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En mi vida profesional,
he tenido el privilegio
de trabajar en dos
medios de difusión
masiva como la radio y
la televisión.
Precisamente, desde
1976, Radio Progreso ha
sido el cuartel general
donde decido qué nuevo
frente abordar como fue
el caso de mis inicios
en la Televisión con
Perspectiva, programa de
crítica musical a cargo
de Jorge Gómez que sale
al aire hacia mediados
de los años 80. Tanto la
radio como la
televisión, aunque con
características
diferentes, comparten la
inmediatez del mensaje
en cuestión: lo que
sucedió en el segundo
anterior es ya parte del
pasado. Sin embargo, en
prensa plana, la
totalidad de la
permanencia de los
conceptos plasmados en
los escritos, integran
un archivo visual al que
se puede regresar una y
otra vez.
El hecho de ser un
amante empedernido de
las múltiples
posibilidades de
creación artística que
ofrecen cada uno de
estos medios, al punto
de que me situarían en
una encrucijada si
tuviera que responder
con cuál me quedaría, no
obstante, el reto de
escribir para prensa
plana, resulta
incomparable. En tal
sentido, El Caimán
Barbudo constituye
el contexto cultural
donde se forjaron las
habilidades de muchos
para proyectarnos en
semejante empresa.
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Si bien es cierto que la
columna Entre Cuerdas
que escribí para El
Caimán Barbudo
durante casi diez años,
representó una fuente de
información
imprescindible para todo
cubano que en la década
de los 80 quisiera estar
al tanto de la vida y
obra de las distintas
personalidades del
universo del rock, dicho
esfuerzo aunque
realizado con pasión y
entrega, es solo un
árbol de ese tupido y
extenso bosque que
conforma el criollo
reptil barbudo recreado
por el inolvidable
Gallego Posada. Haber
sido integrante de dicho
colectivo en aquel
momento, me hace sentir
parte de un movimiento
de vanguardia en la
cultura de la juventud
cubana de esa década y
no solo por lo que
aparece ahí escrito,
sino por la realización
de un proyecto donde
tanto la gráfica, como
el diseño, la tipografía
y la fotografía encajan
armoniosamente en el
conjunto de los trabajos
para cada edición. No
había tema que estuviera
en boga en la
cotidianidad del cubano
de entonces, que no
fuera reflejado desde
sus páginas con toda la
franqueza y audacia que
profesamos los
revolucionarios.
La posibilidad de hojear
añejos ejemplares de
El Caimán… es
trasladarnos en el
tiempo para descubrir la
ebullición de una
sociedad que, como
todavía hoy en día,
asegura que un futuro
mejor es posible. Así,
sin darnos cuenta unos y
otros muy ex profeso,
ese batallar por
preparar cada nuevo
ejemplar semana tras
semana, durante años,
nos hizo cómplices
jurados de lo escrito
por cada cual a la vez
que nos iba educando en
una sólida ética, que a
la distancia del tiempo,
funciona con toda la
solemnidad, el rigor y
el riesgo que implica
sentirse como parte de
una orden de caballeros
(y de damas) en defensa
de la Revolución en el
terreno de la cultura.
El honor que significa
decir que fuimos o somos
los realizadores de
El Caimán Barbudo,
representa para
cualquier caimanero, el
otorgamiento de esas
medallas que nos da la
vida. |