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El 16 de mayo de 1966,
inscrito en un
movimiento editorial
continental que incluía
revistas como Marcha
de Uruguay,
Siempre de México,
la venezolana El
techo y la
ballena y la
colombiana El gato
emplumado, entre
otras; y como
continuidad de esa
tradición de
publicaciones culturales
que existía en Cuba:
Revista de Avance,
Orígenes,
Ciclón, Lunes de
Revolución, nace, a
instancias de la Unión
de Jóvenes Comunistas (UJC),
el suplemento cultural
del periódico
Juventud Rebelde,
El Caimán Barbudo,
con un formato tabloide
de aproximadamente 30
páginas.
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Quizá nadie imaginaba
que serían unos
estudiantes quienes
darían vida a la
polémica criatura con
barbas, esa que se ama o
se odia, pero nunca se
ignora. Por entonces se
fusionaban en una las
Facultades de Periodismo
y Artes y Letras. Germán Piniella, Eduardo Heras
León, Rogelio Moya,
Víctor Casaus, Luis
Rogelio Nogueras,
Guillermo Rodríguez
Rivera y tantos otros,
desgastaban aquellos
pasillos de Zapata y G
entre la bendita
circunstancia de Los
Beatles por todas
partes, el desenfado coloquialista y las
octavillas de Jean
Paul-Sartre.
Los tres primeros,
pertenecientes a Alma
Mater, y los
restantes “caimaneros”,
cumplían una vez más la
profecía: grandes
proyectos culturales
salen del empeño de un
grupo de amigos.
Orígenes, El
Puente, La Gaceta…,
en fin, una interminable
lista de amigos.
“Como he dicho ya tantas
veces eran tiempos en
que nos considerábamos
hermosos, intransigentes
e inmortales y
pensábamos salvar al
mundo con la
literatura.”
Acerca del origen del
suplemento, Félix
Contreras, uno de sus
fundadores, comentó:
“El Caimán fue
producto del azar, pero
de un azar concurrente
como decía Lezama Lima;
fue el producto de una
conjunción de valores
que surgen en un lugar
determinado, en un
momento determinado; y
nuestro momento fue
aquel rico contexto
cultural de los 60, y
nuestro lugar la Brigada
Hermanos Saíz.
“El Caimán…
es un producto, no
institucionalmente, sino
desde el punto de vista
humano, de la Brigada
Hermanos Saíz. Allí
estábamos agrupados
inicialmente quienes
seríamos sus fundadores.
Allí nos conocimos, nos
hicimos amigos, nos
nucleamos en torno a
necesidades poéticas,
culturales afines. En
una de esas tantas
veladas que hacíamos en
Coppelia, Guillermo y
Wichy me hablan de un
periódico cultural que
iban a fundar y me
invitan a formar parte
del proyecto que todavía
no tenía nombre, pero sí
muchas pretensiones.”
En 1976, al conmemorarse
diez años de la
aparición de la revista,
decía desde sus páginas
Manuel Villamar, Segundo
Secretario de la UJC
entonces:
“En 1966, cuando aparece
el primer número de
El Caimán Barbudo,
estábamos en el momento
culminante de la derrota
definitiva de nuestros
enemigos internos al ser
barridos completamente
en las montañas del
Escambray. Pocos meses
después vendría la
Ofensiva Revolucionaria
que acabó en Cuba con la
propiedad privada de la
burguesía y pequeña
burguesía que se había
mantenido después de la
nacionalización. Ya
desde entonces la lucha
arreció y pasó casi por
completo al terreno
ideológico, y dentro de
él, por supuesto, al de
la literatura y el arte.
Nuestro enemigo comenzó
desde entonces una gran
campaña de penetración
ideológica contra la
Revolución en la que
invertiría e invierten
cuantiosos recursos
propagandísticos. En ese
contexto ve la luz El
Caimán Barbudo,
que bajo la orientación
de la UJC, desempeñará a
partir de entonces un
papel de extraordinaria
importancia, llevando a
los jóvenes del sector
la línea cultural de
nuestra organización en
correspondencia con la
política que en este
campo orientaba nuestro
Partido.” (Villamar,
1976:24)
Fidel Díaz, actual
director de la revista,
revivió la dinámica del
campo cultural cubano
antes de que irrumpiera
en él la publicación:
“Era un momento en que
junto con las grandes
convulsiones sociales
ocurría una revolución
cultural, profunda y
veloz. Cambiaba
aceleradamente el país y
tras él venía, como
arrastrada por esos
cambios, la necesidad de
transformar
mentalidades. La de los
60 fue una década de
grandes debates, de ahí
que la intelectualidad
estuviera en ebullición.
Fueron, además, años
fundacionales: se habían
creado instituciones
culturales disímiles:
ICAIC, Casa de las
Américas, la Imprenta
Nacional de Cuba,
etcétera; había grandes
tiradas de libros, la
prensa llegaba con
nuevos enfoques,
polémicas, informaciones
que concernían a todos,
de las que pende la vida
en las calles.
“En el periódico
Juventud Rebelde
había inquietudes de
poetas, ensayistas, la
UJC tenía a su cargo
también la ideología,
los jóvenes creadores.
Aún no se sabe si la
idea inicial partió del
periódico, por el empuje
de los escritores y
poetas o de algún
funcionario de la esfera
ideológica, el caso es
que había una necesidad
en el sector cultural de
ampliar sus
posibilidades de
publicar, inquietud por
parte de un grupo de
jóvenes de expresar a
través de su arte las
nuevas realidades.”
En resumen, puede
decirse que el impacto
del triunfo
revolucionario en la
cultura cubana, con una
Campaña de
Alfabetización que
preparó a las masas para
una mejor recepción del
hecho cultural,
artístico, y dotó a los
creadores de respaldo
institucional y
libertades expresivas
múltiples, fue uno de
los factores que
propició el nacimiento
de El Caimán Barbudo.
A ello debe agregarse,
por un lado, el deseo de
la UJC de crear un
órgano que contribuyera
simultáneamente a la
formación política,
ideológica y cultural de
los más jóvenes, así
como a la divulgación de
las nuevas promociones
de escritores y
artistas; y por otro, la
necesidad de suplir en
el campo intelectual
cubano el vacío que
había dejado el cierre,
en 1961, del suplemento
cultural Lunes…,
así como las urgencias
expresivas de una
generación de artistas
que, surgidos al calor
de la Revolución,
deseaban poner su arte
en función de ella.
Preliminares
Analizar el periodismo
desplegado por la
revista, su perfil
editorial y discursos
programáticos de 1966 a
1980, permite detectar
claramente en ella dos
etapas: la llamada del
primer Caimán... que
va desde mayo de 1966
hasta diciembre de 1967,
es decir, los primeros
17 números de la
revista, y la de El
Caimán Barbudo Época
II, que comprende desde
enero de 1968 hasta el
final del periodo
establecido por esta
investigación; cada una
con características muy
propias.
Aunque de aquí se
desprende que se proceda
a presentar los
resultados estableciendo
las particularidades de
la revista en estas
etapas, ello no debe
tributar a ese abismo
insalvable que muchos
intentan abrir entre el
primer Caimán… y
el segundo, pues se
considera que la revista
ha sido una sola desde
su fundación hasta hoy,
con variaciones de
aires, pero la misma
esencia. Sus diferencias
no son más que el
reflejo de lo que en
cada momento ha
acontecido en el campo
cultural cubano.
A la libertad creativa,
de expresión, al
espíritu de polémica y
debate de los años 60,
se opusieron, en los 70,
el dogmatismo, la
estrechez de
pensamiento, los
discursos normativos y
disciplinantes sobre el
arte. El primer
Caimán… y El
Caimán Barbudo Época
II son tan distintos
entre sí como lo fueron,
en materia de política
cultural, estas dos
décadas en el contexto
cubano.
Fragmento de la tesis de
licenciatura
Despertar al saurio o en
busca de las palabras
perdidas (Un
acercamiento a la
revista El Caimán
Barbudo dentro del campo
cultural cubano en el
periodo 1966-1980).
Facultad de
Comunicación,
Universidad de La
Habana, Ciudad de La
Habana, 2009.
Notas:
Germán Piniella
en entrevista
con las autoras
el 12 de febrero
de 2009.
Félix Contreras
en entrevista
con las autoras
el 18 de febrero
de 2009.
Fidel Díaz en
entrevista con
las autoras el
día 17 de enero
de 2009.
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