La Habana. Año X.
25 de JUNIO al
1ro. de JULIO de 2011

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David López Ximeno
  (Matanzas, 1970)
 

Nigro spiritual

Nigro spiritual,
sales por la boca de mis muertos
cruzando el sendero
con tu signo varonil
de río padre.
Cada noche, tú,
eres de agua y de viento

firme la voz,

compungida el alma.
Hoja de roca y ceniza
se expande tu eco.


Dios te escucha
sentado al borde de cada palabra.
Dios exprime con sus dedos
de pájaro nocturno
el vidrio acerado
que en el cielo reposa
y Brooklyn
se fractura
con su vértigo de espejos
con su sangre
y tonsura. 

Nigro spiritual,
somos náufragos aquí.
Nos posee la sed
el tedio escarlata
de los petroleros.
Un hombre de botas tan altas
amaga a una paloma.
Un hombre que va

contoneándose
con su dolor
hasta caer ante los párpados de Dios.
Es bueno que mire,
que nos sienta desnudos
sin ponzoña

ni hijos para amamantar
pues que hayan muerto.  

En vigilia, yacen las sombras
por la ventana se espanta
su hedor a planta silvestre,
se escurre
de Brooklyn a Manhattan.
Sin embargo

de la noche baja un sudario de polvo
para dar abrigo
a estos ojos manchados
y no hay lágrimas
ni miedo lacustre o salvaje
que ronde
tu voz
tu decir de muerto.
No lamento tu vientre espoleado
ni tu oscuro seno madrigal
porque de espanto
se mueren la muerte
del acero
y las frías cornisas del Central Park.

Ay, mi voz no está ciega
caída del lóbrego tiempo del fruto
caído o raptado
por voces más viejas,
las voces del jazz. La negra canción
del algodonero,
la negra voz preñada de fatigas.
De Brooklyn a Manhattan,
un carril de fuego,
un niño que llora colgado de un grillo,
no hay norte ni sur
solo anchos ríos
donde posar tus labios,
tu dicho de muerto.

Nigro spiritual sin lecho ni horarios
para invadir la ciudad.
 


Calle África

En cualquier rincón de América
hay una calle llamada África
ancha, estrecha,
vieja o con señas de modernidad.
Pasa su gente
pasan sus buses, marismas violetas
componen sus pliegos de melancolía.
Con palabra firme
hablan sus umbrales.

Una calle del american soul,
precipitando codicias.
Todos se han confabulado para poseerla
mil manos de estriados ángeles,
padrinos mafiosos
por el grito estridente,
perros
y sofistas.
Todos bajo el pretexto
de un viaje memorable.

Como en África una hilera de árboles
sazona la tarde,
solo que ellos
dominan la ruta del lente.

La habitación de su rama
perdura en los párpados,
y luego,
la noche, defoliada por Dios
provoca reyertas en la voz del jazz.

En cualquier rincón de América
hay una calle
de negro pecho
con petacas de vidrio
ojos de cíclopes lágrimas,
del american eye.

Pero esta calle infinita
como alminar,
ama a todos
con su cuerpo cargado de fiestas.
Oro inerte de la luz
                                      su boca

suerte de antílope
mezclado en cacao y barco misionero.

Sé que en cualquier rincón
de mi espalda
hay pájaros silbando la ventura
del hondo vaso en que bebo
mis ojos marrones,
de África
mi fractura de calle
colmada por gente diferente.

¿Afinco mi hogar?
Pregunto a las rocas del suelo.
Pregunto, ungido de fiereza a mi máscara.
Pues sé que en cualquier sitio de América
arderá una mujer
de nombre tan oscuro.


Affrilachia

A Frank X Walter, un poeta negro de verdad

¿Mira tú, pa' que te silve el pantalón que tienes?
¿Pa' que te silve, brother...?
¿Pa' que te silve...?
Todos huimos del Bronx,
era la luna un latón de murano
que en charco sucio brother
en charco sucio
fregaba su tatuaje.

Todo el camino de Affrilachia me habla
no vendo efluvios
de falso paraíso.
La luz no esmalta un campo tan lejano.
¿Pa'que te silve brother...?
¿Pa' que te silve?

Yo como brujo me acuerdo de un tal Malcom,
un tipo X
que apuesta a sueños altos.
En su camino hablaba de Affrilachia
con la garganta
empañada de nostalgias.
Traigo encendido mi vientre escapulario
no siento miedo del terco que se aparta
de los senderos que llevan a Affrilachia.

Deja el pincel mordiendo aquel paisaje
amo al que ama
aunque fuese consumido
por el escombro industrial de los 90.

Por viejos sueños
devoro hasta el mendrugo
vengo silbando
la última osadía.
Acompasando
con ímpetu la alforja
de los que mueren
pensando en Affrilachia.

Aquí en el Bronx
la gente no se aferra
para la pascua en comprar avellanas.
Aquí en el Bronx somos el espinazo
del cielo que se parte
golpeado por un astro.
La gente aguarda a su Cristo
con las manos
vistiendo traje, Señor,
de acorralado.

Estoy hilando la sangre del guerrero
las viejas aguas
su solitario vaso
recoge sin pavura
no bebo con mis labios sino con los convictos
labios del laberinto.
Así cabalgo entre el Bronx y Affrilachia
cuando las nubes abordan las paredes
y el semen
de un fantasma
empaña los cristales.

Aquí en el Bronx toda la gente
como aluvión
siembra
los campos del destierro.

Entonces...
¿Mira tú, pa' que te silve el pantalón que tienes?
¿Pa' que te silve brother...?
¿Pa' que te silve, si escapamos a Affrilachia?


Oración para mi ancestro de marfil

Vienes de la noche que alimento.
No eras el Cristo que esperaba, el átomo de carne
ahora envejecido por el fango del camino.
Traes el relieve de los campos
modelado entre los dedos, y los bosques y las charcas
pastoreando tus negras pupilas.
Eres el Babá, el corre-vientos de la estepa murmurante.
Hace años te dieron por muerto.
Muerto y perdido de estación silvestre.
En tu terruño levantaron una iglesia,
llena de imágenes luctuosas,
tus árboles se fueron al descanso
que la luna perpetuó
con su tanto escudriñar los abismos.

En el fondo de la iglesia los telares marrones del olvido.
La gente descargaba su orfandad entre los bancos,
la orfandad del Cristo con los ojos huecos,
y los huesos como fardos de aceitunas
coloreando la madera envilecida.

Era muy tarde,
y llegaste de la noche almacenada por los grillos.
Eres el Babá, preferido en los cantares,
el amado Rey, de la kora.

El que trocó la furia del paria
en paciente sabiduría.

Solo los peces fornicaron tus lágrimas
haciendo del torrente de tus ojos
un ovillo
mientras Cristo se aburría de cansancio
desposando su cuerpo
con los clavos.
 


Poema filial

Río filial de mi sangre
tú sabes danzar por las venas, tan negras, desnudas
    libaciones del alma. Aquí tu nombre inicia el torrente.
    Te vas y te llevo
silente y partido.
Cuando el pájaro masculla a plenitud su valle
nuestra sucesión se cumple.
Eres mi germinal, el grano de viento que perfuma la noche
los zaguanes ilustres
rasurados de ayer
el cielo esquilmado por luces de carbón.
Hace tanto que nos dimos la voz
y sembramos fluir presentimientos
tanto tiempo
como tantas multitudes nos acechan.
Húmedo encontré los restos de tu delta
habías macerado la tierra
es decir
mis tejidos
sus ciudades celulares
construidas en penumbras.
Viajando sin prisa penetraste el asfalto de mi sien.
Taciturno descubriste mis pulmones
su lírica aerobia
que procrea mis deseos como saltos de ilusión desconcertante.

 

No soy un continente con paisanos a su diestra
peor tengo latitud
y un morral de cuentos viejos.
Tú eres mi Limpopo,
mi Nilo,
mi Volta,
encomiable cicatriz de la mesura.

 

Selección de poemas del libro Newyorker′s Jazz, de David López Ximeno, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2007.



David López Ximeno: Poeta y ensayista. Licenciado en Derecho y Máster en Ciencias Políticas Internacionales. Tiene publicado el poemario Música sacra (Ediciones Vigía, 2001 y Biblioteca Nacional, de conjunto con Mercie Ediciones, 2002). Poemas suyos han sido incluidos en las antologías La madera sagrada. Antología de poesía (2005) e Identidades. Poesía negra de América (2005), y en las publicaciones periódicas La Revista del Vigía y Alforja. Revista de Poesía (D.F. México, 1999, 2001).

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.