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Desde el miércoles 4 de
mayo, a menos de un día
de la celebración, el
Patio de Baldovina
estaba en “aniversario”.
A punto de mediodía y
hasta que la noche les
apuró los pinceles, un
grupo de jóvenes
diseñadores invadió los
muros de la sede de la
revista con trompetas,
elefantes, peces,
árboles… un mural que
recibió luego a los
músicos y que ahora luce
los nombres de quienes
habitualmente suscriben
la visualidad de La
Jiribilla, en el
éter y en el papel:
Alejandro,
Víctor, Yusell, René, Jorge,
Anabel, Gabriela, Abel,
Leo, Yesser y Kike, En la foto, con las
caras, manos y ropas
también coloreadas. Y
casi de noche, con el
tiempo listo para la
“entrevista” colectiva:
unos, más sueltos que
otros, cohibidos por la
grabadora y el cambio de
rol de quien,
usualmente, les acompaña
del otro lado.
Alejandro:
“Conocí a La
Jiribilla mientras
era estudiante de
Diseño, cuando empezaba
la carrera. La ilustraba
y diseñaba el grupo
Camaleón, compuesto por
jóvenes que aún
estudiaban en años
superiores. Llamaba
mucho la atención
aquella publicación que
se salía de los cánones.
Con los mismos recursos
con que se diseñaban
otras publicaciones,
La Jiribilla
proponía una visualidad
diferente. Buscaba,
desde la ilustración o
la tipografía, llamar la
atención desde otras
perspectivas que
aportaran también al
texto. A los
diseñadores, eso nos
tocaba directo. La
revista no tenía colores
y se imprimía en el
mismo papel que se
utilizaba para los
diarios; pero se salía
de lo cotidiano. En los
estanquillos, eso
llamaba la atención
desde la primera vista:
a puro diseño.”
Anabel:
“La Jiribilla
es una publicación
intelectual. Al ser
concebida como una
revista ilustrada, les
brindó siempre a los
diseñadores la
posibilidad de
insertarse en ese mundo
del pensamiento, de
aprender cosas, de
debatir fenómenos que
los textos trataban. Y,
especialmente, de
aportar sentidos a esos
textos, a través de la
ilustración y el
diseño.”
Abel:
“Lo que atrae de La
Jiribilla es el
híbrido entre revista y
periódico. Cuando
surgió, no había nada
que se le pareciera. No
entraba en los cánones
del periodismo diario;
pero tampoco era
Bohemia, Unión…
El híbrido me sorprendía
y creo que era parte del
gancho que los lectores
encontraron en ella,
desde el principio. A
los diseñadores, nos
atraía por las
posibilidades que
permitía. Admitía tomar
una caja de texto y
moverla de los cánones
editoriales; crear
ilustraciones que
aportaran. La
Jiribilla calculaba
la caja de texto, no se
trataba tampoco de algo
fuera de todo sentido;
pero aportaba otras
perspectivas a la
retícula, creaba e
imprimía un interés
visual que tributaba
mucho a los textos.
Jugaba más con la
percepción y eso siempre
es interesante.”
Gabriela:
“Con respecto a otras
publicaciones, La
Jiribilla tiene una
particularidad: los
temas son más profundos,
polémicos, complejos. La
ilustración, por tanto,
puede complementarse a
esos textos y aportar
elementos, también
polémicos y profundos.
El diseñador que ilustre
La Jiribilla,
aporta aristas que
incluso pueden no estar
en el texto. Se
convierte también en
intelectual.
“Cuando empezamos a
estudiar, Camaleón
estaba en el último año,
y La Jiribilla
era el proyecto que
ellos concibieron. Yo
quería ser como ellos.
La revista que se hace
hoy es una continuidad
de ese proyecto visual.
Se mantienen los
recursos propositivos,
pero quienes la hacen
son personas diferentes,
y eso aporta otras
perspectivas.”
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