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Cerca de los 83 años
—los cumpliría el 21 de
agosto próximo— falleció
en La Habana Imeldo
Álvarez, el primer
Premio Nacional de
Edición en Cuba y que lo
recibiera en 1998.
Nacido en
Amarillas, provincia de
Matanzas, publicó en
1947 bajo un seudónimo
sus primeros poemas en
El Jubilado,
El Cinema y El
País Gráfico y
también por esos años
escribió obras teatrales
que fueron montadas por
La Artística Gallega y
la Sociedad de Artesanos
de San Antonio de los
Baños, en Guanabacoa.
En 1949 se mudó para
Marianao y de ese
populoso barrio no
salió. Allí se incorporó
al grupo Ariel que tenía
cierto reconocimiento
entre los marienenses.
En los periódicos El
Sol, Marianao
Comercial y La
Tribuna aparecieron
sus primeros textos
firmados con su nombre
real.
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Junto con Eliseo
Diego y en su
biblioteca |
Fue administrador del
periódico El Sol,
obtuvo varios premios
periodísticos y comenzó
su colaboración con
El Mundo y
Carteles. En esta
última revista publicó
su primer cuento
importante: “El pequeño
proscripto”. En
1959 comenzó a trabajar
en el periódico
Noticias de Hoy. En
1971 pasó al Instituto
Cubano del Libro y ya en
este sector ocupó
distintas
responsabilidades. Entre
otros libros publicó:
La sonrisa y la otra
cabeza,
Ediciones Unión, 1970;
Al final de un camino,
Editorial Letras
Cubanas, 1978; La
novela cubana en el
siglo XX, Colección
Panorama de las Letras
Cubanas, Editorial
Letras Cubanas, 1980;
Los hombres no son
piedras, Editorial
Letras Cubanas, 1981;
Glosas y criterios,
Ediciones Unión, 1988;
La garganta del
diablo, Ediciones
Unión, 1989 y El tema
del bandidismo en la
narrativa cubana,
(Plaquette) Ediciones
Unión, 1991.
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Junto con Alejo
Carpentier |
En una entrevista que
concedió Imeldo dijo: “A
veces me quejo de la
vida, pero no del oficio
de editor. La vanidad de
escribir la domeño o
derroto editando. En
verdad escribir es un
acto de la imaginación;
y editar, una
responsabilidad en la
que el servicio se
reanuda cada mañana”. |