La Habana. Año X.
7 al 13 de MAYO de 2011

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Tocar a pecho abierto el corazón
de la cultura cubana
Paquita Armas Fonseca • La Habana
Fotos: R. A. Hdez. (La Jiribilla)

Guillermo Vilar, el Guille, es un hombre conocido por dos grandes pasiones: el rock y los medios de difusión. Tiene la cualidad poco común de ser un profesional respetado de la radio, la televisión y la prensa escrita, no solo porque sabe hacer su oficio, sino que lo defiende como lo que él es: un revolucionario.


Guille Vilar junto con Harold López-Nussa

No fue músico porque luego de que le compraran la guitarra, no quiso aprender a tocarla, aunque seguía oyendo con placer a Los Matamoros. Luego llegó el gran descubrimiento para él y toda una generación: Los Beatles quienes le cambiaron el mundo a la gran mayoría de quienes los oyeron siendo adolescentes.

Pero, el Guille sostiene que “Quien creció junto a la obra de Los Beatles, iba cambiando sus perspectivas en relación con la música del mismo modo que ellos. El que conoció a Los Beatles de ‘She Loves You’ y ‘And I Love Her’, no podía ser el mismo que aprecia, en su justa dimensión, la profunda transformación conceptual ocurrida en este grupo si tenemos en cuenta piezas de una etapa posterior como ‘For No One’, ‘A Day in The Life’ o ‘Something’. Y, por supuesto, que en esta especie de consolidación en nosotros de una estética para la vida, no solo fueron determinantes Los Beatles, sino otras agrupaciones como Emerson, Lake and Palmer, Yes o Pink Floyd, además de la Nueva Trova y hasta los conciertos con la Sinfónica los domingos en el teatro Amadeo Roldan”.

Este hombre, director de radio y televisión de paradigmáticos programas musicales, Juventud 2000 en Radio Progreso y A Capella en la televisión, logró imbricar ese definido gusto musical por el disfrute de lo más genuino  de Cuba en el pentagrama. Y pronto, en cuanto tuvo un chance, emborronó cuartillas para verter su opinión. Así nació Entre cuerdas en El Caimán Barbudo que devino el primer libro hecho en esa publicación y que tuvo una acalorada aceptación por tratarse esencialmente de textos sobre rock, manifestación mal vista en los años 70 y principios de los 80 en la mayor de las Antillas.

Luego comenzó un noviazgo que dura hasta hoy con La Jiribilla, y como esta revista anda de cumpleaños con su primera década de vida, le pedimos al Guille que nos hablara de ese especial engarce.
 

“Con el paso del tiempo, he comprobado que cuando establezco alguna relación de trabajo de determinada duración, me integro de tal forma que llego a ser parte de cada colectivo y te confieso que así me siento con esta revista, como en aquellos años de colaboración con El Caimán Barbudo. Me parece que fue ayer cuando me solicitaron que escribiera para La Jiribilla, revista digital de cultura, y sacando cuentas, prácticamente soy fundador de la misma, pues aunque no aparezco en el primer número, sino alrededor del cuarto o quinto y ya vamos por la edición 522 en mayo. Si importantes resultan A Capella, Música del Mundo y Juventud 2000, por las posibilidades específicas que me brindan como creador, La Jiribilla me ha permitido escribir numerosos artículos, en su gran mayoría acerca de músicos cubanos, trabajos que se pueden leer en La Otra Cuerda, una columna que de alguna manera rememora lo que yo hacía para El Caimán… Pero por muchas obligaciones que tenga con otros trabajos, jamás dejaré de escribir para La Jiribilla. No puedo, ni quiero. Es como mi tribuna para expresar todo lo que siento por la música y los músicos cubanos, es como tocar, a pecho abierto, el corazón de la cultura cubana y tú como periodista, sabes lo que eso implica para gente como nosotros.
 
 
 
 


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