La Habana. Año X.
7 al 13 de MAYO de 2011

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Noche dichosa
José Lezama Lima  (La Habana, 1910-1976)

La choza a la orilla del mar por una noche ha guardado el cuerpo desnudo del pescador solitario. El sueño ha sido inquieto, pero esa no abandonada realidad del pincel de lince acompaña como un paño de rocío. Sus vueltas en la colcha acompañante se debían a las claras etapas del fuego moviente, que aun en el sueño aseguraban la suprema dignidad del movimiento. Al destellar sus ojos, ya su cuerpo se levantaba del lecho: buena manera de contestar al rayo de luz con el movimiento del cuerpo. Ahora su cuerpo está ya entre las ondas y el siniestro fanal de la enemiga orilla ondula como los caprichos de la bestia enemiga. En sucesivas conversaciones con los peces dormidos su cuerpo avanza riéndose de sus reflejos. Un brazo, una pierna, pero siempre el cuerpo como una señal perseguida termina en una dignidad perpetua. ¿Cómo el cuerpo al salir del sueño y de la choza ya ha podido estar listo para la definición temblorosa de la corriente? Cuando llega la tierra sigue silenciosa y nocturna, pero el peregrino la toca con su frente y su señal perseguida, y en acompasada curva su cuerpo ya se apresta a seguir al fanal de la orilla dejada. El silencio de su cuerpo acompañado del canto de los peces, de la sangre acurrucada de los acordones de coral y de los árboles de luciérnagas que se allegan a la orilla para tocar el cuerpo del pescador solitario. Y los árboles tanto como a un hombre parecen saludar a la amistad del perfume de las cortezas colorantes. Ha penetrado de nuevo en la choza de la orilla, pero ahora la ha encontrado toda iluminada. Su cuerpo transfundido en una luz enviada parece manifestarse en una Participación, y el Señor, justo y benévolo, sonríe exquisitamente. Pero el pescador no interrumpe su alegría en la Presencia, lanza un curvo chorro de agua, reminiscencia de amor a la enemiga orilla y a la choza benévola, y nos dice: ¿Qué ha pasado por aquí?


Del poemario La fijeza, de 1949.

* José Lezama Lima: Escritor, poeta y ensayista cubano. Sus ensayos son imaginativos, poéticos, abiertos y constituyen una recreación de textos y visiones. Promotor de revistas y cenáculos, supo congregar en torno suyo a poetas de la talla de Gastón Baquero, Cintio Vitier, Eliseo Diego, Virgilio Piñera y Octavio Smith, entre otros. Su primer libro de poemas fue Muerte de Narciso (1937). Siguen, entre otras obras poéticas, todas influidas por el estilo rico en metáforas y lleno de distorsiones de Góngora, Enemigo rumor (1941), Aventuras sigilosas (1945), Dador (1960) y Fragmentos a su imán, publicado póstumamente en 1977, en las que sigue demostrando que la poesía es una aventura arriesgada. En 1966 publicó la novela Paradiso, donde confluye toda su trayectoria poética de carácter barroco, simbólico e iniciático. El protagonista, José Cemí, remite de inmediato al autor en su devenir externo e interno camino de su conversión en poeta. Lo cubano, con sus deformaciones verbales, desempeña un papel fundamental en la obra, como ocurre en su colección de ensayos La cantidad hechizada (1970). Oppiano Licario es una novela inconclusa, aparecida póstumamente en 1977, que desarrolla la figura del personaje que ya aparecía en Paradiso y de la que toma título.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.