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Vamos a extender la
conmemoración del Año de
los Afrodescendientes
hasta el 2012.
Compartimos el criterio
de muchas personas, en
relación con que podemos
estar siempre
desarrollando acciones
sobre este tema. Ojalá
sea así; pero
particularmente ahora
que las Naciones Unidas
lanzaron el llamado, nos
apropiamos de él y lo
extenderemos hasta el
año que viene por varias
razones: en 2012 se
cumple el bicentenario
de la conspiración de
Aponte, uno de los
padres de nuestra
independencia, sin
discusión.
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Aponte fue un hombre que
tuvo la acertada visión
de combinar la lucha por
la abolición con la
lucha por la
independencia. Se han
previsto actividades de
tipo académico y se van
a emplazar dos
monumentos —uno en la
intersección de
Belascoaín y Carlos III,
el lugar donde se
exhibió la cabeza de
Aponte; y otro que será
emplazado en una de las
zonas del alzamiento, al
Este de La Habana—. Y
otra de las efemérides
importantes del año que
viene, relacionada con
este tema, son los cien
años de la matanza de
los Independientes de
Color. Debemos
conmemorarla con
debates, publicaciones,
etc. La Feria del Libro
del año que viene se
dedicará a las culturas
de los pueblos del
Caribe. De modo que hay
motivos suficientes para
seguir con este impulso;
pero partiendo de que
este no es un tema de
efemérides o épocas.
El Instituto Juan
Marinello se esforzó
mucho por que el
Seminario fuera, ante
todo, académico. La
intervención de
Fernando
Martínez Heredia, por
ejemplo, tiene un alto
rigor académico y una
densidad conceptual
realmente trascendente.
Sin embargo, creo que
las discusiones
trascendieron en gran
medida lo académico y se
comportaron como una
discusión de la sociedad
civil. El espectro de la
discusión y la actitud
de los participantes
desbordó el enfoque
puramente académico.
Como
Zurbano expresó en
su intervención, cada
día son más los grupos
de personas formales e
informales que discuten
estos y otros temas. Las
instituciones de la
cultura advierten ese
comportamiento con total
naturalidad. De hecho,
no tiene que ver solo
con las cuestiones
relacionadas con la
afrodescendencia, la
negritud o la racialidad,
como se quiera decir:
hoy hay un gran debate
en Cuba sobre todo tipo
de asuntos, de todas las
formas de
discriminación. En los
debates previos al
VI
Congreso del Partido se
dijeron cosas más
fuertes que las que se
dijeron en el Seminario.
Por cuarto año
consecutivo, hemos
convertido la Jornada
Nacional contra la
Homofobia en un
escenario de discusión,
de promoción de los
derechos de los
homosexuales, en un
espacio de construcción
de escenarios de
reivindicación de esos
grupos, como ha sucedido
también con el debate
sobre los
afrodescendientes.
No tenemos consenso aún
en la manera concreta de
aproximarnos a estos
problemas, aun cuando
esté clara la posición
del gobierno y también
de la sociedad civil.
Sobre la extraordinaria
obra social de la
Revolución y sobre
la persistencia de la
discriminación y el
racismo, no obstante, sí
tenemos consenso. Todos
tenemos que
acostumbrarnos a que
este problema se va a
visibilizar, a discutir
cada vez más con la
mayor naturalidad del
mundo. Creo que ya es
una conquista, teniendo
en cuenta que hace
algunos años todavía
discutíamos si se
hablaba de estos temas o
no, públicamente. Hoy
hay consenso en la
necesidad de decirlo.
Creo que la segunda
cuestión —aun sin
consenso en las
soluciones prácticas,
pero con consenso en la
necesidad de abordarla—
es la necesidad de
conectar nuestras
inquietudes, nuestras
luchas y nuestras
propuestas con nuestros
hermanos que están fuera
del país. Ahí entran
otros temas: si
aceptamos o no
posicionamientos
mayoritarios en otras
latitudes, si defendemos
solo el posicionamiento
propio o si tomamos de
uno y de otro. No
obstante, la idea de que
estamos ante una lucha
continental y mundial es
importante.
Se está arribando al
consenso de colocar la
discusión en los nuevos
escenarios del
poder popular
constituido en Cuba. Por
ejemplo, en la Comisión
del Parlamento cubano,
donde será presentado en
fecha próxima. Mientras,
tenemos como meta que
las instituciones
culturales cubanas y las
organizaciones de la
sociedad civil
relacionadas con la
cultura —cerca de 33,
nada poco para un solo
organismo
administrativo— tengan
una agenda propia para
esta lucha. Y habrá que
seguir desarrollando
debates acerca de otros
asuntos, muchos de los
cuales se abordaron en
el Seminario: el tema de
los medios, por ejemplo.
Me siento optimista y lo
que quisiera es que
todos estuviéramos
convocados a este
trabajo, entendiendo que
todos tienen cabida, con
la mínima excepción de
lo que llamamos la
contrarrevolución: ese
pequeño grupo de cubanos
y cubanas que recibe
financiamiento de
los órganos de la
subversión anticubana
de EE.UU. Con la agenda
de ese minúsculo grupo
de personas, ninguna de
estas voluntades
nuestras tiene nada que
ver. El día 30 de junio
se cumplirán 50 años de
que Fidel pronunciara
las “Palabras a los
intelectuales”. Es un
discurso que suele
reducirse a una frase
que altera su sentido
inclusivo y se omite que
Fidel, incluso, contaba
con que aun a los
contrarrevolucionarios
se les puede corregir.
Solo renunciaba a
aquellos que están de
lleno metidos en la
maquinaria anticubana.
Así de inclusivos
estamos dispuestos a ser
en el abordaje de este
tema y en su solución.
En la Revolución no se
ha resuelto el problema
del racismo y solo puede
resolverse y combatirse
desde una propuesta
inclusiva, que
únicamente deja fuera a
los enemigos jurados de
este pueblo.
Cuba está asistiendo a
un momento importante de
transformación de su
economía y también ante
el peligro real del
agravamiento de las
desigualdades. Medidas
de un calado profundo y
a la vez muy dramático,
como el tema de la
reducción del empleo
estatal, han tenido más
de un momento de
modulaciones, en función
de no lastimar.
Esas realidades nos
van a situar en
escenarios muy
complejos. Creo que hay
que esperar un poco para
que Cuba pueda ofrecer
una
propuesta modélica que
funcione y que pueda ser
estudiada como un
ejemplo. Lo que sirve de
ejemplo es lo que ya
hicimos, todavía no lo
que estamos haciendo
hoy. Debemos entender
esto con madurez. Y
aunque partimos de una
lógica integradora, el
sincretismo no agota el
problema. Quizá eso
presupone algún tipo
de medidas específicas,
pero no puede olvidarse
la idea integradora. Hay
que actuar con valentía
y serenidad, para no
fallar.
Intervención del
Viceministro de Cultura
en la Fundación Ludwig,
en el contexto del
Seminario Cuba y los
pueblos
afrodescendientes en
América. Junio de 2011.
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