La Habana. Año X.
25 de JUNIO al
1ro. de JULIO de 2011

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Punto y seguimos con arte… de Cienfuegos
Carina Pino Santos • La Habana
Fotos: Cortesía de la Galería Villa Manuela

El itinerario de artistas y la múltiple diversidad de sus propuestas es una realidad en la capital cubana a través de la exhibición en el circuito de  galerías de la ciudad.

Y pese a la interrelación capital-provincias (atendida a nivel institucional), es innegable que La Habana, como suele suceder, continúa siendo para los artistas centro de la actividad promocional como punto de mira más global, condensa en sus límites mayormente las posibilidades de mercado artístico y favorece la atención de la crítica especializada.


 Adrián Rumbaut

Quizá por ello es una excelente noticia que en la Galería Villa Manuela de la UNEAC este fin de semana ha quedado inaugurada Punto y seguido, una exposición colectiva de cinco artistas de Cienfuegos que no se unen aquí por la relación entre sus imaginarios, muy distintivos y diferentes en cada caso, mas sí por el hecho de ser coterráneos.

De modo que el vínculo UNEAC de la capital y de la provincia (Cienfuegos) logra con esta muestra colectiva indicarnos una vez más la necesaria vitalidad que debe continuar existiendo en el intercambio entre provincias y capital. La especialista cienfueguera Massiel Delgado Cabrera, quien atendiera el proyecto de Punto y seguido, lo ha definido con claridad, por cierto: “Suele ocurrir —ha expresado en su examen al reunir a los artistas allá en la Perla del Sur— que las regiones definidas en Cuba como provincias son percibidas como umbrales de baja intensidad en los que el tiempo posee una velocidad diferente, vivencia subjetiva —psicológica y culturalmente mediatizada— que, según algunos intuyen, determina y configura una manera específica de enfrentar la creación artística, asociada la mayoría de las veces a una producción desconflictiva, localista, gastada en su vaciedad. Algo que ya se sabe, es más el resultado de dificultades en el acceso, que de limitaciones conceptuales o morfológicas en lo artístico”.


Vladimir Rodriguez

Ahora Punto y seguido nos invita a apreciar obras de artistas relevantes cienfuegueros, lo cual no es nada desestimable si pensamos en los puntuales antecedentes de la  historia artística en la hermosa Perla del Sur. Desde los preciados aportes de las obras del escultor Mateo Torriente, sin olvidar aquellos de los pintores naif que nucleara Samuel Feijóo, entre los que se halla Julián Espinosa, el entrañable y peculiar Wayacón, así como otros pintores primitivos, o los renovadores afanes que se proponía el Grupo Punto que, a fines del pasado siglo XX, desplegó en Cienfuegos una intensidad tal que desbordaba cualquier intento de apresarlo en un espíritu únicamente local. Grupo integrado por entonces jóvenes artistas quienes removieron nociones acomodaticias y se encaminaron con un proyecto artístico de ideas, mientras en la capital se producía todo aquel repliegue sensualista hacia el regodeo en el oficio y los géneros.

Ha pasado toda una década del término de la actividad colectiva del Grupo Punto. Los artistas que aquí se juntan (tres de ellos son exintegrantes de aquel, léase William, Juan Karlos y Adrián) han sentido, no sin cierta nostalgia, aquella comunión anterior ya mencionada, a la vez que rememorado las otroras búsquedas experimentales de la pasada vida artística similar como ayer por el común denominador del paisaje cienfueguero que es entorno de sus creaciones.

La de ellos es ahora una sintonía generacional, de contexto artístico y de inquietudes, aunque no se conformen en un grupo como tal. Así, repentinamente  este insospechado quinteto se ha unido con el objetivo de exponer en la galería de nuestra UNEAC. Y  este refrescante reencuentro les ha asaltado en medio de los preparativos de su exhibición, como  un déjà vu, semejante a una paramnesia mediante la cual recuerdan inesperadamente lo aún no sucedido.


William Pérez

Mas, diría que pese a las disimilitudes entre sus creaciones, hay, amén de ese pasado artístico o del presente contextual, algo más en este acoplamiento de tan disímiles proyectos. Se percibe cual vibrante preocupación por el tiempo, ya sea desde un punto de vista existencial, histórico, filosófico o estético. Veámoslo a través de sus poéticas. William Pérez incursiona con fibra óptica, acrílico, madera y dibujos, en mapas que propician una lectura inclusiva de lo objetual y tecnológico, él alude a fragmentos varios, cual si intentáramos crear trampas y recursos para retener nuestra memoria psicológica. Quizá pueda el espectador ver el toro de Alexander Morales muy alejado de estas metáforas, máxime cuando él se inclina por un dejo de humor que pudiera desdecir cualquier trascendencia. En su antípoda, Vladimir Rodríguez asume una visualidad que pudiese dejar perplejo al espectador del siglo XXI. Sus instalaciones nos sumergen en un universo atemporal: no pertenece al pasado porque no existen analogías por comparación, ni al presente debido a su inexistencia en el planeta, mas tampoco podría decirse que es el futuro ignoto. Sus desenterramientos parecen esperar que el espectador devenga arqueólogo asombrado o que seamos nosotros quienes dilucidemos una filosofía del mundo, de la especie o de la evolución que él relaciona desde su subjetividad con otros conceptos como cosmogonías múltiples, la manipulación y un bestiario literario-poético. Con esta pieza fundamentada en conceptos numerológicos, se basa en el mito de los ibeyis, refleja la noción de que los opuestos se complementan en la naturaleza misma, un criterio que hallo análogo al ying y yang de la filosofía oriental. Muy lejos de esta arqueología asombrosa, Adrián Rumbaut exalta la pintura desde un examen abstracto. Espectros (sus diagramas pictóricos) depuran mapas del color. Vale recordar cómo el artista en etapas anteriores realizaba pinturas encerradas en prisiones ilusionistas. En la actualidad, se ha ido centrando cada vez más en la experiencia plástica más pura, no en términos de estilo o morfología, sino en cuanto al relieve que otorga a al pigmento. Mas tampoco ha dejado de ser implacable al confinar la pintura enmarcada dentro de un metálico zuncho. “Cuestiono reglas de la tradición pictórica” —nos dice. Adrián parte de un par de fotografías, una de los rebeldes en la Sierra y otra de su familia, las reelabora cual planos para el análisis perceptivo, el suyo es un arte de dobleces, por una parte reina la imagen pictórica, por otra es intelectual. Juan Karlos Echeverría enfatiza, desde el ángulo histórico-artístico que es soporte para Adrián, esa noción del tiempo al emplazar su obra en temáticas que abordan el pasado del socialismo de Europa del Este y su relación con Cuba. Él toma de la iconografía de nuestra identidad histórica y también soldaditos de juego (que remiten a su individualidad en el papel del proceso de la historia misma más general). Nos remite a la plástica de los 90 cuando una obsesión por la identidad y/o la insularidad recorrió las imágenes del arte cubano. Sus instalaciones empero pienso que demandan reelaboraciones más complejas: He llegado al último de los artistas y una vez más salta a la vista cómo, sin proponérselo de manera consciente, estos cinco artistas vuelven su mirada a ese ciclo inextinguible que es el tiempo.


Alexander Morales

Sin duda, hay tres piezas que creo resaltan en la colectiva, es el caso de la poética sumamente lograda de William Pérez con sus mapas imaginarios encendidos, la obra de quien he llamado cierta vez “el ilusionista”: Adrián Rumbaut, y la cosmovisión arqueológica, con una densidad intelectual y antropológica tan inusitada como original de Vladimir Rodríguez, un trío que otorga relieve conceptual a la colectiva.

Si el Grupo Punto (1995-2000) fue una experiencia colectiva oxigenante en la plástica cubana, ahora notamos una continuidad en este promisorio verano de 2011. Un Punto y seguido a través de tan diferentes imaginarios de quienes, sin agruparse de forma alguna, parecen dejarnos “todo el tiempo” para que develemos el arte en sus creaciones.

 
 
 
 
   
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.