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Quien le vio
apenas tres meses atrás,
cuando en febrero
compartió lecturas y
experiencias con los
asistentes a la 20ª
Feria Internacional del
Libro de La Habana, no
concibe que el poeta
hondureño Roberto Sosa
haya muerto este 23 de
mayo. Con 81 años, el
ganador del premio Casa
de las Américas 1971
transpiraba una
vitalidad contagiosa.
En el breve diálogo que
sostuvo con La
Jiribilla, durante
la lectura de poemas
Voces contra la guerra
nuclear,
se mostró complacido a
verse entre tantos
jóvenes escritores. “La
poesía, primero, ha de
ser poesía”, sostuvo
quien en 2005 firmara el
llamamiento contra una
nueva maniobra contra
Cuba. A principios de
este año, en la Isla se
habían escuchado los
ecos de su aniversario
80, de sus acciones
poéticas por los barrios
sangrantes de Honduras.
Hoy, la noticia de su
fallecimiento nos llega
también con el
agradecimiento de
quienes compartieron con
él Patria y obsesiones.
“Sosa impactó en
varias generaciones de
hondureños, y de ello no
se jactó —cuenta Gustavo
Zelaya, también poeta
hondureño—; lo
conocíamos en las
barriadas, en el club
juvenil de Reparto
Arriba, en el colegio,
en el callejón de El
Olvido y en los bajos
del puente La Isla, los
locos de la época lo
leíamos con sed, con
ganas de disfrutarlo, y
lo andábamos junto a
Briznas de Viento del
poeta Rivas y, por
supuesto, cerquita de
Siddhartha de Herman
Hesse, y otros escritos
que eran solo para
locos. En esa década
entre 1969 y 1979, los
lugares menos pensados
de Tegucigalpa también
eran centros de
discusión política y
cultural.”
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Durante la 20ª
Feria
Internacional
del Libro de La
Habana |
Desde un país que
no ha visto la luz de la
democracia en los
últimos dos años, cuyos
hijos son perseguidos
por una dictadura
militar que arrojó del
poder al presidente
constitucional, los
Artistas en Resistencia
claman también hoy por
el recuerdo entre los
hondureños de Roberto
Sosa: “Que su poesía sea
su vida en nosotros, que
su poesía forme parte de
nuestra refundación
nacional, que su poesía
abra los muros que nos
mantienen excluidos, que
su poesía sea el látigo
que cruce la cara de los
que abandonan a sus
poetas”.
Nacido en el
departamento de Yoro, en
1930, Sosa figuró entre
los intelectuales más
significativos de su
país y de toda
Centroamérica.
Reconocido por la Unión
de Escritores y Artistas
de Honduras como “uno de
los filones líricos más
importantes de la poesía
vanguardista de América
Latina”, el autor de
Los pobres fue
también ensayista y
periodista. En el diario
Tiempo, llevó
durante años la página
literaria “Cronopios”,
donde muchos jóvenes
escritores de su país
pudieron publicar sus
textos por primera vez.
Roberto Sosa
escribió unos 20 libros,
entre ellos Un mundo
para todos dividido,
Muros,
Caligramas, Mar
Interior, Máscara
suelta y El
llanto de las cosas.
Algunos de esos textos
han sido traducidos al
alemán, inglés, francés,
ruso y otros idiomas.
Poemas suyos, como
“Tegucigalpa”, fueron
también musicalizados
por jóvenes rebeldes en
la década de los años
70.
Esta noche,
seguramente, habría
estado en Cuba otra vez.
Cuando a las seis de la
tarde de este martes 24
de mayo, a solo horas de
su muerte, poetas
cubanos y de todo el
mundo clausuren el
Festival Palabra del
Mundo con una lectura
conjunta en La Habana,
Roberto Sosa estará
también presente, como
lo hizo en vida tantas
veces. |