La Habana. Año X.
21 al 27 de MAYO de 2011

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En los 90, las polémicas de El Caimán…
Fernando Rojas • La Habana
Imágenes cortesía de la revista El Caimán Barbudo

A mí me corresponde empezar a trabajar en El Caimán Barbudo inmediatamente después del momento en que la publicación había dejado de salir, por un período de tres o cuatro años. Se había tomado una decisión sobre la reducción de las publicaciones a partir de la gran escasez de papel que tenía el país, inspirada sobre todo en hacer publicaciones para grupos de edades. En la revista Somos Jóvenes habían quedado equipos de redacción de las publicaciones que se hacían para jóvenes y la idea era hacer una sola revista con este perfil, como una sola para adolescentes, como una sola para niños, ante la escasez de papel.

Las personas que hicimos el reanálisis de esa situación partíamos del criterio de que si bien respetábamos esa decisión —inspirada en la racionalidad en un momento de una crisis editorial muy profunda— nosotros podíamos también preservar las publicaciones que tenían una mayor identidad, una mayor presencia en el público, como es el caso, entre otras, de El Caimán…, habría que mencionar Alma Mater también. Por eso fue muy saludable que en ese período en que la revista no salió se hicieran los Caimanes orales, tratar de mantener algún premio, se mantuviera viva la idea misma de la revista. Una vez convencidos y con el consenso con la dirección de la Juventud Comunista de que la revista debía volver a salir, se comenzó a buscar apoyo, donativos. Los primeros números del año 93, 94 se hicieron a partir de donaciones. Recuerdo uno del comandante sandinista Tomás Borge que nos ayudó a hacer dos o tres ediciones, que se publicaron muy espaciadamente, cada cuatro o cinco meses. En el año 95, con una mejoría, sin duda, de la situación económica del país, la revista recuperó su periodicidad. Nos pareció importante que El Caimán… cumpliera la misma función que tenía antes, nos pareció importante que lo que quedaba del equipo de redacción y de realización gráfica se mantuviera en la revista, y así fue, compañeros como Bladimir Zamora, Lourdes Pasalodos, Armandito Fernández, trabajaron con nosotros durante ese período. A la vez tratamos de incorporar a compañeros que trabajaron en otras publicaciones de la Editora Abril donde estaban agrupadas todas las publicaciones para niños y jóvenes. Estoy recordando a Joaquín Borges Triana, que siguió en El Caimán…, incorporamos al equipo, a la realización sobre todo, a los compañeros que se ocupaban de la digitalización es la época en que las revistas se comienzan a hacer con técnicas de computación, y aparece un grupo de gente joven muy interesante. Recuerdo de ese grupo a Manolito Henríquez Lagarde, que fue el editor de la revista, a Fidel Díaz Castro, que hoy es el director de El Caimán…, a Norge Espinosa, que se ocupaba de temas asociados a la poesía, críticas de teatro y publicaba sus textos en la revista, Rufo Caballero, Omar Valiño, Aymara Aymerich, y muchos otros que se fueron incorporando. Eso estaba muy a tono con la idea de que siguiera siendo una revista donde publicaban jóvenes escritores y artistas de Cuba, lo que efectivamente se consiguió. Debemos agradecerle a la dirección de la Editora Abril por el esfuerzo y la voluntad para que siguiera saliendo El Caimán

A mí me pareció muy importante que la revista fuera beligerante, crítica, como lo había sido El Caimán… en etapas anteriores, con asuntos fundamentales de la vida cultural del país, con las debilidades de las instituciones, y con aspectos cardinales de la política cultural. Se publicaron polémicas necesarias, lo que caracterizó El Caimán… de esa época, asociadas sobre todo a la crítica del impacto negativo del mercado en la cultura, que no quiere decir estar en contra del mercado, sino de aquella zona de la mercantilización del arte y la literatura perniciosa para la cultura y la política cultural cubanas y por eso hubo polémicas importantes, conocidas, recordadas, sobre la música popular, sobre la literatura para niños, sobre el cine cubano… Tratamos de que la revista también mantuviera ese espíritu polémico frente a las manifestaciones contrarrevolucionarias contra la cultura y sus intelectuales, teníamos también la idea de mantener informado al público sobre el arte que hacen los jóvenes, el arte que gusta a los jóvenes, incluso el que se producía fuera del país, por eso tuvimos con nosotros a Humberto Manduley que se ocupó, como en otra época Guille Vilar, de promover agrupaciones musicales internacionales de mucho prestigio. Mantuvimos las secciones: Por primera vez, Los raros… Recuerdo mucho de esa época, la idea de tener una página —el reverso de contraportada— con noticias, recuentos, ideas, mensajes de último minuto… una página que hacíamos con mucha alegría, se publicó poesía joven de la época: Alpidio Alonso, Fernando León Jacomino, Nelson Simón, y muchísimos poetas publicaron en las páginas de la revista en esos años, también narrativa. Nosotros nos esforzamos, —parece obvio, pues yo era el presidente de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en ese momento—,  por reforzar los lazos entre la  y El Caimán…, apoyamos la publicación de textos de miembros de la asociación, de las polémicas internas en la AHS, por ejemplo la referida a la manera de financiar la AHS tuvo mucha importancia en esos años, le dimos prioridad al ensayismo de los jóvenes, recuerdo que Enrique Ubieta publicó varios textos por esos años en El Caimán Barbudo, o sea, la idea de la producción ensayística aparecía siempre en las primeras páginas. Contábamos mucho con los artistas de la plástica. Recuerdo a Raúl Cordero, excelente pintor, instalacionista, que dirigió incluso el diseño de El Caimán… un tiempo, y a Fariñas, que hizo cosas preciosas para la revista.

Se continuó animando la idea de que El Caimán… tuviera una vida, que cada lanzamiento fuera un suceso cultural, y estuviera  acompañado de un concierto de músicos jóvenes, a los cuales se le hacían entrevistas, se reseñaran sus discos, este es un trabajo que hicieron Joaquín y Bladimir Zamora. Tengo un recuerdo muy grato de ese trabajo, creo que El Caimán…  continuó insertado en la vida nacional y a la vez continuó siendo un espacio de aprobación del arte y la literatura que le interesa a los jóvenes y que hacen los jóvenes.

Nos parecía importante que se contrapusieran puntos de vista, recuerdo que polemicé con Emilio Ichikawa en una ocasión, publicamos un texto de Iván de la Nuez, teníamos a Félix López, una especie de periodista de combate inmediato, que podías pedirle que le hiciera una entrevista al Tosco, o que escribiera una crónica a toda velocidad de un suceso asociado a la promoción de marcas en un concierto. Tratamos de que el diseño jugara un papel, hay un número que es muy crítico con el mercado está ilustrado completo con fotos de la NBA, que es también un show mercantil, pero del deporte, y se producía un contraste de gráfica y texto muy interesante. Tuvimos algunos roces con las instituciones, ese es el precio que tenemos que pagar los que dirigimos instituciones, tenemos que estar preparados para recibir críticas de nuestra prensa militante, y para que la prensa militante ponga en solfa lo que hacemos… Eran polémicas muy duras, podía molestarse un artista, un dirigente institucional, podía producirse una discusión acalorada, escogíamos un tema y hacíamos una mesa redonda, por ejemplo sobre la banalidad en la cultura, o sobre la promoción del arte y la literatura joven, o sobre la literatura que se publicaba, en esa mesa redonda podía estar un representante de la institución, pero podía estar un artista, un músico, un crítico, y a veces había críticos de distintas tendencias… podíamos tener en una mesa a Rufo Caballero y a Camilo Egaña, que era un periodista de la radio y la televisión, debatiendo con Rufo que era un crítico más calado. Fueron polémicas muy animadas, una vez Omar Valiño, quien trabajó mucho con nosotros, nos hizo notar que en esas polémicas hubo determinados excesos, y entonces respondimos con un texto —creo que fue Lagarde el que lo escribió— aceptando los excesos, pero defendiendo lo necesario de esas polémicas. En la distancia uno se da cuenta de que éramos más jóvenes, y se nos iba la mano alguna que otra vez, pero era muy importante dar cabida a todos los puntos de vista. Polemicé una vez con Víctor Fowler, o Víctor Fowler más bien polemizó conmigo, que era otra persona que incluso publicaba en El Caimán…, desde mucho antes, y nos ofreció su contribución sobre un tema tan importante como el racismo en Cuba y a nosotros nos interesaba que eso sucediera, no teníamos temor a publicar textos que incluso polemizaran con nosotros mismos, con el staff… Eso es importante, que pudiéramos publicar incluso algo que polemizaba con el propio staff, que retaba al propio staff. Eso es muy saludable. Organizamos de conjunto con La Gaceta un evento de revistas culturales y nos pusimos a debatir todo lo que hacían las revistas culturales. La revista tenía una vida muy intensa.

Fue una época de El Caimán... muy beligerante, a veces, hasta excesivamente beligerante. Pero no debemos arrepentirnos, debemos alegrarnos de que así sea.
 
 
 
 


galerÍa de portadas

El Caimán Barbudo

   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
Información sobre el resultado del Debate
(.pdf, 394 Kb)
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.