La Habana. Año X.
7 al 13 de MAYO de 2011

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Entre la piedra, el metal y la madera
Salutación a una década de constante preocupación por la cultura
Virginia Alberdi • La Habana
Fotos: Kike, R. A. Hdez. y Víctor Junco (La Jiribilla)

Los elementos que enriquecen el imaginario de una de las más importantes y reconocidas figuras del arte contemporáneo en el panorama universal, nos rodean y son muestra de la constancia, el entusiasmo y el sentido del compromiso de Alexis Leyva Machado, Kcho. De manera espontánea, el artista participa en esta celebración onomástica, los diez años de existencia de uno de los más dinámicos y formidables vehículos con que la cultura y la sociedad cubanas se presenta en el llamado ciberespacio: La Jiribilla.

La presencia de Kcho desde la década de los 90 ha sido constante y exitosa en los más exigentes circuitos de arte contemporáneo en el mundo, y constancia de ello resulta, entre otros ejemplos, la Beca de la Fundación Ludwig, Forum Ludwig, Aachen (Alemania, 1994), el Premio de la UNESCO para la Promoción de las Artes (París, Francia, 1995), el Gran Premio de la Bienal de Kwang-Ju (Corea, 1995), su presencia en importantes Bienales de Arte y en eventos de carácter internacional que resultaría engorroso enumerar en esta ocasión, no puedo dejar de mencionar, por ser noticia su inserción en el catálogo de la Galería Marlborough en Europa.

Revelador de sus valores humanos y sociales, se une a este impresionante currículo, la constante y activa participación en acciones que redundan en beneficio de su gente, de su pueblo, entendido este concepto en el sentido martiano de que “Patria es humanidad”.

En las páginas digitales de La Jiribilla, se reflejó en su oportunidad la humanista vocación de Kcho, cuando a raíz de los terribles huracanes de 2008, fundó la Brigada Martha Machado, que desde su Isla de la Juventud comenzó a irradiar un movimiento de solidaridad, no solo en lugares del país, sino en otros parajes asolados por cataclismos naturales, como fue el caso de la vecina y sufrida Haití. 

Estamos, pues, en una celebración a la que se ha sumado Kcho exponiendo los dones de su creación artística.

Habitualmente se suele identificar a Kcho como el escultor y hacedor de imaginativas y osadas instalaciones. Se suele también poner énfasis en lo que parece más evidente de su obra: su obsesión por el tema de las migraciones, que corre paralela con su ansiedad por levantar columnas infinitas, cual émulo del legendario constructivista ruso Tatlin o del rumano Constantín Brancusi.

No falta razón a quienes identifiquen a Kcho con esos temas. Las migraciones humanas, largamente enraizadas en la historia de nuestro género, alcanzan proporciones inusitadas, en su mayoría trágicas, en el mundo que vivimos. Duele saber cómo en estos mismos momentos de hondas conmociones y arrebatos imperiales en el norte de África, están arribando cientos de inmigrantes a las costas e islas que rodean la península itálica y que algunos gobiernos de la culta Europa se aprestan a arreciar la represión contra personas desplazadas por la guerra.


Objeto peligroso, 2003. Calcografía en cobre

Pero la obra de Kcho relacionada con las migraciones, no se circunscribe a la recreación de elementos episódicos. Su alcance va más allá para sembrar en el espectador la idea de un movimiento perpetuo con sus connotaciones antropológicas y simbólicas. Barcas, remos, girones de naufragios, balsas y cuanto artilugio existe para la navegación empleados en sus imágenes, poetizan de manera dramática un destino humano. En la muestra, se presentan estos y otros elementos a través de grabados: calcografías, xilografías, litografías… realizadas en diferentes momentos e impresos sobre diversos soportes; dibujos sobre cartulina o tela, e instalaciones.

Realidades elocuentes estas que se expresan en el de la madera, el papel, la piedra. Permítaseme insistir en lo interesante que debe ser para quienes aprecien esta muestra los tránsitos entre el dibujo y el grabado y la realización escultórica o instalativa, porque en la superficie plana, Kcho vuelve a revelarse con tanto oficio y calado como en sus propuestas tridimensionales.

Participamos ya, sin más dilación en esta fiesta del espíritu y de la visualidad que propone Kcho. Excelente salutación a una década de constante preocupación por la cultura. Esta su obra fiel, comprometida y contundente, se acompaña esta vez con el júbilo del Ángel de la Jiribilla, ese duende de nuestra identidad y resistencia que nos acompaña.

Gracias.

 
 
 
 


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