|
Todavía algunos
recuerdan en Cuba la
visita del gigante turco
de ojos azules, como
alguna prensa lo
calificó. Llegó a La
Habana el 13 de mayo de
1961, invitado por el
gobierno revolucionario,
siendo atendido por el
Instituto Cubano de
Amistad con los Pueblos
(ICAP), y por su amigo,
el poeta nacional de
Cuba, Nicolás Guillén, a
quien había conocido en
Europa cuando ambos
compartían “El duro
oficio del exilio”.
Sus impresiones sobre
aquella histórica visita
las dejó recogidas en su
“Reportaje de La
Habana”, donde describe
magistralmente, en tono
poético, su visión de un
pueblo en plena
efervescencia
revolucionaria. En su
lectura, se puede
apreciar claramente cómo
el poeta revolucionario
disfrutó de aquella
visita: “Y soy cada día
más joven en La Habana”,
dice, y concluye con una
tonada muy popular y
expresiva de entonces:
“Somos socialistas,
p´alante, p´alante”.
Apenas unos días antes
de su llegada a Cuba,
Fidel Castro había
proclamado, el 16 de
abril y durante el
entierro de los mártires
ocasionados por un
bombardeo a los
aeropuertos cubanos por
aviones enviados por la
Agencia Central de
Inteligencia de los
EE.UU., el carácter
socialista de la
Revolución. Al siguiente
día, desembarcaron las
tropas mercenarias en
Bahía de Cochinos, que
fueron derrotadas en 66
horas por el ejército y
las milicias nacionales
en heroico combate.
Lo que Nazim encuentra
en Cuba es un pueblo en
armas movilizado,
celebrando aun “la
primera gran derrota
militar del imperialismo
yanqui en América”, como
fuera calificada por el
líder de la Revolución
el
compañero
Fidel, pero a la vez
continuaba preparándose
para enfrentar futuras
agresiones. Eran
momentos de grandes
definiciones, la lucha
de clases interna era
muy intensa, así como la
confrontación con los
EE.UU., y estos hechos
tenían una amplia
repercusión
internacional.
En el campo de los
artistas e intelectuales
tenía lugar un gran
debate, los ataques del
enemigo imperialista, de
la reacción y los
oligarcas nacionales que
siempre se le
subordinaron, se
enfrentaban a la
radicalización del
proceso revolucionario,
que también se
manifestaba en la vida
cultural. Algunos meses
antes, se había hecho el
llamamiento para
celebrar el Primer
Congreso Nacional de
Escritores y Artistas,
que tendría lugar en
agosto, tres meses
después de la visita de
Nazim. Antes, los días
16, 23 y 30 de junio, se
celebraron importantes
reuniones en la sede de
la Biblioteca Nacional
con la participación del
Comandante en Jefe y
otros dirigentes del
país para debatir sobre
el papel de los
intelectuales en el
momento histórico que
vivía la Patria. Allí
fue donde Fidel Castro
pronunció su famoso
discurso, que ha
trascendido con el
título de “Palabras
a los Intelectuales”.
Nazim tuvo oportunidad
de participar en
discusiones y debates
durante su visita. La
prensa de entonces
recogió un amplio
encuentro con unos 15
intelectuales. También
participó en un famoso
programa televisivo
llamado “Ante la Prensa”
y en un coctel,
que el Comité
Organizador del 1er.
Congreso de Escritores y
Artistas celebró en su
honor. Todas estas
actividades y otras, le
permitieron realizar un
intercambio con la casi
totalidad de la
intelectualidad cubana
de la época, no solo con
los comunistas. En estos
encuentros, no fueron
pocos los que
clarificaron sus ideas a
partir de lo expuesto
por el poeta comunista,
quien dejaba claro que
el compromiso
fundamental y decisivo
de los intelectuales era
con los intereses del
pueblo. Él era un
gigante no solo por su
estatura física, sino
por la dimensión
ideológica de su
pensamiento: “Una guerra
de independencia sin
revolución social, es
una guerra ficticia”,
dijo, y también
manifestó: “La
Revolución Cubana es un
espejo donde todos los
pueblos que luchan por
su independencia
nacional y su progreso
han de mirarse”.
Cuando murió en Moscú,
en junio de 1963, se
había informado que
preparaba un segundo
viaje a Cuba.
DUDAS
O MISTERIOS
¿Un encuentro con Fidel?
Se ha dicho y escrito
que la visita de Nazim
tenía como propósito la
entrega a Fidel Castro
de la Medalla de la Paz,
otorgada por el Consejo
Mundial de la Paz,
organismo de cuya
dirección era miembro.
Sin embargo, no hay
constancia en la prensa
cubana de la época de
que eso ocurriera,
tampoco ha aparecido la
información en los
archivos de entonces. He
hablado con varios de
los intelectuales que
estuvieron en contacto
con el poeta turco
durante su visita y no
recuerdan que se haya
producido este
encuentro, tampoco lo
menciona Nazim en su
“Reportaje de La
Habana”, como hubiera
sido lógico lo hiciera,
ni lo hace en escritos
posteriores.
Sin embargo, en alguna
prensa turca se afirma
que este encuentro tuvo
lugar y un amigo
personal de Hikmet,
Hifzi Topuz, con quien
hablé durante una visita
que hizo a Cuba, me
aseguró que lo recibió
en París a su regreso de
La Habana en 1961 y que
el poeta le contó de su
reunión con Fidel
Castro, e incluso le
regaló un tabaco
(habano), que este le
había regalado.
¿Se produjo realmente el
encuentro? ¿Entregó
Nazim la Medalla de la
Paz a Fidel? Tal vez el
dirigente cubano, con su
increíble memoria,
pudiera sacarnos de esta
duda.
¿Llevaba el Che Guevara
un libro de poemas de
Nazim Hikmet en su
mochila cuando, herido,
cayó prisionero antes de
ser asesinado en
Bolivia?
Esto también se ha
afirmado, especialmente
en publicaciones
turcas.
He indagado con los
especialistas del Centro
de Estudios sobre Che
Guevara, que dirige la
que fue esposa del Che,
Aleida March, y con ella
personalmente, y no me
han podido confirmar que
esto sea así, aunque me
han explicado que no
todos los documentos que
llevaba el Che han
podido ser recuperados.
Un conocido “cuaderno
verde”, donde el Che
tenía escrito poemas de
algunos autores
favoritos, no incluía
los de Nazim.
Sin embargo, era
evidente que desde mucho
antes de venir a Cuba en
diciembre de 1956 en la
expedición del yate
Granma ya había leído
sus poemas. Estando
preso junto con Fidel
Castro en México en
julio de ese año,
escribe una carta a sus
padres donde afirma:
“Desde ahora no
consideraría mi muerte
una frustración, apenas
como dijo Hikmet, tan
solo llevaré a la tumba
la pesadumbre de un
canto inconcluso”.
Años después del triunfo
de la Revolución,
cumpliendo
misión en el extranjero,
utiliza palabras del
poeta turco para
dirigirse a su esposa:
“Mi única en el mundo”,
le dice, aclarándole que
esta frase “se la pedí
prestada al viejo Hikmet”.
En otra misiva, donde de
nuevo repite al
dirigirse a Aleida, “Mi
única en el mundo”, le
agrega: “A hurtadillas
extraje de la alacena de
Hikmet, este solo verso
enamorado, para dejarte
la exacta dimensión de
mi cariño”.
Cuando Nazim estuvo en
Cuba en mayo de 1961, el
Che se encontraba
preparando su viaje a
una próxima e importante
reunión en Punta del
Este, Uruguay, donde
denunciaría con toda
energía la política del
imperialismo en América
Latina. Posiblemente por
eso, tampoco se encontró
con el poeta en La
Habana.
¿Por qué Nazim no
mencionó a nadie en
Cuba, y creo que tampoco
lo dijo en Turquía, que
su abuelo materno, el
general del ejército
otomano Hassan Enver
Pashá, había estado como
observador y fue herido
durante el desembarco de
las fuerzas
estadounidenses, en las
cercanías de Santiago de
Cuba en 1898?
Este es un misterio que
he tratado de aclarar,
incluso, con familiares
del poeta que entrevisté
en Estambul. Hasta fecha
reciente, en que un
profesor turco me
informó de este hecho,
que confirmamos con
mensajes cifrados
encontrados en el
archivo del Imperio
otomano, prácticamente
no se conocía esto en
Turquía.
Nazim, en algunos de sus
poemas, mencionaba que
era nieto de “un pashá”.
Su abuelo, quien fue
edecán del Sultán
Abdelhamid II, viajó a
Cuba en junio de 1898
como parte de un grupo
de attachés
militares extranjeros
empotrados en las tropas
yanquis que dirigía el
general William Rufus
Shafter y que
desembarcaron en las
cercanías de Santiago de
Cuba. En las memorias
del general
estadounidense,
archivadas en la
Universidad de Stanford,
California, aparece un
mensaje en el que le
responde al militar
turco que “no le
recomienda que venga a
la línea del frente de
los combates, pues no
existen buenas
condiciones allí para
los observadores
extranjeros, pero si
insiste, le enviaría a
la mañana siguiente un
ordenanza con un caballo
para que lo traiga”.
El próximo mensaje que
envía el abuelo de Nazim
a Estambul, está fechado
unos 25 días después en
New York, e informa que:
“He llegado a esta
ciudad reponiéndome de
las graves heridas
sufridas en Cuba y
salvándome de una
terrible situación
allí”.
¿No conocía Nazim un
hecho tan relevante, que
involucraba a su abuelo
con la Cuba que ahora
visitaba? No hay
noticias de que el poeta
haya mencionado este
hecho en Cuba ni en
Turquía. Es probable que
no lo conociera, pero
también es posible que
sintiera pena decir que
su abuelo, aunque fuera
como observador, había
estado en el desembarco
de las tropas yanquis que
ocuparon nuestro país en
1898.
Esta sería otra
incógnita que queda por
despejar.
La Habana, mayo de 2011. |