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Los elementos que
enriquecen el imaginario
de una de las más
importantes y
reconocidas figuras del
arte contemporáneo en el
panorama universal, nos
rodean y son muestra de
la constancia, el
entusiasmo y el sentido
del compromiso de Alexis
Leyva Machado, Kcho. De
manera espontánea, el
artista participa en
esta celebración
onomástica, los diez
años de existencia de
uno de los más dinámicos
y formidables vehículos
con que la cultura y la
sociedad cubanas se
presenta en el llamado
ciberespacio: La
Jiribilla.
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La presencia de Kcho
desde la década de los
90 ha sido constante y
exitosa en los más
exigentes circuitos de
arte contemporáneo en el
mundo, y constancia de
ello resulta, entre
otros ejemplos, la
Beca de la Fundación
Ludwig, Forum Ludwig,
Aachen (Alemania, 1994),
el Premio de la UNESCO
para la Promoción de las
Artes (París, Francia,
1995), el Gran Premio de
la Bienal de Kwang-Ju
(Corea, 1995), su
presencia en importantes
Bienales de Arte y en
eventos de carácter
internacional que
resultaría engorroso
enumerar en esta
ocasión, no puedo dejar
de mencionar, por ser
noticia su inserción en
el catálogo de la
Galería Marlborough en
Europa.
Revelador de sus valores
humanos y sociales, se
une a este impresionante
currículo, la constante
y activa participación
en acciones que redundan
en beneficio de su
gente, de su pueblo,
entendido este concepto
en el sentido martiano
de que “Patria es
humanidad”.
En
las páginas digitales de
La Jiribilla, se
reflejó en su
oportunidad la humanista
vocación de Kcho, cuando
a raíz de los terribles
huracanes de 2008, fundó
la
Brigada Martha
Machado, que desde su
Isla de la Juventud
comenzó a irradiar un
movimiento de
solidaridad, no solo en
lugares del país, sino
en otros parajes
asolados por cataclismos
naturales, como fue el
caso de la vecina y
sufrida Haití.
Estamos, pues, en una
celebración a la que se
ha sumado Kcho
exponiendo los dones de
su creación artística.
Habitualmente se suele
identificar a Kcho como
el escultor y hacedor de
imaginativas y osadas
instalaciones. Se suele
también poner énfasis en
lo que parece más
evidente de su obra: su
obsesión por el tema de
las migraciones, que
corre paralela con su
ansiedad por levantar
columnas infinitas, cual
émulo del legendario
constructivista ruso
Tatlin o del rumano
Constantín Brancusi.
No
falta razón a quienes
identifiquen a Kcho con
esos temas. Las
migraciones humanas,
largamente enraizadas en
la historia de nuestro
género, alcanzan
proporciones inusitadas,
en su mayoría trágicas,
en el mundo que vivimos.
Duele saber cómo en
estos mismos momentos de
hondas conmociones y
arrebatos imperiales en
el norte de África,
están arribando cientos
de inmigrantes a las
costas e islas que
rodean la península
itálica y que algunos
gobiernos de la culta
Europa se aprestan a
arreciar la represión
contra personas
desplazadas por la
guerra.
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Objeto
peligroso,
2003.
Calcografía en
cobre |
Pero
la obra de Kcho
relacionada con las
migraciones, no se
circunscribe a la
recreación de elementos
episódicos. Su alcance
va más allá para sembrar
en el espectador la idea
de un movimiento
perpetuo con sus
connotaciones
antropológicas y
simbólicas. Barcas,
remos, girones de
naufragios, balsas y
cuanto artilugio existe
para la navegación
empleados en sus
imágenes, poetizan de
manera dramática un
destino humano. En la
muestra, se presentan
estos y otros elementos
a través de grabados:
calcografías,
xilografías,
litografías… realizadas
en diferentes momentos e
impresos sobre diversos
soportes; dibujos sobre
cartulina o tela, e
instalaciones.
Realidades elocuentes
estas que se expresan en
el de la madera, el
papel, la piedra.
Permítaseme insistir en
lo interesante que debe
ser para quienes
aprecien esta muestra
los tránsitos entre el
dibujo y el grabado y la
realización escultórica
o instalativa, porque en
la superficie plana,
Kcho vuelve a revelarse
con tanto oficio y
calado como en sus
propuestas
tridimensionales.
Participamos ya, sin más
dilación en esta fiesta
del espíritu y de la
visualidad que propone
Kcho. Excelente
salutación a una década
de constante
preocupación por la
cultura. Esta su obra
fiel, comprometida y
contundente, se acompaña
esta vez con el júbilo
del Ángel de la
Jiribilla, ese duende de
nuestra identidad y
resistencia que nos
acompaña.
Gracias. |