|
Vivo orgulloso de mi
piel negra, no por el
folclorismo vulgar de
ser la preferencia de un
número importante de las
europeas y europeos
contemporáneos a la hora
de buscar relaciones
amorosas y carnales en
sus visitas de ocio a
esta parte del mundo,
eso pareciera como si
fuéramos objetos de
entretenimiento y
empecinamiento para
gente con dinero y
posibilidades,
exceptuando a los que lo
hacen con natural
sentimiento que no son
pocos y algunos, mis
amigos, pero no se trata
de eso. Si ello
resolviera el problema
de la xenofobia en el
viejo continente,
votaría a favor, pero
las leyes antiinmigrante
y las persecuciones por
cualquier causa a
africanos, asiáticos,
árabes y hasta eslavos
en Europa Occidental,
nos aclaran que el
asunto es mucho más
complejo.
|
 |
La tonalidad de mi piel
no es vergonzosa, mis
antepasados que
sufrieron la esclavitud
en carne propia a fin de
cuentas labraron con su
sudor, aunque
forzosamente, las
riquezas que se
acumularon durante
siglos en unas pocas
manos pero que la
Revolución triunfante el
1ro. de Enero de 1959
las distribuyó entre
todos, más tendría que
avergonzarse el amo, y
sus descendientes pedir
disculpas. Por otro
lado, nos queda claro en
esta historia, que con
el primer esclavo
africano en América
comenzó el cimarronaje,
el apalencamiento y
otras formas de
rebeldía, hermanadas con
la resistencia que los
pueblos originarios
hicieron al
conquistador, por lo
tanto, vivo orgulloso de
descender de una raza
indómita.
La actualidad del
problema es atravesada
por otras cuestiones.
Como norma, los
descendientes de los
esclavistas formaron una
aristocracia criolla
pujante que dominó el
panorama político-social
cubano durante la
república a medias, de
1902 a 1958, aliada a
los monopolios del norte
y hacia ese punto
geográfico se marchó
casi toda y al mismo
tiempo, cuando el poder
del pueblo le partía la
siquitrilla, así tenemos
que el hombre blanco
cubano de hoy, por regla
general, no comparte su
sangre con el esclavista
de antaño, él mismo es
una víctima de la trampa
que muestra una
esclavitud coloreada.
Los españoles buenos,
honrados y laboriosos
que inmigraron en las
primeras décadas del
siglo XX y de los cuales
descienden muchos de los
actuales cubanos, no
tuvieron que ver con el
látigo y el cepo a sus
hermanos trabajadores
negros, ni los
inmigrantes de otras
nacionalidades europeas
que arribaron a nuestras
costas en igual período.
En los parques, centros
educacionales,
culturales y otros
espacios públicos de
hoy, no se sientan
cubanos blancos
descendientes de amos y
cubanos negros
descendientes de
esclavos, esa fórmula
tan simple es una mera
manipulación.
Tampoco en la colonia
fue tan sencillo el
tema, había hombres
blancos artesanos,
pequeños comerciantes,
pequeños agricultores,
empleados y obreros
explotados por el
sistema, de la misma
forma que en el XIX hubo
pequeños propietarios
morenos y pardos, al
decir de entonces, de
talleres artesanales,
servicios y propiedades
agrarias y tuvieron
esclavos de su mismo
color de piel.1
Como afirma Esteban
Morales: "En América la
esclavitud tomó color.2
Sobre la base de la
encomienda del indígena,
de la mita y la alcabala
con los propios pueblos
originarios, de la
esclavitud descarnada
con el mismo indígena y
con el negro africano y
la esclavitud encubierta
de hindúes y culíes
chinos y filipinos, se
construyó un esquema de
supuestos “valores
naturales, éticos y
morales” que bendecían
la superioridad
económica, cultural y
social del hombre blanco
sobre los no blancos. La
suerte del indígena, del
africano y del asiático,
no solo fue compartida
por los criollos negros
y amarillos que de ellos
descendieron, sino
también por los
mestizos, llámese
mulatos, cholos, sambos,
caboclos, castizos,
jabados, cuarterones o
de cualquier manera.
Pero en la
Hispanoamérica que se
independizó durante el
proceso de 1790 a 1830
cuyo bicentenario ahora
conmemoramos, celebramos
y sobre el que
reflexionamos, no se
resolvió la
discriminación ni
exclusión del indígena,
del negro y del mestizo.
Tampoco lo logró Cuba
con su república de
fachada a partir de
1902. Todo lo contario,
la intervención
norteamericana en la
contienda libertaria
cubana en 1898 agravó el
problema3 y
en los posteriores 56
años de república
neocolonial, fue tomando
distintos matices pero
para ahondarlo no para
resolverlo. Solo el
triunfo de Enero creó
las posibilidades y en
buena medida las
realidades, pero nunca
logró exterminar el
problema, pues tomó
forma de prejuicio
subyacente, de rezago
del pasado, se
invisibilizó y sube a
nado a la superficie
cuando la crisis
económica denominada
período especial en
tiempo de paz detuvo la
construcción de
viviendas, distribución
de artículos de calidad
de vida y otros
programas sociales que
propiciaban igualdad de
oportunidades; agravó
las diferencias entre
familias; las remesas
desde el exterior
favorecieron a una parte
y no a todos, recordemos
que la emigración cubana
desde antes de 1959
hasta 1980 fue básica y
casi exclusivamente
blanca; la práctica
nociva del nepotismo
hizo de las suyas al
estar ocupados una gran
parte de los cargos
administrativos por
personas blancas que
favorecieron a sus
familiares sobre todo en
el turismo y su
asociado, el llamado
sector emergente de la
economía; la corrupción,
el delito y las
ilegalidades, puestos de
moda, se vistieron de
“cuello blanco para los
blancos” con enormes
ganancias y “raterismo,
juego prohibido y
delitos callejeros” para
los delincuentes negros
y así, la herencia
cultural y económica
desfavorable y muchas
veces marginal para
determinados sectores y
entre ellos, las
familias negras,
emergió; entonces, el
prejuicio subyacente se
convirtió en práctica
excluyente y
discriminatoria.
Un acto de
responsabilidad política
e intelectual fue asumir
el problema en eventos
de trascendencia, entre
ellos, los dos últimos
Congresos de la UNEAC4,
por el líder de la
Revolución Comandante
Fidel Castro Ruz en
varios Congresos del
Partido como el segundo
(1980) y el tercero
(1986), también en la
toma de posesión del
General de Ejército Raúl
Castro Ruz como
Presidente de los
Consejos de Estado y de
Ministros el 24 de
febrero de 2008 y en la
clausura del Sexto
Congreso del Partido el
19 de abril de 2011. Es,
sin duda, un tema de
actualidad nacional.
Entre los días 13 y 17
de este mes de junio, el
Instituto Cubano de
Investigaciones
Culturales Juan
Marinello sirvió de sede
a un seminario sobre el
tema.
Tomarlo con
responsabilidad
significó la creación
del grupo Color Cubano
en la UNEAC; después de
su último Congreso,
surgió el Grupo de lucha
contra la discriminación
racial, en la propia
organización. El Comité
Central del Partido
Comunista de Cuba, por
su parte, creó otra
comisión la que
indistintamente llamó
Color Cubano, homónima a
la otra y de
investigaciones de la
racialidad,
posteriormente. Fueron
temas de discusión de
este grupo de trabajo
partidista, a saber: los
señalamientos críticos a
la dirigencia del
Instituto Cubano de
Radio y Televisión y en
particular a su
vicepresidencia de la
televisión, sobre imagen
y participación de la
diversidad racial en la
parrilla de la
programación televisiva
y el tratamiento en ella
de temas de la
integración nacional y
étnica; la discusión con
el sistema educacional
del abordaje de este
asunto desde los
programas de asignaturas
en todos los niveles de
enseñanza; con el
Ministerio de Ciencia,
Tecnología y Medio
Ambiente, las
investigaciones
sociológicas,
antropológicas y de
otras ciencias sociales
sobre la persistencia de
exclusiones y
discriminación racial en
el contexto nacional y
con el Instituto de
Historia de Cuba y la
Unión de Historiadores
de Cuba, del tratamiento
desde la historiografía
revolucionaria, de esa
temática. Hablar de
victoria final en esos
cuatro ejes sería
mentir; pero aceptar
discretos y modestos
avances es una realidad
con la certidumbre de
que se ha logrado mayor
conciencia del problema
y, por tanto, el camino
hacia su solución se
está transitando. La
mesa redonda informativa
radiotelevisiva, espacio
estelar del sistema
informativo del ICRT,
abordó el tema en dos
ocasiones: una con un
panel de reconocidos
expertos y otra, con
sendos documentales
acerca del Partido
Independiente de Color y
la sublevación de José
Antonio y Ulabarra. La
creación y actuación de
la Comisión estatal y
partidista para la
conmemoración del
centenario del
Movimiento Independiente
de Color (2008–2010),
presidida por el
destacado intelectual
Fernando Martínez
Heredia fue
otro paso por tener en
cuenta.
Pero el debate aún no
trasciende a todo el
medio académico,
cultural y político,
todavía se encuentra el
que persiste en la
inexistencia del
problema y algunos otros
plantean que no hay que
darle tanta fuerza.
Mientras, el diapasón se
abre al otro extremo.
Personas
revolucionarias, de
militancia política en
la Revolución, incluso,
que giran hacia la
hipercrítica con las
mejores intenciones,
pero propiciando un
marcado sisma de
entendimiento sobre el
tema y en el río
revuelto, no faltan los
que sirven al enemigo de
la Revolución, bien
cobrando chequera en la
Oficina de intereses del
imperio o bien,
ingenuamente sirviéndole
en bandejas de plata sus
puntos de vista y en
esto como en cualquier
otro asunto, valdría la
pena recordar las
“Palabras de Fidel a los
intelectuales” en los
albores de nuestro
proceso: Con la
Revolución todo. Para mí
queda claro que es un
asunto de cubanos que se
resuelve dentro de Cuba
y con su Revolución. No
es tampoco un asunto de
negros cubanos sino de
los cubanos todos; al
final, la discriminación
y el prejuicio anda
batiendo en ambas
direcciones y dentro de
cada parte direccional:
del blanco al negro, del
negro al blanco, entre
negros y entre blancos.
Cuba tiene médicos
voluntarios en 69
países, centenares de
miles de jóvenes
africanos,
latinoamericanos y
asiáticos han estudiado,
se han graduado o
estudian en ella. Más de
300 mil de nosotros
fuimos a combatir en el
continente africano por
el solo mérito de
contribuir a la
independencia, la
soberanía y la
integridad de esos
países, a saldar nuestra
propia deuda con la
humanidad según el
legado de Fidel y
contribuimos al fin del
apharteid en
Sudáfrica.
Cuando en 1960 se le
negó a Fidel y a la
delegación cubana a la
ONU hospedarse en un
hotel en Nueva York, los
negros de Harlem le
extendieron la mano y el
Hotel Theresa se
convirtió en el
reservorio de la
dignidad de los pueblos
y grupos humanos
oprimidos.
Sin embargo, la
hipercrítica desde
nuestras filas, la
manipulación y los
ataques desde las
trincheras opuestas,
condujo a una confusión
sin precedentes al punto
de que un grupo de
intelectuales
afronorteamericanos
firmaron una carta
condenando la
discriminación racial en
Cuba, la que fue
respondida certeramente
por la UNEAC y por
algunos de nosotros a
título personal.
Respeto criterios
diversos, pero tengo
derecho a pronunciarme
como pienso. Hemos de
tener cuidado en la
forma de cómo nos
asociamos y cómo
proponemos nuestros
proyectos.
Reivindicar a José
Antonio Aponte cuyo
bicentenario
conmemoraremos el
venidero año 12 es algo
muy serio y
trascendente. En la otra
república casi lo logran
borrar del martirologio
cubano, se hizo común el
refrán: Es más malo que
Aponte, en el libro
Guanabacoa. Apuntes
históricos, de
Elpidio Laguardia (1946)
cuando se refiere a la
sublevación en los
ingenios Trinidad y
Peñas Altas, se trata a
Aponte de cabecilla; a
su captor, el mayoral
Orihuela, de héroe y a
los esclavos traidores,
de fieles. Que un
conjunto escultórico se
inaugure en la misma
esquina donde estuvo su
casa de vivienda y donde
colgaron su cabeza sus
asesinos, es algo
merecido y que se
coloque una tarja en la
calle que lo recuerda en
el barrio extramural de
Jesús María, la misma
arteria que se
denominaba en la colonia
Someruelos, el marqués y
capitán general que
ordenó su muerte, es
otro propósito
esclarecedor;
reconocerlo como
precursor del movimiento
independentista y líder
de la primera
conspiración de carácter
nacional, es una
reivindicación
necesaria; pero hacer
campaña para nombrarlo
Padre de la Patria
en sustitución de
Carlos Manuel de
Céspedes, es algo
manipulador,
desconcertante y
desconocedor de la
verdadera evolución de
las ideas
independentistas en
Cuba.
La Unión de
Historiadores de Cuba (UNHIC)
propuso al estado cubano
en el Congreso Nacional
de Historia efectuado en
2002 en Santiago de
Cuba, nombrar a Mariana
Grajales como la Madre
de todos los cubanos o
la Madre de la
Patria, hecho que
socialmente se reconoce
y es hora de
oficializarlo pero crear
una Asociación de lucha
contra la discriminación
racial con el nombre de
la madre de los Maceo
para hacer el juego
desde la ilegalidad a un
tema crucial como el que
debatimos, es algo
inconsustancial con los
nobles propósitos.
¿Debe existir la
Cofradía de la negritud?
Puede, de hecho existe,
pero el problema no es
de organizaciones ni de
asociaciones nuevas,
sino de que la sociedad
civil socialista cubana
definida como tal en el
V Pleno del Comité
Central del Partido
efectuado en 1992
mediante un informe del
Buró Político leído por
Raúl, participe y
resuelva el dilema desde
todas sus organizaciones
integrantes: las de
masas, las sociales, las
profesionales, las de
oficios, las religiosas,
las fraternales, las de
aficionados, las
regionales, las
culturales, las
deportivas, todas.
Extrapolar términos
extranjeros al contexto
cubano, en nombre de una
visualización mayor del
problema, no ayuda a
visualizarlo ni a
resolverlo pero sí
lacera el concepto
unitario de la etnia, la
nacionalidad y la
defensa de la
Revolución.
Cuba avanzó de la
diferenciación entre el
negro de nación y negro
criollo para señalar al
africano y al nacido en
esta tierra y superó el
concepto excluyente de
José Antonio Saco sobre
el cubano que era todo
blanco nacido en la Isla
y cuando se lanzó el
Grito de la Demajagua el
10 de Octubre de 1868 se
concretó un concepto de
nación: Por Cuba Libre,
y por ella fue a luchar
el Ejército Libertador
Cubano y lo que se
proclama en Guáimaro el
10 de abril de 1869 fue
la República de Cuba y
en igual fecha de 1892,
el Partido
Revolucionario Cubano.
Es cierto que a la
abolición de la
esclavitud de manera
radical planteada por
Céspedes le siguió un
criterio de abolición
gradual y bajo
indemnización, propio de
la clase terrateniente
que lideró la lucha en
sus inicios como también
fue aprobado un
“Reglamento de libertos”
que limitaba la liberta
de los esclavos
redimidos pero duró muy
poco. La toma de
conciencia de la
necesidad de superar
estas diferencias fue en
aumento y aunque no se
resolvió el problema del
racismo —como otras
tantas problemáticas— en
la Guerra de los Diez
Años y todo ello
coadyuvó a una fatal
falta de unidad de las
fuerzas revolucionarias,
lo cierto es que las
tropas cubanas nunca se
formaron por composición
racial, aquí se
mezclaron combatientes
negros, blancos,
asiáticos, indígenas y
mestizos, cubanos y
extranjeros y eran
mandadas por oficiales
de distinta raza, región
u origen nacionales.
Antonio Maceo más que
Mayor general y
Lugarteniente general,
fue un ídolo para los
cubanos, lo lloraron en
toda Cuba cuando cayó y
en plena escaramuza de
San Pedro, incluso su
incondicional Miró
Argenter que era
catalán. Enrique Loynaz
del Castillo le había
dedicado un himno: Canto
a Maceo, que el propio
general Antonio le
ordenó cambiar el
nombre, sería entonces
el Himno Invasor con que
las huestes llegaron
desde Baraguá hasta
Mantua. La única tropa
unirracial que conozco
en el Ejército Mambí fue
la guerrilla del cacique
José Francisco de la
Caridad Rojas Ramírez,
formada por los
indígenas de la zona de
Caridad de los Indios de
Yateras; pero más tarde,
creció con hombres de
todas las razas y se
convirtió en el
regimiento Hatuey, de la
Primera División
Guantánamo, y que sirve
de muestra de que los
descendientes de los
originarios cubanos
participaron como el
resto de los nativos de
esta Isla en las luchas
emancipadoras.
Sí está refrendada la
admiración hacia el
“León de Oriente” el
mayor general José
Maceo, las heroicidades
de Guillermón Moncada,
de Quintín Bandera al
frente de la infantería
invasora, de Flor
Crombet quien dirigió la
expedición de la goleta
que desembarcó por Duaba
el 1ro. de abril de
1895; Juan Gualberto
Gómez era un real
hermano negro de José
Martí y su hombre de
confianza en Cuba. El
movimiento obrero y
sindical cubano
reconoció en la década
de 1940 a sus “tres
zares negros” no como
líderes de los obreros
negros cubanos, sino de
todo el movimiento
obrero: Lázaro Peña,
Jesús Menéndez y
Aracelio Iglesias; en la
lucha clandestina contra
la dictadura de
Fulgencio Batista se
destacó un héroe
indiscutible: Gerardo
Abreu Fontán y en la
Sierra al comandante
Juan Almeida Bosque como
una de las figuras más
importantes.
La Revolución reivindicó
las religiones de origen
africano, las puso al
nivel que exigía el
ecumenismo y la
laicidad; reconoció el
aporte cultural africano
en todas las esferas y
creó el
Conjunto Folclórico
Nacional
donde le dio a ese
aporte, un lugar
preferencial. Reconocer
y visualizar lo
afrocubano dentro de la
cultura cubana y dentro
de la etnia única cubana
no es solo un acto
justiciero sino
objetivo, Cuba no es
nada culturalmente sin
los elementos que le
entregaron las 88 etnias
africanas que llegaron a
sus costas y sudaron en
cañaverales y cafetales.
Pero dividirnos como
personas en minorías
nacionales a partir de
un origen racial, étnico
o por la pigmentación de
la piel es algo
contraproducente con
nuestra evolución
histórica y nuestra
realidad cultural. De
asumirnos unos como
afrocubanos,5
tendríamos que admitir
la existencia de
hispanocubanos,
francocubanos,
chinocubanos,
mayacubanos,
árabecubanos y toda una
larga lista. Pero yo
razono sobre el criterio
de don
Fernando Ortiz,
a él no se le ocurrió
comparar la
heterogeneidad cubana
con una ensalada mixta,
en ella, puede haber
tomates, lechugas,
pepinos y toda suerte de
legumbres y hasta papas
y huevos; pero ese plato
heterogéneo mantiene una
diversidad de origen y
de composición, cuando
usted lo digiere puede
diferenciar
perfectamente sus
componentes. Ortiz no
comparó a Cuba con eso
sino con un ajiaco
criollo, también
heterogéneo porque se
mezclan en él una cabeza
de cerdo, toda suerte de
viandas, agua, especias…
pero el resultado es un
producto nuevo, un rico
y único caldo con una
diversidad de
componentes en su menú,
pero un producto
auténtico y eso es Cuba.
Yo comencé
reconociéndome negro y
orgulloso de serlo, pero
por encima de eso soy
cubano, producto de la
mezcla de mis
tatarabuelos yorubas de
Nigeria, napolitanos del
sur de Italia, indígenas
de Guanabacoa6
y asturianos, ¡Eso es
Cuba!
Un amigo mío, de mi
natal Guanabacoa, con
apellidos español y
chino es rubio, de ojos
verdes, piel blanca pero
tiene los ojos
semirrasgados y es que
su mamá es amarilla
cubana y sus abuelos
chinos y muy cercanos a
mí, par de muchachones
de piel blanca, uno
trigueño y otro rubio,
que se criaron
considerándome tío por
la amistad que me une a
sus padres. El padre,
camagüeyano blanco,
rubio, de ojos claros y
descendiente manifiesto
de abuelos hispánicos
por ambos lados, la
madre, una mulata
habanera, hija de una
mujer negra y un hombre
blanco, los otros
abuelos de los
muchachones. ¡Eso es
Cuba! Ahí está el engaño
de la raza de que nos
alertara Ortiz y por
ello la “Balada de los
dos abuelos”, de
Nicolás Guillén.
¿Acaso fue casualidad
que surgiera aquel
refrán sentenciador?: En
Cuba el que no tiene de
congo, tiene de carabalí
o aquel para mestizos
blanquecinos en la etapa
republicana anterior:
¡Aquí, pasando por
blanco hasta que se
descubra! o aquella
poesía popular que
rezaba: ¿Y tu abuela
dónde está? ¡La mamá de
tu mamá!
Nuestras abuelas están
en 88 etnias africanas,
17 hispánicas, 13
indígenas americanas y
en varias otras etnias
europeas y asiáticas y
en las etnias
transculturadas
caribeñas. Como que la
propia España, dijo
Bolívar, deja de ser
europea por su sangre
africana.
Cuba hizo una revolución
social que estremeció
los cimientos de
quinientos años de
coloniaje, en las
propias narices del más
poderoso imperio jamás
conocido e inauguró el
socialismo criollo y
mestizo, pues hasta el
16 de abril de 1961, el
socialismo había sido
eslavo, germano,
balcánico y mongoloide
pero no se había
iniciado su construcción
en un país con esta
diversidad racial.
Al ser África una de
nuestras madres patria,
el Año Internacional de
la Afrodescendencia
debemos asumirlo, a
conciencia y no en la
propaganda, como el Año
de todos los cubanos y
cubanas.
Notas
1- La literatura y la
filmografía cubanas dan
cuenta de ello. Bastaría
la clásica novela de
Cirilo Villaverde:
Cecilia Valdés o la loma
del Ángel o
la película
Roble de olor.
Un resultado de
investigación reciente,
del Instituto de
Historia de Cuba nos lo
reafirma, corresponde a
Oilda Hevia Lanier en un
estudio de caso sobre
las negras y mulatas
propietarias en La
Habana en las primeras
décadas del siglo XIX.
2- Morales Domínguez,
Esteban.
La problemática racial
en Cuba. Algunos de sus
desafíos.
Editorial José Martí, La
Habana, 2010, p.38.
3- …porque se juntaron
los racistas de las dos
orillas del Estrecho de
la Florida. Morales,
Ibídem, p.16,
4- Unión de Escritores y
Artistas de Cuba:
organización social, no
gubernamental, que
agrupa a los
intelectuales cubanos de
las ramas del arte y la
literatura. Fue fundada
en el período
revolucionario y su
presidente fundador fue
el poeta nacional
Nicolás Guillén, uno de
los abanderados desde la
década de 1930 de la
lucha contra la
discriminación racial y
por la integración
nacional.
5- A pesar de que el
concepto afrocubano
había sido empleado por
Fernando Ortiz, y que la
publicación de la poesía
de Nicolás Guillén había
puesto en debate la
existencia de esa
poesía y de esa
literatura, fue muy
criticado, sobre todo
por Alberto Arredondo,
e incluso el propio
Nicolás Guillén fue un
tenaz opositor al empleo
de ese término. Sin
embargo, una de las
figuras más importantes
de los pensadores negros
de la república, Gustavo
Urrutia, lo utilizó y
publicitó ampliamente en
sus escritos. No
obstante, lo cierto es
que el negro en Cuba, se
definió mayoritariamente
como cubano negro, más
que como negro cubano.
(Fernández Robaina,
Tomás. "La identidad del
afrocubano en el proceso
de la cultura y en la
nacionalidad."
(Manuscrito antes de su
publicación).
6- Guanabacoa, fundada
como pueblo de
reconcentración de
indígenas el 12 de junio
de 1554, convertida en
villa el 14 de agosto de
1743, aunque asimiló
oleadas de españoles,
canarios y africanos
esclavos mantuvo
población de origen
indígena hasta el siglo
XX en que finalmente
terminaron mezclándose y
despareciendo
potencialmente de su
contexto. |