La Habana. Año X.
18 al 24 de JUNIO de 2011

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Miradas desde América

La Habana

James Early, EE.UU.

Cuba no solo es un país revolucionario; me ha ayudado a encontrar el sentido de mi propia humanidad y ha sido determinante en mi desempeño como activista por los derechos sociales en EE.UU. Hace unos días, vi un cartel en uno de los edificios de La Habana que decía: “Revolución es construir”. Y eso se relaciona mucho con lo que me ha traído a analizar aquí la problemática racial: es importante visibilizar las expresiones de racismo y perspectivas históricas, pero más importante resulta visibilizar las políticas que han de trazarse para combatir esas expresiones. Hay que visibilizar la construcción.

En estos momentos, la región más importante del mundo en materia de lucha social es América Latina y el Caribe. En relación con las políticas neoliberales, no existe otra región del mundo que intente construir relaciones sociales y políticas distintas. Trazar y visibilizar las políticas de democracia racial, por tanto, es vital para lo que esta región intenta. Desde Durban*, quienes salieron con las políticas más sólidas y concretas fueron los afrodescendientes.

EE.UU. no lidera hoy el movimiento afrodescendiente mundial, a pesar de la larga historia de lucha de sus comunidades. El centro se encuentra en América Latina y el Caribe, porque es donde se está intentando hacer coincidir las agendas ciudadanas con las estatales.

El año de los afrodescendientes, por tanto, no debe ser un tiempo para celebrar de forma inconexa, sino para definir políticas concretas. El objetivo principal debe ser, para todos, actualizarnos no como ciudadanos negros, sino como ciudadanos plenos, pues el racismo trasciende los enfrentamientos entre negros y blancos.

En este contexto, la Revolución que hizo de los marginados —los de antes de 1959 y los que quedaron, después— sujetos listos para construir su país, tiene una responsabilidad central por el ejemplo que irradia al resto de la región. Construir entre todos debe ser la propuesta: en la diversidad tomaremos mejores decisiones y cometeremos, por qué no, mejores errores.
 

*Se refiere a la Conferencia Mundial contra el Racismo celebrada en el año 2001 en Durban, Sudáfrica, cuya Declaración y Programa de Acción han resultado un impulso importante en la proposición de medidas concretas para combatir el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia.


Romero Rodríguez, Uruguay

En mi juventud, combatir el bloqueo que EE.UU. impuso sobre Cuba era lo natural. La Revolución cubana había sido la responsable de que muchos latinoamericanos nos implicásemos seriamente en luchas y procesos de cambio en nuestros países. Hoy, para el análisis de la discriminación racial, fenómeno que lamentablemente persiste no solo en Cuba, sino en todo el mundo, hay que tener en cuenta la globalización: aquella que enriqueció a las grandes potencias a través de la trata de gente desde África y que generó cultura, formas de vernos.

Pero hay una realidad: como los hombres no somos capaces de comprender exactamente lo que una mujer siente durante los nueve meses de gestación, aunque amemos profundamente a nuestros hijos y a nuestras mujeres, las personas blancas no pueden percibir completamente los mecanismos con que opera el racismo. No obstante, es de revolucionarios intentar hacerlo y modificarlo: blancos y negros.

Lo que Cuba ha logrado en esta lucha es determinante. Cuba, incluso, logró cambiar la agenda de la III Conferencia Internacional contra el racismo, cuando se centraría en el tema de la emigración europea. Hoy, en América Latina, existen más de 20 organismos estatales por la equidad racial, entre los cuales se encuentra la Comisión contra el racismo en Cuba. Cuba es central, siempre lo ha sido. En América Latina, existen 150 millones de negros y el 60 por ciento vive por debajo del nivel de pobreza. Hay una excepción: Cuba. Y somos nosotros, los pueblos y sus gobernantes ―aquellos que el pueblo elige― quienes tenemos en nuestras manos la posibilidad de transformar eso, no los organismos internacionales.


Clarence Lusane, EE.UU.

Para analizar la problemática racial, es necesario partir siempre del análisis de las formas específicas del capitalismo en cada país y, en Cuba, del análisis de su socialismo, porque esas diferencias brindan escenarios siempre diferentes a la lucha. Igualmente, han de analizarse las características del estado y la sociedad civil, en cada país.

Todos los días, cuando me siento frente al televisor, veo a Obama. Junto a mí, 300 millones de estadounidenses ven a un negro como presidente de su país. Para cualquier blanco, representa el fin de la lucha contra el racismo. Cierto: y para cualquier negro norteamericano, representa un avance en la lucha contra el racismo. Sin embargo, para muchos, su presencia representa solo la conclusión de un período de esa lucha y el inicio de otro. La perspectiva del fin esconde la realidad de las condiciones de vida de los afronorteamericanos y, junto con ella, esconde décadas de injusticia. La lucha no termina con la representatividad, sino cuando se expande al terreno de la cultura, que es de donde viene la herencia.


Elianne Cavalleiro, Brasil

Conozco las especificidades del racismo en Brasil. En esta semana, he conocido sobre la dinámica del problema racial en Cuba. Debemos atender las especificidades de cada país para poder ser justos en nuestros análisis, sin dejar de atender a los procesos que nos unen. En mi país, el racismo viene además acompañado de fuertes expresiones de violencia física y de impunidad, más allá de las expresiones que podemos encontrar en las relaciones sociales. En cada país es distinto, pero creo que no existe ninguna sociedad en el mundo que pueda sentirse orgullosa de haber eliminado esas expresiones. Solo que, en unas, es más visible y viene legitimada por la ley. En otras, como en Cuba, se trata de fenómenos que prevalecen producto de una experiencia histórica muy fuerte de esclavitud y coloniaje; sin embargo, ante la ley, los cubanos tienen las mismas oportunidades. Su desafío es combatirlo desde esas formas que suelen pasar desapercibidas en la conciencia social. Creo que estos días han sido muy provechosos, en ese sentido.

 
 
 
 
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