La Habana. Año X.
21 al 27 de MAYO de 2011

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Mi universidad más importante
Bladimir Zamora Céspedes • La Habana
Imágenes cortesía de la revista El Caimán Barbudo

Sin desdorar a las demás, como diría mi abuela, estoy obligado a decir, ahora que está cumpliendo 45 años de fundada, que El Caimán Barbudo ha sido una de mis más importantes universidades.

Cuando se fundó, no había puesto un pie en La Habana y desde que tuve sus primeros ejemplares, advertí que tenía razones para estar al tanto de esta publicación de sobria factura, con una gráfica y textos ausentes en ese momento en cualquier otra revista que caía en mis manos mientras estudiaba la segunda enseñanza en mi entrañable Bayamo.

No se había terminado la década de los 60 y ya completaba los estudios secundarios en la capital. Ello me permitió un día que no recuerdo con exactitud, visitar la redacción de El Caimán…, entonces situada en un pequeño salón, enclavado en lo que luego sería la Casa de Cultura de El Vedado en la esquina de Calzada y 8. Allí tuve contacto con varios compañeros desenfadados y serios que realizaban El Caimán Barbudo. No pasó mucho tiempo en que se trasladara a la planta baja de una casona amable, situada en Paseo 613 entre 25 y 27, también en El Vedado.

En este momento, comienzan de modo creciente mis colaboraciones, mi posibilidad de aprender con quienes tenían una experiencia ganada con los años, quienes muchas veces eran también colaboradores, no pocos de reconocido prestigio intelectual y artístico. En esas circunstancias, me convertí en miembro del colectivo sin figurar en la plantilla, como se dice.

Hubo zonas de silencio en la aparición de mis trabajos allí, porque concluidos mis estudios en la Escuela de Letras de la Universidad de La Habana, en la segunda mitad de la década de los 70, hacerlos me resultaba muy difícil, sin tener a mano un teletipo y mucho menos los no existentes correos electrónicos. Casi ya en los 80 volví a La Habana a figurar como asesor de la dirección del Canal 6 de la Televisión Cubana. Esto me permitió reaparecer con mucha frecuencia en la redacción de El Caimán… y a colaborar copiosamente hasta ser en la práctica un miembro de los caimaneros cotidianos.

En la década de los 80, entré a trabajar en la revista como parte de su nómina. Ya sabía que no me obligaban a escribir de lo que no quisiera, tan solo era imprescindible redactar lo mejor posible y meterme en polémicas si era necesario, siempre con el mayor rigor en los argumentos.

En la revista, comencé a atender la música popular, y a estos menesteres les debo gran parte de mis conocimientos. Desarrollé también trabajos de historia, especialmente de José Martí. Fundé una peña que se ocupaba de polemizar sobre temas candentes y escuchar trovadores que entonces eran de los más jóvenes luchados en complicidad con la lira. Y honrado es decirlo, creé la sección Por primera vez, que no sin una ardua discusión de mis compañeros ―como era usual― se aprobó.

Por primera vez era, por suerte todavía lo es una columna, en la cual aparecían poemas de autores que nunca antes habían visto un texto suyo en una revista de proyección nacional y muchas veces escapada a otras latitudes del planeta. Es un trabajo del cual nunca me dejaré de sentir contento. Venían muchachas y muchachos residentes en La Habana a traer sus primeros poemas. Los leía y me aseguraba de que fueran publicables enmiendas mediante. Ellos volvían a la redacción, se los mostraba modificados a ver si estaban de acuerdo y, finalmente, poco a poco veían la luz.

La cuestión se complicó más cuando me empezaron a llegar cartas de los más impensables sitios del país en las cuales otros jóvenes mandaban sus textos y yo seguía el mismo proceso, solo que se hacía más dilatado, porque les respondía mis opiniones por correo y ellos me volvían a responder.

El proyecto cobró tal magnitud que llegaron a hacerse encuentros con los más destacados poetas que habían publicado. Era en ese momento que nos veíamos todos por primera vez las caras. Se escuchaban más textos de cada cual y, por supuesto, se cimentaba una amistad hermosa entre discusiones apasionadas y sorbos de nobles rones baratos.

Ha pasado el tiempo y estoy orgulloso del resultado. No pocos de aquellos muchachos siguieron escribiendo cada vez mejor y a lo largo de los años han publicado libros que contienen parte de la mejor lírica más reciente.  Incluso, se estudia esa sección en el contexto general de la contribución general de El Caimán Barbudo a la conservación de la memoria de la cultura cubana.  

 
 
 
 


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El Caimán Barbudo

   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.