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En 1978 el poeta
Hildebrando Pérez Grande
fue reconocido con el
Premio Casa de las
Américas por
Aguardiente, un
libro dedicado al mundo
andino que trascendió
como evidencia de una
postura ética en contra
de la marginación y las
injusticias en torno a
los sectores humildes
del Perú. En la
actualidad, como
director de la Escuela
de Literatura de la
Universidad de San
Marcos, director de la
revista de Arte y
Literatura Martin,
y activo militante
político de izquierda
vinculado estrechamente
a la Revolución Cubana,
el escritor declara que
mantiene su lucha por
los sueños que defendió
la generación de la
utopía en los 60.
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Ante la esperanza que
significó la elección de
Ollanta Humala como
nuevo presidente de su
país frente a la hija
del dictador Alberto
Fujimori, Pérez Grande
envió a la Casa de las
Américas en Cuba un
mensaje anunciando su
postura: “para nuevas
batallas y canciones,
sobre la tierra
estamos”. Este julio, un
día después de la toma
de posesión del
mandatario, el poeta
conversó con La
Jiribilla sobre los
retos del nuevo
gobierno, la posición de
los intelectuales y el
futuro de la izquierda y
los movimientos sociales
en su país.
El Banco Mundial propuso
un Nuevo Paquete de
Notas Políticas para el
Perú que habla de la
necesidad de continuar
con un proceso de
desarrollo basado en el
modelo actual con
crecimiento alto y
sostenido. Sin embargo,
la propuesta del
presidente Humala
plantea un crecimiento
económico con inclusión
social…
Esta es una de las
propuestas de Ollanta
Humala que sensibilizó
al pueblo y logró calar
en la simpatía de los
movimientos sociales,
democráticos,
progresistas de
izquierda del Perú. Es
el momento que todos
esperamos: que nuestros
pueblos originarios, las
clases sociales y
políticas más
necesitadas, más
deprimidas, más
olvidadas, puedan ser
atendidas por el
gobierno.
José María Arguedas, el
novelista peruano,
escribió que en nuestro
país se viven todas las
patrias y todas las
sangres. Perú buscará la
unidad dentro de la
diversidad cultural con
el respeto a las
minorías étnicas y
fortalecerá a través de
una educación bilingüe
—es
la propuesta de Humala—
el respeto a las
identidades culturales.
Por otro lado, el
gobierno ha planteado
atender a la política
económica del mundo
amazónico y del mundo
indígena quechua y
aymara.
Según la propuesta del
comandante Humala, se
creará un nuevo impuesto
a las ganancias
extraordinarias de la
minería en el Perú. Si
se ha dado un desarrollo
económico en estos
últimos años en el país,
se debe a la explotación
del oro, la plata y
otros minerales, que en
estos momentos en la
bolsa mundial están en
alza continua. Las
compañías mineras con
capital francés, chino,
israelita, canadiense,
etc., deberán pagar un
impuesto especial ahora
que están obteniendo
elevadas ganancias. No
se trata de recortar la
explotación de los
medios de la derecha,
sino de hacer pagar
impuestos en función de
la sobreganancia para
atender las necesidades
más perentorias de los
universos urbanos,
indígenas y amazónicos.
Esto es lo que logra en
nosotros una simpatía,
una expectativa, un voto
de confianza. No
obstante, los primeros
gestos políticos de
Ollanta nos preocupan
porque los nuevos
Ministros de Economía,
de Comercio, Industria y
Turismo, y el Director
del banco Central de
Reserva del Perú son
personalidades políticas
que pertenecen al
gobierno anterior de
Alan García.
Obviamente, queremos
leer con buena voluntad
estas decisiones, como
gestos del nuevo
gobierno para que la
derecha no lo satanice,
y para que los
diferentes sectores
inversionistas
extranjeros no se
asusten y huyan del
país, lo cual afectaría
la marcha económica de
la nación. En ese
sentido esperamos que el
Presidente marque las
pautas para estos
Ministerios y no sea
este un gesto que luego
haya que lamentar.
Si se ha prometido un
desarrollo inclusivo, no
queda otra opción que
cumplirlo, pues, por el
contrario, se creará una
contradicción que traerá
problemas candentes en
los mundos andino y
amazónico. Estos pueblos
han tenido un gesto de
buena voluntad al
detener sus protestas en
el marco de la elección
de un nuevo gobierno
para entablar un diálogo
con el presidente Humala.
Pero si el mandatario
falla, puede esperarse
una ola de reclamos,
paros y huelgas que
serán bienvenidos por
los medios de
comunicación para
enfrentar abiertamente
al nuevo mandatario.
Esta reacción, sin duda,
desorientará y
desarticulará a un
movimiento que se ha
unido en apoyo de la
candidatura de Humala.
Por último, en medio de
las esperanzas tampoco
se puede
sobredimensionar esa
suerte de progresismo o
de izquierdismo del
Presidente electo, a
pesar de que dentro de
su gobierno hay
elementos que responden
a las culturas
históricamente
marginadas o a las
fuerzas progresistas en
nuestro país.
Como mismo al producirse
la elección de Ollanta
Humala algunos
intelectuales se
pronunciaron sobre la
significación de este
suceso para la
izquierda, los
movimientos sociales,
los excluidos, ahora,
sin demora alguna,
alertan sobre los puntos
contradictorios que
puede enfrentar el
gobierno…
Es necesario recordar
que el Perú vivió una
década muy violenta en
los años 80. Como
resultado de esa época
violenta, en los 90
vivimos otro hecho muy
difícil, en el que se
violaron los más
elementales derechos
humanos durante el
gobierno de Alberto
Fujimori. Por un cuarto
de siglo nuestros
sectores populares más
necesitados, la clase
media que se está
recomponiendo en el país
y los intelectuales,
artistas y profesores,
hemos visto la elección
de Humala como un punto
de partida para generar
nuevos movimientos de
reivindicación social.
Hay un espacio en el que
podemos trabajar,
fortalecer la Red de
Intelectuales, las Casas
de Amistad con los
países latinoamericanos,
apuntalar nuestra
política de actos
culturales en favor de
la excarcelación de los
Cinco Héroes cubanos y
otras acciones
solidarias. Comprendemos
que este puede ser un
marco para apoyar desde
la crítica el avance en
función de los intereses
del pueblo. Nuestra
propuesta es apoyar
todas las medidas de
inclusión social, de
respeto a las
identidades culturales y
al medio ambiente, y de
defensa a los más
elementales derechos
humanos.
Durante la reciente
visita del presidente
Humala a Cuba, se abordó
con especial interés el
tema de la integración
latinoamericana y de la
inclusión del país a ese
proceso, uno de los
pendientes dejados por
los gobiernos
anteriores. ¿Qué puede
esperar América Latina
del Perú en ese sentido?
Siguiendo el discurso de
Humala, puede señalarse
que el Perú ocupa un
lugar con el que puede
obtener cierto
predicamento el espacio
político de nuestro
continente. Hasta la
fecha, el Presidente lo
ha declarado y ha
visitado protocolarmente
varios países del área
para fortalecer las
relaciones
político-diplomáticas de
nuestro país, pero a su
vez manifestar también
—aunque
no muy abiertamente para
no ser víctima de la
prensa derechista—
solidaridad y empatía
con los lineamientos de
política exterior que
proponen agrupaciones
por áreas y otras
iniciativas regionales.
Esto es bien recibido
por los pueblos del
Perú, por los sectores
democráticos, por la
gente que no se ha
podido asustar por las
tergiversaciones de la
derecha sobre la
política exterior que
proponía Humala. El
Presidente, en ese
sentido, ha actuado de
manera muy inteligente y
sutil, reconociendo a
los países
latinoamericanos,
expresando en primer
lugar que pretende crear
una política que
corresponda al Perú.
Si nos remitimos a
Carlos Mariátegui,
podemos decir que en el
Perú lo que nos falta es
una creación heroica:
volver a nuestras
raíces, a nuestras
fuentes políticas y
sociales y diseñar un
perfil propio que
evidentemente responde
también a las
inspiraciones ofrecidas
por Cuba, Brasil y otros
países de América
Latina, para dibujar una
nueva imagen de nuestro
continente.
¿Es posible una mayor
unidad de la izquierda
dentro del Perú en medio
de un panorama regional
que muestra en la
actualidad una gran
dispersión de la misma?
También en el Perú el
movimiento de izquierda
está muy fragmentado.
Esta situación se generó
a partir de los años 70
y 80. Primero, porque se
hizo una lectura muy
ideologizada de la
realidad peruana, y, por
otro lado, porque no
hemos sido capaces de
pensar con nuestras
propias ideas. Hemos
caído seducidos por el
hechizo de otras
posiciones y lecturas
políticas que si bien
dieron resultados en
otras realidades, no
tenían por qué responder
a nuestras expectativas.
Además, logró
entronizarse el
personalismo, el
mesianismo, el
dogmatismo, el
sectarismo. Estamos
pagando las lecturas
rápidas, las
apreciaciones injustas y
retorcidas de nuestra
realidad social.
Felizmente estamos
saliendo ya de ese pozo
oscuro. Ahora en el
Perú, también están
sobre el tapete algunas
preguntas como ¿qué es
ser de derecha?, ¿qué
representa la
izquierda?, ¿cuáles son
las propuestas
ideológicas de ambas?...
Antes los numerosos
partidos de tendencia
comunista parecían
apuntar a la toma del
poder, pero después
resultó que era puro
figuritismo, vedetismo.
Al fin y al cabo, ahora
estamos empezando el
siglo XXI con un proceso
político nuevo y una
realidad que vuelve a
reclamar el protagonismo
de la izquierda.
Lo más difícil es
reconocer qué nos
convoca. En este
momento, nos convoca la
necesidad de dejar de
lado todas las políticas
mezquinas, dogmáticas,
sectarias, para
responder a las
necesidades de nuestros
pueblos, cumplir con
ellos, ser una
generación que asuma el
deber moral y ético de
hacer realidad nuestros
sueños de justicia
social.
En este encuentro usted
ha anotado con
particular insistencia
que entre los electores
de Humala está el
universo andino y
amazónico, sectores
invisibles dentro del
Perú. ¿Desde la poesía,
desde la literatura,
desde la cultura, cuánto
puede aportarse hoy a la
reivindicación de estos
pueblos?
La literatura peruana,
sobre todo la narrativa,
se inspiró, atendió, fue
sensible a la lucha del
hombre y el universo
cultural andino. Los
mundos quechua y aymara
alcanzaron las páginas
en blanco de los
escritores como José
María Arguedas y Ciro
Alegría, quienes
universalizaron esas
culturas. El gran
olvidado del siglo XX ha
sido el Amazonas.
Después de 500 años,
algunos están
descubriendo al hombre
amazónico. Estamos
repitiendo la misma
figura de hace medio
milenio, cuando los
conquistadores
descubrieron el paisaje
y las riquezas
naturales, pero
olvidaron al hombre.
El andino, protagonista
de nuestra historia,
forma parte en la
actualidad de todo el
conglomerado social y
político de nuestro
país. A ese universo se
ha sumado con mucha
fuerza el mundo
amazónico. Con el
Baguazo aparecen el
hombre y las
colectividades del
Amazonas. Antes la
sociedad peruana tenía
una mirada algo frívola
de ese cosmos, pero hoy,
a pesar de que no son
muchos los habitantes de
esa zona, estos pueblos
se han vuelto más
visibles.
En los últimos años, el
mundo amazónico se ha
venido restituyendo en
la poesía y la narrativa
con grandes diferencias
de las visiones
distorsionadoras
anteriores. Como ejemplo
valdría apuntar que el
año pasado, la Casa de
las Américas publicó la
novela Las tres
mitades de Inomoxo,
del gran escritor
peruano César Calvo, un
respetable libro sobre
el universo del
Amazonas.
Por el contrario, ese
mundo ha sido tratado en
profundidad por la
antropología y otras
ciencias sociales. Desde
hace algunos años en
nuestras universidades
se pone especial
atención a estas
comunidades, desde el
punto de vista
económico, social,
cultural y religioso.
La literatura, salvo la
literatura oral, todavía
tiene grandes deudas con
esos pueblos. Por ello,
a través de los
lingüistas, los
antropólogos y los
cursos de literaturas
orales, hemos emprendido
la recopilación de las
canciones, las leyendas
y mitos de los pueblos
originarios, para que en
los próximos años pueda
difundirse en todo su
esplendor. |