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Guillermo Vilar, el
Guille, es un hombre
conocido por dos grandes
pasiones: el rock y los
medios de difusión.
Tiene la cualidad poco
común de ser un
profesional respetado de
la radio, la televisión
y la prensa escrita, no
solo porque sabe hacer
su oficio, sino que lo
defiende como lo que él
es: un revolucionario.
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Guille Vilar
junto con Harold
López-Nussa |
No fue músico porque
luego de que le
compraran la guitarra,
no quiso aprender a
tocarla, aunque seguía
oyendo con placer a Los
Matamoros. Luego llegó
el gran descubrimiento
para él y toda una
generación: Los Beatles
quienes le cambiaron el
mundo a la gran mayoría
de quienes los oyeron
siendo adolescentes.
Pero, el Guille sostiene
que “Quien creció junto
a la obra de Los
Beatles, iba cambiando
sus perspectivas en
relación con la música
del mismo modo que
ellos. El que conoció a
Los Beatles de ‘She
Loves You’ y ‘And I Love
Her’, no podía ser el
mismo que aprecia, en su
justa dimensión, la
profunda transformación
conceptual ocurrida en
este grupo si tenemos en
cuenta piezas de una
etapa posterior como
‘For No One’, ‘A Day in
The Life’ o ‘Something’.
Y, por supuesto, que en
esta especie de
consolidación en
nosotros de una estética
para la vida, no solo
fueron determinantes Los
Beatles, sino otras
agrupaciones como
Emerson, Lake and
Palmer, Yes o Pink
Floyd, además de la
Nueva Trova y hasta los
conciertos con la
Sinfónica los domingos
en el teatro Amadeo
Roldan”.
Este hombre, director de
radio y televisión de
paradigmáticos programas
musicales, Juventud 2000
en Radio Progreso y A
Capella en la
televisión, logró
imbricar ese definido
gusto musical por el
disfrute de lo más
genuino de Cuba en el
pentagrama. Y pronto, en
cuanto tuvo un chance,
emborronó cuartillas
para verter su opinión.
Así nació Entre cuerdas
en El Caimán Barbudo
que devino el primer
libro hecho en esa
publicación y que tuvo
una acalorada aceptación
por tratarse
esencialmente de textos
sobre rock,
manifestación mal vista
en los años 70 y
principios de los 80 en
la mayor de las
Antillas.
Luego comenzó un
noviazgo que dura hasta
hoy con La Jiribilla,
y como esta revista anda
de cumpleaños con su
primera década de vida,
le pedimos al Guille que
nos hablara de ese
especial engarce.
“Con el paso del tiempo,
he comprobado que cuando
establezco alguna
relación de trabajo de
determinada duración, me
integro de tal forma que
llego a ser parte de
cada colectivo y te
confieso que así me
siento con esta revista,
como en aquellos años de
colaboración con El
Caimán Barbudo. Me
parece que fue ayer
cuando me solicitaron
que escribiera para
La Jiribilla,
revista digital de
cultura, y sacando
cuentas, prácticamente
soy fundador de la
misma, pues aunque no
aparezco en el primer
número, sino alrededor
del cuarto o quinto y ya
vamos por la edición 522
en mayo. Si importantes
resultan A Capella,
Música del Mundo y
Juventud 2000, por las
posibilidades
específicas que me
brindan como creador,
La Jiribilla me ha
permitido escribir
numerosos artículos, en
su gran mayoría acerca
de músicos cubanos,
trabajos que se pueden
leer en La Otra Cuerda,
una columna que de
alguna manera rememora
lo que yo hacía para
El Caimán… Pero por
muchas obligaciones que
tenga con otros
trabajos, jamás dejaré
de escribir para La
Jiribilla. No puedo,
ni quiero. Es como mi
tribuna para expresar
todo lo que siento por
la música y los músicos
cubanos, es como tocar,
a pecho abierto, el
corazón de la cultura
cubana y tú como
periodista, sabes lo que
eso implica para gente
como nosotros.” |