La Habana. Año X.
7 al 13 de MAYO de 2011

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Jorge Timossi

La labor de un periodista no termina el día de su muerte

Mabel Machado • La Habana

Nadie recuerda ya aquellos tiempos en que Jorge Timossi era un argentinito imberbe que quería ser escritor; un “Foca”, como se reconoció cuando llegó a Brasil para hacer periodismo sin experiencia alguna. Ahora que su cuerpo sucumbió ante un infarto, y que en La Habana solo quedan de él las cenizas —así lo había dispuesto él mismo—, se habla de “su obra”, sobrevolando los años bonaerenses en que la entelequia pudo más que la Química.

Timossi tenía la cara más parecida al Felipito mafaldeano, y se alió con el dibujante Quino, el periodista Rodolfo Walsh y el poeta Paco Urondo en una cofradía intelectual de la cual nacerían las inquietudes por las letras y el libro Cuentecillos y otras alteraciones, y una amistad perdurable, de la cual luego se articularon conferencias enteras.

Quienes asistieron a esas charlas con Walsh que hablaba de Timossi o Timossi de Walsh (que fueron homenajes por sus aportes al periodismo Latinoamericano) o quienes han oído decir repetidamente que Timossi fue reconocido con el Premio Nacional de Periodismo José Martí, de Cuba, el de la Organización Internacional de Periodistas (OIP) y la Orden Félix Varela, no dudan en reconocer que se trata de una figura prominente de la prensa.

Más aún si se despliega un currículum que lo ubica como vicepresidente del Instituto Cubano del Libro, Director de la Agencia Literaria de Derechos de Autor, fundador de la agencia Prensa Latina, y su corresponsal en Argelia, Chile, Argentina, Francia, Nicaragua y México.

Poeta y cuentista con una veintena de libros publicados, en los que relata también las experiencias y los enredados caminos de la profesión que eligió para la vida, Timossi —pocos lo dudan— es un paradigma del oficio.

Tal vez, entonces, este sea el momento de recordarlo, como lo han hecho algunos de sus amigos:

El argentino-cubano no fue solamente el fundador de Prensa Latina, sino el joven que aprendió a vivir el proceso cubano desde que en mismo 59 inicial, aceptara la condición, impuesta por Jorge Ricardo Masseti, de ser “más revolucionario que periodista”.

Timossi no fue únicamente el corresponsal que cubrió el golpe de estado a Allende en el Chile del 73, el muchacho recibido con aplausos en la sede central de la agencia en La Habana y el autor del libro Grandes Alamedas, sino un hombre que, como los otros, sintió miedo cuando los soldados irrumpieron en la oficina chilena.

No fue solo fue reportero infaltable de los viajes de Fidel por el mundo entre 1980 y 1990, sino un “tipo” —para decirlo en argentino clásico— que soñaba que el barbudo se le sentaba cerca para conversar interminablemente.

Timossi hizo más que reportar las cumbres del Movimiento de Países No Alineados y las tomas de posesión de varios presidentes: después de agotadoras jornadas, como la del ascenso al gobierno de Collor de Mello, el “flaco” hizo sitio para que otro colega que se quedaba lejos descansara en su habitación de hotel.

El periodista fue mucho más que una figura perseguida por los estudiantes para lograr entrevistas, sino alguien que, aunque atribuyó sus éxitos a la suerte, supo decirles: “ante todo deben estar siempre olfateando, buscando”.

 
 
 
 


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Cuentecillos y otras alteraciones, de Jorge Timossi

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.