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James
Early,
EE.UU.
Cuba no solo es un país
revolucionario; me ha
ayudado a encontrar el
sentido de mi propia
humanidad y ha sido
determinante en mi
desempeño como activista
por los derechos
sociales en EE.UU. Hace
unos días, vi un cartel
en uno de los edificios
de La Habana que decía:
“Revolución es
construir”. Y eso se
relaciona mucho con lo
que me ha traído a
analizar aquí la
problemática racial: es
importante visibilizar
las expresiones de
racismo y perspectivas
históricas, pero más
importante resulta
visibilizar las
políticas que han de
trazarse para combatir
esas expresiones. Hay
que visibilizar la
construcción.
En estos momentos, la
región más importante
del mundo en materia de
lucha social es América
Latina y el Caribe. En
relación con las
políticas neoliberales,
no existe otra región
del mundo que intente
construir relaciones
sociales y políticas
distintas. Trazar y
visibilizar las
políticas de democracia
racial, por tanto, es
vital para lo que esta
región intenta. Desde
Durban*,
quienes salieron con las
políticas más sólidas y
concretas fueron los
afrodescendientes.
EE.UU. no lidera hoy el
movimiento
afrodescendiente
mundial, a pesar de la
larga historia de lucha
de sus comunidades. El
centro se encuentra en
América Latina y el
Caribe, porque es donde
se está intentando hacer
coincidir las agendas
ciudadanas con las
estatales.
El año de los
afrodescendientes, por
tanto, no debe ser un
tiempo para celebrar de
forma inconexa, sino
para definir políticas
concretas. El objetivo
principal debe ser, para
todos, actualizarnos no
como ciudadanos negros,
sino como ciudadanos
plenos, pues el racismo
trasciende los
enfrentamientos entre
negros y blancos.
En este contexto, la
Revolución que hizo de
los marginados —los de
antes de 1959 y los que
quedaron, después—
sujetos listos para
construir su país, tiene
una responsabilidad
central por el ejemplo
que irradia al resto de
la región. Construir
entre todos debe ser la
propuesta: en la
diversidad tomaremos
mejores decisiones y
cometeremos, por qué no,
mejores errores.
*Se refiere a la
Conferencia Mundial
contra el Racismo
celebrada en el año 2001
en Durban, Sudáfrica,
cuya Declaración y
Programa de Acción han
resultado un impulso
importante en la
proposición de medidas
concretas para combatir
el racismo, la
discriminación racial,
la xenofobia y las
formas conexas de
intolerancia.
Romero
Rodríguez, Uruguay
En mi juventud, combatir
el bloqueo que EE.UU.
impuso sobre Cuba era lo
natural. La Revolución
cubana había sido la
responsable de que
muchos latinoamericanos
nos implicásemos
seriamente en luchas y
procesos de cambio en
nuestros países. Hoy,
para el análisis de la
discriminación racial,
fenómeno que
lamentablemente persiste
no solo en Cuba, sino en
todo el mundo, hay que
tener en cuenta la
globalización: aquella
que enriqueció a las
grandes potencias a
través de la trata de
gente desde África y que
generó cultura, formas
de vernos.
Pero hay una realidad:
como los hombres no
somos capaces de
comprender exactamente
lo que una mujer siente
durante los nueve meses
de gestación, aunque
amemos profundamente a
nuestros hijos y a
nuestras mujeres, las
personas blancas no
pueden percibir
completamente los
mecanismos con que opera
el racismo. No obstante,
es de revolucionarios
intentar hacerlo y
modificarlo: blancos y
negros.
Lo que Cuba ha logrado
en esta lucha es
determinante. Cuba,
incluso, logró cambiar
la agenda de la III
Conferencia
Internacional contra el
racismo, cuando se
centraría en el tema de
la emigración europea.
Hoy, en América Latina,
existen más de 20
organismos estatales por
la equidad racial, entre
los cuales se encuentra
la Comisión contra el
racismo en Cuba. Cuba es
central, siempre lo ha
sido. En América Latina,
existen 150 millones de
negros y el 60 por
ciento vive por debajo
del nivel de pobreza.
Hay una excepción: Cuba.
Y somos nosotros, los
pueblos y sus
gobernantes ―aquellos
que el pueblo elige―
quienes tenemos en
nuestras manos la
posibilidad de
transformar eso, no los
organismos
internacionales.
Clarence
Lusane,
EE.UU.
Para analizar la
problemática racial, es
necesario partir siempre
del análisis de las
formas específicas del
capitalismo en cada país
y, en Cuba, del análisis
de su socialismo, porque
esas diferencias brindan
escenarios siempre
diferentes a la lucha.
Igualmente, han de
analizarse las
características del
estado y la sociedad
civil, en cada país.
Todos los días, cuando
me siento frente al
televisor, veo a Obama.
Junto a mí, 300 millones
de estadounidenses ven a
un negro como presidente
de su país. Para
cualquier blanco,
representa el fin de la
lucha contra el racismo.
Cierto: y para cualquier
negro norteamericano,
representa un avance en
la lucha contra el
racismo. Sin embargo,
para muchos, su
presencia representa
solo la conclusión de un
período de esa lucha y
el inicio de otro. La
perspectiva del fin
esconde la realidad de
las condiciones de vida
de los
afronorteamericanos y,
junto con ella, esconde
décadas de injusticia.
La lucha no termina con
la representatividad,
sino cuando se expande
al terreno de la
cultura, que es de donde
viene la herencia.
Elianne
Cavalleiro, Brasil
Conozco las
especificidades del
racismo en Brasil. En
esta semana, he conocido
sobre la dinámica del
problema racial en Cuba.
Debemos atender las
especificidades de cada
país para poder ser
justos en nuestros
análisis, sin dejar de
atender a los procesos
que nos unen. En mi
país, el racismo viene
además acompañado de
fuertes expresiones de
violencia física y de
impunidad, más allá de
las expresiones que
podemos encontrar en las
relaciones sociales. En
cada país es distinto,
pero creo que no existe
ninguna sociedad en el
mundo que pueda sentirse
orgullosa de haber
eliminado esas
expresiones. Solo que,
en unas, es más visible
y viene legitimada por
la ley. En otras, como
en Cuba, se trata de
fenómenos que prevalecen
producto de una
experiencia histórica
muy fuerte de esclavitud
y coloniaje; sin
embargo, ante la ley,
los cubanos tienen las
mismas oportunidades. Su
desafío es combatirlo
desde esas formas que
suelen pasar
desapercibidas en la
conciencia social. Creo
que estos días han sido
muy provechosos, en ese
sentido.
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