La Habana. Año X.
25 de JUNIO al
1ro. de JULIO de 2011

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

La sociedad Pro-Arte Musical. Testimonio de su tiempo

Elogio a la complejidad

Víctor Casaus • La Habana

Este es un momento muy feliz para nosotros porque sabemos lo que significa, por supuesto, para un autor, tener en sus manos lo que ha sido objeto y materia de trabajo, de investigación, de rigor durante mucho tiempo, y esas son las características de la labor de Irina Pacheco. La calidad de su investigación, la capacidad de reunir a los testimoniantes necesarios, son ejemplo de los propósitos esenciales del Premio Memoria que ella ganó precisamente con esta investigación.

El libro incluye testimonios directos de muchas personas. Aquí tendremos la suerte no usual, como ella decía, de ver a los testimoniantes en el libro y de verlos además en la pantalla cuando se proyecte el documental que también realizó Irina. Ese es el caso de María Teresa Linares, de Aurelio Alonso y de otros amigos que se encuentran aquí.

Los testimonios son muy importantes y la labor que ha hecho Irina de reunirlos, de recopilar y de convertirlos en este libro es realmente formidable. Por eso a nosotros nos alegró tanto cuando llegó al Centro Pablo como proyecto precisamente de investigación ―porque este concurso no premia los libros ya terminados, sino, justamente, los mejores proyectos que tengan una trascendencia y un interés cultural, y después Ediciones La Memoria, que es el sello del Centro, publica el libro si este tiene la calidad requerida, como en este caso está más que probado.

Iba a hacer una mención inicial sobre las dificultades que hubo para publicar el libro, dificultades ajenas al Centro, producto de la situación del sistema poligráfico nacional y con las que seguimos luchando, todas las editoriales no solo nosotros, para que los libros estén en tiempo y se impriman con calidad. Este tiene una calidad notable, así como el pliego de fotos de su testimonio gráfico. Otra veces, con otros libros, no nos ha sucedido: aquí hay una calidad que queremos seguir manteniendo en los otros libros, si Dios y el poligráfico nos dejan.

No está con nosotros Graziella Pogolotti. No pudo venir, pero quiero comenzar esta presentación, como había pensado, compartiendo con ustedes un breve párrafo de su prólogo a este libro, porque sintetiza muy bien esa relación con la memoria que nuestro Centro quiere mantener a través de este Premio y de otros proyectos.

Graziella escribe en el prólogo: “Rescatar los intrincados vericuetos de la memoria sobrepasando el dulce encanto de la nostalgia es tarea necesaria para comprender, con vistas al presente y al futuro, la enorme complejidad del tejido social. Evita los erróneos análisis reduccionistas inspirados en narrativas históricas concebidas al modo de películas del oeste norteamericano. Permite establecer el equilibro necesario entre factores objetivos reales ―poderosos intereses económicos y clasistas― y el ámbito de la subjetividad, fuente de imaginarios colectivos e incentivo para la acción transformadora del ser humano. Privilegiados son los guardianes de la memoria siempre y cuando no se conviertan en paralizantes estatuas de sal”.

Este libro es precisamente lo contrario de lo que teme Graziella que suceda, porque moviliza el pensamiento de muchos de los que están aquí, los reúne en manos de su autora y entrega la historia de un proceso y un proyecto importante en la historia de nuestra cultura y no lo hace en ninguna de las parcialidades.     

En dos citas que haré después trataré de subrayar que el sentido de la complejidad al tratar los temas históricos, testimoniales, es muy importante, y este libro justamente cumple con él. La complejidad y la contradicción: dos elementos que debieran estar siempre presentes en la literatura, en las artes y también en la investigación testimonial ―como lo están en la vida misma.

El Centro Pablo se siente feliz de que exista una respuesta por parte de diversos autores en esa dirección, es decir, que haya una sistematicidad en ver la historia, las artes, la literatura en su complejidad.

Incluyendo esa palabra en su título hemos publicado recientemente otro de los Premios Memoria recientes ―La complejidad de la rebeldía―, un libro que les recomiendo, se encuentra en las librerías y lo presentamos en la pasada Feria, porque tiene precisamente una aproximación a un hecho histórico de manera compleja, no simplificada. Leyendo libros como ese, como el de Irina, se tiene la posibilidad de alcanzar una comprensión más cabal y completa de los hechos históricos y culturales. A partir de la complejidad y de la contradicción, y con ese sentido del estudio, del análisis, pensaron y trabajaron personas que para nuestro Centro Pablo resultan imprescindibles, como Pablo de la Torriente Brau, como Raúl Roa, ambos mencionados para mi alegría, por diversas razones, en este libro. Pablo mismo, en el prólogo de sus Cuentos de batey, el único libro que publicó en vida ―prólogo que es una muestra hermosísima de su humor, una de las armas irrebatibles que él manejó magistralmente― hace una relación de todas las cosas que él era en la vida en aquel momento, incluyendo su participación en los equipos de fútbol. Hacia el final de ese inicio del prólogo escribe: “Alumno de la escuela de dibujo, de la escuela libre dirigida por el pintor Víctor Manuel y domiciliada en cualquier café de La Habana, ex redactor anónimo de periódicos desconocidos” y después inicia un chiste que incluye a Pro-Arte con la palabra “socio” cuando escribe: “socio de Pro-Arte Musical, de la Sociedad Hispano-cubana de Cultura, del Centro de Dependientes y socio de Gonzalo Mazas”… Un humor irrebatible: nada pudo con ese humor.

El libro de Irina Pacheco está dividido en capítulos que no siguen un orden cronológico, sino un orden temático, y las temáticas que aborda son de la importancia que ustedes advertirán al escuchar sus títulos. Mencionaré solo algunas. “Las mujeres de Pro-Arte Musical”: hay mucha presencia de género y resalta la importancia de ustedes, de las mujeres que en este caso se encuentran aquí con nosotros, algunas de las cuales estuvieron cerca de ese proyecto o en ese proyecto. “El Ballet de Pro-Arte”. ¡Qué vamos a agregar en ese sentido!; “La guitarra en Pro-Arte Musical”.

Cada uno de esos temas está visto desde la complejidad, desde la contradicción ―como la doctora Pogolotti nos advertía en su prólogo―, no solamente desde la narración de lo sucedido. La historia es compleja, es contradictoria y aunque pasen los años, hay que tratar de que libros como este ayuden a comprender exactamente las cosas que sucedieron, a valorarlas, y a no excluir de la cultura, de un plumazo, elementos y temas que tuvieron importancia en su momento. Este libro, con la ayuda, por supuesto, de los testimoniantes que es decisiva, resulta un ejemplo excelente de esa visión que nosotros queremos proponer desde el Centro Pablo.

Entre los capítulos del libro hay uno muy breve, que pienso daría para una investigación posterior de otro estudioso. Esa es otra virtud de textos como este, que incitan a continuar algunos de los caminos iniciados en sus páginas. Me refiero ahora al capítulo titulado “Pro-Arte en Oriente”, donde se hace un breve resumen de las experiencias de la sociedad Pro-Arte Musical en aquella provincia, la existencia de ese proyecto en otras ciudades del país. Ahí hay un elemento gráfico hermoso, emocionante: la foto de Vilma Espín, de bailarina, de estudiante en aquel momento.

Dentro de este libro también se menciona uno de sus proyectos como parte de Pro-Arte: su revista. De ella, quiero compartir este breve fragmento, porque me parece que pudiera representar la poética de Pro-Arte. Lo más significativo o sorprendente es que se trata de poética contemporánea: propone aquí una actitud similar a lo que intentamos hacer muchos artistas en diversos ámbitos actualmente. Ello demuestra, al mismo tiempo, la vitalidad de este libro y de aquel proyecto.

Dice el texto de la revista de Pro-Arte: “Siempre hacia arriba, remontando perpetuamente la cuesta en persecución de la alta cima, debe ser la norma de todo organismo individual o social que quiera perfeccionarse y progresar. Detenerse en el camino rendido por la fatiga o envanecido del triunfo alcanzado es condenarse al fracaso. El que se detiene, retrocede tarde o temprano y el que retrocede perece irreversiblemente”.

Pro-Arte Musical dio pruebas de que está alentada por un espíritu emprendedor. Ese es un espíritu que, como sabemos necesitamos mucho ―quizá todos nosotros―, no solo en la cultura. La cita puede verse como una poética compartible, que podemos aplicar en nuestros respectivos ámbitos. Ese sueño de emprendimiento creador colectivo es el que modestamente en el Centro Pablo tratamos de realizar y que produce, por suerte, libros como el que ahora presentamos.

Como parte fundamental de este libro se encuentran los testimonios. Voy a citar la primera frase que tengo señalada aquí, del maestro Fernando Alonso. Dice: “Pro-Arte Musical fue una verdadera universidad de la cultura para el pueblo cubano”.

Otros de los testimonios señalan que Pro-Arte fue la vanguardia de la formación general de todo el pueblo porque allí iban personas no solamente a los palcos, a las primeras filas, sino también al lugar a donde iba Pablo de la Torriente Brau: al gallinero. Pablo lo menciona en más de un texto suyo: era justamente allí, desde el gallinero, donde él iba a conocer y a empaparse de esa maravillosa gama, de esa expresión variadísima y de alta calidad de la cultura universal ―no solamente cubana―, que este proyecto trajo ante los ojos y los oídos de los cubanos y las cubanas de su época.

Hay otros dos capítulos esenciales, por supuesto, dentro del libro: “Los socios”, donde hablan algunos de estos como entrevistados de hoy, y “Los espectadores”, testimoniantes actuales que eran en aquel momento muy jóvenes, algunos casi niños, y que comunican precisamente esa impronta diferente, no del que tuvo una participación ya como adulto, como parte de ese proyecto, sino como espectador, incluso niño o adolescente.

El libro es un ejemplo de esfuerzo, de investigación, de trabajo, de rigor, pero también es la documentación y el testimonio sobre otros esfuerzos enormes, mayores, sin duda, que han ocurrido durante la historia de la cultura cubana, puede verse como documento e incluso como homenaje. Ese es el caso del testimonio referido a Alicia Alonso, quien hablando de una gira importante que hacía el Ballet y de los esfuerzos titánicos que aquello significaba para las bailarinas y de los resultados que ello iba a significar, como vemos hoy, en la historia del Ballet Nacional de Cuba para la cultura cubana, decidió aceptar un préstamo, por las condiciones difíciles que viene narrando la historia, proveniente de un rico industrial local, dejando en garantía una joya para ella inapreciable que le había donado el pueblo de Cuba en 1957, con motivo del primer homenaje nacional que se le rindió en su patria. Ante las objeciones de algunos amigos por su decisión de desprenderse de algo tan preciado, Alicia exclamó. “¡La rescataremos cuando llegue el éxito económico, pero si la perdiera, siento que ganando prestigio por medio de nuestro arte para nuestra patria compenso a nuestro pueblo, le devuelvo lo que me dio; lo que hay es que ganar ese prestigio!”.

El Ballet, Alicia y todos los que hicieron el Ballet Nacional lo ganaron, y por eso es que hoy, entre otras muchas cosas, estamos recordando también aquí esa inmensa obra cultural que es el Ballet Nacional de Cuba, ante la presencia de Fernando Alonso, uno de sus pioneros y fundadores principales.

Como este es un libro que trabaja precisamente a partir de la complejidad, de la contradicción, incluye y propone los puntos de vista de diferentes testimoniantes, no para llegar a una conclusión definitiva, sino para ofrecernos la posibilidad de decidir por nosotros mismos. En ese sentido, quiero compartir unos breves testimonios.

El ensayista Aurelio Alonso dice: “Pro-Arte no era una institución representativa de las clases populares y que de ningún modo pienso que sus propósitos se relacionaban con una masificación de las mejores manifestaciones de la cultura. Había algo, no sé si mucho, tal vez menos de lo que algunos le atribuyeron pero algo importante, de elitista, con un toque aristocrático más que burgués, en el estilo, y no lo digo críticamente porque pienso que también forma parte de su encanto y de su contribución, pues las fronteras de ese elitismo no respondían a la pertenencia de clase muy alta, de las señoras que regían, sino a la comunión en la compresión y el placer cultural”. Y termina afirmando: “trajeron al público cubano lo mejor de la época, propiciaron el contacto, una lectura, una asimilación”.

En varios momentos del libro es posible encontrar la opinión del Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, una opinión decididamente favorable que ejemplifica precisamente la variedad de criterios que, en mi opinión, enriquece la visión de este libro: “Eran señoras muy respetables. Yo conocí a algunas de ellas, que eran amigas de mi familia, de mi madre. (…) Las recuerdo con cariño, con veneración. Toda eran generosas, trabajadoras, inteligentes, sensibles, increíblemente superiores a cualquier cosa que uno pudiera ver en cualquier sitio”.

Y hay una opinión que sirve precisamente para mostrar la comparación, el balance, entre esos puntos de vista. Es el testimonio de Pedro Simón, que menciona, por un lado, el criterio excluyente, que niega todo valor a un hecho cultural porque nació de una clase social dada y por lo tanto no puede dar resultados positivos; y, por otro, el criterio, también radical, de que lo realizado allí era absolutamente bueno y excelente. De ese balance surge el valor esencial de este libro: mostrar un proyecto cultural como este, hecho dentro de la República, y que se vea con la complejidad necesaria que nos permita una valoración justa. Esta idea se vincula con otros elementos que el libro toca también con la misma intención de prestar atención inteligente, no excluyente, a proyectos culturales que estuvieron hechos durante la República y que aportaron valores y experiencias para nuestra cultura.

Mencionaré uno solo porque fue extraordinario: el trabajo que realizó Raúl Roa como director de cultura, siendo ministro de Educación Aureliano Sánchez Arango durante el gobierno de Carlos Prío Socarrás, que se menciona en más de un momento dentro de este libro y que no siempre ha tenido la valoración que merece a partir de un criterio equivocado y sectario.

Habría que recordar las ferias del libro que se organizaron en esa época, impulsadas precisamente por Roa, o el proyecto de llevar el cine y las brigadas culturales a otras regiones del país, más allá de la capital. En la década de los 60, acciones como esas tuvieron alcances formidables, ya disponiendo de los recursos necesarios, pero el germen de todo aquello estuvo en la labor personas como Raúl Roa y de otros que trabajaron con él, que vieron, tempranamente, en la cultura no el privilegio de una clase, sino la visión adelantada de lo que sería posible hacer en otras circunstancias históricas más favorables, basadas en la justicia social y la búsqueda de la libertad.

La cultura cubana no empezó en 1959. El proceso revolucionario iniciado entonces propició que los logros excepcionales de Pro-Arte se convirtieran en la regla mayoritaria. Para eso en definitiva se había luchado ―e incluso luchamos hoy―: para que la cultura ocupe, ampare y ofrezca sus espacios de creatividad y defensa de los valores éticos y nacionales.

Por eso este libro también valora ―y muy bien― aquellos aportes excepcionales, al mismo tiempo que se convierte en memoria de los procesos culturales que narra. Desde el Centro Pablo y nuestras ediciones La Memoria nos satisface proponer este tipo de literatura que rescata la memoria de una manera viva: que, desde el pasado, nos trata de hacer entender qué es el presente y nos da un poco más de fuerza para seguir hacia el futuro.
 

Palabras en la presentación del libro La sociedad Pro-Arte Musical. Testimonio de su tiempo.

 
 
 
 
   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
Información sobre el resultado del Debate
(.pdf, 394 Kb)
.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.