La Habana. Año X.
21 al 27 de MAYO de 2011

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

El nacimiento de un Caimán
Guillermo Rodríguez Rivera • La Habana
Imágenes cortesía de la revista El Caimán Barbudo

Corría el año 1966.  Ese año Jesús Díaz ganó el Premio Casa de la Américas en el género de cuento, con un libro que se llamó Los años duros y que inició lo que se nombró a posteriori “la cuentística de la violencia”, en la que entraron luego Norberto Fuentes y Eduardo Heras.

Creo que Jesús tenía conciencia del papel que las sucesivas promociones literarias han tenido en el desarrollo de la literatura cubana y de cualquier parte, y sabía que yo la tenía también.

Su reciente premio lo convertía, de alguna manera, en una suerte de líder cultural. No sé si fue él quien le propuso a Miguel Martín, entonces Primer Secretario de la UJC, o Miguel Martín a él, fundar una revista de arte y literatura organizada y dirigida por jóvenes, y destinada esencialmente a publicar a los jóvenes escritores que debían aparecer, que ya estaban apareciendo. Se editaría como suplemento mensual de Juventud Rebelde.

Jesús me llamó para auxiliarlo en la tarea. Quería de mí, el contacto con los jóvenes poetas. Jesús estaba vinculado a los jóvenes profesores que enseñaban filosofía en la Universidad de la Habana —él había sido uno de ellos—, y con ese respaldo humano apareció El Caimán Barbudo, llamado así por la ocurrencia de José Luis Posada, quien estuviera entre sus primeros diseñadores. Era, en efecto, lo que queríamos: Cuba, con las barbas de la Revolución.

Jesús escribió un editorial en el que empleaba en una suerte de anáfora, la repetición de la palabra “hombres” que entonces, cuando no existía el lenguaje de género, solo quería decir personas, seres humanos. Hará apenas tres años, un crítico quiso entenderlo como lenguaje machista y homofóbico. El Caimán… toleró críticas de todos los colores, porque el saurio —obra de jóvenes, al fin— tenía mandíbula polémica.

Acaso éramos demasiado jóvenes para representar una nueva generación de escritores: Marinello y Mañach tenían 29 cuando hicieron Avance; Lezama tenía 34 cuando fundó Orígenes; Cabrera Infante y Pablo Armando tenían 30 cuando fundaron Lunes de Revolución. Jesús tenía 25: yo, apenas, 22. Y Wichy Nogueras y Víctor Casaus, 21.

Miguel Martín fue rápidamente designado secretario general de la CTC, y a nosotros nos tocó un Comité Nacional de la UJC que no nos entendía.

Pero así caminamos casi dos años. Nos colgaron el cartelito de “piña”, es decir, de grupo cerrado que se publicaban ellos mismos. Si hay un observador objetivo, que revise los 15 números que hicimos y diga si había entonces (entre 1966 y 1967) un joven escritor que mereciera ser publicado, y que no hubiera aparecido en esas páginas.

En enero de 1968 cesó la primera dirección y apareció un número del Caimán que marcaba una segunda época. Allí había un editorial que llamaba a eliminar la expresión “jóvenes intelectuales”, porque ella alejaba a los jóvenes de la Revolución.  Estábamos en los umbrales del Quinquenio Gris.

Unos cuantos de aquellos jóvenes estamos aquí. Otros cuantos se han desperdigado por el mundo y por la muerte. Pero ahí está. Cuarenta y cinco años después, El Caimán Barbudo, órgano de los jóvenes escritores y artistas cubanos, que siguen pensando con su cabeza y que no tienen temor de llamarse así. Creo que eso es lo que importa.

 
 
 
 


galerÍa de portadas

El Caimán Barbudo

 
.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.