La Habana. Año X.
6 al 12 de AGOSTO de 2011

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Luis Alberto Barbería en el patio de baldovina

Coda de una descarga de ida y vuelta

Joaquín Borges-Triana • La Habana

Fotos: La Jiribilla

El pinareño Luis Alberto Barbería es uno de esos cantautores cubanos transterrados que no ha perdido el vínculo con la tierra que lo vio nacer. Por eso, en el pasado mes de julio y gracias a una iniciativa del Centro Cultural Pablo de la Torriente, se vio involucrado en una gira por varias provincias de nuestro país, en compañía de ese extraordinario cantor que es el gaditano Javier Ruibal, las bailarinas Remedios Jover y Lucía Ruibal, y el percusionista Javi Ruibal (estos dos últimos, hijos de Javier).

Si bien tal recorrido concluyó con una función el 29 de julio en la sala teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, Barbería quiso compartir una vez más con el que sin discusión alguna es su público natural y por ello, aceptó una invitación de La Jiribilla a presentarse el pasado viernes 5 de agosto en el patio de la institución. La función devino, pues, una suerte de coda a lo que se denominó Descarga de ida y vuelta y sirvió, además, para que Luis Alberto compartiese escena con Gerardo Alfonso y Raúl Torres, viejos amigos suyos en el asunto de proponer canciones de alta valía, tanto en el discurso musical como el textual.

Mientras disfrutaba de la función, me remonté más de veinte años atrás, cuando en el piso superior del edificio ubicado en la esquina de 13 y 8 en El Vedado y como parte de las peñas sabatinas que allí se desarrollaban, escuché por primera vez las canciones de Luis Alberto, quien luego en los tempranos noventa sería uno de los protagonistas de aquellas noches de intensas descargas en la antigua y tristemente desaparecida Casa del Joven Creador en la Avenida del Puerto, ya fuese él solo con su guitarra o a dúo con los también recordados Magilee Álvarez y Alcides Toirac.

Un asunto asociado al fenómeno de la Canción Cubana Contemporánea, y que resulta imposible de ser obviado, es el hecho de que una buena cantidad de cultores de dicho modo de creación artística y perteneciente a todas las generaciones actuantes en el panorama de nuestra música, hoy reside (o residió en algún momento) fuera de Cuba. Tales creadores se enfrentan al reto de hacer algo nuevo y no solo recrear lo que una vez hicieron en el país.

Al oír en un mismo espacio las canciones de Luis Barbería, Gerardo Alfonso y Raúl Torres, me reafirmo en el criterio de que tanto las composiciones de los cantautores que son parte de la diáspora cubana como las de los residentes en el país tienen en común ser una propuesta musical que difiere de lo esperado en buena parte del mercado internacional (en especial el europeo), donde de manera mayoritaria se posee como imagen de cubanía el sabor del son tradicional, la mulata, el tabaco, el ron, el panteón yorubá y demás estereotipos identitarios.

La función protagonizada por Barbería y que tuviese a Raulito y Gerardo como invitados especiales, vino a corroborar el hecho de que un análisis desprejuiciado de las poéticas, tanto en lo textual como en lo musical, así como de las realidades de los cantautores cubanos dentro y fuera del país para encontrar espacio en un mercado discográfico poco o nada interesado en propuestas de este corte, evidencia que son más los puntos en común que las diferencias existentes entre ambos grupos. Porque lo cierto es que en la isla o fuera de ella hay un nutrido grupo de hacedores de canciones que apuestan por la calidad y lo artístico, en vez de lo banal y puramente comercial.

Como ha expresado mi buen amigo el también cantautor Julio Fowler, con independencia de las aptitudes, posturas y credos asumidos por cada cual, ya sea en Cuba o en otros países del mundo, la actual cancionística facturada por nuestros compatriotas “no deja de ser al menos un diagnóstico preciso de la época, un retrato del espíritu que la animó y la conmovió”.

Así pues, el reciente recital de Luis Alberto Barbería en el patio de La Jiribilla y en sentido general el quehacer llevado por él, corrobora que para bien y/o para mal, la cultura de nuestro país ha estallado y sus fragmentos, como los del espejo de “La reina de las nieves” de Andersen, se han clavado en múltiples ojos y corazones, mundializando a Cuba y cubanizando al mundo.

 
 
 
 


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Luis Alberto Barbería
en El Patio de Baldovina

   
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(.pdf, 736 Kb)
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.