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En días en que se
discute con fuerza el
papel de los media
en Ecuador, Marco
Tulio Restrepo,
subsecretario de la
región Centro
Oriente-Tena, del
Ministerio de Cultura de
Ecuador, presente en el
Encuentro-Taller de la
Red de Redes en Defensa
de la Humanidad, ofreció
sus consideraciones a
La Jiribilla sobre
el rol de la
comunicación en la
construcción democrática
de la nación. Restrepo,
además, señaló los
principales retos del
gobierno y de la
intelectualidad de
izquierda en un país que
busca el Buen Vivir como
punto de partida para
proponer nuevos modelos
de desarrollo en el
contexto
latinoamericano.
Hace solo unos días, la
SIP (Sociedad
Interamericana de
Prensa) efectuó una
visita al Ecuador para
“verificar la situación
de los medios” a
propósito de que el
presidente Correa se
mostrara rotundo ante
los ataques de la prensa
burguesa a su gestión de
gobierno. ¿Cómo valora
la postura del
mandatario respecto a
este asunto?
Existen nuevos vientos
para América Latina.
Antes la propuesta
ideológica y cultural de
la derecha imperaba en
toda la región, pero en
la actualidad han
surgido diferentes
gobiernos patrióticos,
de izquierda, que creen
en la integración. Uno
de ellos es el del
presidente Rafael
Correa, con un programa
popular, que realmente
rescata la función que
debe tener el estado en
la planificación, en la
economía, en la salud.
Esto representa un salto
desde el modelo
neoliberal impuesto por
los otros gobiernos que
habían provocado
prácticamente la
bancarrota del estado
ecuatoriano,
convirtiéndolo en un
estado fallido,
inviable. Lo que se está
haciendo hoy es
recuperar el espacio que
tiene la sociedad en
defensa de los intereses
más caros del pueblo.
En esa perspectiva, se
ha dado un retroceso de
los partidos
tradicionales de la
derecha; el espacio que
han dejado los
socialcristianos, la
izquierda democrática,
el Partido Liberal, el
Partido Renovador
Institucional Acción
Nacional del exportador
bananero Álvaro Novoa,
ha sido llenado por
ciertos medios de
comunicación,
especialmente los
nacionales. La prensa,
la radio o la televisión
ya no fungen como
informadores o
conductores de la
opinión, sino como
actores políticos.
Jugando ese papel, son
los medios lo que hacen
la oposición al
presidente Correa.
Si bien no es la
totalidad de la prensa,
los medios más
importantes dentro del
país han iniciado una
campaña para bloquear,
para deslegitimar, para
desprestigiar el trabajo
del gobierno, hasta el
punto de efectuar
ataques de manera
personal, como ocurrió
en el periódico El
Universo contra el
propio Presidente. El
articulista que
cuestionó a Rafael
Correa estaba en
contubernio con los
dueños del periódico,
miembros de la
oligarquía más rancia de
Guayaquil. A partir de
este hecho, el
Presidente ha asumido
una posición frontal en
contra de lo que
significa que los medios
se conviertan en actores
políticos,
distorsionando
totalmente el papel que
deben jugar en la
sociedad.
Como alternativas, en el
Ecuador y otros países
de América Latina se
impone la propuesta de
la radio, la televisión
y los periódicos
públicos, que actúan
como contrapeso ante la
desinformación provocada
intencionalmente por
aquellos sectores. La
lucha ideológica que
tiene que darse pasa,
sin duda alguna, también
por los medios de
comunicación, los cuales
pueden vehiculizar las
nuevas ideas sobre la
integración
latinoamericana, para
recoger el legado de
nuestros próceres, de la
patria Grande, de
Nuestra América, de la
posibilidad de construir
un espacio donde los
latinoamericanos no
seamos subordinados a
las políticas imperiales
de los EE.UU.
Los medios de
comunicación de la
derecha en nuestro país
se encuentran en el
centro de una cruzada en
contra de una ley que
fue sometida a consulta
popular con toda la
ciudadanía por parte del
Presidente, para la
aprobación, entre otras
medidas, de aquella que
plantea que los dueños
de los medios no deben
tener intereses en los
sectores financiero,
económico o productivo,
como sucedía antes. Por
otro lado, hay una Ley
de Comunicación en la
Asamblea Nacional
impulsada por el partido
de gobierno y por el
Partido Socialista de
Frente Amplio para
definir incluso los
contenidos de los
medios, que hasta hoy
tienen carácter sexista,
violento, de una
creación de antivalores
relacionadas con el
narcotráfico, con el
dinero fácil, con el
asesinato. Alrededor de
la Ley de Comunicación
se ha aglutinado toda la
derecha para tratar de
bloquear su aprobación e
incumplir con el mandato
dado por el pueblo
ecuatoriano en las urnas
a través de la consulta
popular.
En el Encuentro de la
Red de Redes se ha
debatido acerca de la
relación
estado-gobierno-ciudadanía.
¿Cómo se maneja en
Ecuador el asunto de
ciudadanizar la política
y politizar la
ciudadanía?
Hay una diferencia entre
estado y gobierno, y el
estado es una instancia
de mediación social
amplia, mientras el
gobierno es lo que el
Ecuador logró a través
de una alianza entre el
Movimiento País y el
Partido Socialista de
Frente Amplio. El
gobierno está lanzando
propuestas, apoyando un
programa a favor de la
ciudadanía que habrá que
profundizar y
radicalizar. El estado,
en tanto instancia
mayor, tiene reductos
como la Corte de
Justicia, que antes
había sido un espacio
para la derecha, para la
oligarquía, para los
privilegiados. Ahora el
presidente Correa, con
una comisión tripartita,
ha podido hacer las
reformas que el pueblo
ecuatoriano necesita
para que exista
realmente justicia en el
país.
La relación entre
partidos, movimientos y
gobierno está, como
todas las
construcciones, no
exenta de conflicto. Sin
duda, habrá problemas
hasta que no se entienda
que los cambios deben
ser sintonizados en
función de objetivos y
de programas concretos.
Muchas veces ciertos
sectores que exigen una
mayor radicalización
terminan haciéndole el
juego a la derecha y no
entienden que los
cambios tienen sus
propios ritmos y que el
corporativismo, la
defensa de espacios
pequeños al interior de
la sociedad, no tiene
cabida como agenda
dentro del presente
gobierno.
El gobierno tiene que
profundizar el sentido
de la democracia, debe
existir un estado que
permita el debate de
todo lo que se está
haciendo a todos los
niveles, como garantía
para poder avanzar.
Hay, en efecto, algunos
temas pendientes dentro
del nuevo gobierno. Con
respecto a la reforma
agraria, los socialistas
hemos estado impulsando
un proceso de discusión
que permita la
realización de la misma
en el Ecuador, porque
una de las deudas que
tiene el gobierno de
revolución ciudadana es
la estructura de la
tenencia de la tierra,
totalmente injusta para
miles de campesinos,
indígenas, cholos,
negros y montubios. La
constitución de estos
sujetos como actores
políticos es otra de las
tareas que debemos
emprender para dotar al
proceso de cambio de
ciudadanía, de quienes
en definitiva serán los
garantes de la
transformación que
buscamos.
¿Hasta qué punto los
intelectuales de una
izquierda que parece
sufrir un proceso de
fragmentación y de
invisibilidad en la
región, tiene, en el
Ecuador, la oportunidad
de acompañar
críticamente las
transformaciones y de
convertirse en una voz
escuchada, nuevamente
visible?
Todo proceso de este
tipo es un camino
difícil, lleno de
discrepancias,
conflictos, visiones
diferentes al interior
de la sociedad. Los
procesos políticos deben
estar necesariamente
cruzados por ciertas
discrepancias sobre cómo
llevar adelante los
cambios. En Ecuador ha
sido muy favorable la
alianza entre el PS y el
Movimiento País del
presidente Correa. El
PS, con décadas de
existencia, ha mantenido
una ideología clara
respecto al cambio.
Otros sectores de la
izquierda han tomado
distancia por diferentes
razones: unos defienden
el corporativismo y la
gremialización dejando
de lado los intereses
más altos del pueblo;
otros sectores más
radicales miran el
proceso de la revolución
ciudadana como el sostén
de una política
extractivista, sin tener
en cuenta, por ejemplo,
que el Presidente ha
definido el rol de las
compañías petroleras sin
concesiones ni
imposiciones de precios
y manteniendo la
soberanía con
participación.
Los diferentes puntos de
vista han hecho que
algunos sectores se
separen del proceso de
cambios. En la
actualidad, lo más
importante es medir el
momento histórico en que
se vive, apuntalar las
transformaciones y
entrar en un proceso de
discusión y de
democratización de la
política mucho más
amplio. Donde no hay
democracia, no existe la
posibilidad de generar
ese hombre nuevo del que
habló el Che, un hombre
que no olvide a las
masas empobrecidas de la
ciudad y del campo.
En la pasada Feria del
Libro de La Habana, la
Ministra de Cultura de
Ecuador se pronunció
sobre las perspectivas
del proyecto
integracionista ALBA-TCP
en torno a la cultura en
la región. ¿Qué
esperanzas depositan los
intelectuales del área,
y de su país
específicamente, en esta
iniciativa?
Dentro de su
administración y sobre
una discusión colectiva,
Érika Silva ha definido
los ejes programáticos
del Ministerio de
Cultura en Ecuador, en
torno a la
descolonización, la
reivindicación de los
derechos culturales, la
nueva identidad
contemporánea y los
emprendimientos
culturales. El asunto de
la integración pasa por
la descolonización de
los saberes y de los
poderes, es decir, de la
mente y de las formas en
que el colonialismo
pervive obviando las
diferencias y atacando a
los procesos de unidad
latinoamericana.
En el Ecuador, el
gobierno del presidente
Correa es el primero que
ha dado pasos hacia
políticas efectivas de
integración. El estar
dentro del ALBA es ya
una respuesta a lo que
significa ceder a la
imposición, a la
dominación, a las
políticas neoliberales
que tanto daño han hecho
al país. Estamos
liderando la nueva
arquitectura financiera
de la región con el
Banco del Sur, y
promoviendo el Sucre
para dejar de lado al
patrón dólar. Creemos
que los países
bolivarianos, los países
latinoamericanos, deben
tener propuestas
distintas desde el punto
de vista financiero,
sacar los recursos y
reservas de los EE.UU.,
en contra de las formas
impuestas por el FMI y
el BM. Desde nuestro
punto de vista es el
camino señalado desde
Bolívar y Martí, para
quienes tenemos una
historia y un destino
común. |