hermanas. Decidieron embarcar para La Habana, a donde llegaron en febrero de 1821. Aquí Heredia continuó sus estudios de Derecho, iniciados en la Isla en 1817, los había proseguido en México y ahora los culminaba con la entrega del título, ocurrida el 12 de abril de 1821. En ese momento, La Habana bullía con fiestas y no pocos motines debidos a las mismas circunstancias cantadas por el poeta en sus dos composiciones antes citadas. Los criollos ricos respiraban aliviados por la sustitución del ya viejo, achacoso y poco enérgico Capitán General Juan Manuel Cagigal, relevado, en marzo de 1821, por Don Nicolás Mahy. Las circunstancias fueron propicias, gracias a la efímera libertad de prensa decretada, para la aparición de periódicos —El Sábelo Todo o El Robespierre Habanero y El Indicador Constitucional fueron dos de los más explosivos—cuyos excesos el nuevo representante real supo pronto contener.

Gracias a la aludida libertad de prensa se permitió la aparición, además de periódicos satíricos —la mayoría— otros de mayor alcance en los cuales se aludía a la necesidad de independizar a la Isla. El Revisor Político y Literario, fundado en 1823, y dirigido por varios alumnos de Félix Varela en el Seminario de San Carlos, constituye una de las muestras más sólidas. Por ello en su número del 6 de agosto de dicho año publicó el atrevido poema de Heredia “A la insurrección de Grecia en 1820”, donde encontramos, por primera vez en su obra, una alusión explícita y pública al independentismo, tomando como ejemplo la insurrección del pueblo griego.

Vivo en el porvenir: como un espectro

del sepulcro en el borde suspendido

dirijo al Cielo mis postreros votos

por el alma Libertad: miro a mi patria,

a la risueña Cuba, que la frente

eleva al mar de palmas coronada,

por los mares de América tendiendo

su gloria y su poder: miro a la Grecia

lanzar a sus tiranos indignada,

y a la alma Libertad servir de templo

y al Orbe escucho que gozoso aplaude

victoria tal y tan glorioso ejemplo.

Desde ese momento estaba precisado el carácter de su poesía, adscripta plenamente al movimiento romántico, en el cual volcó, a través de muchas de sus composiciones, el sentimiento emancipador ya albergado en su espíritu. Desde entonces Heredia sería, esencialmente, el poeta de la libertad, de la libertad todavía para él en abstracto, contra la evocada tiranía griega, aunque por entonces la implantada por España en Cuba enconaba el espíritu de  la juventud.

Como las circunstancias eran favorables, un hombre de letras como Heredia, de quien ya se anunciaba la pronta aparición de un tomo con sus poesías, no podía desperdiciarlas y decidió fundar en 1821 una revista, Biblioteca de Damas, de la cual solamente se tienen noticias a través de eruditos como Antonio Bachiller y Morales(1812-1889), entre otros pocos, pues, como bien aclaró en su momento el reconocido herediano José María Chacón y Calvo, es “publicación tan rara hoy, que no se conserva ningún ejemplar en nuestras bibliotecas públicas”, afirmación ratificada en los días actuales y corroborada  su no existencia, gracias a los modernos medios de informatización, en sitios como la Biblioteca del Congreso de Washington y en el Worldcat, base de datos que agrupa los fondos bibliográficos de todas las universidades norteamericanas. ¿Estará en alguna biblioteca europea, latinoamericana o en manos privadas? Ojalá alguien tenga una respuesta afirmativa.

Dos cubanos han dado noticias de esta publicación: el ya citado bibliógrafo Antonio Bachiller y Morales quien, por lo que expresa, la pudo ver, tocar y, hasta cierto punto, evaluar; y el herediano Francisco González del Valle (1881-1942). El primero dice en sus inapreciables Apuntes para la historia de las letras y de la instrucción pública en la isla de Cuba (1859-1861) que era un periódico semanal editado en la Imprenta Fraternal de los Díaz de Castro y la redactaba José María Heredia. “A pesar de que el proyectado Correo de Damas se le unió, no pasó del número 5, correspondiéndose el cuaderno de 64 páginas”. Sigue diciendo el ilustrado cubano que “no obstante su corta extensión, lo compacto de su impresión permitió que además de otras composiciones y artículos en prosa, saliera entero el poema ‘El mérito de las mujeres’, más imitado que traducido, de Legouvé”, aparecido en 1801 y que gozó en su momento de más de 40 ediciones. Valga aclarar que el Correo de Damas citado por Bachiller en su mencionada obra no debe confundirse con  el “periódico” que había aparecido en La Habana en 1811, con un título ligeramente diferente: Correo de las Damas, a la cual hicimos alusión en  nuestra primera entrega. Por su parte, González del Valle, en su Cronología herediana (1803-1839) (1938) ofrece otras dos noticias sobre Biblioteca de Damas: vio la luz entre los meses de mayo y junio del citado año y además de Heredia, colaboró en sus páginas Blas Osés, más tarde participante, con discretos trabajos de crítica, en la primera etapa de la Revista Bimestre Cubana (1831-1834).

¿Se habrá debido la interrupción de la revista a los ajetreos propios de la organización de la sociedad secreta “Soles y Rayos de Bolívar”, fundada a mediados de 1821, con la cual Heredia estuvo comprometido y le valió se dictara contra él auto de prisión en noviembre de 1823, evadido gracias a su rápida huida de Cuba hacia Boston el 14 del propio mes en un barco entonces surto en la bahía de Matanzas, donde por entonces residía el poeta? Duda a despejar.

Pero José María Heredia, como otros tantos intelectuales cubanos, era hombre de la prensa. Asentado en México en 1825, al año siguiente fungía como coeditor literario de la revista El Iris. En 1829, en Tlalpan, fundó una pequeña revista mensual que cabe en la palma de la mano: Miscelánea. Periódico crítico y literario fue su primer título, cambiado a Miscelánea a partir de 1831, cuando comenzó a editarla en Toluca, ciudad a la cual pasó a residir para atender a sus funciones como juez. Este pertinaz empeño personal de Heredia ha sido considerado su  mayor logro en el campo de las publicaciones literarias, aparecida y mantenida más por su perseverante vocación en este campo que por las posibles ganancias por obtener. En la “Introducción” al número inicial, correspondiente a septiembre de 1829, se decía —o mejor, era Heredia quien decía, aunque no se dijera— lo siguiente: “Al empezar la publicación de la Miscelánea, conoce su editor las dificultades y peligros de una empresa en que no osa esperar provecho ni gloria. Solo el deseo de dar a la República [mexicana] un periódico literario, siquiera en ensayo, y reanimar el gusto de las letras, le pone en las manos la pluma”. Quiso cifrar en esta revista sus empeños por mejorar el gusto del público, de educarlo en “las dulzuras de la vida”, y de “recoger algunas flores de los campos inmensos de la historia, y las regiones estrelladas de la poesía”. Al parecer, los suscriptores de la publicación fueron pocos, pues el dinero, dice el editor Heredia, “apenas alcanza a cubrir los gastos indispensables, aún en la forma actual del periódico”. Residiendo ya en Toluca, reanuda su revista en 1831 con el título más abreviado de Miscelánea. Al dirigirse al público lector en el número de junio, que fue el de la reapertura, reconoce que ha emprendido de nuevo su “agradable tarea” y le agradece al gobernador del estado la protección brindada para su realización. Promete cumplir el mismo plan que la anterior y “espera proporcionar una lectura variada, instructiva a toda clase de personas, estando pronto a ensanchar los límites de la obra, siempre que el aumento de los suscriptores se lo permita”.

Miscelánea fue una revista de contenido variado. Publicó artículos morales, filosóficos e históricos, noticias literarias, críticas literarias y extractos de obras diversas, además de cuentos y poesías. En sus páginas apareció la pieza teatral de Heredia Los últimos romanos, probablemente adaptación de otra, pero donde están presentes muchos más elementos propios de su creación. Asimismo dio a conocer textos de carácter biográfico, comentarios sobre política mexicana e internacional y crónicas teatrales. Allí publicó Heredia en 1832, su famoso “Ensayo sobre la novela”, el cual provocó que dos reconocidos críticos hispanoamericanos, Amado Alonso y Julio Caillet Bois, expresaran —quizá exageradamente, como ha hecho notar Cintio Vitier— que con este trabajo Heredia se convertía en “el primer crítico de nuestra lengua en el siglo xix hasta la aparición de Marcelino Menéndez y Pelayo”. Si bien la afirmación de Vitier es justa, este ensayo de Heredia constituye uno de los aportes más sólidos al establecimiento de la aún por entonces en ciernes teoría sobre la novela, en particular la de carácter histórico, tan en boga en aquellos años y cultivada por figuras muy apreciadas por el propio poeta. Figuran también en la revista composiciones de poetas españoles neoclásicos como Juan Meléndez Valdés y Manuel J. Quintana. Heredia, muy atento a la literatura de otros países y de otras lenguas, conocedor él mismo de varias, reprodujo trabajos tomados de revistas inglesas y francesas versados en literatura, economía política, artículos sobre educación, bellas artes y preceptiva literaria. Sin embargo, sus esfuerzos no fueron suficientes para mantener la Miscelánea. En el número de junio de 1832 expresaba: “Motivos cuya enumeración sería inútil y fastidiosa, obligan al editor a suspender su publicación, y al despedirse del respetable público, cumple gustoso con un deber, manifestando su gratitud por la acogida favorable que ha dispensado a esta obrilla. Si variaren las circunstancias, tendrá la satisfacción de continuar sus tareas bajo un plan más vasto; y se esforzará en dar a la República Mexicana un periódico literario digno de su civilización”.

En 1834, en la propia Toluca, pero con menos fuerzas debido a su frágil salud —murió en 1839— aún sacó fuerzas para dar a la luz la efímera revista Minerva, además de colaborar en diversos periódicos y revistas mexicanos y cubanos. Entre estos últimos, figuran el Diario de la Habana, La Moda o Recreo Semanal del Bello Sexo, la conocida revista delmontina, y Aguinaldo Habanero, editado por Ramón de Palma y José Antonio Echeverría.  

Otras revistas anteriores o contemporáneas a la Miscelánea, de Heredia se publicaron por entonces en Cuba con título similar. Así, antes de la del poeta del “Niágara”, hubo, en 1813, en Santiago de Cuba, La Miscelánea de Santiago de Cuba; 1821, la Miscelánea Liberal de Santiago de Cuba, fundada por uno de los tres Manueles de la literatura cubana: el poeta neoclásico Manuel María Pérez y Ramírez, iniciador en años anteriores, y en la misma ciudad, de Ramillete de Cuba, El Eco Cubense y El Canastillo, y en La Habana, en 1827 una Miscelánea de Literatura, que, al parecer, fue un periódico semanal. Nunca se ha visto ninguno de los ocho números que presumiblemente editó, pero de ella da noticias el bibliógrafo Antonio Bachiller y Morales en sus ya citados Apuntes..., quien afirma que fue dirigida por Antonio Franchi Alfaro, figura poco conocida de la literatura cubana —fue discreto poeta—, pero muy vinculado a revistas y periódicos. En 1837 se fundó por Luis Caso y Sola la Miscelánea de útil y agradable recreo, pero, por su importancia para el movimiento romántico cubano, bien merece un capítulo aparte, que prometemos.

Mientras, Diario de Damas, la primera revista fundada por José María Heredia y aparecida durante su más larga estancia en Cuba, espera por ser redescubierta en algún paraje del planeta.

 
 
 
 
   
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