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Creo que fue en 1987
cuando me llevé para mi
casa una caricatura y
dediqué horas a mirarla,
incluso acostada en mi
mano la escudriñaba no
de frente sino por los
cuatro lados, buscando
las múltiples lecturas
que puede tener una obra
de arte.
El dibujo era
de Posada y Fidel, el
personaje de la pieza.
Yo no me podía permitir
el lujo que por un trazo
se menoscabara un ápice
la figura de mi
Comandante en Jefe y,
aunque confiaba
totalmente en el
artista, quise estar
segura de lo que
publicaría en la portada
de El Caimán Barbudo,
revista que entonces
dirigía.
Tanto miré a aquel
dibujo que hoy lo puedo
describir con todos sus
detalles y era, es, de
una ternura tan grande,
de un claro
reconocimiento hacia
Fidel y su vínculo con
Cuba, que aposté por él.
Pasados 24 años lo
volvería a publicar.
De las decenas de
caricaturas que miré y
aprobé mientras estuve
al frente de El
Caimán…, ese
original fue el único
que el Gallego Posada
decidió regalarme: “yo
lo hice, pero tú te lo
ganaste”, me dijo años
después en casa de
Humberto Arenal, uno de
sus amigos más cercanos.
Pero, el paro de su
corazón el 25 de febrero
de 2002 impidió que me
dejara la singular obra
que nos unió en una
batalla contra los
“mancos mentales”,
aquellos que con
maestría él dibujó en
los años 60, existían en
los 80 y siguen
existiendo aún, por
actitudes cerradas y
obtusas. Al final, El
Caimán… circuló y
fue muy bien acogido,
tanto que son muchas las
personas que lo
conservan.
Recoger cada uno de sus
dibujos y en buen estado
era casi una obsesión
para Posada. Las broncas
entre Peyi, nuestro
diseñador, y él porque
se extraviara alguna
caricatura era de altos
quilates aunque nunca
terminaron en los
trompones con el que uno
amenazaba al otro,
generalmente finalizaban
tomándose una cerveza o
un trago de ron (quizá
una botella) en un bar
cercano a donde radicaba
El Caimán…, por
la calle Paseo.
El Gallego, que
realmente había nacido
en Asturias, digo
¿asturiano entonces?,
no, porque para él y
muchos otros
ariguanabenses él era
tan de San Antonio de
los Baños como otros
caricaturistas nacidos
allí, “donde nace un
río”. En esa zona fue a
vivir cuando llegó con
siete años huyendo,
junto con sus padres, de
la Guerra Civil
española. Es casi
imposible definir dónde
termina o empieza lo
cubano en este
dibujante, porque no
solo en sus obras
artísticas, sino en
asumir como propio el
proceso revolucionario y
defenderlo desde todas
las trincheras, Posada
fue, es, el gallego
nacido en San Antonio.
Pintor, muralista,
caricaturista,
dibujante, grabador,
diseñador gráfico,
ceramista y escenógrafo,
con un reconocido
prestigio internacional,
el Gallego no tuvo un
carácter nada fácil, ni
con sus amigos y mucho
menos con aquellos que
eran o consideraba
enemigos. Jamás olvido
que él fue diseñador
escenográfico de una
película a la que se le
hizo una fuerte crítica
en El Caimán...
Allá se apareció con dos
cuartillas de réplica:
“Tú dices que estás por
la polémica, ahí está,
publica mi opinión”, me
dijo, poniendo el texto
en mi abarrotada mesa de
papeles. “Y que no se
pierda por ese reguero,
que voy a decir
dondequiera que ustedes
defienden la polémica de
mentiritas”. Le expliqué
de la mejor forma que
quien más perdería sería
él porque la película
era mala y él no solo
defendía su parte, sino
todo el filme. Al final
le publiqué la réplica.
Años después, ya yo no
estaba en mi saurio, me
lo encontré en la Plaza
de la Catedral y fuimos
a su apartamentico, casi
en el mismo restaurante
El Patio. Yo andaba con
unos amigos gallegos de
verdad, de Galicia, y el
ron comenzó a correr
abundantemente. Y quizá
por esa razón (dicen que
el alcohol es un gran
desinhibidor) me dijo:
“Tú una vez tuviste
razón conmigo, yo no
debí meterme a defender
aquella película, pero
es que, ¡joder!, me
molestó tanto que en mi
caimán me criticaran,
acuérdate que yo le puse
el nombre, lo vi nacer”.
Creo que no solo lo
nominó, Posada con el
saurio consolidó una
forma de ilustrar la
revista, referencia
obligada de casi todos
los ilustradores que han
publicado en sus
páginas. Con un agudo
sentido de realidad y
época, el Gallego con
sus trazos a veces decía
lo que el periodista no
supo o no quiso enfocar.
Las discusiones con
El Caimán… eran
muchas veces más por “el
significado” de los
dibujos que por el
propio texto.
En la actual redacción
de la revista está
colgada una excelente
foto de el Gallego que
da la impresión de
mirarte siempre,
juzgándote, diciéndote
una palabrota o dándote
un abrazo muy especial,
sin decir más que
¡joder!, como el día que
supo que ya yo no
estaría más en la
publicación. Aquella vez
sentí en sus brazos de
amigo protector toda la
ternura del mundo y sus
ojos brillaron con una
agüita de lágrima
inconclusa, propia de un
cubano machista crecido
al golpe de la
estereotipada frase de
“los hombres no lloran”. |