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En medio de un panorama
musical dominado por
melodías estridentes que
te invitan todo el
tiempo a mover el cuerpo
y olvidarte de pensar,
algunos siguen creyendo
que la música es un
camino para el diálogo
entre los pueblos. El
grupo argentino Arbolito
fusiona de manera muy
original el folclor
gaucho con el rock,
siempre con letras
contestatarias que
reflejan la voz de los
que no tienen voz.
Conformado por
Ezequiel Jusid (voz,
guitarra acústica y
guitarra eléctrica),
Agustín Ronconi (voz,
flauta traversa, quena,
charango, violín y
guitarra), Andrés Fariña
(bajo eléctrico y
coros), Pedro Borgobello
(clarinete, quena y
coros), Diego Fariza
(batería y bombo leguero)
y Sebastián “Chino”
Demenstri (percusión y
accesorios),
el grupo tiene 12 años
de recorrer
Latinoamérica llevando
su mensaje de rebeldía.
Hasta el momento han
grabado cinco discos:
Despertándonos,
Cuando salga el sol,
Mientras la chata nos
lleve, La arveja
esperanza y La
mala reputación.
Arbolito ofreció
conciertos en Cuba
durante los últimos días
de abril, invitado a
nuestro país por la
Dirección de Cultura de
Holguín y la Asociación
Hermanos Saíz. La
Jiribilla tuvo
oportunidad de conversar
con sus integrantes
durante uno de sus
conciertos en la
capital.
¿Cómo ha logrado
Arbolito mantener la
coherencia tanto del
discurso, como de las
melodías?
Tiene que ver con la
clase de personas que
somos. Mantenemos la
misma línea de vida. Las
cosas en las que creemos
y queremos son las
mismas. Por más que la
banda crezca, que
viajemos, que nos vaya
bien, seguimos siendo
los mismos.
¿Qué les motiva a
componer?
Muchas cosas. Por lo
general, situaciones que
nos conmueven, que nos
movilizan; van desde
temas sociales ocurridos
a nuestro alrededor, y
no podemos evitar verlos
y decir lo que pensamos
al respecto. Es muy
amplio el abanico.
Siempre se habla del
tema social de las
letras, que es
importante y está
presente en las
canciones; pero en
realidad son muchas las
motivaciones.
Vivimos en un país
multicultural, hay un
montón de culturas
distintas mezcladas. Hay
mucha desigualdad.
Cuando viajamos también,
la banda nos da la
oportunidad de
participar y conocer a
otras personas que están
pasando por diferentes
situaciones; todo eso
nos alimenta como para
hacer las canciones.
Ustedes se presentaron
ante un público cubano,
que no tiene tan cerca
los referentes musicales
del folclor argentino,
¿cómo sintieron la
recepción de su música?
Acá en Cuba, la
recepción fue muy linda.
Hasta nos sorprendió
tanto interés, el
entusiasmo, cómo les
gusta el folclor
argentino. Sí, porque
todo lo argentino tiene
algo especial. Pero en
sentido general, la
música latinoamericana
tiene un público muy
definido, que sabe lo
que va a escuchar.
Fuimos muy bien
recibidos. Igual sucede
que ves alguna cara de
sorpresa en la gente,
pero a medida que van
escuchando las canciones
se van comprometiendo
con la propuesta, y
terminan bailando. Por
ejemplo, tuvimos una
experiencia muy linda en
Sao Pablo, Brasil, donde
la lengua es otra.
Dentro de la propuesta
de Arbolito si bien hay
muchos ritmos,
sonoridades, melodías,
las letras son muy
importantes. Sin
embargo, allí el público
terminó bailando y
logramos muy buena
recepción. Eso nos pasa,
por suerte, en muchos
lugares.
Si tuvieran que definir
los referentes de los
que se vale Arbolito,
¿cuáles serían?
Un montón. Dentro de la
música folclórica
argentina podemos
nombrar a León Gieco,
Mercedes Sosa y, ya más
contemporáneos, Chango
Farías Gómez, con la
manija, hacia una fusión
importante; Peteco
Carabajal, y muchos más.
También la banda tiene
un lado más roquero, por
nuestra generación.
Todos nosotros venimos
del rock. El rock
argentino tiene un
movimiento muy fuerte,
de más de 40 años.
Podemos hablar de
Espineta, Charly García.
También nos gusta mucho
el rock de los 70, el
rock inglés: los
Beatles, Rolling Stones,
Pink Floyd… Nos
conocimos en una escuela
de música popular; y
entre eso y los viajes
realizados empezamos a
descubrir los folclores
tanto argentinos, como
latinoamericanos, que es
una música bellísima, lo
mismo los instrumentos y
las sonoridades.
Ninguno de nosotros tocó
de chico charango,
quena, sicu… son
instrumentos que fueron
llegando con los años.
Esa mezcla se fue dando
naturalmente.
Esta es su segunda
visita a Cuba, ¿qué
opinión tienen sobre
nuestra música,
específicamente sobre el
rock y la trova?
Casualmente conocimos a
un grupo de rock cubano
—Tesis de Menta— y nos
sorprendió, son muy
buenos.
Hace 12 años estuvimos
tocando con el grupo de
la nueva trova La rosa y
la espina, y ahora
cuando volvimos tuvimos
la misma impresión: hay
aquí un movimiento de
trova muy importante, se
juntan para tocar, hay
lugares para hacerlo,
algunos dicen más que
antes. Estuvimos en el
Centro Pablo y fue muy
bueno ver esa comunión
de gente con propuestas
diferentes, pero con el
apoyo de los compañeros.
La música cubana es de
mucha calidad, desde la
más folclórica, la trova
hasta la salsa… tienen
muy buenos músicos, así
que suena bárbaro
cualquier género. En
Argentina también hay
muy buenos músicos, pero
es muy difícil buscar el
tiempo para tocar y
presentarse, porque
tienen que trabajar en
otras cosas para poder
vivir. Aquí se nota que
hay un respaldo
importante del estado
hacia la cultura. Allá
es muy difícil, no hay
gente que ponga plata
para que vos hagas lo
que te gusta. Solamente
trascienden las cosas
que la gente pueda
vender en el mercado.
¿Cómo ha hecho entonces
Arbolito para insertarse
en el mundo de las
disqueras, con cinco
discos en su haber?
Tocando y molestando
todo el tiempo. No
esperamos que nadie nos
viniera a buscar, ni
pedimos nada. Nos
abrimos el camino
nosotros mismos. Al
principio, grabamos como
podíamos, en la casa,
con una computadora y un
micrófono. Después de
diez años de caminar y
tocar, aparecieron otras
opciones y grabamos en
una compañía donde hay
otras facilidades, y
está buenísimo porque
entras al estudio y
grabas.
Con grabaciones caseras
o en estudios
profesionales, lo cierto
es que Arbolito se las
ha ingeniado en estos
años para cautivar a su
público con el sonido
mágico de la flauta, la
quena y el charango,
devolviéndonos la
certeza de que es
posible hacer “una
revolución con una
sonrisa”… |