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Alguno de esos adagios
que nos rondan, con
muchas versiones, reza
que cuando se descubre
qué trabajo es el que en
verdad gusta, y si
encima pagan por
hacerlo, desde ese
momento ya no se trabaja
más. Por supuesto, en
obvia alusión a ese
placer por hacerla, que
debiera acompañar a cada
labor. Pienso en tal
sentencia, justo ahora
que encaro la tarea de
reseñar el más reciente
disco de Tony Ávila.
Porque al habitual
placer de escriba, puedo
sumar ahora el de
transmitir a los
seguidores del trovador,
que van in crescendo
por fortuna, los buenos
hallazgos posibles
dentro de este registro.
Quince temas, variedad
de géneros musicales y
temáticas, buenos
arreglos y
acompañamientos
instrumentales y de
voces, además de un par
de invitados de lujo,
pudieran ser el apretado
resumen de este
fonograma.
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Se trata del compacto
…en Tierra, que bajo
la égida de Bis Music,
acaba de ser presentado
en concierto, dentro del
espacio musical que
durante todo el verano
mantiene en la capital
cubana el Pabellón Cuba.
Una muy buena noticia la
aparición de esta
grabación, para los que
prefieren la trova, y en
general para cualquier
admirador de lo mejor
que se hace ahora mismo
en materia de canción
cubana.
Tony Ávila, ya se sabe,
habanero asentado en la
matancera Cárdenas,
graduado universitario
de Marxismo e Historia,
es uno de los creadores
para seguir en el actual
panorama sonoro
nacional. Y para bien de
su obra y de los que la
admiramos, este
fonograma, como en otros
tiempos, no ha tardado
tanto en llegar, como
para que vaya quedando
trabajo olvidado y sin
grabar en el camino.
Desde la misma apertura,
con esa joya que es
“Científicamente negro”,
el autor deja claro sus
sendas textuales,
ideológicas y musicales.
Esa magia de saber
divertir, pero a la vez,
dejar caer un risueño
aguijón cargado de muy
serios problemas, es una
de las grandes virtudes
de este disco y de su
creador. En esta misma
cuerda de hacernos reír,
dolorosamente a ratos,
de recrearnos sin
abandonar ni desconectar
en tonterías las
neuronas, pudieran
también anotarse
“Balsero”, “Regala’o
murió en el ochenta” y
esa canción, “ese son a
la diversidad, con su
imprescindible vestigio
de ironía”, tal diría
Guillermo Rodríguez
Rivera en las notas al
disco, que es Tiene
que haber de to’.
Por cierto, dos ideas
derivadas de esta
anterior. Primero,
aplaudir porque
escogieran al maestro
Guillermo Rodríguez
Rivera para las notas de
presentación de este
compacto. No hace falta
repetir adjetivos que
midan la agudeza
habitual de sus análisis
y su amplio conocimiento
musical, para asentir
por su inclusión en el
registro.
La segunda idea, sobre
la ironía en los textos
de Tony Ávila. Ironía a
la que puede sumarse la
filosofía (le vendrá de
carrera), y su
preocupación, como buen
juglar, por el ahora
mismo, el pasado y
futuro que lo rodea, y a
la vez su capacidad de
llevarlo a la canción
sin que esta
necesariamente muera de
urgencia o envejezca a
causa de la temática que
glosa. Ironía a ratos
desgarrada, dolorosa
repito, pero a la vez
sonriente y sin
amarguras. Para decirlo
sobre sus propios
versos, “sin hacer
cuenta nueva ni borrón,
haciendo de tripas
corazón, haciendo de sus
tripas, algún son”.
Pudiera asimismo tenerse
en cuenta el detalle que
algunos de sus temas con
asuntos más crudos, son
sones o guarachas,
musicalmente arriba,
alegres, bromistas, no
enmascarando ni
tergiversando sus filos,
pero sí dulcificándolos
un poco.
A propósito de géneros
musicales, ya escuché a
algunos entusiasmados
colegas, afirmar
rotundamente que Tony
Ávila es el “relevo” de
grandes de nuestra
música como el
Guayabero, o un Ñico
Saquito. No esconde el
trovador ni tampoco este
cronista, que la
influencia de tales
gigantes, y de unos
cuantos otros de ayer y
de hoy, ronda visible y
sin negarse dentro de
sus composiciones. Pero,
ni la cultura es carrera
que necesite de la posta
siguiente, recogiendo
imaginarios batones de
seis cuerdas (y ni la
imperecedera obra de
Antonio Fernández o de
Faustino Oramas
requieren de relevos o
sustituciones), ni hay
que poner rápidas
etiquetas a lo que
crece.
Aunque son respuestas
dichas en el ámbito
privado de la amistad,
pongo bajo mi nombre las
opiniones del artista
sobre este tópico. Este
creador, con todo
respeto pero en busca de
voz propia, simplemente
pretende ser el mejor
Tony Ávila posible.
Vivan las buenas
influencias, siempre y
cuando bien asimiladas y
devueltas con identidad
nueva y queden atrás las
etiquetas, que siempre
encierran y limitan.
Porque ocurre, y
volvamos a Rodríguez
Rivera, que “quien ceda
a la clara
—y
divertida—
tentación de Tony solo
un guarachero y un
sonero (que no es poco),
se perderá el lirismo de
sus canciones de amor”.
Citemos bajo esta
afirmación temas como
“Títere”, “Amor
cromagnon”, la
bellísima “Ella
fue”, o esa
bachata (hecha como Dios
y la bachata mandan, sin
artilugios guitarreros
reiterados e infames que
tanto rondan ahora por
ahí pretendiéndose bajo
este género), como “Solo
para dos”.
Subrayado además dentro
de las canciones, y hago
extensiva al resto de su
obra la idea de que Tony
es un preocupado por la
estructura y las ideas
que defienden sus
textos, para “Mundo de
los más”, y esa tremenda
y conmovedora “micasa.cu”,
dos temas de muy
sólida factura, sobre
todo en sus idearios,
cual bandera de las
posturas de su hacedor.
Destaque también para la
participación de Ivette
Cepeda, bien acoplada y
exquisita en “Silbando
un bossa–nova”, y de
Ernán López–Nussa.
Aunque en la inclusión
del piano en esta obra,
en el tema “Al sur de tu
garganta”, noto una de
las poquísimas sombras
del disco.
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Al parecer, según los
créditos, el piano se
grabó por separado,
incluso en otro estudio,
y a la hora de la mezcla
y la masterización,
quizá faltaron ciertos
ajustes en ese corte. La
voz de Tony, en todo el
disco clara y en un bien
ajustado primer plano,
incluso cuando a dúo,
contrasta aquí con el
piano. El instrumento
luce un poco sumergido,
con menos brillo y
color, tras la voz que
aquí suena entonces un
tanto áspera, desnuda,
demasiado cercana
respecto al segundo
plano. Tal desnivel, que
no impide que sea
igualmente un excelente
tema en letra, música,
interpretación y canto,
desentona un poco con el
resto del disco. Cada
plano sonoro en el resto
de las pistas está bien
ubicado y se escucha
limpiamente cada detalle
de los arreglos,
instrumentos y voces. De
cualquier modo, tal
mancha para nada impide
ver, o mejor, oír la
luz.
Vale destacar también la
hermosa ilustración, esa
Cuba vuelta cuerpos
amorosos en desnudo
abrazo, que centra el
diseño de Rafael Pérez
Alonso. Asimismo, el
detalle de acompañar de
signos geográficos los
créditos, es un
agradable guiño que
alegra la lectura.
Sea entonces bienvenido
este compacto, …en
Tierra, de Tony
Ávila. Ya su autor nos
ha dado buena muestra de
sus posibilidades e
intenciones como
creador. Para su
público, y más, para la
buena salud de nuestra
música, esperemos sigan
apareciendo artistas,
discos y obras como
esta. A Tony Ávila, las
gracias por regalarnos
este registro y que
tenga los mejores deseos
de
—para
que haya obras tan bien
logradas como esta—
que se repitan lo más a
menudo posible. |