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Diez años han
transcurrido desde que,
en los comienzos de este
milenio, un grupo de
intelectuales y
periodistas cubanos se
lanzaron a la aventura
de crear una revista de
cultura en un universo
entonces recién
estrenado en la
Isla: Internet.
El 5 de mayo de 2001, el
primer número de La
Jiribilla vio la luz
como suplemento cultural
del diario Juventud
Rebelde. El Ángel
invocado por José Lezama
Lima como “fabulosa
resistencia de la
familia cubana. Arca de
nuestra resistencia en
el tiempo…”, inspiraría
desde entonces el
propósito de insertar,
en el espectro de los
medios de comunicación
en Internet, la voz de
la cultura cubana, un punto de
vista propio y
desenfadado sobre la
realidad cubana y la
obra de nuestros
artistas y de la
Revolución, muchas veces
manipulada o desconocida
fuera del país.
Al ángel, más tarde, le
salieron alas de papel:
la colección
Cuadernos de La
Jiribilla
(La política sexual
de Reinaldo Arenas,
de Jon Hillson;
La danza del huracán,
compilación de poesía y
prosa sobre el fenómeno
natural; el ensayo
Encuentros
y desencuentros,
de José Antonio García
Miranda) y
La Jiribilla de Papel,
publicación periódica
que el colectivo edita
desde 2003. En formato
tabloide y con
frecuencia bimestral,
las páginas de la
revista impresa incluyen
dosieres, artículos y
secciones de la edición
digital, además de
proponer textos
exclusivos.
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Música, artes plásticas,
literatura, teatro,
danza, cine y
televisión, sexualidad,
religión, emigración,
deportes, educación,
historia, humor,
sociología, folclor,
medios de comunicación y
ciencia... son temas que
invitan a la reflexión
desde las 522 ediciones
de La Jiribilla,
en más de 22 mil
artículos. La cultura ha
sido, a la vez, objeto y
sujeto de los más
importantes debates que
han acogido estas
páginas —digitales e
impresas— como luces
desde las cuales mirar
nuestra sociedad con un
discurso polémico y
constructivo. Un espacio
que también intenta
articular voces desde
todas las latitudes del
planeta.
A algunos de quienes han
acompañado a La
Jiribilla en este
empeño, la revista ha
entregado la distinción
el Ángel de la
Jiribilla, una obra
realizada por el artista
de la plástica José Luis
Fariñas en el año 2002.
Varias recreaciones de
esta pieza han sido
conferidas a amigos y
colaboradores como
Alfredo Guevara, Roberto
Fernández Retamar, Marta
Rojas, Silvio Rodríguez,
Rosa Miriam Elizalde,
Belén Gopegui, Santiago
Alba y Pascual Serrano,
en reconocimiento a sus
aportaciones en el campo
de la cultura.
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Fernando
Martínez
Heredia, José Luis
Fariñas y
Ambrosio Fornet
en la entrega de
los Ángeles de
la Jiribilla |
Desde el éter y la
tinta, la Revista de
Cultura Cubana —como
luego se apellidó— ha
reclutado a jóvenes que
cada día nutren la letra
y la visualidad de La
Jiribilla. Y junto
con ellos,
experimentados artistas,
intelectuales,
periodistas de
reconocida obra. Cuando
diez años invitan al
recuento, el equipo que
hoy edita cada semana el
sitio y cada dos meses
imprime “el papel”,
recuerda con particular
agradecimiento la
presencia iluminadora de
Manuel González Bello,
Enrique Núñez Rodríguez
y Lisandro Otero, ya
fallecidos.
Una década invita a la
celebración, a la
consecución de un sueño
colectivo; a celebrar la
existencia de un espacio
que ha intentado ser
nuestro y de todos. Así
transcurrió, también, la
jornada de este 5 de
mayo de 2011: entre
remos y botes con que
Alexis Leiva (Kcho)
nutrió de
significaciones los
pequeños salones de
la sede de La
Jiribilla; el
homenaje de la revista a
los intelectuales
cubanos Fernando
Martínez Heredia y
Ambrosio Fornet, ángeles
inspiradores también de
estos diez años; y un
concierto a cargo del
joven jazzista
Harold
López-Nussa, reunieron
durante la tarde noche
de este jueves a los
amigos de todos los
días, a quienes
construyen este sitio
con sus textos,
fotografías,
ilustraciones o,
incluso, sugerencias y
alientos.
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Como el azar concurrente
lezamiano, la portada de
este número de La
Jiribilla lleva la
firma de Alexis Leiva
(Kcho), justo como hace
una década ocurrió con
“Proyecto para Mi casa
es tu casa”, obra que el
colectivo de la revista
aún atesora. Tal es el
título, también, de una
de las piezas que
componen la exposición
Entre la piedra, el
metal y la madera,
que Kcho situó en la
sede de la revista:
obras que solo han visto
quienes visitan su casa,
cuadros que son suyos y
que el artista pinero ha
querido compartir la
fecha en que “el bicho
con patas” cumple diez
años. Una jornada de
aniversario que, más que
festividad, ha
constituido para la
revista un conjuro de
nuevas fibras y
alientos.
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