La Habana. Año X.
25 de JUNIO al
1ro. de JULIO de 2011

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El racismo solo puede combatirse
desde una propuesta inclusiva
Fernando Rojas • La Habana
Ilustración: Juan Darién

Vamos a extender la conmemoración del Año de los Afrodescendientes hasta el 2012. Compartimos el criterio de muchas personas, en relación con que podemos estar siempre desarrollando acciones sobre este tema. Ojalá sea así; pero particularmente ahora que las Naciones Unidas lanzaron el llamado, nos apropiamos de él y lo extenderemos hasta el año que viene por varias razones: en 2012 se cumple el bicentenario de la conspiración de Aponte, uno de los padres de nuestra independencia, sin discusión.

Aponte fue un hombre que tuvo la acertada visión de combinar la lucha por la abolición con la lucha por la independencia. Se han previsto actividades de tipo académico y se van a emplazar dos monumentos —uno en la intersección de Belascoaín y Carlos III, el lugar donde se exhibió la cabeza de Aponte; y otro que será emplazado en una de las zonas del alzamiento, al Este de La Habana—. Y otra de las efemérides importantes del año que viene, relacionada con este tema, son los cien años de la matanza de los Independientes de Color. Debemos conmemorarla con debates, publicaciones, etc. La Feria del Libro del año que viene se dedicará a las culturas de los pueblos del Caribe. De modo que hay motivos suficientes para seguir con este impulso; pero partiendo de que este no es un tema de efemérides o épocas.

El Instituto Juan Marinello se esforzó mucho por que el Seminario fuera, ante todo, académico. La intervención de Fernando Martínez Heredia, por ejemplo, tiene un alto rigor académico y una densidad conceptual realmente trascendente. Sin embargo, creo que las discusiones trascendieron en gran medida lo académico y se comportaron como una discusión de la sociedad civil. El espectro de la discusión y la actitud de los participantes desbordó el enfoque puramente académico.

Como Zurbano expresó en su intervención, cada día son más los grupos de personas formales e informales que discuten estos y otros temas. Las instituciones de la cultura advierten ese comportamiento con total naturalidad. De hecho, no tiene que ver solo con las cuestiones relacionadas con la afrodescendencia, la negritud o la racialidad, como se quiera decir: hoy hay un gran debate en Cuba sobre todo tipo de asuntos, de todas las formas de discriminación. En los debates previos al VI Congreso del Partido se dijeron cosas más fuertes que las que se dijeron en el Seminario. Por cuarto año consecutivo, hemos convertido la Jornada Nacional contra la Homofobia en un escenario de discusión, de promoción de los derechos de los homosexuales, en un espacio de construcción de escenarios de reivindicación de esos grupos, como ha sucedido también con el debate sobre los afrodescendientes.

No tenemos consenso aún en la manera concreta de aproximarnos a estos problemas, aun cuando esté clara la posición del gobierno y también de la sociedad civil. Sobre la  extraordinaria obra social de la Revolución y sobre la persistencia de la discriminación y el racismo, no obstante, sí tenemos consenso. Todos tenemos que acostumbrarnos a que este problema se va a visibilizar, a discutir cada vez más con la mayor naturalidad del mundo. Creo que ya es una conquista, teniendo en cuenta que hace algunos años todavía discutíamos si se hablaba de estos temas o no, públicamente. Hoy hay consenso en la necesidad de decirlo.

Creo que la segunda cuestión —aun sin consenso en las soluciones prácticas, pero con consenso en la necesidad de abordarla— es la necesidad de conectar nuestras inquietudes, nuestras luchas y nuestras propuestas con nuestros hermanos que están fuera del país. Ahí entran otros temas: si aceptamos o no posicionamientos mayoritarios en otras latitudes, si defendemos solo el posicionamiento propio o si tomamos de uno y de otro. No obstante, la idea de que estamos ante una lucha continental y mundial es importante.

Se está arribando al consenso de colocar la discusión en los nuevos escenarios del poder  popular constituido en Cuba. Por ejemplo, en  la Comisión del Parlamento cubano, donde será presentado en fecha próxima. Mientras, tenemos como meta que las  instituciones culturales cubanas y las organizaciones de la sociedad civil relacionadas con la cultura —cerca de 33, nada poco para un solo organismo administrativo— tengan una agenda propia para esta lucha. Y habrá que seguir desarrollando debates acerca de otros asuntos, muchos de los cuales se abordaron en el Seminario: el tema de los medios, por ejemplo.

Me siento optimista y lo que quisiera es que todos estuviéramos convocados a este trabajo, entendiendo que todos tienen cabida, con la mínima excepción de lo que llamamos la contrarrevolución: ese pequeño grupo de cubanos y cubanas que recibe financiamiento de los  órganos de la subversión  anticubana  de EE.UU. Con la agenda de ese minúsculo grupo de personas, ninguna de estas voluntades nuestras tiene nada que ver. El día 30 de junio se cumplirán 50 años de que Fidel pronunciara las “Palabras a los intelectuales”. Es un discurso que suele reducirse a una frase que altera su sentido inclusivo y se omite que Fidel, incluso, contaba con que aun a los contrarrevolucionarios se les puede corregir. Solo renunciaba a aquellos que están de lleno metidos en la maquinaria anticubana. Así de inclusivos estamos dispuestos a ser en el abordaje de este tema y en su solución. En la Revolución no se ha resuelto el problema del racismo y solo puede resolverse y combatirse desde una propuesta inclusiva, que únicamente deja fuera a los enemigos jurados de este pueblo.

Cuba está asistiendo a un momento importante de transformación de su economía y también ante el peligro real del agravamiento de las desigualdades. Medidas de un calado profundo y a la vez muy dramático, como el tema de la reducción del empleo estatal, han tenido más de un momento de modulaciones, en función de no lastimar. Esas realidades nos van a situar en escenarios muy complejos. Creo que hay que esperar un poco para que Cuba pueda ofrecer una propuesta modélica que funcione y que pueda ser estudiada como un ejemplo. Lo que sirve de ejemplo es lo que ya hicimos, todavía no lo que estamos haciendo hoy. Debemos entender esto con madurez. Y aunque partimos de una lógica integradora, el sincretismo no agota el problema. Quizá eso presupone  algún tipo de  medidas específicas, pero no puede olvidarse la idea integradora. Hay que actuar con valentía y serenidad, para no fallar.
 

Intervención del Viceministro de Cultura en la Fundación Ludwig, en el contexto del Seminario Cuba y los pueblos afrodescendientes en América. Junio de 2011.

 
 
 
 

 

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