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Esta semana la
solidaridad se ha hecho
presente en Cuba y se ha
visto materializada en
la Sexta Brigada
Internacional de Trabajo
1ro. de Mayo, que agrupa
a 229 personas de los
cinco continentes,
quienes participaron en
el II Seminario contra
las bases militares (en
Guantánamo), asistieron
a un evento teórico
realizado en Playa Girón
y visitaron varios
puntos de la geografía
cienfueguera, al centro
sur de la Isla.
Esos brigadistas de 24
países, llegaron a La
Habana convocados por el
Instituto Cubano de
Amistad con los Pueblos
(ICAP) y ―además de
realizar labores
agrícolas― tuvieron la
oportunidad de conocer
de primera mano la lucha
que a nivel
internacional se
desarrolla por la
liberación de los cinco
cubanos prisioneros en
cárceles
norteamericanas.
En un encuentro, que se
desarrolló en la sede
del Campamento
Internacional Julio
Antonio Mella, de
Caimito, Andrés Gómez,
coordinador nacional de
la Brigada Antonio Maceo
y director de la revista
digital Areito,
se refirió a las
diversas estrategias de
promoción que se
acometen en el interior
de los EE.UU. para que
“la verdad sobre los
Cinco salga a la luz y
el mundo comprenda lo
injusto de la política
de agresión permanente
al pueblo cubano por
parte de las distintas
administraciones
norteamericanas”.
Por su parte, Gloria de
La Riva, coordinadora
nacional del Comité a
favor de la libertad de
los Cinco (en EE.UU.),
insistió en que la
solidaridad mundial es
una de las “herramientas
más efectivas para
sensibilizar a la
opinión pública” y
reiteró que el día en
que los Cinco regresen a
la Patria, la humanidad
será un poco más libre.
A ese encuentro, también
fueron invitados los
trovadores Sara
González, Marta Campos y
Ángel Quintero, quienes
además de interpretar
temas como “Hasta
siempre Comandante”,
“Girón, la victoria”,
“Acerca de los padres”,
“Son oscuro”, “Mi noble
Dios” y “Paisano”,
entre otros,
establecieron un franco
intercambio con los
brigadistas que se
mostraron interesados en
conocer detalles sobre
la trova en nuestro
país.
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Sara agradeció la
invitación y, según
dijo, la valora como “un
hermoso gesto” y recordó
que el llamado
Movimiento de la Nueva
Trova “siempre ha
acompañado a la
Revolución en sus más
disímiles momentos”. Por
su parte, Marta Campos
enfatizó que este 2011
cumple “35 años de vida
artística” y que se ha
sentido muy feliz por
haber estado vinculada
con los movimientos de
solidaridad “con mi país
y con mi gente”.
Igualmente, Quintero
recordó momentos vividos
junto a Marta en
Nicaragua y Guatemala,
“países que visitamos en
varias ocasiones y que
nos brindaron la
oportunidad de dar a
conocer nuestro arte en
zonas intrincadas de
esas naciones y, por
otro lado, nos hizo
comprender mejor la
maravilla que es América
Latina”.
A esta suerte de
delegación cultural se
sumó la artista de la
plástica Diana Balboa,
quien “en un futuro no
muy lejano” ―según
comentó a esta
reportera― realizará un
mural para dejar allí su
impronta y su “deseo
mayor de reciprocar
tanta solidaridad que se
respira en este lugar”.
Luego de concluido el
encuentro, conversamos
en exclusiva para La
Jiribilla con Kenia
Serrano, presidenta del
ICAP, sobre varios temas
que van desde ser la
primera mujer que asume
la presidencia de la
institución, las
estrategias del
organismo ante los
cambios que se anuncian,
hasta la relación con la
cultura:
“Desde su propia
fundación, el ICAP
―creado por la
Revolución para
multiplicar la
solidaridad― siempre se
ha hecho acompañar por
la cultura como una vía
de comunicación
universal entre los
pueblos.
“La trova ― que la veo
como la gran crónica de
los pueblos y de lo que
hace su gente― tiene un
espacio natural en el
Campamento y dondequiera
que se muevan las
brigadas internacionales
de trabajo, porque estas
personas cuando se
marchan de la Isla se
llevan a Cuba en sus
recuerdos.
“En la manera en que
sientan este proceso
transformador ―desde
todos los puntos de
vista―, regresarán a su
vida habitual
acompañados de nuestra
música, que es la que le
pone a este recuerdo el
motor para continuar,
para multiplicar las
experiencias y para
intentar convertirnos en
seres humanos mejores.
“Hoy, aquí, no ha habido
otro idioma que no sea
el de la canción y eso
le permite a uno tocar
el impacto que Cuba
provoca en la gente. La
trova ―en las voces de
Sara, Marta Campos y
Angelito― es una
excelente manera de
expresar lo que somos.”
¿Cómo asumes el reto de
dirigir el Instituto
siendo una madre joven?
En lo personal ha sido
un reto enorme y lo he
podido enfrentar gracias
al colectivo que me
rodea ―lo mismo en el
Campamento, que en la
Casa de la Amistad, que
en las delegaciones que
están en todo el país―.
Es el colectivo el que
hace que el trabajo no
se detenga.
Nosotros somos los
anónimos porque
el que convoca
―quien
continúa siendo la gran
inspiración para todos
los pueblos del mundo―
es el pueblo cubano y su
resistencia.
Individualmente, ha sido
un desafío porque he
tenido que superarme
mucho para asumir el
ritmo que tiene esta
institución y, a la vez,
he sentido la gran
satisfacción de
colocarla en la premura,
en las urgencias de los
tiempos actuales. Sea
cual fuera la persona
designada, estoy segura
de que lo habría
enmarcado en esta misma
dinámica. Cuba hoy
―actualizándose como
modelo, buscando una
sociedad mejor,
intentando lograr mayor
eficiencia y una cuota
de felicidad superior
para cada uno de los
cubanos y cubanas― tiene
la necesidad de
cuestionarse todo hecho
con el propósito de
hacerlo mejor.
Se habla del modelo
económico cubano y de
los cambios que
sobrevendrán. Dada la
proyección internacional
del ICAP, ¿cómo se
prepara el Instituto
para hacer entender al
mundo esos cambios?
Primero, con algo que ha
sido siempre una
constante: decir siempre
la verdad. En diciembre
pasado el ICAP cumplió
50 años de vida, y a lo
largo de esas cinco
décadas hemos tenido que
luchar contra las
campañas difamatorias
orquestadas contra
nuestro país. El arma
principal de la
Revolución, y por tanto
del ICAP, es decir la
verdad, no adornarla, no
exagerar en los aspectos
que son positivos.
La Revolución es un
fenómeno tan legítimo,
tan rico, tan
convincente, tan
verdadero, tan
emancipador para todos
que no hace falta
ponerle más. No es
necesario maquillarlo;
cuando nuestros
dirigentes se han parado
públicamente a hablar de
los peores errores, en
ese mismo instante,
crece aún más la
admiración hacia Cuba.
Uno aprecia que los
enemigos históricos de
la Revolución se
preocupan cuando ven que
Cuba está tomando tantas
medidas para mejorarse a
sí misma.
Ellos se dan cuenta de
que si antes alguien
defendió la idea de que
no se supieran nuestros
problemas para que el
enemigo no se
aprovechara de ellos
para hacernos daño,
ahora somos los primeros
en detectar los errores,
buscar soluciones y
superar las
dificultades.
Como política, el ICAP
no quiere preservar a
quienes nos visiten en
una urna de cristal. No.
Por ejemplo, el pasado
año vinieron a Cuba ―a
través de AMISTUR, que
es nuestra agencia de
viajes― más de seis mil
personas. La clave está
en abrirles las puertas
y explicarles nuestra
realidad y, después,
permitirles caminar por
donde deseen. Uno de los
lugares en los que la
gente se siente
convencida de lo que es
nuestro país, es cuando
van a un Comité de
Defensa de la Revolución
(CDR), y llegan al
barrio y todo el mundo
―de manera espontánea―
responde preguntas. Ese
contacto es esencial
porque aunque un
especialista les ofrezca
una conferencia de alto
nivel, la relación
directa con la gente del
pueblo es la que los
lleva a una real
comprensión de lo que
somos.
Otra de las herramientas
es explicarles cómo el
bloqueo impacta en
nuestro pueblo, cómo
Cuba ha logrado alcanzar
importantes indicadores
de desarrollo humano a
partir de un gran
esfuerzo. Cuba sería
otro país si no hubiera
estado afectado por el
bloqueo.
¿Cómo llegas al ICAP?
Desde mi etapa
estudiantil me vinculé
con las organizaciones
de base, luego pertenecí
al secretariado nacional
de la Federación
Estudiantil
Universitaria (FEU),
después me designaron
Presidenta de la
Organización Continental
Latinoamericana de
Estudiantes (OCLAE); más
tarde, Miembro de los
órganos colegiados del
pedagógico de Las Tunas,
donde estudié
Licenciatura en Lengua y
Literatura Inglesa. Fui
directora de la Editora
Abril e ideológica del
buró nacional de la
Unión de Jóvenes
Comunistas (UJC).
Tengo una hija que se
llama Marcela del Mar y
cuando ella tenía apenas
cinco meses,
se me eligió como
Presidenta del ICAP. Esa
designación la veo como
la reafirmación, una vez
más, de la confianza que
la Revolución ha tenido
en los jóvenes; no me
considero un caso
aislado porque cuando
uno ve lo joven que era
Fidel cuando asaltó el
Moncada, se da cuenta de
que en nuestro país la
juventud ha tenido un
rol protagónico, y
súmale el privilegio de
estar codo a codo con
los más sabios
dirigentes de la
Revolución.
Indudablemente tu
trabajo como presidenta
del ICAP te roba mucho
tiempo, ¿cómo te las
arreglas con Marcela del
Mar?
Mi esposo y yo nos
combinamos para darle a
ella la educación, la
atención, el cariño y el
afecto que demanda. Es
una niña muy amorosa,
pero también está el
resto de la familia, es
decir, los abuelos tanto
paternos como maternos y
también los tíos. Por
otro lado, ha sido
tradición en el ICAP que
los niños de las madres
trabajadoras, casi, son
parte del colectivo de
trabajo.
Y aprovecho que se
acerca el Día de las
Madres para, gracias a
La Jiribilla,
enviar desde el ICAP
unas ¡inmensas
felicidades a todas las
madres del mundo!
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