La Habana. Año X.
21 al 27 de MAYO de 2011

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MANUEL LÓPEZ OLIVA:

El Caimán, la creación y un tiempo distinto

Mabel Machado • La Habana
Imágenes cortesía del autor y de la revista El Caimán Barbudo

Un día antes de su cumpleaños, que coincide más o menos con el aniversario de la fundación de El Caimán Barbudo, el pintor y crítico Manuel López Oliva nos recibe en su nuevo taller de La Habana Vieja. Al día siguiente se conmemora también la muerte del poeta José Martí, y luce distinta la calle que comienza con la casita donde nació el Apóstol. En la esquina de Paula y Habana, algunas pinturas de López ocupan parte de una mansión del siglo XVII, ahora restaurada. Él está afuera supervisando los últimos detalles de la reparación y, cuando conversa con los constructores y los vecinos del barrio, parece que ha vivido siempre en esa calle de adoquines hasta el mar, que un día se convertirá en “corredor martiano”.

López no vio la luz en La Habana como Martí, aunque conoció sus libros desde joven, porque tuvo siempre preocupación por la literatura, escribía versos, pintaba y participaba en concursos literarios hasta que vino a estudiar a la capital. La llegada a la ciudad fue una suerte de deslumbramiento para aquel guajiro ilustrado que había nacido a media cuadra de la revista Orto en Manzanillo y tuvo contacto, a través de su padre, con escritores como Felipe Rodríguez y Manuel Navarro Luna.


López Oliva en la Escuela Nacional de Artes plásticas, con un cuadro que pertenece a la etapa de cuando realizó las imágenes de El Caimán Barbudo especial del año 1968.

De la vida cultural habanera de los 60, uno de los hechos que resultaron más interesantes a López, fue la fundación de El Caimán Barbudo. La publicación, que aparecía a partir de las ideas de intelectuales y artistas como Roque Dalton, Wichy Nogueras y Fayad Jamís, prometía presentarse como algo realmente nuevo. El crítico —entonces era más crítico que pintor— llegó al lagarto con barbas a través de Jamís su profesor en la Escuela Nacional de Arte (ENA) y, sin inscribirse definitivamente en su Consejo editorial, comenzó a concebir textos para la revista.

López recuerda entre sus primeros trabajos el artículo “Un pacto con Goya el endemoniado”, porque el título se le antoja evidencia de su afán por “escribir diferente”. Después de este, vinieron otros textos y anécdotas que adereza lo mismo con bromas que con reflexiones teóricas. Como las mudanzas y reparaciones no le han permitido relatarlas en un texto suyo —que con seguridad hubiera sido más completo y exquisito— me ha tocado reseñar lo que puede leerse más abajo. Sin embargo, el artista me recuerda la importancia del interlocutor en la concepción del texto periodístico…

Entonces, para que pueda entender esta historia, sitúese usted en La Habana Vieja, un par de horas antes de la lluvia, sentado en una banqueta con el pintor enfrente, que descansa recostado a una baranda de escalera y degusta una papa rellena; mientras afuera, un martillo neumático abre una zanja más y una mujer como tantas otras busca qué comprar en cada ventana abierta. Usted, que no esperaba ganarse una “visita dirigida” por aquel taller, ni una sarta de consejos profesionales, recuerde que ha venido a entrevistar a López sobre El Caimán…, y propóngale un par de pies forzados:

Los fundadores

"Recuerdo que iba a sus reuniones. A veces El Caimán... se concebía en Coppelia, donde los helados eran muy sabrosos y baratos. Compartía con ellos aunque era más joven. En realidad, Wichy pareció siempre el de menos edad, porque, además de ser un extraordinario poeta y una persona de una honestidad a toda prueba, se sabía lindo, era narcisista y siempre mantuvo una 'cáscara visual' que lo hacía verse rozagante. Guillermo siempre fue encorvado y fumaba mucho; Jesús era dominante, si se le llevaba la contraria emitía criterios mortíferos y sostenía diálogos muy fuertes, como aquel en que se enfrentó al Indio Naborí.

"Lo interesante es que El Caimán… estaba hecho por manos de personalidades muy distintas: Jesús y Wichy no se parecían en lo absoluto; Roque Dalton hablaba bajito, parecía que estaba conspirando. Jesús imponía mientras Roque conspiraba. Wichy decía las cosas de modo muy claro, y Guillermo usaba siempre el humor.

"Nelson Herrera y Fayad emitían juicios sobre el diseño, porque creían que la publicación debía salirse de las pautas tradicionales de composición de los periódicos y las revistas, manteniendo un diálogo visual con el lector."

Manifiesto generacional

"A veces daba mi criterio sobre la visualidad de la revista, y por ello fue que en 1968 se me encargó hacer un número especial cuyos textos funcionarían desde la imagen. En él participaríamos estudiantes de vanguardia de la ENA, tanto que hacíamos happenings y grandes enviroments en los que usábamos hasta cadáveres extraídos del cementerio. Teníamos como inspiradores a Antonia Eiriz y a Servando. Esta generación asumía de alguna manera a las precedentes, pero al mismo tiempo rompía con ellas. El Caimán… intentaba ser también irreverente, le gustaba chocar. Sentía la necesidad de hacerse sentir, como todo grupo generacional que apareció en aquel tiempo que se daba a conocer con ese sentido de conflicto. Había, sin embargo, una preocupación por no entrar en conflicto con la Revolución como proceso social, aunque se publicaban trabajos que no gustaban a algunos. El Caimán… contra los criterios esquemáticos y por la Revolución como concepto y dinámica de la historia.


 

"El número que me encomendaron se hacía para conmemorar los cien años de lucha desde el alzamiento de La Demajagua. Escogimos a artistas como Roberto Fabelo, Pedro Pablo Oliva, César Leal, Alberto J. Carol, Luis Miguel Valdés, Isabel Jimeno y Ernesto García Peña, quienes estaban entre los alumnos más descollantes de la ENA. Declaramos que buscábamos otro tipo de lenguaje, otros modos de expresarnos, otras maneras de asumir los códigos del periodismo y la creación. Fue un número de contenido histórico, pero en el que aparecía también un papagayo como representación del funcionario demagogo."

Vocación de universalidad

"En esa etapa, El Caimán… salía a partir de las ideas de un grupo de gente culta, que hablaba lo mismo de Joyce que de Rubalcaba. Había una lógica de desarrollo de pensamiento en la que concurrían la gran cultura universal y la local; todo se hilvanaba, se mezclaba, se confundía. Ese fue uno de los motivos por los cuales la revista se vinculó con escritores del exterior, como también estuvo al tanto de grandes artistas que venían a Cuba.

"Números enteros estuvieron a cargo de artistas como Antonio Saura, un hombre que representa todo el expresionismo abstracto español y de una cultura apabullante.

"El surrealista Roberto Matta estuvo muy vinculado con nosotros en los años 60. Aunque no se logró, recuerdo que quiso hacer un Caimán… que cada lector pudiera convertir en un abanico o en un sobre, según lo deseara. Terminó siendo un número muy bien dibujado por él, muy bello.  

"Es decir, que El Caimán… siempre tuvo una vocación patente de universalidad que lo salvó de los maniqueísmos, los esquematismos y las limitaciones que empezaron a surgir en esa época.

"Después vino la época en que el periódico Juventud Rebelde asimiló otra vez a El Caimán... En ese momento la revista empezó a cambiar, aunque figuras como la poetisa Lina de Feria evitaron que se le cortaran del todo las alas, y lograron que mantuviera cierta lozanía, originalidad, irreverencia, poesía y riqueza. Fue la etapa en que escribí allí pequeños ensayos sobre el comercialismo y la influencia del Tercer Mundo en el arte, entre otros temas, que provenían del debate generado en el Congreso Cultural de La Habana, donde primaron las ideas de Gramsci."

La revista en el campo del pensamiento

"Junto con El Caimán… había surgido RC, una revista de carácter monográfico dirigida por Lisandro Otero. Sus números se dedicaban al estructuralismo, a la semiótica, a los Panteras Negras y sobre todo al arte, por lo cual, de algún modo, se había establecido una relación con El Caimán…, como también se dio con Pensamiento Crítico. Fue un momento propicio para que el pensamiento aflorara con fuerza, porque nos estaba marcando la idea de la imaginación en el poder que habían lanzado los surrealistas. En una Revolución tan hermosa como la que se estaba dando en los 60, lo más lógico era que la imaginación estuviera en el poder. Era lo que hacía que lo positivo del proceso revolucionario y lo positivo de publicaciones como El Caimán…, se enlazaran de manera orgánica. No había un conflicto de tipo ideológico o político porque existía un proyecto en el que ese se entendía como el camino más posible para un país pobre que tenía que enfrentarse a un monstruo tan grande como el imperialismo. El Caimán… se sostenía en aquella plataforma de la imaginación con derecho a existir y a abrir caminos.

"El nombre mismo dice mucho: el caimán es la Isla, pero los barbudos son un símbolo de libertad. No era un barbudo a la fuerza por los hombres de la Sierra, sino porque aquella generación identificaba las barbas con la libertad. Por eso hay barbudos en los dibujos de Servando, por eso pintábamos y nos dejábamos crecer las barbas y las melenas, que también se articularon con las de los Beatles y con toda la contracultura. Veíamos una identidad de espíritu entre la contracultura universal y una transformación social tan fuerte como la que se dio con la Revolución Cubana de los 60. El Caimán… es uno de los frutos más sólidos de ese proceso en el campo del pensamiento."

Trascendencia

"Tuve la oportunidad de conocer opiniones de otras personas sobre la revista, como la de Blas Roca, quien sin ser un hombre de alta cultura me dijo un día: 'es una publicación loca, pero yo creo que está bien que exista'.

"Juan Marinello nos conocía mejor y nos valoraba mucho. Decía que El Caimán… vinculaba a las personas con el desarrollo de la cultura y que no desgajaba a Cuba de la cultura universal. Por su parte, Alejo Carpentier siempre apreció la revista, incluso, llegó a publicar en ella textos inéditos.

"Independientemente de que tuvo que ir amoldándose a ciertas normas o límites que imponían determinadas coyunturas, El Caimán… es una de las publicaciones en las que se mantuvo lo mejor del sentido de relación entre el intelectual cubano y un proceso revolucionario, independientemente de sus errores. Se mantuvo también la honestidad, el afán de hacer las cosas bien, de soñar, de construir algo distinto, de decir…

"Por ello, considero que celebrar los 45 años de existencia de El Caimán… no es solo reconocer a una publicación, sino a una corriente positiva de la que, con el tiempo, se han desprendido otras publicaciones. Una corriente que propuso vincular lo culto, lo bien escrito, lo bien sabido, lo profundo, lo auténtico, lo inédito y lo imaginativo, con la información y la relación del hombre con las ideas de su tiempo."

 
 
 
 


galerÍa de portadas

El Caimán Barbudo

   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
Información sobre el resultado del Debate
(.pdf, 394 Kb)
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.