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Interferir en
los destinos del pueblo
cubano es un arraigado
hábito del gobierno de
los EE.UU. La publicación de la
“Solicitud de propuestas
para la Participación en
actividades cívicas en
Cuba” por el Departamento
de Estado norteamericano
es, al mismo tiempo, un
documento que pudiera
constituirse en
antología sobre la
ignorancia acerca de la
mayor de las Antillas y
una prueba fehaciente de
sus ansias de
intromisión en el
destino de un país
soberano.
La existencia de esta
solicitud de propuesta
se conocía desde finales
de junio de 2011 y
equivale, según un
artículo de El Nuevo
Herald,
“a una decisión del
Departamento de Estado
para seguir adelante con
los preparativos para
los programas sobre
Cuba, y para no tener
que esperar hasta que
(el senador demócrata
John) Kerry levantara su
‘detención’”, o sea, la
retención de los $20
millones destinados por
el gobierno de los
EE.UU., según sus
términos
“para programas que
promueven la democracia
en Cuba”, que son en
realidad dinero para
financiar la subversión
en la Isla. Cínicamente,
los EE.UU. pregonan no
solo sus intenciones de
financiar la
contrarrevolución, sino
que publican las cifras
destinadas para ello.
Como si darle dinero a
la subversión fuese algo
novedoso y no un método
habitual que vienen
practicando desde hace
más de cinco décadas, la solicitud de
propuestas fija ítems a
los cuales podrán
destinarse las
iniciativas de
organizaciones radicadas
en territorio
norteamericano o no, y
las invita a que
“esbocen conceptos de
implementación
innovadores (incluyendo,
entre otros, la
distribución de pequeñas
donaciones de dinero en
efectivo”. De "pequeñas
donaciones" está plagado
el camino del imperio.
El texto de la
convocatoria se refiere
a que “en la medida de
lo posible, los viajes
de los ciudadanos
estadounidenses deberán
estar limitados. Se
prefiere que este
personal hable el idioma
español de manera
fluida, posea un
entendimiento sólido del
contexto cultural y
tenga experiencia
anterior sobre la Isla,
con vistas a aumentar al
máximo la eficiencia en
este entorno operativo
único”. Leído entre
líneas con atención,
este par de oraciones es
una confesión
sottovoce, de que
para trabajar por una
supuesta mejoría de la
democracia en Cuba, los
EE.UU. han estado
enviando personas que no
conocen el país ni su
historia ni su gente, de
lo cual se deduce que no
vienen a compartir
estrategias de
desarrollo, sino a
imponer sus planes de
dominación de nuevo
tipo.
Usando el término
acuñado por el
periodista español
Pascual Serrano,
diríamos que entre "las
perlas" del texto está la
afirmación de que se
destinarán $200 000 al
fortalecimiento de la
inclusión de las
personas con
discapacidades. El plan
es tan absurdo en cuanto
que el propio documento
refiere que tales
derechos están
“expresados en la
legislación cubana y en
las convenciones
internacionales de las
cuales Cuba es parte,
tales como la Convención
sobre los Derechos de
las personas con
Discapacidades”.
Entre los elementos que
"aporta" el documento
está el “incluir el
trabajo con las
asociaciones locales
para promover y ejecutar
sus actividades en zonas
distantes y participar
en eventos patrocinados,
tales como las
Olimpiadas Especiales”.
Solo quien no conoce la
sociedad cubana puede
afirmar que los
discapacitados cubanos
necesitan de las migajas
del Departamento de
Estado norteamericano
para participar en
competencias deportivas
internacionales. En
febrero de este año, el
periódico
Juventud Rebelde
daba cuenta del regreso
a la Isla del
“‘supertrío’ de atletas
cubanos que participó en
el Campeonato Mundial
para ciegos, débiles
visuales y limitados
físico-motores con sede
en Christchurch, Nueva
Zelanda” y refería que
“Yunidis Castillo,
categoría T-46
(amputación de miembro
superior), Omara Durand,
T-13 (débil visual), y
Leonardo Díaz, F54-55-56
(parapléjico),
acumularon seis metales
áureos”. Para quien
desee consultarla, en
Internet se encuentra
disponible una
investigación de los
profesores de la
Facultad de Cultura
Física, Javier Pérez
Pérez, José Antonio Pino
Roque y Joel Rodríguez
Castro sobre
“El deporte para
discapacitados: una
panorámica
internacional, en Cuba y
en provincia de la
Habana” que
da cuenta de los avances
sostenidos que en este
campo ha tenido el país.
Por poner apenas un
ejemplo, en los XI
Juegos Paralímpicos
Sydney 2000, Cuba, con
solo diez atletas,
alcanzó ocho preseas en
total, cuatro de oro,
dos de plata y dos de
bronce.
También ignara e
insultante resulta
la pretensión de que
este dinero se revierta
en estrategias que
“contribuyan a
garantizar que las
personas discapacitadas
tengan acceso equitativo
a la vivienda,
educación, servicios de
atención médica, empleo
y otros”.
Un reporte de la Agencia
de Información Nacional,
(AIN) daba cuenta en
2002 que “Estadísticas
de la UNESCO registran
que en el mundo hay casi
600 millones de
discapacitados, de ellos
16 millones de América
Latina y Caribe. Solo el
3% de estos últimos
recibe algún tipo de
ayuda estatal”. Sin
embargo, señalaba en
comparación que “Cuba es
uno de los pocos
territorios de América
Latina que, pese a su
crisis económica,
incrementó en casi 50 la
cifra de escuelas
especiales y amplió las
capacidades para elevar
la escolarización de los
niños con diversos tipos
de dificultades. En el
2001 se cumplió el
aniversario 40 de la
creación de la educación
especial en la Isla”.
Antes de emitir
documentos como la
solicitud en cuestión, el
Departamento de Estado
norteamericano debería
conocer mejor las
estadísticas referidas a
Cuba, pero su obcecación
les lleva a creerse la
realidad inventada por
ellos mismos con su
conveniente maquinaria
de desinformación.
El despacho de
la AIN, que
probablemente hayan
omitido o silenciado, informaba que “El
primero de enero de 1959
en la mayor de las
Antillas existían ocho
escuelas especiales con
una matrícula de 134
niños, atendidos por 20
personas. Hoy suman
cuatro mil 249 centros
de esa índole, incluidos
21 hogares para niños
sin amparo filial.
“Actualmente, el
personal especializado
que labora en esas
instituciones alcanza la
cifra de 14 mil 400
docentes, entre ellos
logopedas y auxiliares
pedagógicos, encargados
de 55 mil alumnos con
deficiencias
sensoriales,
intelectuales,
físico-motores y
trastornos de conducta.”
La noticia añadía que
“Cuba cuenta, además,
con más de 260 maestros
ambulantes, vinculados a
509 niños cuadriplégicos,
a quienes llega en sus
hogares u hospitales la
educación
correspondiente”.
Seguramente, el
Departamento de Estado
nunca se enteró de esta
Cuba en tiempo real,
pues los blogs y post
que financian, no hablan
de esta realidad.
En julio de 2008 en el
portal del Centro de
Estudios para el
Perfeccionamiento de la
Educación Superior de la
Universidad de La Habana
(CEPES), se leía que
entre 2003 y 2008 la
Isla había graduado en
Cuba “unos diez mil
discapacitados en cursos
regulares impartidos en
los Joven Club de
Computación y
Electrónica” y citaba a
Ernesto Rodríguez,
subdirector nacional de
los Joven Clubes, quien
en declaraciones a la
agencia Prensa Latina,
calificaba de
“prioritaria la
incorporación de
personas con alguna
discapacidad a las más
de 600 instalaciones de
este tipo diseminadas
por la nación”.
Entre los diversos
agujeros negros de la
Solicitud de propuestas
para malgastar el dinero
del contribuyente
norteamericano, están
los $600 000 destinados
al apoyo profesional a
los periodistas. Este
apartado afirma que las
actividades ilustrativas
del proyecto pueden
incluir, entre otras, el
“Fortalecimiento de la
capacidad organizativa
de los periodistas y los
sindicatos de
periodistas
independientes de modo
que les permita mejorar
la calidad de la
cobertura de los medios
de comunicación. El
enunciado se presta a
confusión porque no
queda claro a qué medios
de comunicación se
refieren, si a los
radicados en territorio
cubano que responden a
los intereses del
gobierno y las
organizaciones
nacionales, lo que sería
de un desinterés y una
bondad sin límites, o a
los medios como Radio y
TV Martí que se precian
de tener “los más serios
y profesionales
corresponsales en la
Isla”.
Tras la "bien pensada" ayuda a los
profesionales de la
información está la de
“aumentar la conciencia,
entre los periodistas,
de sus obligaciones
profesionales y éticas”
y de nuevo la confusión
retorna, porque ¿se
referirá el Departamento
de Estado norteamericano
al
Código de Ética
y
los Estatutos aprobados
por la Unión Nacional de
Periodistas de Cuba
o a un nuevo Código de
"reporteros sin
bandera", que probable
—y afortunadamente—
desconozcamos?
El dislate llega a un
punto álgido con la
inclusión social en
Cuba, a la cual se le
reservan $ 1 000 000. “La DRL busca propuestas que
sustenten enfoques
eficaces que habiliten a
los ciudadanos cubanos
para defender
alternativas políticas
públicas que mejoren los
niveles de vida y les
permitan exigir
derechos, incluido el
acceso a la vivienda, la
alimentación, la
educación y la atención
médica”. Reconoce el
documento que estos
derechos están
contenidos en la
Constitución Cubana,
pero miente de manera
malintencionada cuando
afirma que solo pueden
estar contenidos en
algunas instancias pero
no implementados. La
Constitución de la
República de Cuba
refiere que “como Poder
del pueblo, en servicio
del propio pueblo,
garantiza:
• que no haya
hombre o mujer, en
condiciones de trabajar,
que no tenga oportunidad
de obtener un empleo con
el cual pueda contribuir
a los fines de la
sociedad y a la
satisfacción de sus
propias necesidades;
• que no haya
persona incapacitada
para el trabajo que no
tenga medios decorosos
de subsistencia;
• que no haya
enfermo que no tenga
atención médica;
• que no haya
niño que no tenga
escuela, alimentación y
vestido;
• que no haya
joven que no tenga
oportunidad de estudiar;
• que no haya
persona que no tenga
acceso al estudio, la
cultura y el deporte;
1.
trabaja por lograr que
no haya familia que no
tenga una vivienda
confortable.
A fin de cuentas, ese
millón de dólares no se
va a destinar a
contribuir a la
fabricación ni
reparación de
viviendas afectadas por
los sucesivos huracanes
que han afectado a
nuestro país, ni a comprar
los medicamentos que se
necesiten en los
hospitales y que se
encarecen por el bloqueo
impuesto por el propio
gobierno norteamericano,
sino a que los
ciudadanos cubanos
conozcan algo que ya
sabían, que el estado
cubano los protege, de
hecho y de palabra,
desde el cuerpo legal
mismo de su
Constitución.
Miente nuevamente esta Solicitud de
propuestas para la
Participación en
actividades cívicas en
Cuba cuando en el
acápite del
fortalecimiento de las
asociaciones jurídicas
independientes en Cuba,
con una disponibilidad
de $700 000 afirma que
el adiestramiento a
estudiantes de Derecho
podrá “centrar la
atención en los temas
que no se enseñan de
manera tradicional en
Cuba, como son el
derecho internacional
público”. La revisión
del
plan de estudios de esta
carrera en la
Universidad de La Habana
da cuenta que en el Plan
temático B, vigente
hasta 1994 se imparte
Derecho Internacional
Público I, con una carga
docente de 48 horas;
Derecho Internacional
Público II, con igual
número de clases;
Derecho Comercial
Internacional, con 60
horas y Derecho
Internacional Privado,
con 80 horas. Habría que
ver a qué Derecho
Internacional se refiere
el Departamento de
Estado, y si esos
abogados estarían luego
en condiciones de
representar a los presos
en las cárceles
norteamericanas de
Guantánamo que llevan
varios años recluidos
sufriendo torturas, sin
causas probables.
La Documentación sobre
Derechos Humanos, con
una disponibilidad de
financiación de $427
024, es otra joyita que
reconoce que
“actualmente, la mayoría
de los monitores e
investigadores de
derechos humanos carecen
de adiestramiento en las
habilidades básicas,
tales como la
recopilación de datos,
seguridad de la
información, información
a las audiencias
pertinentes y
colaboración eficaz”.
Dicho en un español más
elocuente: que quienes
preparan los informes de
las supuestas
violaciones de los
derechos humanos en
Cuba, ni saben
elaborarlos ni colocan
en ellos datos
confiables y luego le
llevan esos informes a
los susodichos abogados
preparados ya sabemos en
cuáles academias para
que presenten demandas
contra la Isla.
Leído en su conjunto y
con una dosis de
ingenuidad, la Solicitud
de propuestas para la
Participación en
actividades cívicas en
Cuba parecería el plan
de alguna organización
misionera que intenta
paliar el subdesarrollo
en cualquier región
intrincada del África o
expandir la buena
voluntad entre los
hombres. Para la
promoción de la solución
pacífica de los
conflictos los EE.UU.
prevén disponer de $300
000. El país que con sus
guerras imperialistas
provoca los mayores
conflictos del planeta,
pretende inmiscuirse
hasta en ¡los
resentimientos de los
centros de trabajo!
Entre las objeciones que
presenta el Departamento
de Estado a la
presentación de
propuestas para la
Participación en
actividades cívicas en
Cuba se encuentra una
muy interesante: “La DRL
no considerará
propuestas que reflejen
algún tipo de apoyo de
ningún miembro, afiliado
o representante de una
organización terrorista
designada, ya sean o no
miembros elegidos del
gobierno”. De la
afirmación se desprende
varias lecturas: una,
que los EE.UU. reconocen
la existencia de
organizaciones
terroristas dentro de su
territorio interesadas
en el tema Cuba, y que
en el pasado, estas
organizaciones
presentaron o manejaron
propuestas para
participar en
actividades “cívicas” y
“democráticas” en la
Isla.
No se sabe a ciencia
cierta si es por la
ignorancia pertinaz de
algunos sectores del
gobierno norteamericano
o porque les sobra el
dinero, que continúan
siendo aprobados
financiamientos para
incitar a la
contrarrevolución
cubana. A pesar de los
fracasos en esta
persistente tarea de más
de 50 años, no
descansan.
La lectura detenida del
documento, obviamente da
mucha más tela por donde
cortar, los ejemplos
puestos son tan solo
algunos de los más
elocuentes. Como
afirmábamos en un
texto
anterior sobre la
subvención para la
subversión interna, donde se
analizaba el destino del
dinero norteamericano en
Cuba, “este es un serial
de muy larga data, al
que seguramente en el
futuro se le agregarán
nuevos capítulos”. |