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En el análisis de la
formación y las
transformaciones de las
estructuras y las
prácticas sociales
tienen especial
importancia dos tipos de
procesos históricos
distintos, estrechamente
relacionados entre sí.
El primero corresponde a
procesos organizados en
torno a estructuras de
larga duración, como las
derivadas de la función
de tránsito desempeñada
por el territorio de
Panamá en la formación y
desarrollo del mercado
mundial desde el siglo XVI. El segundo, a
procesos de transición
entre momentos distintos
de organización de la
vida social.
A lo largo de estos
procesos, los diversos
elementos de la vida
social dejan de ser lo
que habían sido en un
período anterior,
cambian a ritmos con
frecuencia muy
desiguales, y terminan
por desembocar en
estructuras generales de
una calidad distinta a
la precedente. Nuestra
sociedad se encuentra
hoy inmersa en un
proceso de ese tipo.
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No es el primero, por
supuesto. Uno ocurrió a
lo largo del siglo XVI,
cuando el istmo pasó de
una situación de
desarrollo humano al
margen del mercado
mundial, a otra de
desarrollo integrado al
de ese mercado. Otro
tuvo lugar durante el
período de adhesión a la
Gran Colombia, en cuyo
marco ocurrió nuestra
transición desde la
condición de dominio de
la Corona española a la
de estado nacional
independiente. Y otro
más, a lo largo del
siglo XX, llevó a ese
estado desde su
condición semicolonial
de origen hasta la de
estado nacional en vías
de maduración, en que se
encuentra hoy.
Ese proceso de
maduración del estado
nacional y de su
sociedad constituye el
aspecto principal del
proceso de
transformación que hoy
encara Panamá. Este
proceso se expresa en
una serie de
transformaciones en
curso, de entre las
cuales cabe mencionar
aquí las siguientes:
-
La transformación
de una economía de
enclave, articulada en
torno a un canal
vinculado a la economía
interna de los EE.UU., y
organizada en torno a un
sector agropecuario
atrasado, y de una Zona
de Libre Comercio y un
Centro Financiero
Internacional volcados
hacia el exterior, que
hoy se estructura a
partir de una Plataforma
de Servicios Globales en
pleno desarrollo, y de
un mercado de bienes y
servicios ambientales en
proceso de formación.
-
La transformación
de una sociedad de
fuertes valores rurales
y estrechos vínculos
entre los sectores
populares y capas medias
profesionales de origen
reciente, en otra de
carácter urbano, de gran
desigualdad estructural,
que aún se encuentra en
el proceso de construir
su nueva identidad.
-
La transformación
de los pobres de la
ciudad y el campo desde
una situación de
aceptación más o menos
pacífica de su condición
de marginalidad en otra
de creciente voluntad y
capacidad para reclamar
mejores condiciones de
vida.
-
El deterioro
ideológico, político y
moral de los grupos
dirigentes tradicionales
y sus organismos de
participación política,
que han perdido toda
capacidad de expresar el
interés general de la
nación en un verdadero
proyecto de desarrollo.
-
La incorporación
a la vida nacional de
nuevos sectores
emergentes — desde
corporaciones
transnacionales hasta
movimientos indígenas y
de trabajadores de nuevo
tipo—, que se combina
con la declinación de
actores tradicionales de
gran influencia ayer
apenas, como las
organizaciones
empresariales y
sindicales forjadas al
interior del modelo de
desarrollo protegido.
-
La creciente
superación de un
prolongado período de
aislamiento parroquial,
que nos vincula cada vez
más a la vida de otras
regiones de América y el
mundo, y abre
posibilidades inéditas
de aprendizaje y
maduración política a
una población que aún se
caracteriza por su
limitado nivel de
organización, y su
dependencia de los
peores hábitos del
clientelismo político.
En este marco general,
el proceso de
transformación del
estado es por necesidad
lento, contradictorio y
de apariencia errática.
En ausencia de un bloque
histórico capaz de
conducirlo, ese proceso
ha operado a partir de
dos factores
principales. El primero
ha sido el
debilitamiento de la
capacidad de gestión de
los grandes organismos
estatales a cargo de la
atención a demandas
sociales masivas, como
las de educación, salud
y seguridad social. El
segundo, la
multiplicación de
agencias con mandatos
específicos en sectores
de interés económico
prioritario, como los
del ambiente, la
energía, la ciencia, la
incorporación de
tecnologías innovadoras
a la gestión pública y
la formación
profesional.
De momento, esto nos ha
llevado a la situación
—paradójica solo en
apariencia— de que
Panamá haya venido a
tener en el siglo XXI un
gobierno cada vez más
fuerte en un estado cada
vez más débil. Esto nos
ha llevado a una
circunstancia
caracterizada por la
erosión simultánea de la
eficiencia del Gobierno
y de la legitimidad del
estado en la tarea de
conducir las
transformaciones en
curso en el país, que
genera un riesgo
creciente de anomia
social y política.
El nuestro es todavía un
tiempo “de ebullición,
no de condensación; de
mezcla de elementos, no
de obra enérgica de
elementos unidos”, en el
que “las especies luchan
por el dominio en la
unidad del género”, como
dijera Martí del suyo en
1881. Por lo mismo, el
problema mayor que
encaran hoy los hombres
y mujeres de cultura de
mi tierra, consiste en
crear las condiciones
que permitan hacer
posible lo que ya es
percibido como necesario
por sectores cada vez
más amplios de nuestra
sociedad, cada uno desde
su propia perspectiva de
interés.
Si de conocerse y
ejercerse en la
construcción de una vida
justa y buena para todos
se trata, podemos tener
motivos de optimismo
bien fundados. Nosotros,
los panameños, ya hemos
sido capaces de encarar
con éxito desafíos de
tan extraordinaria
complejidad como la
negociación de los
Tratados Torrijos-Carter,
que pusieron fin tanto
al enclave colonial
norteamericano en
Panamá, como a la
condición semicolonial
de nuestro estado. Hoy,
nuevamente, trabajar con
la gente, y desde ella,
será la mejor manera de
vincular entre sí las
iniciativas que ya están
en marcha en el país, y
de proporcionarles la
orientación que les
permita contribuir a
establecer en nuestra
tierra un estado capaz
de representar y ejercer
el interés general de la
nación en este momento
de su historia. |