La Habana. Año X.
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1ro. de JULIO de 2011

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Por una sociedad equitativa:
miradas a la realidad de negros y mestizos
Esteban Morales • La Habana
Ilustración: Gustavo

La llamada “acción afirmativa” surgió con particular fuerza en los EE.UU., con posterioridad a la lucha por los derechos civiles en los años 60.1  

Cuando hablamos de acción  afirmativa, nos referimos a un conjunto de políticas sociales, que, observando las diferencias “raciales”, étnicas o de color, las tome en cuenta y promueva acciones para borrarlas o al menos equilibrarlas. El colonialismo y el neocolonialismo engendraron tantas desventajas estructurales entre las personas de razas, etnias y colores diferentes, que resulta ahora imposible eliminarlas en el plazo de la vida de una persona, incluso en Cuba, donde el promedio de vida es muy alto. De no aplicarse este tipo de políticas mencionadas, muchos morirían antes que pudieran ver eliminadas o siquiera equilibradas las desventajas  que arrastran y que tienden a reproducirse.
 

 

En Cuba, tenemos personas que por su color de la piel, o independientemente del color, recibieron históricamente un trato discriminatorio dentro de la vida social cubana. No había que ser negro o mestizo en la Cuba anterior a 1959 para recibir un trato discriminatorio.  Los denominados blancos también eran discriminados por pertenecer fundamentalmente a las llamadas clases bajas, pobres, obreros y campesinos pobres. La mujer negra, en tal caso, sufría una doble y hasta triple discriminación: la del hombre, la del sexo y la del color.
 

 


 

De acuerdo con el devenir histórico, la acción afirmativa debe ser reconceptualizada. No considero se deba entender ni aplicar esta, como la elevación del color, la raza o la etnia a la categoría de privilegio, para  otorgar ventajas por el hecho de no ser blancos. Ello, dentro de la propia experiencia norteamericana, expresado por muchos con toda razón, ha tendido a comportarse como una especie de “racismo a la inversa”2, siendo una manipulación del real objetivo con que surgió la iniciativa. 

Es decir, al pasar los años, después de su implantación, junto con la Ley por los Derechos Civiles de 1964, sobre todo luego de la administración de R. Reagan, la acción afirmativa fue muy atacada y se diluyó dentro de un gran debate, que la fue modificando y eliminando paulatinamente.3  

Muchos blancos en EE.UU. se quejan de que no tienen el privilegio que la raza, el color o la etnia, otorga a otros. Entonces surgen varias contradicciones: 

1-Los blancos, que siempre han ostentado el poder y la hegemonía social,   sienten que la van perdiendo por no pertenecer a los grupos raciales preteridos. 

2- Se incrementa el odio racial, bajo la forma de los llamados “grupos extremistas, fascistoides”, como resultado de que aquellos que siempre fueron privilegiados por el color, ahora sienten que esos privilegios son otorgados a los que nunca los tuvieron. 

3- La clase media negra en los EE.UU., en alta proporción, se opone a la acción afirmativa, a partir de considerar que esta los rebaja ante los blancos, a pesar de que muchos  negros, por sus  propios esfuerzos, han logrado equiparárseles, sintiendo esa situación como un lastre moral, como algo que conlleva el considerar inferiores a aquellos que históricamente los explotaron.

Esta última posición implica también cierto grado de acomodamiento, al  olvidar a una masa importante de negros, la mayoría de esa población,  que  aún vive por debajo de la línea de pobreza en los EE.UU. 

Lo que más se ataca de la acción afirmativa es la preferencia. Es decir, su modo inicial de aplicación, que consistía en dar privilegios a negros, hispanos y demás minorías, por la raza, sobre la base de un sistema de cuotas. Después de 1964 se implementó un mecanismo de cuotas para empleos, ingreso en las universidades, etc., lo cual trajo como consecuencia que la raza deviniera criterio para otorgar ventajas. 

Es cierto que no se justifica desde ninguna perspectiva que el trato preferencial basado en la raza, la etnia o el color llegue a institucionalizarse; pero tampoco es posible dejar de reconocer que hay personas que debido a su procedencia, padecen un conjunto de desventajas estructurales heredadas y reproducidas por el sistema capitalista norteamericano, que hay que tratar de ayudar a enmendar, si es que se desea crear una sociedad equitativa, en la que todos sus miembros marchen hacia adelante con igualdad de oportunidades y posibilidades.4 

Pero, como una resultante del debate, aunque no existe consenso al respecto, se reconoce ahora que la acción afirmativa puede ser enfocada desde una perspectiva diferente. 

Pensamos que la forma de solución del problema no es la cuota. Eso ya fue aplicado, incluso en Cuba en el entorno de la segunda mitad de los años 80, y no dio resultado. Luego, parece  no ser la preferencia, otorgada de manera directa y sobre la base del color, lo que nos va a solucionar el dilema, sino otro tipo de acción afirmativa, que, sin dejar de reconocer las desventajas, vengan de donde provengan, no eleve estas últimas a criterio de preferencia. Mucho menos, tratándose de la raza. 

A este, que pudiera considerarse nuevo tipo de acción afirmativa, se le conoce con el nombre de Acción Afirmativa de Desarrollo, por contraposición a la llamada Acción Afirmativa de Preferencia. 

Mientras la Acción Afirmativa de Preferencia, que hasta no hace mucho se aplicaba, reconocía la diferencia racial o étnica y la tomaba como parámetro para otorgar la cuota; la Acción Afirmativa de Desarrollo no elude la necesidad de la acción afirmativa ni la diferencia, pero tomando a esta última entonces para realizar un tipo de política que trabaja sobre la desventaja  en el desempeño, para mejorarlo y así ofrecer al objeto de su acción (obrero, estudiante, etc.) la posibilidad de adquirir las capacidades que les facilitan ser evaluados por los parámetros comunes para todos los grupos. Se trata entonces de una acción afirmativa que trabajaría para reducir las desventajas a cero, con tal de evaluar el desempeño según los parámetros comunes establecidos. 

Luego, partiendo de la necesidad de la acción afirmativa, como instrumento que nos permite eliminar las diferencias heredadas y encontrar la equidad, su aplicación puede lograrse si en vez de elevar las diferencias raciales a la categoría de principio para asignar la preferencia,  la asumimos como principio para trabajar por la eliminación de la desventaja, antes que esta tenga que ser evaluada. Es decir, se trata de ayudar a los que tienen que ser evaluados, para que no lleguen a ese momento con las desventajas a cuestas.

Pienso que vale la pena analizar si este tipo de acción afirmativa se adapta a las condiciones de Cuba tomando en consideración que la experiencia de los llamados Trabajadores Sociales aportó ideas que hoy se aplican dentro de la labor de solidaridad realizada por Cuba fuera de la Isla. 

Pero ¿por qué entonces en la sociedad cubana actual es necesario poner en práctica algo similar a una acción afirmativa, a más de 50 años de una política social que ha luchado contra la injusticia y la desigualdad hasta los mismos bordes del igualitarismo? 

En Cuba, la esclavitud duró mucho (oficialmente hasta 1886) y en la lucha por la independencia no triunfaron aquellos que querían una república “con todos y para el bien de todos”. A ello se sumó la intervención de EE.UU., período durante el cual la pobreza fue masivamente blanca, aunque la riqueza nunca llegara a ser negra. Respecto a la discriminación de raza, algo se avanzó durante la neocolonia, comparado con la etapa colonial esclavista. 

En la masa de los pobres, los negros y mestizos compartían la pobreza con los blancos, pero dentro de un contexto social en el que los propios blancos pobres ejercían la discriminación racial y el racismo contra aquellos que, en última instancia, desde el punto de vista económico, eran sus compañeros de infortunio. Es decir, el blanco, aunque pobre, tendía a sentirse superior al negro y lo discriminaba. Lo cual obedecía a que, a pesar de ser pobre, se desenvolvía dentro de una dinámica social que le permitía salir de la pobreza con menores dificultades que al negro. Todo ello por un conjunto de razones que sería muy largo explicar, debido a las cuales el blanco poseía una movilidad social muy superior a la del negro, que, por lo general, nacía y moría en el solar. 

La República no engendró el racismo, pero lo aprovechó muy bien para explotar al negro, hacerle creer al blanco que era superior, e inculcar las divisiones dentro de la clase obrera, basadas en el color de la piel. 

Los negros y mestizos en Cuba, por su color, situación social y desventajas heredadas de todo tipo —que tenían su trasfondo más lejano en  la esclavitud— sufrían doblemente por ser pobres y por ser negros o mestizos, lo que los convertía en víctimas de una dual discriminación. Los negros, que vinieron como esclavos, eran todos pobres al cesar la esclavitud y así permanecieron durante la república y aun no han podido, en su inmensa mayoría, salir de esa situación. En ello, la explotación colonial y capitalista, pero también el racismo y la discriminación por el color, han tenido una gran responsabilidad. 

Aunque se ha ejercido y deben continuar ejerciéndose acciones encaminadas a ayudar a todos los pobres a superar su situación, en el caso de los negros y mestizos, deben desarrollarse acciones dirigidas específicamente a eliminar las desventajas adicionales, derivadas del color de la piel. Hoy en Cuba, cierta acción afirmativa, se ha dirigido a todos los pobres, con independencia del color de la piel, por medio de una política social extraordinariamente humanista. Pero resulta imposible olvidar que los negros y mestizos son los más pobres, los que viven en peores condiciones, los que menos probabilidades tienen de aprovechar las ventajas de la política social humanitaria de la Revolución. Son, además, los que menos remesas reciben y a los que les resulta más difícil conseguir un empleo en aquellos sectores de la economía más atractivos y mejor remunerados. 

Cualquier blanco pobre puede ser discriminado, pero nunca lo será también por el color, lo cual aun es una realidad para los negros y mestizos en Cuba. Aunque también existan los llamados “blancos de orilla”, aquellos que son discriminados dentro del propio grupo racial blanco haciendo del racismo y la discriminación no solo un asunto contra los negros, aunque sí preferiblemente contra ellos, sino también ejercido dentro de los propios negros y mestizos y entre los blancos, lo que convierte al racismo y la discriminación en una disfuncionalidad de toda la sociedad cubana. 

Lamentablemente, son muchas las razones históricas y contemporáneas por las cuales negros, blancos y mestizos no son aún iguales dentro de nuestra realidad social. Son muchos los lastres aún insuperados y muchas todavía las imperfecciones de nuestra sociedad actual para poder afirmar que hemos llegado a la igualdad, con independencia del color de la piel. La igualdad de derechos, sin duda, existe en Cuba, pero la igualdad social es algo mucho más compleja y difícil de alcanzar. 

No se trata de que en Cuba elevemos el color de la piel a parámetro de privilegio, pues hay también una población blanca que necesita de acciones concretas destinadas a mejorar su situación. 5 Se trata, entonces, de que por ser negros o mestizos, hay personas en Cuba a las cuales les costaría más esfuerzo y más tiempo equilibrar las diferencias con el resto de la población. La prueba más fehaciente de ello la tuvimos durante la crisis económica de finales de los 80 y principios de los 90. Fueron negros y mestizos entonces los que más se afectaron por esa crisis, debido a que estaban más lejos de haberse consolidado un nivel de vida.6 Ello afectó incluso a sectores negros y mestizos de la intelectualidad, que habían logrado hacerse de un aceptable nivel  de vida.

Considero que la única forma de ir mejorando la situación antes apuntada, es tomarla en consideración mediante la puesta en práctica de una política social, que partiendo de las diferencias, ayude de manera especial a negros y mestizos. No le llamemos a esa política “Acción Afirmativa”, para evitar confusiones y comparaciones no válidas en el caso de Cuba, pero tendría que ser, sin duda, una política dirigida a equilibrar las disparidades que el color de la piel lleva implícito aún en nuestra sociedad.

Como dije en mi artículo “Acción afirmativa: un asunto para el debate”, no comparto, ni creo que la acción afirmativa, tal y como se ha conceptualizado y aplicado en los EE.UU. por muchos años, sea lo que se aviene a nuestras necesidades; pero hacen falta acciones específicas, que reconozcan que el color de la piel es una desventaja, una variable de diferenciación social a tomar en consideración para equilibrar  la situación de una parte importante de nuestra población. Es ese el único modo de nivelar  puntos de partida tan diferentes, de los que  sus ancestros llegaron como esclavos, prisioneros en los barcos negreros, frente a los que vinieron, por propia voluntad,  buscando  una  fortuna, que no pocas veces alcanzaron.

Junio 11 del 2011.

 

Notas: 

1- Este artículo debe ser leído en combinación con mi otro trabajo “Acción Afirmativa: una invitación  al debate”, en el blog de Esteban Morales.
 

2Para ver esa reconceptualización, consultar el artículo mencionado más arriba. 

3- William Clinton, durante su mandato, trató de evitar la eliminación de la Acción Afirmativa, promoviendo su impulso. Incluso lanzó la iniciativa llamada “Una sola América para el siglo XXI”, la cual Bush hijo sepultó en el olvido. 

4- No es seguro y está más bien comprobado lo contrario, que a las elites de poder en los EE.UU. les preocupe este problema. 

5Siempre hemos criticado, que, lamentablemente, nuestras estadísticas no reflejan esta situación con suficiente claridad, impidiendo hacer análisis más objetivos sobre el particular. La  tendencia a no reflejar estadísticamente las diferencias raciales es algo que afecta seriamente su investigación científica, así como a las necesarias  especificidades de la política social.
 

6- La crisis económica de la segunda mitad de los años 80 y principios de los 90, sirvió como un parteaguas para esclarecernos que el racismo y la discriminación racial no se habían resuelto, ni su solución avanzaba a la velocidad que habíamos supuesto.

 
 
 
 

 

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