La Habana. Año X.
7 al 13 de MAYO de 2011

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ICAP: entre la solidaridad y las urgencias
de los tiempos actuales

María Fernanda Ferrer • La Habana

Fotos: Cortesía de la autora

Esta semana la solidaridad se ha hecho presente en Cuba y se ha visto materializada en la Sexta Brigada Internacional de Trabajo 1ro. de Mayo, que agrupa a 229 personas de los cinco continentes, quienes participaron en el II Seminario contra las bases militares (en Guantánamo), asistieron a un evento teórico realizado en Playa Girón y visitaron varios puntos de la geografía cienfueguera, al centro sur de la Isla.    

Esos brigadistas de 24 países, llegaron a La Habana convocados por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) y ―además de realizar labores agrícolas― tuvieron la oportunidad de conocer de primera mano la lucha que a nivel internacional se desarrolla por la liberación de los cinco cubanos prisioneros en cárceles norteamericanas.

En un encuentro, que se desarrolló en la sede del Campamento Internacional Julio Antonio Mella, de Caimito, Andrés Gómez, coordinador nacional de la Brigada Antonio Maceo y director de la revista digital Areito, se refirió a las diversas estrategias de promoción que se acometen en el interior de los EE.UU. para que “la verdad sobre los Cinco salga a la luz y el mundo comprenda lo injusto de la política de agresión permanente al pueblo cubano por parte de las distintas administraciones norteamericanas”.

Por su parte, Gloria de La Riva, coordinadora nacional del Comité a favor de la libertad de los Cinco (en EE.UU.), insistió en que la solidaridad mundial es una de las “herramientas más efectivas para sensibilizar a la opinión pública” y reiteró que el día en que los Cinco regresen a la Patria, la humanidad será un poco más libre.

A ese encuentro, también fueron invitados los trovadores Sara González, Marta Campos y Ángel Quintero, quienes además de interpretar temas como “Hasta siempre Comandante”, “Girón, la victoria”, “Acerca de los padres”, “Son oscuro”, “Mi noble Dios” y “Paisano”, entre otros, establecieron un franco intercambio con los brigadistas que se mostraron interesados en conocer detalles sobre la trova en nuestro país.  
 

Sara agradeció la invitación y, según dijo, la valora como “un hermoso gesto” y recordó que el llamado Movimiento de la Nueva Trova “siempre ha acompañado a la Revolución en sus más disímiles momentos”. Por su parte, Marta Campos enfatizó que este 2011 cumple “35 años de vida artística” y que se ha sentido muy feliz por haber estado vinculada con los movimientos de solidaridad “con mi país y con mi gente”. Igualmente, Quintero recordó momentos vividos junto a Marta en Nicaragua y Guatemala, “países que visitamos en varias ocasiones y que nos brindaron la oportunidad de dar a conocer nuestro arte en zonas intrincadas de esas naciones y, por otro lado, nos hizo comprender mejor la maravilla que es América Latina”.  

A esta suerte de delegación cultural se sumó la artista de la plástica Diana Balboa, quien “en un futuro no muy lejano” ―según comentó a esta reportera― realizará un mural para dejar allí su impronta y su “deseo mayor de reciprocar tanta solidaridad que se respira en este lugar”.  

Luego de concluido el encuentro, conversamos en exclusiva para La Jiribilla con Kenia Serrano, presidenta del ICAP, sobre varios temas que van desde ser la primera mujer que asume la presidencia de la institución, las estrategias del organismo ante los cambios que se anuncian, hasta la relación con la cultura: “Desde su propia fundación, el ICAP ―creado por la Revolución para multiplicar la solidaridad― siempre se ha hecho acompañar por la cultura como una vía de comunicación universal entre los pueblos.

“La trova ― que la veo como la gran crónica de los pueblos y de lo que hace su gente― tiene un espacio natural en el Campamento y dondequiera que se muevan las brigadas internacionales de trabajo, porque estas personas cuando se marchan de la Isla se llevan a Cuba en sus recuerdos.  

“En la manera en que sientan este proceso transformador ―desde todos los puntos de vista―, regresarán a su vida habitual acompañados de nuestra música, que es la que le pone a este recuerdo el motor para continuar, para multiplicar las experiencias y para intentar convertirnos en seres humanos mejores.

“Hoy, aquí, no ha habido otro idioma que no sea el de la canción y eso le permite a uno tocar el impacto que Cuba provoca en la gente. La trova ―en las voces de Sara, Marta Campos y Angelito― es una excelente manera de expresar lo que somos.”

¿Cómo asumes el reto de dirigir el Instituto siendo una madre joven?

En lo personal ha sido un reto enorme y lo he podido enfrentar gracias al colectivo que me rodea ―lo mismo en el Campamento, que en la Casa de la Amistad, que en las delegaciones que están en todo el país―. Es el colectivo el que hace que el trabajo no se detenga.   
 

Nosotros somos los anónimos porque el que convoca ―quien continúa siendo la gran inspiración para todos los pueblos del mundo― es el pueblo cubano y su resistencia.

Individualmente, ha sido un desafío porque he tenido que superarme mucho para asumir el ritmo que tiene esta institución y, a la vez, he sentido la gran satisfacción de colocarla en la premura, en las urgencias de los tiempos actuales. Sea cual fuera la persona designada, estoy segura de que lo habría enmarcado en esta misma dinámica. Cuba hoy ―actualizándose como modelo, buscando una sociedad mejor, intentando lograr mayor eficiencia y una cuota de felicidad superior para cada uno de los cubanos y cubanas― tiene la necesidad de cuestionarse todo hecho con el propósito de hacerlo mejor.

Se habla del modelo económico cubano y de los cambios que sobrevendrán. Dada la proyección internacional del ICAP, ¿cómo se prepara el Instituto para hacer entender al mundo esos cambios?

Primero, con algo que ha sido siempre una constante: decir siempre la verdad. En diciembre pasado el ICAP cumplió 50 años de vida, y a lo largo de esas cinco décadas hemos tenido que luchar contra las campañas difamatorias orquestadas contra nuestro país. El arma principal de la Revolución, y por tanto del ICAP, es decir la verdad, no adornarla, no exagerar en los aspectos que son positivos.

La Revolución es un fenómeno tan legítimo, tan rico, tan convincente, tan verdadero, tan emancipador para todos que no hace falta ponerle más. No es necesario maquillarlo; cuando nuestros dirigentes se han parado públicamente a hablar de los peores errores, en ese mismo instante, crece aún más la admiración hacia Cuba.

Uno aprecia que los enemigos históricos de la Revolución se preocupan cuando ven que Cuba está tomando tantas medidas para mejorarse a sí misma.

Ellos se dan cuenta de que si antes alguien defendió la idea de que no se supieran nuestros problemas para que el enemigo no se aprovechara de ellos para hacernos daño, ahora somos los primeros en detectar los errores, buscar soluciones y superar las dificultades.

Como política, el ICAP no quiere preservar a quienes nos visiten en una urna de cristal. No. Por ejemplo, el pasado año vinieron a Cuba ―a través de AMISTUR, que es nuestra agencia de viajes― más de seis mil personas. La clave está en abrirles las puertas y explicarles nuestra realidad y, después, permitirles caminar por donde deseen. Uno de los lugares en los que la gente se siente convencida de lo que es nuestro país, es cuando van a un Comité de Defensa de la Revolución (CDR), y llegan al barrio y todo el mundo ―de manera espontánea― responde preguntas. Ese contacto es esencial porque aunque un especialista les ofrezca una conferencia de alto nivel, la relación directa con la gente del pueblo es la que los lleva a una real comprensión de lo que somos.

Otra de las herramientas es explicarles cómo el bloqueo impacta en nuestro pueblo, cómo Cuba ha logrado alcanzar importantes indicadores de desarrollo humano a partir de un gran esfuerzo. Cuba sería otro país si no hubiera estado afectado por el bloqueo.

¿Cómo llegas al ICAP?       

Desde mi etapa estudiantil me vinculé con las organizaciones de base, luego pertenecí al secretariado nacional de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), después me designaron Presidenta de la Organización Continental Latinoamericana de Estudiantes (OCLAE); más tarde, Miembro de los órganos colegiados del pedagógico de Las Tunas, donde estudié Licenciatura en Lengua y Literatura Inglesa. Fui directora de la Editora Abril e ideológica del buró nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).

Tengo una hija que se llama Marcela del Mar y cuando ella tenía apenas cinco meses, se me eligió como Presidenta del ICAP. Esa designación la veo como la reafirmación, una vez más, de la confianza que la Revolución ha tenido en los jóvenes; no me considero un caso aislado porque cuando uno ve lo joven que era Fidel cuando asaltó el Moncada, se da cuenta de que en nuestro país la juventud ha tenido un rol protagónico, y súmale el privilegio de estar codo a codo con los más sabios dirigentes de la Revolución.

Indudablemente tu trabajo como presidenta del ICAP te roba mucho tiempo,  ¿cómo te las arreglas con Marcela del Mar?

Mi esposo y yo nos combinamos para darle a ella la educación, la atención, el cariño y el afecto que demanda. Es una niña muy amorosa, pero también está el resto de la familia, es decir, los abuelos tanto paternos como maternos y también los tíos. Por otro lado, ha sido tradición en el ICAP que los niños de las madres trabajadoras, casi, son parte del colectivo de trabajo.

Y aprovecho que se acerca el Día de las Madres para, gracias a La Jiribilla, enviar desde el ICAP unas ¡inmensas felicidades a todas las madres del mundo!

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.