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Me siento vinculado a
La Jiribilla desde
hace muchos años, pero
en este décimo
aniversario me he vuelto
a encontrar a las
personas con las cuales
tuve contacto al
principio de que se
creara ese vínculo.
Recuerdo hoy que la
primera entrevista que
me pidieron para
publicarla aquí, tuvo
mucho de la inmediatez y
conexión del mundo
digital, pues, por
correo, la periodista y
yo intercambiamos
preguntas y respuestas,
dudas y correcciones que
se convirtieron en los
primeros pasos de una
relación bastante
estrecha.
Este contacto tiene que
ver con que el equipo de
la revista está formado
por muchas personas
jóvenes que trabajan sin
cesar, y por lo cual
también me identifico
con la manera de decir
las cosas. Esa juventud
prometedora que tiene
La Jiribilla es uno
de los principales
motivos por los que
comparto con enorme
placer la celebración de
su primera década.
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Otro de los aciertos de
La Jiribilla es
haber entendido que el
arte es uno solo y que
sus manifestaciones se
unen entre ellas. Por
tanto, es muy importante
dar la oportunidad de
que se produzcan
encuentros entre un
artista de la plástica y
un músico, o entre un
escritor y un actor del
teatro. La revista ha
comprendido que el arte
es una expresión de la
realidad, de lo que
acontece día a día en la
sociedad. Ha sido muy
importante para mí haber
podido compartir este
espacio, donde también
están los cuadros y las
esculturas de Kcho y que
también nosotros podamos
brindar nuestro arte,
seguros de que lo
hacemos de un modo
distinto al que lo
hicimos ayer, por esas
otras inspiraciones que
hemos recibido de
primera mano.
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La revista, en mucha
mayor medida que otros
medios de comunicación,
dedica parte de su
espacio al arte joven,
al análisis y a la
difusión de la obra de
los creadores de las
nuevas generaciones y,
en lo más actual, a la
realidad cultural
cubana, en nuestros
desafíos y zonas de
silencio. Promueve, con
acierto, una reflexión
profunda sobre el
trabajo de los artistas
y la cultura en general.
Si tuviera que dedicarle
uno de los temas de mi
repertorio a La
Jiribilla, sería,
sin duda, “El
país de las maravillas”,
de mi último disco.
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