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Reunidos en La Habana
del 13 al 17 de junio de
2011, Año Internacional
de los Pueblos
Afrodescendientes, en el
Instituto Cubano de
Investigación Cultural
Juan Marinello, con la
colaboración de
Representantes de
Agencias de Naciones
Unidas, académicos,
líderes de América
Latina, escritores,
artistas,
investigadores y
activistas políticos,
coincidieron en proponer
una declaración que
sintetice un conjunto de
ideas fundamentales
debatidas durante el
evento.
Por consenso, el
Seminario acordó
reconocer que si bien
existen manifestaciones
de racismo y
discriminación en Cuba,
al mismo tiempo está
presente en el momento
actual una voluntad
política profunda de
encaminar un conjunto de
propuestas y acciones
que permitan incidir en
la transformación de esa
realidad. En este
sentido fue expuesto de
manera clara que la
problemática racial es
un fenómeno que existe
en la sociedad cubana a
pesar de los múltiples
esfuerzos realizados por
la Revolución que llegó
al poder en 1959.
De entonces a acá, la
trayectoria de lucha ha
sido larga y ardua, como
también han sido
notables los logros
significativos en
esferas como educación,
salud, cultura,
derechos ciudadanos y
muchos más como el bajo
índice de mortalidad
infantil, maternidad
segura y otros muchos
avances que han
contribuido a reducir
las causas que
contribuyen a la
permanencia de esas
manifestaciones.
El Seminario mostró que
está presente también
una voluntad
gubernamental en los
momentos actuales para
llevar a cabo acciones
que impulsen una mayor
participación ciudadana
de la población
afrodescendiente de
manera coherente y
articulada, capaz de
generar nuevos espacios
de reivindicación racial
concretos.
El encuentro concebido
como un espacio
académico, gracias a las
ponencias y al debate
intenso, devino un foro
de propuestas que, desde
estamentos diversos de
la sociedad civil,
permitió enriquecer las
discusiones, a partir no
solo de críticas, sino
también de un conjunto
de propuestas sociales y
culturales. Sectores
como la educación, los
medios masivos de
comunicación y la
cultura como una
manifestación
sintetizada de la
actividad social en su
expresión más amplia
fueron sometidos a la
crítica rigurosa y
seria, junto con
importantes propuestas y
recomendaciones.
La Declaración
constituye una síntesis
de los múltiples temas
analizados, muchos de
los cuales fueron
presentados también
desde una perspectiva
transversal, poniendo
énfasis responsable en
la fortaleza ideológica
y cultural con que
cuenta la sociedad
cubana hoy día, de la
cual más de un 70% nació
bajo el bloqueo. Formada
durante años en una
cultura de resistencia,
la población de la Isla
ha demostrado una
entereza política y
vocación de lucha por
más de cinco décadas,
que a pesar de las
dificultades ha
conservado una energía
crítica que se puso de
manifiesto en las
discusiones masivas
previas al 6to. Congreso
del Partido.
Desde sus fortalezas y
limitaciones, el
consenso se pronunció
por integrar de manera
inmediata un conjunto de
acciones encaminadas a
nutrir el sentimiento de
soberanía nacional mucho
más articulado para
construir sus propias
propuestas de equidad
racial, interconectadas
al mismo tiempo con los
movimientos sociales de
los pueblos
afrodescendientes del
continente en su batalla
emancipadora.
Finalmente, el cónclave
acordó realizar cada año
un Seminario similar,
que permita evaluar de
manera sistemática el
avance de propuestas y
recomendaciones, más
allá de la conmemoración
que se reconoce no
obstante como
oportunidad. Convertir
las memorias del evento
en un texto, sumados a
encuentros periódicos
que permitan a la
institución dar a
conocer y socializar los
enfoques temáticos de
mayor trascendencia que
fueron debatidos.
Plan de acción
Fundamentación
La vigencia de
expresiones
“neorracistas”
integradas en la vida
cotidiana como parte del
imaginario social, que
se producen en espacios
públicos institucionales
o privados que agreden y
humillan a personas de
piel negra o mestizas,
constituyen una
expresión de un
pensamiento de matriz
racista que exigen aquí
y ahora un combate en el
que está llamada a
participar toda la
sociedad cubana, como
parte inseparable de la
propuesta de justicia
social y equidad
racial.
La necesidad urgente de
llevar este tema a un
debate público deberá
ser la acción primordial
de la cual deberán
articularse un conjunto
de propuestas
específicas. Ser negro o
negra en Cuba ofrece al
mismo tiempo una
oportunidad de mostrar
la vigencia de la
herencia histórica y
cultural de la
africanidad, no como un
elemento aislado del ser
cubano sino como una
parte inseparable de una
ciudadanía que la
población negra ganó con
el combate directo donde
se fundieron las
estrategias militares y
un pensamiento
independentista
intransigente desde hace
más de dos siglos.
El cónclave reconoció
que el sistema de
explotación y opresión
del capitalismo necesita
construir una hegemonía
que incluya la
generalización de
creencias que apoyen el
sistema de dominación.
En ese sentido el
racismo impuesto por
todos los medios
materiales y legales ha
estructurado una
tradición de exclusión
que ha servido de
argumentación y
legitimación al racismo.
En muchas ocasiones, ese
pensamiento de matriz
etnocentrista ha
utilizado también como
pretexto la salvaguarda
de la unidad nacional,
para tratar de perpetuar
la dominación
capitalista y la
inferiorización de la
población negra y
mestiza.
Durante generaciones
después del fin de la
esclavitud, haber sido
esclavizado o
descendiente de
esclavizado ha sido una
marca de descrédito para
las víctimas, que sufren
aún el estigma y el
dolor de un proceso de
inferiorización, y no
para los victimarios.
Esa realidad histórica,
implica que aquí y ahora
es necesario desarrollar
un rescate concreto, que
pueda ser visibilizado,
de los aportes
identitarios del legado
civilizatorio de la
africanidad a la lucha
actual. En este sentido,
el movimiento del Hip
Hop en Cuba deberá
recibir un mayor apoyo
que permita extender su
impacto como pioneros y
multiplicadores de
conceptos culturales,
valores éticos y
comunitarios como la
solidaridad y el orgullo
identitario que
contribuyen a magnificar
el sentimiento de
autoestima de la
población negra y
mestiza.
El Seminario analizó
también, en el contexto
de la América Latina y
el Caribe, la
significación de las
conferencias mundiales.
La primera conferencia
acompañó el proceso de
descolonización de
África. La segunda
acompañó el fin del
apartheid, en una
lucha en la cual Cuba
tuvo un protagonismo
decisivo, y la tercera
en Durban en el 2001
permitió la creación de
la denominación “afrodescendendiente”,
a partir de la
consolidación de una
agenda política concreta
para eliminar la
discriminación racial y
otras igualmente dañinas
para el ser humano.
La lucha del socialismo
del siglo XXI está
obligada a ser
antirracista.
Estrategias
Diseñar, a la mayor
brevedad posible, dentro
del contexto social
actual de recuperación
de la base económica de
la sociedad cubana,
propuestas que
satisfagan necesidades y
derechos de los cubanos
y cubanas negros y
mestizos.
Trabajar en un programa
de políticas públicas
con énfasis en la
realidad racial, que
puedan incidir de manera
directa en el conjunto
de la sociedad.
Preparar textos para la
educación primaria,
media y superior que
permitan transformar la
visión colonizada y
contribuyan a producir
un conocimiento que se
ajuste a la verdad
histórica.
Crear una agenda para la
incidencia de los medios
masivos de comunicación
como artífices
culturales capaces de
ampliar el racismo o de
combatirlo. En este
sentido, el Seminario
debatió las
posibilidades del
desarrollo comunicativo
en espacios como blogs y
otras variables que
permiten desde ellos
colocar discursos de
reivindicación y también
de críticas. No
subestimar en el caso
cubano el papel de la
prensa escrita, que
conserva aún un alcance
mayor. Como parte de ese
análisis, fue criticado
el papel de las imágenes
en la televisión y la
prensa escrita y también
del mal uso de la
religiosidad africana
presentada con demasiada
reiteración y desde
estereotipos.
También desde las
imágenes, el Seminario
criticó con fuerza la
representación
folclorizante y sexista
que usa el turismo y la
publicidad, haciendo un
llamado especial a
tratar de revertir la
situación de artesanías
y dramatizaciones, por
su impacto cultural.
Declarar que tanto el
racismo como la
discriminación forman
parte de un legado de
violencia y criminalidad
incompatible con la
formación
revolucionaria.
Fortalecer las alianzas
con los movimientos de
América Latina y el
Caribe.
Poner énfasis en la
pobreza que padece la
mujer negra, que
representa el sector en
mayor desventaja social.
En el caso de Cuba, aun
a pesar de los logros
sociales generales.
Trabajar temas del
liderazgo desde la
perspectiva de las
relaciones raciales,
particularmente en la
población joven.
Buscar, en interrelación
con las instituciones,
la creación de espacios
y nuevas organizaciones
que de manera específica
puedan desarrollar
propuestas con
perspectivas
horizontales, que
permitan una
participación ciudadana
responsable y
comprometida por la
eliminación del racismo
y la discriminación
racial.
Crear, desde los
espacios de la Cultura,
foros y talleres que
permitan ampliar las
investigaciones como
presupuestos
indispensables para la
aplicación de censos,
resultados de
investigaciones,
diagnósticos y datos
estadísticos en general
para conocer en
profundidad y de manera
seria dónde y cómo están
las mayores áreas de
dificultades.
La
Habana, 17 de junio de
2011 |