La Habana. Año X.
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1ro. de JULIO de 2011

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Color de la piel y educación en la Cuba actual
Rodrigo Espina • La Habana
Ilustración: Abel Ferro

En los últimos 20 años en Cuba se ha venido desarrollando una literatura, científica, referida al tema racial que, aunque insuficiente en relación con la importancia del tema y su incidencia en los destinos del país en su voluntad democrática y socialista, abarca una buena cantidad de páginas y de temáticas. Algunos de estos textos han sido referenciados en artículos como El tema negro en la historiografía cubana del siglo XX1, de la Dra. María del C. Barcia; Cuba: Ciencia y racialidad, 50 años después2, de Esteban Morales, y La cultura afrocubana: investigaciones recientes3, de Alejandro de la Fuente.
 


En esos resultados, como una conclusión que gravita sobre el resto, aparece el reconocimiento de que “la cultura cubana en su variedad de matices y manifestaciones expresa altos niveles de integración y consolidación étnica y se presenta, por tanto, como una totalidad en la que el cubano sin distinción de raza u origen étnico encuentra su identificación”4, aunque esta aseveración no quiere decir que los grupos raciales carezcan de significación desde el punto de vista  social.

En este sentido, tomando en cuenta tanto los procesos históricos y políticos en que ha enfrentado la población cubana, con una fuerte herencia de implicaciones raciales, así como las nuevas condiciones que se han creado en el país a partir de enero del 59 que, aunque han sometido esa herencia a una desestructuración en el plano ideológico a partir de un discurso político que siempre mantuvo como ideal la igualdad racial, aunque no se enunciara de forma permanente5, así como desigualdades mantenidas o que no han podido eliminarse en estos 50 años, junto con las manifestaciones emergentes de discriminación que se han creado en las nuevas condiciones de nuestra economía a partir del inicio de los años 90, puede hacerse una síntesis apretadísima de las brechas estructurales por el color de la piel expuestas en algunas de esas investigaciones.  

Estas investigaciones dan cuenta de desventajas en el acceso al empleo a partir de las desproporciones halladas en la representación de los grupos por color de la piel entre los sectores emergente y tradicional de la economía. En el primero, el más ventajoso por su asociación con la generación de divisas en las formas de salario, estímulos y propinas, existe una mayor representación de blancos en las categorías de dirigentes y profesionales y muy escasa la de los negros y mestizos, quienes solo hallan una representación mayoritaria entre los trabajadores que prestan servicio indirecto al turismo, lo que contrasta con la presencia significativa de negros y mestizos entre los profesionales y técnicos, mayoritaria entre los obreros,  en el sector tradicional de la economía.

Otras informaciones relevantes tienen que ver con la menor proporción en el uso del trabajo extra por parte de los blancos en relación con los mestizos y negros, así como mayor recepción de las remesas familiares provenientes del extranjero a personas blancas y en particular entre los trabajadores del sector emergente, como reflejo de la estructura racial de las migraciones.   

Esto, junto con otros factores, implica una sobrerrepresentación de negros y mestizos en los ingresos inferiores y en los grupos en situación de pobreza.

En relación con la ocupación del espacio urbano y la vivienda, se revela la mayor presencia de blancos en barrios residenciales y en viviendas con mejores condiciones habitacionales y la mayor proporción de negros y mestizos y de obreros en los barrios populares y en las viviendas de peores condiciones, fundamentalmente solares y ciudadelas y en las zonas rurales del país.

Esta situación trae aparejada condiciones de vida desventajosas y limitaciones para el aprovechamiento de opciones abiertas por la reforma de autoempleo y generación de ingresos (alquiler de habitaciones, actividades de servicio gastronómico) 

En las relaciones interpersonales aparece una tendencia a la intrarracialidad  (grupo de amigos, elección de mejor amigo, elección de mejor vecino), así como en los matrimonios constituidos y en el deseo de matrimonios de los descendientes6

Estas informaciones, aportadas y construidas a partir de varias investigaciones, nos reflejan un panorama de carácter estructural (salario, formas alternativas de ingreso, acceso a divisas —CUC en la actualidad—, ocupación de espacios mejor situados, urbanos por lo general por sobre los rurales, mejores condiciones de vivienda, por referirnos a algunos de los más significativos) y en el plano simbólico, que afecta, por encima de cualquier otra diferencia, a los grupos de color no blancos de nuestra sociedad.

Educación y color de la piel

La educación, junto con el  sistema de salud, constituye uno de nuestros grandes logros; es uno de los grandes mitos, en el sentido de relato estructurador, de hecho primordial de nuestra historia, que conforman nuestro ideario político revolucionario y, por lo tanto, está sometido constantemente a la mirada crítica de la sociedad toda. Amén de que las desigualdades en el plano estructural reseñadas anteriormente inciden en la educación, al presentar los alumnos puntos de partida diferentes, también se presentan brechas, al interior del sistema educativo, relacionadas con la generación de desigualdades por el color de la piel, aunque aún no suficientemente estudiadas. 

En la Propuesta para la elaboración de políticas tendentes a  la reducción de las desigualdades raciales, elaborado por el Grupo de Reducción de Desigualdades del Polo de Ciencias Sociales y Humanidades (2008), a partir de un análisis de la información censal, se afirma que: 
 

         “En sentido general no existen grandes diferenciales según color de la piel en cuanto a los niveles de instrucción alcanzados por la población  en los últimos años. No obstante, en la información del Censo de Población y Viviendas de 2002  se constatan diferencias significativas en el nivel educacional superior, donde los blancos culminan más estos estudios que los no blancos (4,4 puntos). En paralelo, los no blancos están sobrerrepresentados en los obreros calificados en 10,1 puntos porcentuales por encima de la media7.” 

Algunas de estas brechas serían, por ejemplo, sobrerrepresentación de blancos en la enseñanza superior, ante sobrerrepresentación de negros y mestizos en la enseñanza tecnológica de nivel medio8.

Otras informaciones e investigaciones realizadas por este autor dan cuenta, por ejemplo, del desbalance en la presencia de blancos, negros y mestizos y de las actividades que aparecen realizando en las ilustraciones de libros de textos de la enseñanza primaria; el establecimiento de desigualdades, no solo raciales, por parte de los maestros en el tratamiento de los alumnos; la percepción prejuiciosa de determinados fenómenos de la sociedad familiares, religiosos, culturales en detrimento de los grupos no blancos. 

Otros aspectos están relacionados con carencia de contenidos en las asignaturas, relacionados con la historia de África, los aportes de los africanos a la cultura mundial, más allá del antiguo Egipto; con las causas históricas, políticas y económicas de las situación actual del África subsahariana, que rebasen el fenómeno de la trata negrera, o sobre la magnífica literatura generada en ese continente en todas las épocas históricas.

Como resultado de un cuestionario aplicado a 135 jóvenes habaneros recién graduados de la enseñanza media superior, en el año 2002, en relación con conocimientos y gustos literarios, los escritores que ocuparon los primeros lugares fueron Franz Kafka, James Joyce, Ernest Hemingway, Gabriel García Márquez y Nicolás Guillén (¡!), con Paulo Coello en primer lugar; pero dijeron no conocer ninguna obra ni ningún autor africano ni de ningún otro lugar del mundo que no fuera Europa, EE.UU. y América Latina.

La escuela paradigmatiza. Los conocimientos impartidos y aprendidos en ella se constituyen en verdades inconmovibles y puntos referenciales para la percepción del mundo. En una escuela que no se impartan estos conocimientos relacionados con la historia y la cultura de África —y de otras regiones del mundo— ve limitada su capacidad de enfrentar los retos que le impone la lucha por la igualdad social y contra la discriminación racial.

Para una deconstrucción   

Ahora bien, aunque cualquiera de esas acciones debe ser bienvenida, la deconstrucción del racismo no puede ser objeto de una determinada área de la sociedad, por mucha influencia y amplitud que tenga, como es el caso del sistema educativo cubano.

No es solo un problema de la aparición de determinado tema o la cantidad de horas que se le dediquen en un programa. Si esas materias y esas horas se imparten a través del tamiz del prejuicio racial, el efecto será contraproducente.

Con una desestructuración a nivel de toda la sociedad —que solo puede lograrse con un debate público en el que participen todas las instituciones del estado junto con la sociedad civil, y que también aparece como propuesta en muchos de esos foros a que he hecho referencia— únicamente podría  lograrse la eliminación de las secuelas de la mayor maldad civil que han cometido los hombres. 

Pero también se impone ya la inclusión en el currículo escolar de una asignatura que abarque saberes provenientes de las ciencias sociales psicológicos, sociológicos, antropológicos que permitan la comprensión de los fenómenos de la sociedad, de nuestra sociedad, no solo desde un esquema político o desde una perspectiva histórica, que son los que habilita la enseñanza tradicional, que como regularidad colocan la responsabilidad de los males sociales en causas externas o como herencia del pasado y no como resultado también de la dinámica y la interacción de otros factores, que son provocados por fallas en el diseño o en la aplicación del modelo económico social que estamos construyendo. 

Esta ausencia no posibilita la aprehensión de fenómenos tales como la estructura social, su dinámica, las desigualdades sociales, las brechas de equidad, el papel de la cultura en esos fenómenos y obliga a una visión teleológica, lo que en ocasiones provoca respuestas inmovilizativas al ver las desigualdades como algo natural o desintegrativas, no solo en relación con las desigualdades por color de la piel, sino con otros procesos y fenómenos provocadores de brechas de desigualdad social tanto en el plano estructural, como en el simbólico. 

Precisamente durante la semana en que se desarrolló el Seminario “Cuba y los pueblos afrodescendientes en América”, organizado por mi Instituto, mientras trabajaba en la ponencia que llevaría al panel Procesos de creación del conocimiento en la deconstrucción del modelo poscolonial para asumir la discriminación racial, oía casi en sordina la retransmisión de la telenovela argentina Mujeres de nadie en su cuarta temporada, diría algún cómico cubano como sustituto del rumor de mi barrio de Cayo Hueso, que ese día extrañamente estaba acallado, pero del cual ya no puedo prescindir para trabajar cuando no es excesivo o de la música, pero tenía un CD en la computadora, por lo que no podía oír la de mi preferencia.

En ese capítulo, el protagonista queda ciego a causa de una enfermedad y uno de sus antagonistas le dice que en Cuba se está ensayando un nuevo procedimiento para la cura de su mal y dice esta frase: “En Cuba hay una esperanza”. Un análisis de discurso de la frase, en el nivel fonológico, daría como resultado que fue entonada como sacada del contexto particular en que fue dicha para asumir, casi subliminalmente, un contexto más general: Cuba es una esperanza para los pueblos del mundo.

Es cierto, Cuba constituye un paradigma para seguir no solo en el tema de la medicina, sino también y, fundamentalmente, en el de la justicia social. Su aporte a la lucha mundial contra la discriminación racial tanto en el plano nacional, como en el internacional, particularmente su aporte a la eliminación del apartheid y la lucha por la liberación de los pueblos en el continente africano, es incuestionable e incomparable y marca la cota más alta a que los pueblos del mundo aspiran. Aunque comparto estos criterios, en este momento me hago eco de las opiniones vertidas por colegas extranjeros en el seminario.

Pero, precisamente por esa posición que ocupa Cuba en las miras de otros pueblos, debemos seguir perfeccionando nuestro modelo social para poder seguir sosteniendo esa posición, no como resultado de una competencia deportiva, sino como esencia de nuestro sistema. Y en el tema que nos ocupa, aún queda mucho y podemos y nuestra sociedad tiene ese propósito por andar.  Sigamos caminando.
 

Notas:

1- En Del Caribe, Santiago de Cuba, No. 44, 2004, pp. 102-110.

2-http://estebanmoralesdominguez.blogspot.com/2010/07/cuba-ciencia-y-racialidad-50-anos_27.html.

3- En Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, Universidad de Pittsburgh, 2007, julio-diciembre, Vol. LXII, No.2, pp. 265-278, ISSN: 0034-7981.

4- Colectivo de autores. Relaciones raciales en Cuba. Resultados de investigación. En prensa. Será presentado el día 12 de julio en el Instituto Cubano de Antropología  por la Fundación Fernando Ortiz.  

5- Los momentos habrían  sido el propio año 59, mediados de los 80 y, fundamentalmente y de forma más sostenida, a partir del año 2000, con momentos importantes como el discurso pronunciado por Fidel en Pedagogía 2003, la entrevista que le hiciera Ramonet a Fidel y, en  palabras de Raúl en el momento actual, por citar los más importantes y los que a mi entender constituyen hitos.

6- Para ampliar estas ideas, V. Rodrigo Espina Prieto y Pablo Rodríguez Ruiz. Raza y desigualdad en la Cuba actual,  Revista Temas No. 45, 2004, pp. 44-54; Colectivo de autores. Ob. cit.,  y Mayra Espina et al. Equidad y movilidad social en Cuba. Impactos del reajuste estructural, 2008, Inédito. 

7- Grupo de Reducción de Desigualdades. Polo de Ciencias y Humanidades. Propuesta para la elaboración de políticas tendentes a la reducción de desigualdades raciales, 2008. 

8- V.  Niuva Ávila, Familia, racialidad y acceso a la Educación Superior en Cuba. Un estudio de caso, 2006, (Trabajo de diploma).

 
 
 
 

 

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