La Habana. Año X.
7 al 13 de MAYO de 2011

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Ariel Cubría por la tangente del pop

Pedro de la Hoz • La Habana

Por los mismos días en que el espacio Fábrica de Arte dedicaba una jornada sabatina en Pabexpo a resaltar la vitalidad del pop cubano, llegaba a nuestros oídos una propuesta que de algún modo venía a reforzar esa dimensión de uno de los fenómenos más polémicos y a la vez más entronizados en el gusto popular de los jóvenes y no tan jóvenes habitantes de la Isla.

Porque si de pop se trata —y dejo para otro momento la pertinencia o no de utilizar un término tan abarcador que puede diluirse en la nada—, el consumo masivo es un hecho, en medio de criterios sobre la producción doméstica que van desde los que a ultranza defienden la existencia de una expresión autóctona hasta los que ven (o mejor dicho, escuchan) solo un epigonismo oscilante entre lo que ofrece el mercado anglosajón y los ejemplos más conspicuos y arrasadores del mercado latino.

En todo caso la entrega que gloso a continuación, pasa por los tópicos del pop latino, pero termina yéndose por la tangente. Hablo del disco Lo que vale de ti, ópera prima de Ariel Cubría, un habanero que irrumpió como guitarrista en la escena musical capitalina de los 90 como guitarrista grupero, que en el orden personal se sentía afiliado a los aires trovadorescos más renovadores. 

Como otros compañeros de su generación, Ariel dio el salto a finales de la citada década a España, pero mientras la expresión trovadoresca de Habana Abierta culminaba su primer ciclo allá, el guitarrista y compositor se situaba como un outsider  y dirigió su mirada hacia el jazz.

Razones sentimentales lo llevaron a Argentina y fue en esa nación sudamericana donde maduraron sus fundamentos estéticos musicales, al cerrar el primer decenio del nuevo siglo con una entrega discográfica interesante, en la que saldó cuentas con los deberes que arrastraba en su formación y se planteó la búsqueda de un lenguaje personal.

Este se advierte al margen del ropaje tímbrico y rítmico que lo emparientan con la medianía del pop latino más consistente, aportado por músicos sudamericanos y la colaboración inteligente del tecladista norteamericano Bob Telson. En los giros abolerados de algunos temas y las tensiones melódicas que se plantean en otros siempre para sostener un discurso poético directo y transparente, se presiente un sello que cuaja definitivamente en canciones como “Lo que vale de ti”, “Círculo vicioso” y “Calles oscuras”, esta última quizá la de mayor alcance por la sutileza con que recrea, hacia la sección final, la tradición yoruba.

Ahora Ariel Cubría enfrenta un nuevo reto: el mismo amor que lo llevó a Argentina —formó familia con la diplomática eslovena Katia Biloslav, por cierto, una de las más agudas y comprometidas conocedoras de la realidad cubana en esa nación a orillas del Adriático—, lo ha deslazado hacia Liubliana, sin que por ello pierda ni un ápice de cubanía. Tiene la perspectiva desde allí de internacionalizar su carrera, eso sí, siempre afincado a sus raíces.      

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.