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Murió el escritor chileno Gonzalo Rojas

La Jiribilla

El escritor chileno Gonzalo Rojas, Premio Nacional de Literatura en su país y Premio Nobel de Literatura, falleció este 25 de abril. En sus 93 años, el poeta concibió obras de la estatura de La miseria del Hombre, Contra la muerte y Oscuridad, hasta volúmenes más recientes como Con arrimo y sin arrimo, publicado en el año 2010. 

Nos visitó en La Habana, en 2008, invitado especial de Casa de las Américas a la edición 49 de su Premio Literario. Frente a una multitud de personas habló de su libro Contra la muerte y otras visiones, antología poética editada por el Fondo Editorial de la institución. “Estoy en esta Casa que es la mía —siempre lo fue, nunca dejó de serlo— para leer mis papeles”, dijo entonces. Durante aquella visita, La Jiribilla tuvo la oportunidad de entrevistarlo y de contar, en sus páginas, con el testimonio íntegro del poeta en la institución que preside Roberto Fernández Retamar.

En Cuba había permanecido entre 1970 y 1973, como agregado de la embajada chilena en La Habana. Abandonó la Isla el año “fatídico” en que les “mataron la nieve”, con el golpe militar que preludiara la dictadura de Augusto Pinochet.

Acerca de su obra, el poeta cubano Retamar, presidente de Casa, ha dicho: “Como se conoce de sobra, Gonzalo tardó en ser editado, pero lejos de menguar, su producción se intensificó con los años. Su voz se iba a escuchar sobre todo, y cada vez más, en la segunda mitad del siglo pasado y lo que va de este. Pero él ha insistido en ser considerado integrante de la generación chilena de 1938. Lo que lo revela coetáneo, en nuestra América, de poetas como José Lezama Lima, al que dedicó un poema a raíz de su muerte, y Octavio Paz, sobre el que ha escrito más de una vez y al que tanto admira; y también de Eliseo Diego, Cintio Vitier y Fina García Marruz.”

Conocedor de la literatura y la historia latinoamericanas, Rojas manifestó siempre especial atracción por las letras cubanas: “Lezama, Carpentier, por decir dos estrellas, dos sistemas imaginarios únicos en su luz, gente grande como Cervantes, Góngora, Quevedo, paridos aquí, dos resurrectos de esos que no mueren. Los poetas no mueren, quedan encantados”.

Además de haber sido un escritor de culto para América Latina y también reconocido por lectores de otras latitudes, aquel señor de lentes anchos y boina sobre las canas fue también un maestro para los jóvenes escritores hispanoamericanos. Así lo consagraron estas palabras, pronunciadas por él como agradecimiento al Premio Cervantes (2003): “Este premio invita a que los muchachos insistan en el ejercicio literario y que no le hagan caso a los tontos cuando dicen que la poesía no se lee. La poesía se lee en el mundo entero".

Sus versos, como los de Neruda o Gabriela Mistral —por solo citar dos expresiones de ese arsenal literario que ha sido siempre la tierra de araucanos y mapuches— serán recordados en Cuba al eco de la última frase que nos dirigiera, en la ya histórica sala con que Casa recuerda a Manuel Galich: “Ay, mis hermanos, ya me estoy yendo, ténganme por diáfano”.

 
 
 
 
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Gonzalo Rojas

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ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.