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El pinareño Luis Alberto
Barbería es uno de esos
cantautores cubanos
transterrados que no ha
perdido el vínculo con
la tierra que lo vio
nacer. Por eso, en el
pasado mes de julio y
gracias a una iniciativa
del Centro Cultural
Pablo de la Torriente,
se vio involucrado en
una gira por varias
provincias de nuestro
país, en compañía de ese
extraordinario cantor
que es el gaditano
Javier Ruibal, las
bailarinas Remedios
Jover y Lucía Ruibal, y
el percusionista Javi
Ruibal (estos dos
últimos, hijos de
Javier).
Si bien tal recorrido
concluyó con una función
el 29 de julio en la
sala teatro del Museo
Nacional de Bellas
Artes, Barbería quiso
compartir una vez más
con el que sin discusión
alguna es su público
natural y por ello,
aceptó una invitación de
La Jiribilla a
presentarse el pasado
viernes 5 de agosto en
el patio de la
institución. La función
devino, pues, una suerte
de coda a lo que se
denominó Descarga de ida
y vuelta y sirvió,
además, para que Luis
Alberto compartiese
escena con Gerardo
Alfonso y Raúl Torres,
viejos amigos suyos en
el asunto de proponer
canciones de alta valía,
tanto en el discurso
musical como el textual.
Mientras disfrutaba de
la función, me remonté
más de veinte años
atrás, cuando en el piso
superior del edificio
ubicado en la esquina de
13 y 8 en El Vedado y
como parte de las peñas
sabatinas que allí se
desarrollaban, escuché
por primera vez las
canciones de Luis
Alberto, quien luego en
los tempranos noventa
sería uno de los
protagonistas de
aquellas noches de
intensas descargas en la
antigua y tristemente
desaparecida Casa del
Joven Creador en la
Avenida del Puerto, ya
fuese él solo con su
guitarra o a dúo con los
también recordados
Magilee Álvarez y
Alcides Toirac.
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Un asunto asociado al
fenómeno de la Canción
Cubana Contemporánea, y
que resulta imposible de
ser obviado, es el hecho
de que una buena
cantidad de cultores de
dicho modo de creación
artística y
perteneciente a todas
las generaciones
actuantes en el panorama
de nuestra música, hoy
reside (o residió en
algún momento) fuera de
Cuba. Tales creadores se
enfrentan al reto de
hacer algo nuevo y no
solo recrear lo que una
vez hicieron en el país.
Al oír en un mismo
espacio las canciones de
Luis Barbería, Gerardo
Alfonso y Raúl Torres,
me reafirmo en el
criterio de que tanto
las composiciones de los
cantautores que son
parte de la diáspora
cubana como las de los
residentes en el país
tienen en común ser una
propuesta musical que
difiere de lo esperado
en buena parte del
mercado internacional
(en especial el
europeo), donde de
manera mayoritaria se
posee como imagen de
cubanía el sabor del son
tradicional, la mulata,
el tabaco, el ron, el
panteón yorubá y demás
estereotipos
identitarios.
La función protagonizada
por Barbería y que
tuviese a Raulito y
Gerardo como invitados
especiales, vino a
corroborar el hecho de
que un análisis
desprejuiciado de las
poéticas, tanto en lo
textual como en lo
musical, así como de las
realidades de los
cantautores cubanos
dentro y fuera del país
para encontrar espacio
en un mercado
discográfico poco o nada
interesado en propuestas
de este corte, evidencia
que son más los puntos
en común que las
diferencias existentes
entre ambos grupos.
Porque lo cierto es que
en la isla o fuera de
ella hay un nutrido
grupo de hacedores de
canciones que apuestan
por la calidad y lo
artístico, en vez de lo
banal y puramente
comercial.
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Como ha expresado mi
buen amigo el también
cantautor Julio Fowler,
con independencia de las
aptitudes, posturas y
credos asumidos por cada
cual, ya sea en Cuba o
en otros países del
mundo, la actual
cancionística facturada
por nuestros
compatriotas “no deja de
ser al menos un
diagnóstico preciso de
la época, un retrato del
espíritu que la animó y
la conmovió”.
Así pues, el reciente
recital de Luis Alberto
Barbería en el patio de
La Jiribilla y en
sentido general el
quehacer llevado por él,
corrobora que para bien
y/o para mal, la cultura
de nuestro país ha
estallado y sus
fragmentos, como los del
espejo de “La reina de
las nieves” de Andersen,
se han clavado en
múltiples ojos y
corazones, mundializando
a Cuba y cubanizando al
mundo. |