La Habana. Año X.
30 de JULIO al 5
de AGOSTO de 2011

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Naturaleza extrema de
Ariadna Gallardo Valdés
Virginia Alberdi • La Habana

Distante de corrientes y modas, ha desarrollado una obra con una fuerte marca identitaria Ariadna Gallardo Valdés, santiaguera de nacimiento y santiaguina (chilena) de residencia, sin  lugar a duda, una presencia muy particular en el arte cubano contemporáneo.

Nos referimos a una creadora egresada de la escuela de Artes Plásticas José Joaquín Tejada, de Santiago de Cuba, y luego del Instituto Superior de Arte en La Habana. Por línea materna tiene dos valiosos antecedentes artísticos: su abuelo, René Valdés, fue una de las figuras fundamentales del arte escultórico en la región oriental en el siglo XX, y su madre, Julia Valdés, se inscribe como una de las artistas que con mayor relieve ha cultivado la abstracción en las últimas décadas.


Sin título

La imaginería de la artista tiene mucho que ver con la realidad de los sueños, adentrándose en una zona fronteriza entre la vigilia y el delirio. Una especie de naturaleza extrema aflora en la superficie de sus cuadros.

Pareciera que en el plan de la creación de Ariadna surge el dato de una construcción lacaniana: la revelación de un cisma entre la realidad y el deseo. Pero cuando nos aproximamos desprejuiciadamente a sus composiciones, es posible advertir la dialéctica del juego, una expresión lúdicra que desacraliza el temor a los abismos.

Es evidente en sus obras una deuda con el oficio de la ilustración, solo que esa huella se instala desde una perspectiva mucho más cercana al trato con el pop y las culturas urbanas que a la tradición descriptiva convencional, producto en buena medida de su formación académica rigurosa que se aprecia en su aval  curricular.  Esto, obviamente, guarda una estrecha relación con el eje temático central de su obra, en el cual se privilegian las figuraciones simbólicas o, mejor dicho, las transfiguraciones oníricas. A varias de sus obras, en tal sentido, le calzarían con justeza estas palabras dichas por el teórico alemán Hans Joachin Wortaimer al pasar balance de la experiencia surrealista: “El símbolo se transmuta en realidad visible cuanto más se oculta al entendimiento de la pupila, puesto que lo que no se quiere es una simple decodificación. De ahí que el símbolo pierda, sin que nos demos cuenta, su abstracción para reconvertirse en una noción apreciativa al alcance del entendimiento humano”.


"El Beso"

Si nos atenemos a esa definición, en los trabajos de Ariadna pueden darse diversos niveles de interpretación, no necesariamente taxativos ni unívocos. Es, a fin de cuentas, una poética abierta y sugerente que se inscribe con fuerza en una línea que si bien en Cuba no se ha hecho tan notable, en América Latina, específicamente en México, presenta dos valiosos antecedentes: Frida Kahlo y Leonora Carrington. Sin embargo, esto no más debe tomarse como referencia al hacer un recorrido a través de su obra, la joven creadora se afirma en una parcela de particular resonancia personal, que para nada tiene que ver con los traumas de las predecesoras. Los caminos de nuestra artista responden a otros desafíos y tribulaciones.

Nadie, estoy segura, permanecerá impasible ante la incisiva pintura de Ariadna Gallardo Valdés, porque cuando se vuelva la vista, permanecerá en la retina la huella del registro pictórico de una personalidad artística que ha sabido labrarse un mundo propio.

 
 
 
 
   
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.