La Habana. Año X.
21 al 27 de MAYO de 2011

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

El misterioso caso del aniversario Caimán
y el fantasma del Rojo
Fidel Díaz • La Habana
Imágenes cortesía de la revista El Caimán Barbudo

Ser caimanero es ser apasionado discutidor y creerse que su etapa es la mejor. Siempre están (estamos) “fajados” lo mismo por lo que dijo uno ayer, hace  cinco o 20 años, (así fuese un detallito, una bobería) que por lo que sucede, o sucedió, en el entorno social o cultural; la vocación de polemizar es consustancial a los que han pertenecido a (y por tanto, son de) El Caimán Barbudo. Esta sería otra premisa “caimanística”, el que fue, es, sea del tiempo que sea, es un “título” que no se pierde. Usted acude a cualquiera de los que han participado en esta aventura periodística, en nombre del Caimán y, sea quien sea (¡y mira que los hay!) dondequiera que se encuentre, puede estar seguro que responde.

Me ha ocurrido no pocas veces que por algo que ha salido en la revista, me ha contactado uno de la pandilla de otros momentos (a veces hasta desconocido en el plano personal) y se ha quejado o sugerido o alabado un texto, como si estuviera todavía en la redacción; o sencillamente he contestado al teléfono, y ese interlocutor se ha presentado —escuetamente— y de momento, como si fuese parte de una conversación entre viejos amigos interrumpida hace unas horas, me ha espetado: “Fidelito, ven acá, cómo El Caimán no ha protestado por… (X asunto), cómo vamos a dejar pasar eso así”. La tapa al pomo es que, por no perder la costumbre, hasta la fecha de la fundación de la revista es tema de discusión ¡a 45 años de aquello! tras muchísimas celebraciones y ahora está como que encendido el tema, pues, para colmo, es algo que nos atañe a todos y un gran misterio.

Me han llamado y escrito varios de los compañeros de diversas épocas de la revista opinando sobre el tema. Resulta que siempre se ha celebrado nuestro aniversario en mayo, pero El Profe, Guillermo Rodríguez Rivera, en una entrevista dijo que el primer saurio no salió en mayo sino en marzo, y alguien lo corroboró al encontrar la nota en el periódico Juventud Rebelde del 28 de marzo de 1966, donde, junto al logotipo que iba a identificar el suplemento, hacían un llamado: “Pida a su vendedor hoy El Caimán Barbudo”. Debo confesar que eso lo sabía desde que empecé a dirigir la publicación. El primer Caimán que hice, con el susto a tope por la tamaña tareíta que me habían soltado Iroel Sánchez (director entonces de la Casa Editora Abril) y Fernando Rojas (que me hacía entrega) fue casualmente el número 300. De manera que hay una mística generalizada con los números redondos y se celebran por todo lo alto (uno puede pedir villas y castillas, que causarían risa si el número es cuadrado), pues aproveché la redondez del 300 y armamos una Mesa Redonda con varios de los fundadores. En ese encuentro, los presentes (incluyendo al Profe), comentaron, como una curiosidad en la conversación previa el debate, que a pesar del machón fechado en marzo, siempre se ha celebrado al aniversario en mayo. Nadie supo decir por qué, pero esa había sido la costumbre; incluso, el año Caimán, se cambia en el número de mayo-junio. Quién quita que aparezca algo interesante en la ignota razón, yo primero pensé que se había retardado la salida de imprenta de aquel número 1, o que marcarían la fundación por el mes en que hicieron la primera presentación oficial… pero mirando la fecha de Juventud Rebelde, donde sugieren que uno pida el suplemento con el periódico, deduzco que salió a la luz efectivamente un día preciso: marzo 18 del 66. Otra de mis hipótesis fue que alguien cambiara en una de las etapas posteriores la celebración borrando lo anterior (esto también ha sucedido), pensaba especialmente en la llamada  Segunda época de El Caimán…. Habría que hurgar a ver si fue en mayo. Esto de las “épocas” nació cuando sacaron a gran parte del primer colectivo y lo diseminaron por otras publicaciones e instituciones, tras algunos debates, de los cuales ya se ha escrito bastante, fundamentalmente del que se desató a partir de una crítica a la novela Pasión de Urbino, de Lisandro Otero que trajo varias réplicas y contrarréplicas. Tras salir Wichy Nogueras, Jesús Díaz, Guillermo Rodríguez Rivera, Víctor Casaus, Félix Guerra, Elsa Claro, Félix Contreras, el gallego Posada… en fin tras la disolución de aquel piquete tras el número 15, quien asumió la dirección puso en el machón “Época II”, con lo cual daba a entender algo así como borrón y cuenta nueva. Pero creo que si esa fuera la causa del misterioso cambio, los siguientes no se habrían dado cuenta, pero esa primera tribu estaría en pie de guerra todavía. A propósito, no tengo precisado cuando se quitó el cartelito de Segunda época, pero después de aquel bache eso de las épocas dejó de ser un cuño, aunque no se ha perdido el slogans y suele decirse en la época de Paquita, en la época de Pausides, en la época de Omar, en la época de Fernando, y así aludiendo a los equipos de redacción con el nombre del director que ha tenido cada momento.

Me ha maravillado en todos estos años, la fidelidad de los caimaneros a su tiempo, a la revista, a su etapa, aun cuando se hayan marchado de la publicación en pique con otro, o en desacuerdo con alguien, o salido por voluntad ajena. Cada Caimán, como los hijos, se ha parecido más a su tiempo… pero creo que en este caso también mucho a sus padres. El espíritu de aquel gesto fundacional ha navegado por sus 45 años. Las inclinaciones o tendencias han dependido de las redacciones, por ejemplo, El Caimán…, de Alex Pausides más literario, el de Paquita Armas tendiente a los medios masivos, el de Fernando Rojas más filosófico, historiador, son como toques que inclinan hacia algunas manifestaciones más que a otras, pero en esencia la revista ha estado marcada siempre por esa vocación transformadora, peliaguda, que no solo está dada por sus características  y objetivos, sino por esa carga espiritual y conceptual que dejaron bien plantada sus fundadores. Ese primer número de la revista ha funcionado como una Constitución de la república caimanera. La portada es una especie de declaración de principios que entra diciendo “El Caimán Barbudo ha hecho acto de presencia…” y así va definiendo el periodismo que se proponen, crítico, sin panfletos, sin esquivar las transformaciones sociales, desde la Revolución. Ese editorial de portada que termina en la segunda página, está acompañado en ese número del manifiesto “Nos pronunciamos” que es otra declaración de principios sobre la poesía, insertada en su tiempo, con ánimo de pelear metida en el acontecer cotidiano, a camisa quitada.

Creo que aquel primer momento dejó sentada las bases de lo que ha sido siempre El Caimán, y que no por mecánico cintillo reza que es “la revista cultural de la juventud cubana”. Desde entonces (marzo o mayo de 1966) está metida en el acontecer creador de las jóvenes generaciones, sacando a la luz las más nuevas tendencias, obras, ideas. Esto la hace audaz, polémica, con sus lógicos (y también necesarios) excesos; por otra parte, su formato de tabloide —que nunca
hemos querido abandonar— permite una inmediatez de periódico, que hace que sea una revista muy viva, al día y, por ende, más palpitante con el acontecer. Todo ello y ese aire guerrillero que tuvo desde su fundación, ha dejado definido que ser caimanero es creerse que lo que uno escribe puede transformar la sociedad, que cuando salga el próximo número, a partir de ese puñado de artículos, estallará el ambiente, se curarán dolores, se logrará el quijotesco deseo —como reza la canción— de virar esta tierra de una vez. Puede que no sea verdad, que un artículo no cambie el mundo, pero un caimanero se lo cree. No quiero dejar pasar este número redondo, sin mencionar a dos eternos fantasmas que no nos dejan ser distintos, el Gallego Posada y Wichy Nogueras. El Gallego se despidió de nosotros (Lagarde que era el jefe de redacción y yo) en la esquina de la Editora, habíamos ido a tomar un café en el “family” (nombre que le dábamos a una cafetería por cuenta propia de la esquina de la Editora Abril), habíamos celebrado un aniversario de la revista hacía unos meses con un número ilustrado por él de arriba abajo (que no quiso cobrar, pues cuando le dije lo máximo que podíamos pagar me dijo: “de puñetas, la mierda esa dónala a la Editora, o tómensela”, abrió los ojos, se sonrió con su habitual picardía, y acto seguido me dijo, envíame los textos o reseña al menos los temas del próximo número que lo voy a ilustrar completo. A Wichy no lo conocí, pero “ha jodido” en El Caimán Barbudo como nadie, creo que es realidad y mito de la publicación, el enamorado, ocurrente, desafiante, incansable que no deja de crear, ni deja que uno se siente mucho rato sin darle vueltas a un proyecto; nadie como Silvio Rodríguez ha definido a ese buen loco cuando, a raíz de su muerte, en la dedicatoria del álbum Causas y azares, escribió: “…A Luis Rogelio Nogueras, o sea, a Wichy, el Rojo, espléndido poeta cubano de apenas 40 años, por hacerme creer, hace tiempo, que jamás partiría y además demostrarlo”.

Posdata: Para no hacer quedar mal la tradición de romper tradiciones, este año la “actividad central” por el aniversario 45 de El Caimán Barbudo no será ni el 28 de marzo (que quizá debería tomarse en un futuro como fecha ¿qué creen ustedes caimaneros?) ni en mayo, sino en junio, los días 23 y 24 en el patio que comparten la Casa de la Poesía y el Centro Pablo de la Torriente. Ya daremos detalles.
 
 
 
 


galerÍa de portadas

El Caimán Barbudo

   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
Información sobre el resultado del Debate
(.pdf, 394 Kb)
.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.