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“Crear conciencia es una
de las tareas más
difíciles en estos
tiempos, pero si nos
asustamos ante la
magnitud de la empresa,
nos sorprenderá el siglo
XXII, si es que la
humanidad llega hasta
entonces, en las mismas
terribles condiciones en
que estamos hoy.”
Con esta convicción
comenzó el diálogo
Aminata Traoré, una
mujer maliense que es
todo un símbolo de las
luchas por la justicia
social y la emancipación
de la mujer en el
continente africano.
Exministra de Cultura de
Mali, impulsora de la
participación africana
en las diferentes
ediciones del Foro
Social Mundial”, autora
de los ensayos:
“L’étau
(l’Afrique dans un monde
sans frontières)”
y
“L’
Afrique humiliée”,
conversé con ella
durante el
IV Foro de la
Afrodescendencia,
efectuado recientemente
en Caracas.
Durban 2001 fue, a todas
luces, un punto de
inflexión en la batalla
contra la discriminación
racial y por la
vindicación de los
afrodescendientes a las
civilizaciones modernas.
¿Cuánto se ha avanzado
hasta hoy?
Desde el punto de vista
de los documentos, la
conferencia de Durban
fue una reunión
impecable. Hubo consenso
en aprobar un discurso
dirigido a erradicar el
racismo, la
discriminación racial y
sus formas conexas, y
por aprobar una agenda
dirigida a vincular los
problemas de la igualdad
entre pueblos y naciones
con un desarrollo
sustentable. Pero una
cosa son los discursos y
otra bien diferente la
realidad. Vayamos a la
esencia de los
fenómenos. ¿Por qué se
discrimina a los
africanos en Europa?
Cierto que llegan en
masa en embarcaciones
precarias. ¿Pero por qué
lo hacen? Pocos hablan
de la raíz de los
desplazamientos forzosos
por guerras y hambrunas.
Las primeras son
causadas por conflictos
que tienen su origen en
las consecuencias de
siglos de explotación
colonial, acentuadas
ahora por las formas de
dominación neocolonial.
El hambre es hija
directa de las políticas
neoliberales que nos han
impuesto. Las antiguas
metrópolis, y las
transnacionales que las
han sucedido, solo ven a
África como fuente de
recursos naturales,
donde el recurso humano
es la última escala.
¿Le duele África?
Sepa que el 50 por
ciento de las víctimas
de las guerras está
allí, la mayoría de los
refugiados del mundo son
africanos; nuestros
niños son carne de
cañón. Si hay una
región en el mundo que
paga un pesado tributo
al mundo actual es
África. ¿Lo merecemos?
¿Somos unos inútiles?
No, la prosperidad del
Norte está asentada en
la explotación de otros
lugares del planeta y
este contribuye
enormemente. Los
occidentales no ven el
mundo al completo.
¿Cuál es la situación de
la mujer africana al
término de la primera
década del siglo XXI?
Afrontamos un doble
desafío. Todavía están
presentes formas de
dominación patriarcales,
donde el machismo es la
norma. Pero no podemos
luchar solo por una
reivindicación de
género, sino tenemos que
involucrarnos mucho más
en la lucha por la
justicia social.
¿Qué puntos en común
pudieran enlazar hoy las
aspiraciones de los
pueblos de América
Latina y África?
Veo con optimismo la
formulación de la
alianza entre África y
América Latina en el
mecanismo denominado
ASA. El papel de la
Venezuela de Hugo Chávez
debe ser fundamental en
lograr que esa alianza
no quede en letra
muerta.
¿Qué valor le atribuye a
que las Naciones Unidas
hayan declarado 2011
como el Año
Internacional de los
Afrodescendientes?
Un año no basta. Aquí,
en Caracas, ha cobrado
fuerza la idea de
proyectar un decenio de
reivindicaciones. De
todos modos hay que
potenciar nuestras voces
por dondequiera que
puedan ser escuchadas. |