La Habana. Año X.
6 al 12 de AGOSTO de 2011

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Con Tony Ávila

La buena canción, echa pie …en Tierra

Antonio López Sánchez • La Habana

Fotos: Kike (La Jiribilla)

Alguno de esos adagios que nos rondan, con muchas versiones, reza que cuando se descubre qué trabajo es el que en verdad gusta, y si encima pagan por hacerlo, desde ese momento ya no se trabaja más. Por supuesto, en obvia alusión a ese placer por hacerla, que debiera acompañar a cada labor. Pienso en tal sentencia, justo ahora que encaro la tarea de reseñar el más reciente disco de Tony Ávila. Porque al habitual placer de escriba, puedo sumar ahora el de transmitir a los seguidores del trovador, que van in crescendo por fortuna, los buenos hallazgos posibles dentro de este registro. Quince temas, variedad de géneros musicales y temáticas, buenos arreglos y acompañamientos instrumentales y de voces, además de un par de invitados de lujo, pudieran ser el apretado resumen de este fonograma.

Se trata del compacto …en Tierra, que bajo la égida de Bis Music, acaba de ser presentado en concierto, dentro del espacio musical que durante todo el verano mantiene en la capital cubana el Pabellón Cuba. Una muy buena noticia la aparición de esta grabación, para los que prefieren la trova, y en general para cualquier admirador de lo mejor que se hace ahora mismo en materia de canción cubana.

Tony Ávila, ya se sabe, habanero asentado en la matancera Cárdenas, graduado universitario de Marxismo e Historia, es uno de los creadores para seguir en el actual panorama sonoro nacional. Y para bien de su obra y de los que la admiramos, este fonograma, como en otros tiempos, no ha tardado tanto en llegar, como para que vaya quedando trabajo olvidado y sin grabar en el camino.

Desde la misma apertura, con esa joya que es “Científicamente negro”, el autor deja claro sus sendas textuales, ideológicas y musicales. Esa magia de saber divertir, pero a la vez, dejar caer un risueño aguijón cargado de muy serios problemas, es una de las grandes virtudes de este disco y de su creador. En esta misma cuerda de hacernos reír, dolorosamente a ratos, de recrearnos sin abandonar ni desconectar en tonterías las neuronas, pudieran también anotarse “Balsero”, “Regala’o murió en el ochenta” y esa canción, “ese son a la diversidad, con su imprescindible vestigio de ironía”, tal diría Guillermo Rodríguez Rivera en las notas al disco, que es Tiene que haber de to’.

Por cierto, dos ideas derivadas de esta anterior. Primero, aplaudir porque escogieran al maestro Guillermo Rodríguez Rivera para las notas de presentación de este compacto. No hace falta repetir adjetivos que midan la agudeza habitual de sus análisis y su amplio conocimiento musical, para asentir por su inclusión en el registro.

La segunda idea, sobre la ironía en los textos de Tony Ávila. Ironía a la que puede sumarse la filosofía (le vendrá de carrera), y su preocupación, como buen juglar, por el ahora mismo, el pasado y futuro que lo rodea, y a la vez su capacidad de llevarlo a la canción sin que esta necesariamente muera de urgencia o envejezca a causa de la temática que glosa. Ironía a ratos desgarrada, dolorosa repito, pero a la vez sonriente y sin amarguras. Para decirlo sobre sus propios versos, “sin hacer cuenta nueva ni borrón, haciendo de tripas corazón, haciendo de sus tripas, algún son”. Pudiera asimismo tenerse en cuenta el detalle que algunos de sus temas con asuntos más crudos, son sones o guarachas, musicalmente arriba, alegres, bromistas, no enmascarando ni tergiversando sus filos, pero sí dulcificándolos un poco.

A propósito de géneros musicales, ya escuché a algunos entusiasmados colegas, afirmar rotundamente que Tony Ávila es el “relevo” de grandes de nuestra música como el Guayabero, o un Ñico Saquito. No esconde el trovador ni tampoco este cronista, que la influencia de tales gigantes, y de unos cuantos otros de ayer y de hoy, ronda visible y sin negarse dentro de sus composiciones. Pero, ni la cultura es carrera que necesite de la posta siguiente, recogiendo imaginarios batones de seis cuerdas (y ni la imperecedera obra de Antonio Fernández o de Faustino Oramas requieren de relevos o sustituciones), ni hay que poner rápidas etiquetas a lo que crece.

Aunque son respuestas dichas en el ámbito privado de la amistad, pongo bajo mi nombre las opiniones del artista sobre este tópico. Este creador, con todo respeto pero en busca de voz propia, simplemente pretende ser el mejor Tony Ávila posible. Vivan las buenas influencias, siempre y cuando bien asimiladas y devueltas con identidad nueva y queden atrás las etiquetas, que siempre encierran y limitan.

Porque ocurre, y volvamos a Rodríguez Rivera, que “quien ceda a la clara y divertida tentación de Tony solo un guarachero y un sonero (que no es poco), se perderá el lirismo de sus canciones de amor”. Citemos bajo esta afirmación temas como “Títere”, “Amor cromagnon”, la bellísimaElla fue”, o esa bachata (hecha como Dios y la bachata mandan, sin artilugios guitarreros reiterados e infames que tanto rondan ahora por ahí pretendiéndose bajo este género), como “Solo para dos”.

Subrayado además dentro de las canciones, y hago extensiva al resto de su obra la idea de que Tony es un preocupado por la estructura y las ideas que defienden sus textos, para “Mundo de los más”, y esa tremenda y conmovedora “micasa.cu”, dos temas de muy sólida factura, sobre todo en sus idearios, cual bandera de las posturas de su hacedor. Destaque también para la participación de Ivette Cepeda, bien acoplada y exquisita en “Silbando un bossa–nova”, y de Ernán López–Nussa. Aunque en la inclusión del piano en esta obra, en el tema “Al sur de tu garganta”, noto una de las poquísimas sombras del disco.

Al parecer, según los créditos, el piano se grabó por separado, incluso en otro estudio, y a la hora de la mezcla y la masterización, quizá faltaron ciertos ajustes en ese corte. La voz de Tony, en todo el disco clara y en un bien ajustado primer plano, incluso cuando a dúo, contrasta aquí con el piano. El instrumento luce un poco sumergido, con menos brillo y color, tras la voz que aquí suena entonces un tanto áspera, desnuda, demasiado cercana respecto al segundo plano. Tal desnivel, que no impide que sea igualmente un excelente tema en letra, música, interpretación y canto, desentona un poco con el resto del disco. Cada plano sonoro en el resto de las pistas está bien ubicado y se escucha limpiamente cada detalle de los arreglos, instrumentos y voces. De cualquier modo, tal mancha para nada impide ver, o mejor, oír la luz.

Vale destacar también la hermosa ilustración, esa Cuba vuelta cuerpos amorosos en desnudo abrazo, que centra el diseño de Rafael Pérez Alonso. Asimismo, el detalle de acompañar de signos geográficos los créditos, es un agradable guiño que alegra la lectura.

Sea entonces bienvenido este compacto, …en Tierra, de Tony Ávila. Ya su autor nos ha dado buena muestra de sus posibilidades e intenciones como creador. Para su público, y más, para la buena salud de nuestra música, esperemos sigan apareciendo artistas, discos y obras como esta. A Tony Ávila, las gracias por regalarnos este registro y que tenga los mejores deseos de para que haya obras tan bien logradas como esta que se repitan lo más a menudo posible.

 
 
 
 


galerÍa de imágenes

El Patio de Baldovina con Tony Ávila
 

Spot de El Patio de Baldovina

   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
Información sobre el resultado del Debate
(.pdf, 394 Kb)
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.