|
La llamada “acción
afirmativa” surgió con
particular fuerza en los
EE.UU., con
posterioridad a la lucha
por los derechos civiles
en los años 60.
Cuando hablamos de
acción afirmativa, nos
referimos a un conjunto
de políticas sociales,
que, observando las
diferencias “raciales”,
étnicas o de color, las
tome en cuenta y
promueva acciones para
borrarlas o al menos
equilibrarlas. El
colonialismo y el
neocolonialismo
engendraron tantas
desventajas
estructurales entre las
personas de razas,
etnias y colores
diferentes, que resulta
ahora imposible
eliminarlas en el plazo
de la vida de una
persona, incluso en
Cuba, donde el promedio
de vida es muy alto. De
no aplicarse este tipo
de políticas
mencionadas, muchos
morirían antes que
pudieran ver eliminadas
o siquiera equilibradas
las desventajas que
arrastran y que tienden
a reproducirse.
En Cuba, tenemos
personas que por su
color de la piel, o
independientemente del
color, recibieron
históricamente un trato
discriminatorio dentro
de la vida social
cubana. No había que ser
negro o mestizo en la
Cuba anterior a 1959
para recibir un trato
discriminatorio. Los
denominados blancos
también eran
discriminados por
pertenecer
fundamentalmente a las
llamadas clases bajas,
pobres, obreros y
campesinos pobres. La
mujer negra, en tal
caso, sufría una doble y
hasta triple
discriminación: la del
hombre, la del sexo y la
del color.
|

|
De acuerdo con el
devenir histórico, la
acción afirmativa debe
ser reconceptualizada.
No considero se deba
entender ni aplicar
esta, como la elevación
del color, la raza o la
etnia a la categoría de
privilegio, para
otorgar ventajas por el
hecho de no ser blancos.
Ello, dentro de la
propia experiencia
norteamericana,
expresado por muchos con
toda razón, ha tendido a
comportarse como una
especie de “racismo a la
inversa”
siendo una manipulación
del real objetivo con
que surgió la
iniciativa.
Es decir, al pasar los
años, después de su
implantación, junto con
la Ley por los Derechos
Civiles de 1964, sobre
todo luego de la
administración de R.
Reagan, la acción
afirmativa fue muy
atacada y se diluyó
dentro de un gran
debate, que la fue
modificando y eliminando
paulatinamente.
Muchos blancos en EE.UU.
se quejan de que no
tienen el privilegio que
la raza, el color o la
etnia, otorga a otros.
Entonces surgen varias
contradicciones:
1-Los blancos, que
siempre han ostentado el
poder y la hegemonía
social, sienten que la
van perdiendo por no
pertenecer a los grupos
raciales preteridos.
2- Se incrementa el odio
racial, bajo la forma de
los llamados “grupos
extremistas,
fascistoides”, como
resultado de que
aquellos que siempre
fueron privilegiados por
el color, ahora sienten
que esos privilegios son
otorgados a los que
nunca los tuvieron.
3- La clase media negra
en los EE.UU., en alta
proporción, se opone a
la acción afirmativa, a
partir de considerar que
esta los rebaja ante los
blancos, a pesar de que
muchos negros, por sus
propios esfuerzos, han
logrado equiparárseles,
sintiendo esa situación
como un lastre moral,
como algo que conlleva
el considerar inferiores
a aquellos que
históricamente los
explotaron.
Esta última posición
implica también cierto
grado de acomodamiento,
al olvidar a una masa
importante de negros, la
mayoría de esa
población, que aún
vive por debajo de la
línea de pobreza en los
EE.UU.
Lo que más se ataca de
la acción afirmativa es
la preferencia. Es
decir, su modo inicial
de aplicación, que
consistía en dar
privilegios a negros,
hispanos y demás
minorías, por la raza,
sobre la base de un
sistema de cuotas.
Después de 1964 se
implementó un mecanismo
de cuotas para empleos,
ingreso en las
universidades, etc., lo
cual trajo como
consecuencia que la raza
deviniera criterio para
otorgar ventajas.
Es cierto que no se
justifica desde ninguna
perspectiva que el trato
preferencial basado en
la raza, la etnia o el
color llegue a
institucionalizarse;
pero tampoco es posible
dejar de reconocer que
hay personas que debido
a su procedencia,
padecen un conjunto de
desventajas
estructurales heredadas
y reproducidas por el
sistema capitalista
norteamericano, que hay
que tratar de ayudar a
enmendar, si es que se
desea crear una sociedad
equitativa, en la que
todos sus miembros
marchen hacia adelante
con igualdad de
oportunidades y
posibilidades.
Pero, como una
resultante del debate,
aunque no existe
consenso al respecto, se
reconoce ahora que la
acción afirmativa puede
ser enfocada desde una
perspectiva diferente.
Pensamos que la forma de
solución del problema no
es la cuota. Eso ya fue
aplicado, incluso en
Cuba en el entorno de la
segunda mitad de los
años 80, y no dio
resultado. Luego,
parece no ser la
preferencia, otorgada de
manera directa y sobre
la base del color, lo
que nos va a solucionar
el dilema, sino otro
tipo de acción
afirmativa, que, sin
dejar de reconocer las
desventajas, vengan de
donde provengan, no
eleve estas últimas a
criterio de preferencia.
Mucho menos, tratándose
de la raza.
A este, que pudiera
considerarse nuevo tipo
de acción afirmativa, se
le conoce con el nombre
de Acción Afirmativa de
Desarrollo, por
contraposición a la
llamada Acción
Afirmativa de
Preferencia.
Mientras la Acción
Afirmativa de
Preferencia, que hasta
no hace mucho se
aplicaba, reconocía la
diferencia racial o
étnica y la tomaba como
parámetro para otorgar
la cuota; la Acción
Afirmativa de Desarrollo
no elude la necesidad de
la acción afirmativa ni
la diferencia, pero
tomando a esta última
entonces para realizar
un tipo de política que
trabaja sobre la
desventaja en el
desempeño, para
mejorarlo y así ofrecer
al objeto de su acción
(obrero, estudiante,
etc.) la posibilidad de
adquirir las capacidades
que les facilitan ser
evaluados por los
parámetros comunes para
todos los grupos. Se
trata entonces de una
acción afirmativa que
trabajaría para reducir
las desventajas a cero,
con tal de evaluar el
desempeño según los
parámetros comunes
establecidos.
Luego,
partiendo de la
necesidad de la acción
afirmativa, como
instrumento que nos
permite eliminar las
diferencias heredadas y
encontrar la equidad, su
aplicación puede
lograrse si en vez de
elevar las diferencias
raciales a la categoría
de principio para
asignar la preferencia,
la asumimos como
principio para trabajar
por la eliminación de la
desventaja, antes que
esta tenga que ser
evaluada. Es decir, se
trata de ayudar a los
que tienen que ser
evaluados, para que no
lleguen a ese momento
con las desventajas a
cuestas.
Pienso que vale la pena
analizar si este tipo de
acción afirmativa se
adapta a las condiciones
de Cuba tomando en
consideración que la
experiencia de los
llamados Trabajadores
Sociales aportó ideas
que hoy se aplican
dentro de la labor de
solidaridad realizada
por Cuba fuera de la
Isla.
Pero ¿por qué entonces
en la sociedad cubana
actual es necesario
poner en práctica algo
similar a una acción
afirmativa, a más de 50
años de una política
social que ha luchado
contra la injusticia y
la desigualdad hasta los
mismos bordes del
igualitarismo?
En Cuba, la esclavitud
duró mucho (oficialmente
hasta 1886) y en la
lucha por la
independencia no
triunfaron aquellos que
querían una república
“con todos y para el
bien de todos”. A ello
se sumó la intervención
de EE.UU., período
durante el cual la
pobreza fue masivamente
blanca, aunque la
riqueza nunca llegara a
ser negra. Respecto a la
discriminación de raza,
algo se avanzó durante
la neocolonia, comparado
con la etapa colonial
esclavista.
En la masa de los
pobres, los negros y
mestizos compartían la
pobreza con los blancos,
pero dentro de un
contexto social en el
que los propios blancos
pobres ejercían la
discriminación racial y
el racismo contra
aquellos que, en última
instancia, desde el
punto de vista
económico, eran sus
compañeros de
infortunio. Es decir, el
blanco, aunque pobre,
tendía a sentirse
superior al negro y lo
discriminaba. Lo cual
obedecía a que, a pesar
de ser pobre, se
desenvolvía dentro de
una dinámica social que
le permitía salir de la
pobreza con menores
dificultades que al
negro. Todo ello por un
conjunto de razones que
sería muy largo
explicar, debido a las
cuales el blanco poseía
una movilidad social muy
superior a la del negro,
que, por lo general,
nacía y moría en el
solar.
La República
no engendró el racismo,
pero lo aprovechó muy
bien para explotar al
negro, hacerle creer al
blanco que era superior,
e inculcar las
divisiones dentro de la
clase obrera, basadas en
el color de la piel.
Los negros y mestizos en
Cuba, por su color,
situación social y
desventajas heredadas de
todo tipo —que tenían su
trasfondo más lejano en
la esclavitud— sufrían
doblemente por ser
pobres y por ser negros
o mestizos, lo que los
convertía en víctimas de
una dual discriminación.
Los negros, que vinieron
como esclavos, eran
todos pobres al cesar la
esclavitud y así
permanecieron durante la
república y aun no han
podido, en su inmensa
mayoría, salir de esa
situación. En ello, la
explotación colonial y
capitalista, pero
también el racismo y la
discriminación por el
color, han tenido una
gran responsabilidad.
Aunque se ha ejercido y
deben continuar
ejerciéndose acciones
encaminadas a ayudar a
todos los pobres a
superar su situación, en
el caso de los negros y
mestizos, deben
desarrollarse acciones
dirigidas
específicamente a
eliminar las desventajas
adicionales, derivadas
del color de la piel.
Hoy en Cuba, cierta
acción afirmativa, se ha
dirigido a todos los
pobres, con
independencia del color
de la piel, por medio de
una política social
extraordinariamente
humanista. Pero resulta
imposible olvidar que
los negros y mestizos
son los más pobres, los
que viven en peores
condiciones, los que
menos probabilidades
tienen de aprovechar las
ventajas de la política
social humanitaria de la
Revolución. Son, además,
los que menos remesas
reciben y a los que les
resulta más difícil
conseguir un empleo en
aquellos sectores de la
economía más atractivos
y mejor remunerados.
Cualquier blanco pobre
puede ser discriminado,
pero nunca lo será
también por el color, lo
cual aun es una realidad
para los negros y
mestizos en Cuba. Aunque
también existan los
llamados “blancos de
orilla”, aquellos que
son discriminados dentro
del propio grupo racial
blanco haciendo del
racismo y la
discriminación no solo
un asunto contra los
negros, aunque sí
preferiblemente contra
ellos, sino también
ejercido dentro de los
propios negros y
mestizos y entre los
blancos, lo que
convierte al racismo y
la discriminación en una
disfuncionalidad de toda
la sociedad cubana.
Lamentablemente, son
muchas las razones
históricas y
contemporáneas por las
cuales negros, blancos y
mestizos no son aún
iguales dentro de
nuestra realidad social.
Son muchos los lastres
aún insuperados y muchas
todavía las
imperfecciones de
nuestra sociedad actual
para poder afirmar que
hemos llegado a la
igualdad, con
independencia del color
de la piel. La igualdad
de derechos, sin duda,
existe en Cuba, pero la
igualdad social es algo
mucho más compleja y
difícil de alcanzar.
No se trata de que en
Cuba elevemos el color
de la piel a parámetro
de privilegio, pues hay
también una población
blanca que necesita de
acciones concretas
destinadas a mejorar su
situación.
Se trata, entonces, de
que por ser negros o
mestizos, hay personas
en Cuba a las cuales les
costaría más esfuerzo y
más
tiempo equilibrar las
diferencias con el resto
de la población. La
prueba más fehaciente de
ello la tuvimos
durante la crisis
económica de finales de
los 80 y principios de
los 90. Fueron negros y
mestizos entonces los
que más se afectaron por
esa crisis, debido a que
estaban más lejos de
haberse consolidado un
nivel de vida.
Ello afectó incluso a
sectores negros y
mestizos de la
intelectualidad, que
habían logrado hacerse
de un aceptable nivel
de vida.
Considero que la única
forma de ir mejorando la
situación antes
apuntada, es tomarla en
consideración mediante
la puesta en práctica de
una política social, que
partiendo de las
diferencias, ayude de
manera especial a negros
y mestizos. No le
llamemos a esa política
“Acción Afirmativa”,
para evitar confusiones
y comparaciones no
válidas en el caso de
Cuba, pero tendría que
ser, sin duda, una
política dirigida a
equilibrar las
disparidades que el
color de la piel lleva
implícito aún en nuestra
sociedad.
Como dije en mi artículo “Acción
afirmativa: un asunto
para el debate”,
no comparto, ni creo que
la acción afirmativa,
tal y como se ha
conceptualizado y
aplicado en los EE.UU.
por muchos años, sea lo
que se aviene a nuestras
necesidades; pero hacen
falta acciones
específicas, que
reconozcan que el color
de la piel es una
desventaja, una variable
de diferenciación social
a tomar en consideración
para equilibrar la
situación de una parte
importante de nuestra
población. Es ese el
único modo de nivelar
puntos de partida tan
diferentes, de los que
sus ancestros llegaron
como esclavos,
prisioneros en los
barcos negreros, frente
a los que vinieron, por
propia voluntad,
buscando una fortuna,
que no pocas veces
alcanzaron.
Junio 11 del 2011.
Notas:
3-
William Clinton,
durante su mandato,
trató de evitar la
eliminación de la Acción
Afirmativa, promoviendo
su impulso. Incluso
lanzó la iniciativa
llamada “Una sola
América para el siglo
XXI”, la cual Bush hijo
sepultó en el olvido.
-
No es seguro y
está más bien comprobado
lo contrario, que a las
elites de poder en los
EE.UU. les preocupe este
problema.
|