Nigro spiritual
Nigro spiritual,
sales por la boca de
mis muertos
cruzando el sendero
con tu signo varonil
de río padre.
Cada noche, tú,
eres de agua y de
viento
firme la voz,
compungida el alma.
Hoja de roca y
ceniza
se expande tu eco.
Dios te escucha
sentado al borde de
cada palabra.
Dios exprime con sus
dedos
de pájaro nocturno
el vidrio acerado
que en el cielo
reposa
y Brooklyn
se fractura
con su vértigo de
espejos
con su sangre
y tonsura.
Nigro spiritual,
somos náufragos
aquí.
Nos posee la sed
el tedio escarlata
de los petroleros.
Un hombre de botas
tan altas
amaga a una paloma.
Un hombre que va
contoneándose
con su dolor
hasta caer ante los
párpados de Dios.
Es bueno que mire,
que nos sienta
desnudos
sin ponzoña
ni hijos para
amamantar
pues que hayan
muerto.
En vigilia, yacen
las sombras
por la ventana se
espanta
su hedor a planta
silvestre,
se escurre
de Brooklyn a
Manhattan.
Sin embargo
de la noche baja un
sudario de polvo
para dar abrigo
a estos ojos
manchados
y no hay lágrimas
ni miedo lacustre o
salvaje
que ronde
tu voz
tu decir de muerto.
No lamento tu
vientre espoleado
ni tu oscuro seno
madrigal
porque de espanto
se mueren la muerte
del acero
y las frías cornisas
del Central Park.
Ay, mi voz no está
ciega
caída del lóbrego
tiempo del fruto
caído o raptado
por voces más
viejas,
las voces del jazz.
La negra canción
del algodonero,
la negra voz preñada
de fatigas.
De Brooklyn a
Manhattan,
un carril de fuego,
un niño que llora
colgado de un
grillo,
no hay norte ni sur
solo anchos ríos
donde posar tus
labios,
tu dicho de muerto.
Nigro spiritual
sin lecho ni
horarios
para invadir la
ciudad.
Calle África
En cualquier rincón de América
hay una calle
llamada África
ancha, estrecha,
vieja o con señas de
modernidad.
Pasa su gente
pasan sus buses,
marismas violetas
componen sus pliegos
de melancolía.
Con palabra firme
hablan sus umbrales.
Una calle del
american soul,
precipitando
codicias.
Todos se han
confabulado para
poseerla
mil manos de
estriados ángeles,
padrinos mafiosos
por el grito
estridente,
perros
y sofistas.
Todos bajo el
pretexto
de un viaje
memorable.
Como en África una
hilera de árboles
sazona la tarde,
solo que ellos
dominan la ruta del
lente.
La habitación de su
rama
perdura en los
párpados,
y luego,
la noche, defoliada
por Dios
provoca reyertas en
la voz del jazz.
En cualquier rincón
de América
hay una calle
de negro pecho
con petacas de
vidrio
ojos de cíclopes
lágrimas,
del american eye.
Pero esta calle
infinita
como alminar,
ama a todos
con su cuerpo
cargado de fiestas.
Oro inerte de la luz
su boca
suerte de antílope
mezclado en cacao y
barco misionero.
Sé que en cualquier
rincón
de mi espalda
hay pájaros silbando
la ventura
del hondo vaso en
que bebo
mis ojos marrones,
de África
mi fractura de calle
colmada por gente
diferente.
¿Afinco mi hogar?
Pregunto a las rocas
del suelo.
Pregunto, ungido de
fiereza a mi
máscara.
Pues sé que en
cualquier sitio de
América
arderá una mujer
de nombre tan
oscuro.
Affrilachia
A Frank X Walter, un poeta negro de
verdad
¿Mira tú, pa' que te
silve el pantalón
que tienes?
¿Pa' que te silve,
brother...?
¿Pa' que te silve...?
Todos huimos del
Bronx,
era la luna un latón
de murano
que en charco sucio
brother
en charco sucio
fregaba su tatuaje.
Todo el camino de
Affrilachia me habla
no vendo efluvios
de falso paraíso.
La luz no esmalta un
campo tan lejano.
¿Pa'que te silve
brother...?
¿Pa' que te silve?
Yo como brujo me
acuerdo de un tal
Malcom,
un tipo X
que apuesta a sueños
altos.
En su camino hablaba
de Affrilachia
con la garganta
empañada de
nostalgias.
Traigo encendido mi
vientre escapulario
no siento miedo del
terco que se aparta
de los senderos que
llevan a Affrilachia.
Deja el pincel
mordiendo aquel
paisaje
amo al que ama
aunque fuese
consumido
por el escombro
industrial de los
90.
Por viejos sueños
devoro hasta el
mendrugo
vengo silbando
la última osadía.
Acompasando
con ímpetu la
alforja
de los que mueren
pensando en
Affrilachia.
Aquí en el Bronx
la gente no se
aferra
para la pascua en
comprar avellanas.
Aquí en el Bronx
somos el espinazo
del cielo que se
parte
golpeado por un
astro.
La gente aguarda a
su Cristo
con las manos
vistiendo traje,
Señor,
de acorralado.
Estoy hilando la
sangre del guerrero
las viejas aguas
su solitario vaso
recoge sin pavura
no bebo con mis
labios sino con los
convictos
labios del
laberinto.
Así cabalgo entre el
Bronx y Affrilachia
cuando las nubes
abordan las paredes
y el semen
de un fantasma
empaña los
cristales.
Aquí en el Bronx
toda la gente
como aluvión
siembra
los campos del
destierro.
Entonces...
¿Mira tú, pa' que te
silve el pantalón
que tienes?
¿Pa' que te silve
brother...?
¿Pa' que te silve,
si escapamos a
Affrilachia?
Oración para mi
ancestro de marfil
Vienes de la noche
que alimento.
No eras el Cristo
que esperaba, el
átomo de carne
ahora envejecido por
el fango del camino.
Traes el relieve de
los campos
modelado entre los
dedos, y los bosques
y las charcas
pastoreando tus
negras pupilas.
Eres el Babá, el
corre-vientos de la
estepa murmurante.
Hace años te dieron
por muerto.
Muerto y perdido de
estación silvestre.
En tu terruño
levantaron una
iglesia,
llena de imágenes
luctuosas,
tus árboles se
fueron al descanso
que la luna perpetuó
con su tanto
escudriñar los
abismos.
En el fondo de la
iglesia los telares
marrones del olvido.
La gente descargaba
su orfandad entre
los bancos,
la orfandad del
Cristo con los ojos
huecos,
y los huesos como
fardos de aceitunas
coloreando la madera
envilecida.
Era muy tarde,
y llegaste de la
noche almacenada por
los grillos.
Eres el Babá,
preferido en los
cantares,
el amado Rey, de la
kora.
El que trocó la
furia del paria
en paciente
sabiduría.
Solo los peces
fornicaron tus
lágrimas
haciendo del
torrente de tus ojos
un ovillo
mientras Cristo se
aburría de cansancio
desposando su cuerpo
con los clavos.
Poema filial
Río filial de mi
sangre
tú sabes danzar por
las venas, tan
negras, desnudas
libaciones del
alma. Aquí tu nombre
inicia el torrente.
Te vas y te
llevo
silente y partido.
Cuando el pájaro
masculla a plenitud
su valle
nuestra sucesión se
cumple.
Eres mi germinal, el
grano de viento que
perfuma la noche
los zaguanes
ilustres
rasurados de ayer
el cielo esquilmado
por luces de carbón.
Hace tanto que nos
dimos la voz
y sembramos fluir
presentimientos
tanto tiempo
como tantas
multitudes nos
acechan.
Húmedo encontré los
restos de tu delta
habías macerado la
tierra
es decir
mis tejidos
sus ciudades
celulares
construidas en
penumbras.
Viajando sin prisa
penetraste el
asfalto de mi sien.
Taciturno
descubriste mis
pulmones
su lírica aerobia
que procrea mis
deseos como saltos
de ilusión
desconcertante.
No soy un continente
con paisanos a su
diestra
peor tengo latitud
y un morral de
cuentos viejos.
Tú eres mi Limpopo,
mi Nilo,
mi Volta,
encomiable cicatriz
de la mesura.
Selección de poemas
del libro
Newyorker′s Jazz,
de David López
Ximeno, Editorial
Letras Cubanas, La
Habana, 2007.
David López Ximeno:
Poeta y ensayista.
Licenciado en
Derecho y Máster en
Ciencias Políticas
Internacionales.
Tiene publicado el
poemario Música
sacra (Ediciones
Vigía, 2001 y
Biblioteca Nacional,
de conjunto con
Mercie Ediciones,
2002). Poemas suyos
han sido incluidos
en las antologías
La madera sagrada.
Antología de poesía
(2005) e
Identidades. Poesía
negra de América
(2005), y en las
publicaciones
periódicas La
Revista del Vigía
y Alforja.
Revista de Poesía
(D.F. México, 1999,
2001).