La Habana. Año X.
21 al 27 de MAYO de 2011

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Despertar al saurio o en busca
de las palabras perdidas
Isairis Sosa y Yuliet Pérez • La Habana
Imagen cortesía de la revista El Caimán Barbudo

El 16 de mayo de 1966, inscrito en un movimiento editorial continental que incluía revistas como Marcha de Uruguay, Siempre de México, la venezolana El techo y la ballena y la colombiana El gato emplumado, entre otras; y como continuidad de esa tradición de publicaciones culturales que existía en Cuba: Revista de Avance, Orígenes, Ciclón, Lunes de Revolución, nace, a instancias de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), el suplemento cultural del periódico Juventud Rebelde, El Caimán Barbudo, con un formato tabloide de aproximadamente 30 páginas.

Quizá nadie imaginaba que serían unos estudiantes quienes darían vida a la polémica criatura con barbas, esa que se ama o se odia, pero nunca se ignora. Por entonces se fusionaban en una las Facultades de Periodismo y Artes y Letras. Germán Piniella, Eduardo Heras León, Rogelio Moya, Víctor Casaus, Luis Rogelio Nogueras, Guillermo Rodríguez Rivera y tantos otros, desgastaban aquellos pasillos de Zapata y G entre la bendita circunstancia de Los Beatles por todas partes, el desenfado coloquialista y las octavillas de Jean Paul-Sartre.

Los tres primeros, pertenecientes a Alma Mater, y los restantes “caimaneros”, cumplían una vez más la profecía: grandes proyectos culturales salen del empeño de un grupo de amigos. Orígenes, El Puente, La Gaceta…, en fin, una interminable lista de amigos.

“Como he dicho ya tantas veces eran tiempos en que nos considerábamos hermosos, intransigentes e inmortales y pensábamos salvar al mundo con la literatura.”[1]

Acerca del origen del suplemento, Félix Contreras, uno de sus fundadores, comentó:

El Caimán fue producto del azar, pero de un azar concurrente como decía Lezama Lima; fue el producto de una conjunción de valores que surgen en un lugar determinado, en un momento determinado; y nuestro momento fue aquel rico contexto cultural de los 60, y nuestro lugar la Brigada Hermanos Saíz.

“El Caimán… es un producto, no institucionalmente, sino desde el punto de vista humano, de la Brigada Hermanos Saíz. Allí estábamos agrupados inicialmente quienes seríamos sus fundadores. Allí nos conocimos, nos hicimos amigos, nos nucleamos en torno a necesidades poéticas, culturales afines. En una de esas tantas veladas que hacíamos en Coppelia, Guillermo y Wichy me hablan de un periódico cultural que iban a fundar y me invitan a formar parte del proyecto que todavía no tenía nombre, pero sí muchas pretensiones.”[2]

En 1976, al conmemorarse diez años de la aparición de la revista, decía desde sus páginas Manuel Villamar, Segundo Secretario de la UJC entonces:

“En 1966, cuando aparece el primer número de El Caimán Barbudo, estábamos en el momento culminante de la derrota definitiva de nuestros enemigos internos al ser barridos completamente en las montañas del Escambray. Pocos meses después vendría la Ofensiva Revolucionaria que acabó en Cuba con la propiedad privada de la burguesía y pequeña burguesía que se había mantenido después de la nacionalización. Ya desde entonces la lucha arreció y pasó casi por completo al terreno ideológico, y dentro de él, por supuesto, al de la literatura y el arte. Nuestro enemigo comenzó desde entonces una gran campaña de penetración ideológica contra la Revolución en la que invertiría e invierten cuantiosos recursos propagandísticos. En ese contexto ve la luz El Caimán Barbudo, que bajo la orientación de la UJC, desempeñará a partir de entonces un papel de extraordinaria importancia, llevando a los jóvenes del sector la línea cultural de nuestra organización en correspondencia con la política que en este campo orientaba nuestro Partido.” (Villamar, 1976:24)

Fidel Díaz, actual director de la revista, revivió la dinámica del campo cultural cubano antes de que irrumpiera en él la publicación:

“Era un momento en que junto con las grandes convulsiones sociales ocurría una revolución cultural, profunda y veloz. Cambiaba aceleradamente el país y tras él venía, como arrastrada por esos cambios, la necesidad de transformar mentalidades. La de los 60 fue una década de grandes debates, de ahí que la intelectualidad estuviera en ebullición. Fueron, además, años fundacionales: se habían creado instituciones culturales disímiles: ICAIC, Casa de las Américas, la Imprenta Nacional de Cuba, etcétera; había grandes tiradas de libros, la prensa llegaba con nuevos enfoques, polémicas, informaciones que concernían a todos, de las que pende la vida en las calles. 

“En el periódico Juventud Rebelde había inquietudes de poetas, ensayistas, la UJC tenía a su cargo también la ideología, los jóvenes creadores. Aún no se sabe si la idea inicial partió del periódico, por el empuje de los escritores y poetas o de algún funcionario de la esfera ideológica, el caso es que había una necesidad en el sector cultural de ampliar sus posibilidades de publicar, inquietud por parte de un grupo de jóvenes de expresar a través de su arte las nuevas realidades.”[3]

En resumen, puede decirse que el impacto del triunfo revolucionario en la cultura cubana, con una Campaña de Alfabetización que preparó a las masas para una mejor recepción del hecho cultural, artístico, y dotó a los creadores de respaldo institucional y libertades expresivas múltiples, fue uno de los factores que propició el nacimiento de El Caimán Barbudo.

A ello debe agregarse, por un lado, el deseo de la UJC de crear un órgano que contribuyera simultáneamente a la formación política, ideológica y cultural de los más jóvenes, así como a la divulgación de las nuevas promociones de escritores y artistas; y por otro, la necesidad de suplir en el campo intelectual cubano el vacío que había dejado el cierre, en 1961, del suplemento cultural Lunes…, así como las urgencias expresivas de una generación de artistas que, surgidos al calor de la Revolución, deseaban poner su arte en función de ella.

Preliminares

Analizar el periodismo desplegado por la revista, su perfil editorial y discursos programáticos de 1966 a 1980, permite detectar claramente en ella dos etapas: la llamada del primer Caimán... que va desde mayo de 1966 hasta diciembre de 1967, es decir, los primeros 17 números de la revista, y la de El Caimán Barbudo Época II, que comprende desde enero de 1968 hasta el final del periodo establecido por esta investigación; cada una con características muy propias.

Aunque de aquí se desprende que se proceda a presentar los resultados estableciendo las particularidades de la revista en estas etapas, ello no debe tributar a ese abismo insalvable que muchos intentan abrir entre el primer Caimán… y el segundo, pues se considera que la revista ha sido una sola desde su fundación hasta hoy, con variaciones de aires, pero la misma esencia. Sus diferencias no son más que el reflejo de lo que en cada momento ha acontecido en el campo cultural cubano.

A la libertad creativa, de expresión, al espíritu de polémica y debate de los años 60, se opusieron, en los 70, el dogmatismo, la estrechez de pensamiento, los discursos normativos y disciplinantes sobre el arte. El primer Caimán… y El Caimán Barbudo Época II son tan distintos entre sí como lo fueron, en materia de política cultural, estas dos décadas en el contexto cubano.

Fragmento de la tesis de licenciatura Despertar al saurio o en busca de las palabras perdidas (Un acercamiento a la revista El Caimán Barbudo dentro del campo cultural cubano en el periodo 1966-1980). Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana, Ciudad de La Habana, 2009.

Notas:

[1] Germán Piniella en entrevista con las autoras el 12 de febrero de 2009.

[2]  Félix Contreras en entrevista con las autoras el 18 de febrero de 2009.

[3] Fidel Díaz en entrevista con las autoras el día 17 de enero de 2009.

 
 
 
 


galerÍa de portadas

El Caimán Barbudo

   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
Información sobre el resultado del Debate
(.pdf, 394 Kb)
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.