La Habana. Año X.
6 al 12 de AGOSTO de 2011

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         exposición en la sede de la uneac en matanzas

Mendive enciende su foresta mágica

Pedro de la Hoz • Matanzas

Fotos: José Manuel Correa

Una instalación de vastas proporciones —ocupa seis paredes y parte del suelo en dos espacios rectangulares de puntal alto— emplazó a principios de agosto Manuel Mendive en la sede del Comité Provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Matanzas, para saludar el medio siglo de existencia de la organización.

Bajo el título La foresta mágica, el artista quiso reflejar nuevamente su visión de las relaciones del hombre y la naturaleza por un lado, mientras por otro llama la atención acerca de la necesidad de preservar la memoria de sus antepasados como uno de los más preciados legados de la forja de la nación cubana.

Al decir de los críticos y artistas presentes en el acto inaugural —que contó con las palabras del historiador Eusebio Leal y la poetisa Nancy Morejón—, Mendive decanta sus elementos visuales y los integra desde una nueva perspectiva.

Los signos sagrados y profanos del monte, sus mitos y realidades, aparecen allí transmutados metafóricamente en una atmósfera done la evocación supera los límites de la representación.

Alternando con una serie de maderas pintadas en las que se advierte una síntesis de los códigos que han hecho relevante su pintura, cuelgan en la pared garabatos (horquillas) de diversas dimensiones, que recuerdan el instrumento del cual se vale Elegguá (orisha del panteón yoruba) para abrir los caminos. Para sostener ese andamiaje, el artista llevó tierra al recinto, sobre la cual plantó jícaras policromas que asemejan cauríes (caracoles utilizados en las artes adivinatorias del ifaísmo).

Hubo quien recordó, ante el conjunto, el origen de Mendive como creador, en el campo escultórico, en correspondencia con las soluciones y procedimientos de esa especialidad aplicados en la concepción instalativa, que en su apertura sumó esculturas vivientes, como las que suelen verse en los muy celebrados performances mendivianos.

Sin embargo, no hay referencias rituales de carácter puntual. Mendive se vale de los elementos de las culturas yoruba y bantú acriolladas en el largo y definitorio proceso de transculturación que dio lugar a la identidad insular para hablar en términos contemporáneos y aludir, sobre todo, a una responsabilidad ética.

“El arte —declaró Mendive a La Jiribilla— no puede permanecer ajeno a las grandes preocupaciones de este mundo. El ser humano no puede vivir de espaldas a la naturaleza, ni negar las raíces que lo han llevado a ser lo que es. Busco la armonía, la paz, el equilibrio, la convivencia y quisiera que ese mensaje fuera compartido por todos los que se adentren en este bosque”. 

Graduado en la Academia de San Alejandro en 1963, con estudios posteriores en el Instituto de Etnología y Folclor y la Universidad de La Habana (Historia del Arte), Mendive tuvo un temprano reconocimiento internacional cuando mereció el Premio Montparnasse en el parisino Salón de Mayo de 1968. Por la solidez e irradiación de su obra fue distinguido en 2001 con el Premio Nacional de Artes Plásticas.   

 
 
 
 
   
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.