La Habana. Año X.
21 al 27 de MAYO de 2011

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Posada... un gallego cubano nacido en Asturias
Paquita Armas Fonseca • La Habana

Creo que fue en 1987 cuando me llevé para mi casa una caricatura y dediqué horas a mirarla, incluso acostada en mi mano la escudriñaba no de frente sino por los cuatro lados, buscando las múltiples lecturas que puede tener una obra de arte. El dibujo era de Posada y Fidel, el personaje de la pieza. Yo no me podía permitir el lujo que por un trazo se menoscabara un ápice la figura de mi Comandante en Jefe y, aunque confiaba totalmente en el artista, quise estar segura de lo que publicaría en la portada de El Caimán Barbudo, revista que entonces dirigía.


Tanto miré a aquel dibujo que hoy lo puedo describir con todos sus detalles  y era, es, de una ternura tan grande, de un claro reconocimiento hacia Fidel y su vínculo con Cuba, que aposté por él. Pasados 24 años lo volvería a publicar.

De las decenas de caricaturas que miré y aprobé mientras estuve al frente de El Caimán…, ese original fue el único que el Gallego Posada decidió regalarme: “yo lo hice, pero tú te lo ganaste”, me dijo años después en casa de Humberto Arenal, uno de sus amigos más cercanos. Pero, el paro de su corazón el 25 de febrero de 2002 impidió que me dejara la singular obra que nos unió en una batalla contra los “mancos mentales”, aquellos que con maestría él dibujó en los años 60, existían en los 80 y siguen existiendo aún, por actitudes cerradas y obtusas. Al final, El Caimán… circuló y fue muy bien acogido, tanto que son muchas las personas que lo conservan.

Recoger cada uno de sus dibujos y en buen estado era casi una obsesión para Posada. Las broncas entre Peyi, nuestro diseñador, y él porque se extraviara alguna caricatura era de altos quilates aunque nunca terminaron en los trompones con el que uno amenazaba al otro, generalmente finalizaban tomándose una cerveza o un trago de ron (quizá una botella) en un bar cercano a donde radicaba El Caimán…, por la calle Paseo.

El Gallego, que realmente había nacido en Asturias, digo ¿asturiano entonces?, no, porque para él y muchos otros ariguanabenses él era tan de San Antonio de los Baños como otros caricaturistas nacidos allí, “donde nace un río”. En esa zona fue a vivir cuando llegó con siete años huyendo, junto con sus padres, de la Guerra Civil española. Es casi imposible definir dónde termina o empieza lo cubano en este dibujante, porque no solo en sus obras artísticas, sino en asumir como propio el proceso revolucionario y defenderlo desde todas las trincheras, Posada fue, es, el gallego nacido en San Antonio.

Pintor, muralista, caricaturista, dibujante, grabador, diseñador gráfico, ceramista y escenógrafo, con un reconocido prestigio internacional, el Gallego no tuvo un carácter nada fácil, ni con sus amigos y mucho menos con aquellos que eran o consideraba enemigos. Jamás olvido que él fue  diseñador escenográfico de una película a la que se le hizo una fuerte crítica en El Caimán... Allá se apareció con dos cuartillas de réplica: “Tú dices que estás por la polémica, ahí está, publica mi opinión”, me dijo, poniendo el texto en mi abarrotada mesa de papeles. “Y que no se pierda por ese reguero, que voy a decir dondequiera que ustedes defienden la polémica de mentiritas”. Le expliqué de la mejor forma que quien más perdería sería él porque la película era mala y él no solo defendía su parte, sino todo el filme. Al final le publiqué la réplica.

Años después, ya yo no estaba en mi saurio, me lo encontré en la Plaza de la Catedral y fuimos a su apartamentico, casi en el mismo restaurante El Patio. Yo andaba con unos amigos gallegos de verdad, de Galicia, y el ron comenzó a correr abundantemente. Y quizá por esa razón (dicen que el alcohol es un gran desinhibidor) me dijo: “Tú una vez tuviste razón conmigo, yo no debí meterme a defender aquella película, pero es que, ¡joder!, me molestó tanto que en mi caimán me criticaran, acuérdate que yo le puse el nombre, lo vi nacer”.
 

Creo que no solo lo nominó, Posada con el saurio consolidó una forma de ilustrar la revista, referencia obligada de casi todos los ilustradores que han publicado en sus páginas. Con un agudo sentido de realidad y época, el Gallego con sus trazos a veces decía lo que el periodista no supo o no quiso enfocar. Las discusiones con El Caimán… eran muchas veces más por “el significado” de los dibujos que por el propio texto.

En la actual redacción de la revista está colgada una excelente foto de el Gallego que da la impresión de mirarte siempre, juzgándote, diciéndote una palabrota o dándote un abrazo muy especial, sin decir más que ¡joder!, como el día que supo que ya yo no estaría más en la publicación. Aquella vez sentí en sus brazos de amigo protector toda la ternura del mundo y sus ojos brillaron con una agüita de lágrima inconclusa, propia de un cubano machista crecido al golpe de la estereotipada frase de “los hombres no lloran”.

 
 
 
 


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El Caimán Barbudo

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.